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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Lecturas: "Verbo", primer poemario de Ainhoa M. Retenaga (España, 1979)

Verbo (BajAmar Editores, Gijón, 2017)

Un poema leído al azar puede ser una de las mejores puertas para entrar a la poesía de algunas de esas personas que escriben y llamamos poetas. Eso fue lo que me sucedió al leer “Liturgia escarlata”, poema de la autora de este libro que tienes en tus manos, aparecido en el número 1 de la revista El vuelo del flamenco.
     El silencio y la soledad a la espera de la palabra que propone José Ángel Valente es algo que siempre he sentido cuando hablo de poesía. Para mí (y vean que digo claramente “para mí”, para otros y otras será otra cosa) esa es la principal experiencia de la poesía, estar en silencio y a la escucha, lejos de las estridencias comerciales que a duras penas tratan de imponer a la poesía, último reducto del silencio, y que por desgracia van ganando adeptos cada vez más jóvenes. La poesía no sirve para nada: servir, servidumbre, esclavitud. La poesía no debe servir. Pero ya digo, es mi forma.
     Y la poesía de Ainhoa M. Retenaga no sirve. Está muy lejos de ser complaciente. Es una poesía muy elaborada (tiempo, trabajo, honestidad) en la que cada palabra tiene su peso, hay que leer cada palabra. Una poesía que detiene el tiempo y que clama al silencio, hay que estar presente para leerla; difícil leerla entre dos paradas de metro, entre siete mil setencientos setenta y siete twits, entre las noticias importantes de veinte segundos, entre la colada y el táper del trabajo. Pararse es un acto de desobediencia. Para leer Verbo hay que pararse.
     Un ejemplo sencillo de esta necesidad de detenerse. Prueben a leer en voz alta cualquier poema de este libro. Necesitarán pararse a vocalizar (hablamos siempre balbuceando), a recrearse en la sonoridad de cada palabra (nunca escuchamos), a hacer silencios (huimos del silencio al confundirlo con la muerte).
     Otro aspecto importante en la poesía que vamos a leer aquí es el lenguaje. La poesía va de eso, del lenguaje. Asombra con qué pocas palabras se escribe la poesía de la estridencia, la que trata de ser vendible en el mar de la uniformidad del capitalismo (cuanta menos pluralidad, más barato sale producirlo, más beneficio). Nuestra poeta conoce el lenguaje que usa y nos deleita con una gran variedad de vocabulario. Palabras que no sabíamos que existían dan mucha más sonoridad y sentido a lo que leemos que las palabras vulgares que tanto usamos y que destruyen los matices y la riqueza y amplitud del lenguaje.
     Por último, este libro es un intento de introspección. Conocerse, saberse, experimentarse, sentirse en la propia compañía, tratar de saber quién es una misma, qué lugar ocupa... Por momentos he sentido al leer estar en la piel de alguna mujer mística (¿Teresa de Jesús, Hildegarda von Bingen, Juana Inésde la Cruz...?) y al sentirme así, los versos han cobrado una nueva dimensión. No nos pensamos apenas.
     Os dejo a solas con Ainhoa M. Retenaga pensándose a solas, esperando en silencio a que aparezca la palabra.

Francisco Cenamor

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sábado, 9 de septiembre de 2017

"The dharma beats. Una historia de la beat generation", por Francisco Cenamor

The dharma beats. Una historia de la beat generation: Jack Kerouac, Gary Snyder, Lew Welch, Philip Whalen, Joanne Kyger, Michael McClure
Varasek Ediciones, Madrid, 2017

La verdad es que da gusto poder tomar un libro y decir “es una joyita, esta gente no hace las cosas por hacer”. Y The dharma beats es uno de esos, sin duda alguna. Porque enseguida vemos el trabajo que hay detrás. Trabajo colectivo de más de diez personas que, como en el caso de la Generación beat de la que trata, es un trabajo en común y para el común. Cada detalle del libro nos dice “ojo, este es un libro importante, no lo dejes pasar”. Cómo está físicamente elaborado, con su tapa dura, el diseño de su cubierta, el cariño y honestidad con que ha sido redactado el estudio sobre la Generación beat y sobre cada uno de los miembros de esa generación que aparecen en el libro, los agradecimientos, las magníficas traducciones...
     Que Estados Unidos ha sido uno de los referentes principales para la poesía durante el siglo XX creo que es algo que todo el Mundo más o menos entendido podría aceptar. Y los autores y autora antologadas en este libro posiblemente fueron de los más influyentes allí y en otras latitudes. Gracias a este libro podemos disfrutar de las enriquecedoras interconexiones entre los diferentes poetas (Jack Kerouac, Gary Snyder, Philip Whalen, Lew Welch, Michael McClure y Joanne Kyger) con los poetas de su época y con los que les precedieron. Y luego, claro, tenemos una enriquecedora muestra de la poesía que nos dejaron.
     Más allá de la poesía, las seis personas que nos muestra el libro pusieron sus propias vidas al servicio de una nueva crítica social, política, resistente, espiritual, que va a poner sobre la mesa de Occidente un tipo de críticas y valores que jugarán un papel importante en la crítica del modelo social años después de que ellos comenzaran a formularlas desde mediados de los años 50: la percepción del entorno natural como determinante para la existencia del ser humano, la importancia de la relación amable con la Naturaleza, la crítica del productivismo, la crítica del conformismo de las clases populares ocasionado por el auge del consumo...
     La dimensión espiritual de la poesía y de la propia existencia les lleva también a relacionarse con experiencias espirituales como el budismo o diferentes filosofías y movimientos espirituales de India, a cuyos lugares de procedencia viajaron siempre que pudieron. También encontraron estas fuentes espirituales en las culturas pre coloniales del mismo Estados Unidos, y viajaron y habitaron igualmente por todos los lugares de su país en donde aún, en plena Naturaleza, podían encontrarse rodeados de espiritualidad.
     Pero, lejos de ser una huida, esta espiritualidad les hizo enraizarse más y más en su propia sociedad, desobedeciendo y enfrentándose en numerosas ocasiones al Estado, recuperando formas de vida basadas en el apoyo mutuo, la autogestión y la colectividad. Apoyando diferentes causas sociales a las que contribuyeron de manera directa. Y lejos de ser una hagiografía, el libro nos muestra algunas contradicciones y carencias, como por ejemplo el hecho de ser este movimiento tal vez muy masculino y reflejar escasamente las aportaciones que las mujeres hicieron en toda esa efervescencia.
     Otro elemento contrario a lo que pudiera parecer por lo dicho hasta ahora es el fuerte enraizamiento en lo urbano que tuvo este movimiento cultural. No hay que olvidar que gran parte del mismo se produjo en torno a la ciudad de San Francisco y participó de la cultura urbana sobre el uso de drogas o la música rock, por ejemplo.
     He disfrutado mucho la lectura de este libro. Me ha hecho encontrarme en muchas visiones del mundo que comparto con estas personas que protagonizaron un brillante momento de nuestra Historia reciente. Y me ha llenado de satisfacción comprobar, una vez más, como es posible y necesaria una heterodoxa mezcla de conocimiento, sabiduría popular, sabiduría espiritual, vanguardia y honestidad a la hora de encarar la creación poética.

Poemas de Jack Kerouac en el blog
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sábado, 27 de mayo de 2017

El poeta Luis Luna nos habla sobre el poemario "Semillas de África", de Michel Feugain (Camerún, 1975)

Amargord Ediciones, Madrid, 2017.

África suele llegarnos a través de intermediarios. Estos intermediarios, que suponen una forma de colonialismo posmoderno, tienen que ver con la prensa, con los informes que las distintas instituciones y ONG hacen de los variados temas que afectan al continente y también con artículos más o menos bienintencionados de algunos pensadores. Esta intermediación proyecta casi siempre una imagen unitaria de África centrada en su depauperación y en su atraso. Todavía el «gran padre blanco» tiene que intervenir allí, tiene que «salvar» a los africanos de su propia ignorancia y atraso.
     Pues bien, la edición de este libro intenta sumarse al mar de gotas que niegan esta situación. Para saber qué sucede realmente en África como continente y en cada país del continente, puesto que tienen entidad propia, debemos escuchar a sus protagonistas. Ellas y ellos son quienes deben y así lo hacen enseñarnos a nosotros sus realidades, tanto si encajan en nuestra casilla de pensamiento África como si no lo hacen. Es por esto que, cuando de repente leemos su poesía o admiramos su literatura o su arte contemporáneo quedamos extrañados. Hay un extrañamiento esencial en descubrir que los países africanos no son como el pensamiento colonialista quiere hacernos creer. Por eso, este libro está concebido como un síntesis entre voz e imagen, entre la más alta expresión de lenguaje, la poesía, y su correspondiente visual, la fotografía de autor.
     En el caso de la poesía, hay que entender distintos fenómenos relacionados con la lengua que usan los propios poetas africanos para la cultura. En casi todos ellos encontramos que la lengua de cultura es siempre la lengua colonial, impuesta. Esto ya establece una seña de identidad muy acusada, pues en esa lengua se van a insertar los términos de las distintas lenguas autóctonas, en una visión afectiva que va a dotar de una impronta especial, asimilada por los lectores europeos como una especie de exotismo, despojando de su valor original estos términos. Esto es de una relevancia fundamental para el libro.
     Todos los términos de la lengua de origen de Michel Feugain tienen un carácter fundamental y no pueden ser considerados y/o digeridos por el público occidental como exotismos sin más. En nuestro autor observamos además dos fenómenos especialmente interesantes. Por un lado, su condición de migrante, lo que va a relacionar su poesía con la poesía del exilio, bien por motivos económicos, bien por motivos políticos. La mirada del autor va a estar, si cabe en un poeta, fortísimamente extrañada y su carácter social viene dado por la denuncia racional de una situación insostenible. El racismo, la xenofobia y la marginalidad, a veces autoimpuesta, son una constante en los poemas de Michel Feugain. Ahora bien, esta denuncia no es una victimización, sino un aporte que tiene que ver con el doble papel de víctima y complejo de víctima.
     En este libro en particular, escrito por un poeta camerunés cuya obra se desarrolla en francés, Michel adopta el español como lengua poética. Se trata de un doctor en nuestra lengua, pero se trata, más allá de este aspecto autobiográfico, de un fenómeno de alofonía o aloglosia. El poeta escoge, de un modo afirmativo, una lengua matria, una lengua que acoge determinados pensamientos. Y lo hace porque escoge libremente hacerlo, sin la imposición del colonialismo. Por eso, en esta edición se ha respetado al máximo todas las peculiares características de su lengua poética en español. Para los lectores en castellano, algunos poemas pueden ser difíciles de asimilar, pero hay que tener en cuenta la especificidad de la aloglosia y también de los matices que se incorporan a una lengua donde el poeta habita, a día de hoy, de un modo estrictamente poético.
     Como vemos, son muchos y determinantes los factores que hacen de este libro no sólo una obra artística, sino también un documento fascinante sobre la realidad africana y la realidad de los creadores africanos. Junto a los poemas, presentamos las fotografías de Zacharie Ngnogue que completan los poemas. Si la imagen representa una visión propia de la realidad, ambas propuestas artísticas nos transportan hacia una doble dimensión, la del exilio y la de el recorrido por el país. Es decir, los poemas se construyen desde el desplazamiento, desde un territorio intermedio como es el exilio ; las fotografías se construyen desde el Camerún de ahora mismo, estableciéndose una síntesis de lo que es África hoy, una conjugación del aquí y del allí, un territorio fuertemente subjetivizado y múltiple, en constante cambio y avance.
    No cabe, pues, la menor duda de que este libro supone, por tanto, una extraordinaria forma de acabar con las visiones reduccionistas impuestas por los intermediarios habituales. Cada vez que dejamos que nos llegue directamente la voz de un artista africano, sus imágenes, estamos colaborando en la liberación que ellos, verdaderos protagonistas, están intentando llevar a cabo.


Poemas de Michel Feugain incluidos en el blog y artículos sobre su obra
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martes, 29 de septiembre de 2015

Lecturas: "Manicomio", de Maurizio Medo (Perú, 1965)

Da gusto leer libros de poesía que van más allá del poema concreto, que con el uso del lenguaje escrito (y no solo) son capaces de meternos en un lugar, una atmósfera, un ambiente, una cabeza. Sinceramente, cada vez me gusta más esta manera de concebir la creación poética.
     El título del libro del poeta peruano Maurizio Medo, Manicomio (Varasek Ediciones, Madrid, 2014), da claras pistas de donde nos vamos a meter, y vaya si nos metemos. Crea un ambiente de encierro psiquiátrico, y vaya si lo crea, de principio a fin del libro; la cantidad de recursos que utiliza es impresionante, muestra de la sabiduría poética del poeta.
     Enumeremos recursos porque merecen la pena, algunos son absolutamente sorprendentes: el uso de los nombres de las medicaciones, las formas arcaicas del lenguaje, el tartamudeo de quien va hasta las orejas de pastillas, el Test de Rorschach, el desvarío, la ignorancia de uno mismo, la confusión entre sueño y realidad, temas recurrentes sobre la realidad y la imaginación por ejemplo Alicia a través del espejo, los espacios en blanco algunos incluso enmarcados, saltos inesperados de lugar o temática, la confusión de personajes... Amen de los recursos estrictamente lingüísticos.
     Por los pasillos de este Manicomio podemos ver, claramente, las escenas más tiernas y entrañables, las más duras, las más duras que a la vez son entrañables, las más entrañables que a la vez son crueles. Y lo vemos todo, eso sí, desde dentro; como lectores, el lugar que ocupamos al abrir el libro es el del que duerme amarrado a una cama, el de la joven que sufre la violación de otro paciente o tal vez de un enfermero, tanto da, ahí el delito no se castiga, solo sucede..., el de quien creyéndose en buen estado solo puede tartamudear o balbucear, sin saber por qué...
     Otro libro para disfrutar de la poesía. Merece la pena comprarlo.

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lunes, 7 de septiembre de 2015

Lecturas: "Rivales dorados (Antología)" (Varasek Ediciones), de Néstor Perlongher (Argentina, 1949-1992)

"Hay cierta tendencia a pensar la expresión poética como subjetividad, como expresión del ego. Entonces la poesía queda oscilando entre la sentimentalidad y el narcisismo. Sin embargo, pienso que lo importante de la poesía es esa posibilidad de pasar a un orden de lo alucinante".
Néstor Perlongher

No hace muchos meses, Varasek Ediciones publicaba un libro bárbaro, que me volvió a hacer pensar en cómo es posible que después de tantas revistas, selecciones de poemas y antologías editadas en España no haya conocido a este autor argentino, Néstor Perlongher. Imagino que para el canon poético de "lo fácil" este será sin duda un autor "difícil", difícil de digerir, imagino también, por su rebeldía en lo social y político y rebeldía en lo poético.
     Para mí está resultando ser una fascinante lectura, una sorpresa detrás de otra sorpresa, un asombro tras otro ante las genialidades del poeta en el uso del lenguaje, en las increíblemente ingeniosas relaciones de palabras, "multisignificados", invenciones... Sin duda un libro para disfrutar de la poesía, para leer con tiempo y en el tiempo, a pesar de mi manía de darme atracones poéticos.
     Se trata de una poesía llevada al límite de la expresión, de la relación, del significado, de la construcción, de la rima incluso, que me transmite un ambiente retorcido, denso, pausado, delirante... También contribuyen a crear esa atmósfera las imágenes grotescas de una burguesía libertadora de aquí y de allá en permanente decadencia, viciosa, perversa; con hijas, madres, tías recargadas de pereza, con hombres muertos en lejanas batallas a sus espaldas.
     Es una poesía muy elaborada, con una amplitud de vocabulario deslumbrante que va mucho más allá del Diccionario; poesía que tiende a expandirse en el papel, que hay que leer pausadamente, palabra a palabra para asombrarse. Esta apuesta poética llevada al extremo, valiente, da como resultado, por ejemplo, el impresionante poema titulado "Frenesí" (que seguro colgaremos más adelante para promocionar nuevamente la venta de este libro), cuyas largas relaciones de palabras asfixiantes tal vez sean metáfora de la asfixiante sociedad en la que tuvo que convivir el libertario, militante homosexual y libertino poeta Néstor Perlongher.
     Damos la enhorabuena a la editorial por traernos esta otra voz americana que nos muestra la calidad y pluralidad existentes en la poesía escrita en español. Y para ampliar la información pegamos ahora lo que en las solapas del libro nos dice la editorial sobre el poeta.

     "Néstor Perlongher nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, la noche de Navidad de 1949. En 1982, terminada su licenciatura en sociología, se fue a vivir a San Pablo, donde ingresó en la maestría de antropología social, en la Universidad de Campiñas, de la que en 1985 fue nombrado profesor. Su obra poética publicada comprende seis libros, a partir de Austria Hungría en 1980. Publicó asiduamente artículos y ensayos en varias revistas argentinas, preparó la antología bilingüe castellano portugués Caribe transplatino, poesía neobarroca cubana y rioplatense, 1991. Entre sus ensayos se destaca La prostitución masculina o El negocio del miché. cuya primera edición en español es de 1993. Murió en San Pablo el 26 de noviembre de 1992.
     "Tras su muerte en 1992. Néstor Perlongher legó una de las carreras más rotundas de la literatura latinoamericana, no por corta, menos intensa. Es, sin duda, uno de los poetas mas sugestivos y vigorosos a partir de los años ochenta del siglo pasado en Argentina y Latinoamérica. El conjunto de sus versos, ensayos, artículos, elabora el pensamiento contundente de un testigo y protagonista ejemplar de su tiempo. La combinatoria de lo obsceno ("excremento”) con el manierismo afeminado ("el organdí de las mantillas") es la marca Perlongher, sin olvidarnos del interés del autor por una escritura neobarroca que tiene su origen en Góngora.
     "Considerada como vehículo del éxtasis, la poesía se emparenta con un ejercicio espiritual capaz de conducir al arrobamiento o con la ingestión de sustancias psicoactivas acompañadas de un saber de la experiencia. Como otras liturgias, en la obra de Pelongher cumple su propio proceso de sanación por encima y a pesar de lo insatisfactorio".

Francisco Cenamor

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jueves, 18 de junio de 2015

Artículo de Francisco Cenamor sobre "Dietario", de Benito del Pliego (España, 1970)

Hace muy pocos días recibí un nuevo poemario de Benito del Pliego, Dietario (Amargord Ediciones, Madrid, 2015). Siempre es un placer leerle y esta vez no lo ha sido menos. Es un poemario definitivamente musical; se veía venir después de leer la evolución de su poesía. A poco que observemos, contemplemos (leamos) nos damos cuenta. Con más o menos intensidad, con diversos tonos, la musicalidad tiene que ver con lo que leemos en cada momento: como en una ópera, vamos pasando por momentos más melódicos, más rítmicos, vivamente rítmicos..., hay solistas, pequeños coros, grandes corales...
     La palabra, tan importante en la poesía de Del Pliego, nace de lo cotidiano, del acontecer diario y de ahí que el libro sea un dietario, fragmentos que nos dan alguna idea del todo (aunque no del todo). La vida, otro de los puntales de su poesía (aunque esto sea obvio), enraíza en la palabra. Su vida, la vida de los otros, los acontecimientos sociales y políticos incluso, van dejando pequeñas marcas en el dietario poético entre 2008 y 2010. Pero la vida es plural y diversa en el acontecer cotidiano y así la vemos representada en los textos, algo que podremos ver simplemente con hojear las páginas del libro y comprobaremos leyendo.
     Romper la uniformidad de los textos es un elemento del libro. Tampoco hay uniformidad en los soportes sobre los que ha sido escrito el dietario. No ha sido escrito en una agenda comprada para tal fin, cumpliendo así el canon, Benito del Pliego ha usado cualquier cuaderno para anotar sus citas y compromisos, cualquier libreta, o tal vez haya usado nuevos lugares donde apuntar cada una de las fechas que ha quedado seleccionada para el libro: una tablet, el portátil, su smartphone. O simplemente todo ha ido quedando en su memoria
     Por último, no quiero olvidarme del juego, el juego de las palabras, las jugadas que nos hace la vida. Vivir, el juego al que jugamos. Tampoco me olvido de mencionar que el libro tiene un bello prólogo del poeta uruguayo Eduardo Milán. Y tampoco de recordaros que os vendría bien comprarlo para leerlo.

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lunes, 11 de mayo de 2015

"Cuando la Generación Beat descubre los limones", prólogo de Enrique Mercado al libro "Bardeo", de Antonio Cordero Sanz (España, 1963)

"Se puede ser nihilista, pero, ante todo, vitalista"
Antonio Cordero Sanz

Bardeo (Amargord Ediciones, Madrid, 2014)
   Cuando conocí a Antonio Cordero, en las postrimerías de 1993, no había en España poetas beat propiamente dichos. Teníamos a Carlos Oroza con su évame, Malú, évame, Malú, o a Fonollosa, con su Ciudad del hombre: Nueva York, que podían tener alguna conexión con los Ginsberg, Kerouac o Welch en su manera de concebir la poesía, de mirar el mundo, pero ciertamente la poesía de principios de los ochenta basculaba entre la poesía de la experiencia heredada de Gil de Biedma o Ángel González, o su supuesta opuesta, la poesía vanguardista, experimentalista, que podrían representar Brossa, Ullán y si se me apura Gimferrer.
   Cierto es que no podemos medir a todos los poetas por el mismo rasero, que no se puede reducir a esas dos tendencias todas las voces de aquel panorama, pero estoy convencido de que Antonio Cordero era el único poeta ad hoc beat, per se beat, un motero de largas melenas que fundía vida y literatura hasta que no se sabía dónde empezaba William Blake y terminaba Paul Weller, a poète mauditque tenía muy claro cuáles eran sus fuentes vitales y literarias, y lejos de esconderlo, hacía gala de ello, como así sucedía en el libro que acababa de escribir entonces, Gallocanta, y que ahora forma parte de este actual Bardeo, con todas sus alteraciones, aliteraciones y variaciones. Allí podíamos leer esa magnífica serie titulada Cuando la Generación Beat descubre los limones. O sea, clear as water.
   No es de extrañar tampoco que, con tales antecedentes, Antonio Cordero y yo nos hiciéramos amigos al instante, amor a primera vista que ahora cumple 20 años, y desde aquel otoño inaugural no hemos parado de celebrar (noches de cerveza negra y whisky del No Fun), de viajar juntos (tras las huellas de Rimbaud, en Yemen; en la tumba de Kropotkin, en el cementerio de Novodévichi), de organizar y dar recitales en cuevas míticas como El Trocadero o dar impulso a iniciativas editoriales como Varasek edidones. No es de extrañar que estuviéramos presentes en aquel recital mítico que dio  Allen Gingsberg en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en diciembre de 1993. Hoy todo poeta que se precie dice haber asistido a ese recital, pero yo no recuerdo a casi nadie, quitando a Ray Loriga, Christina Rosenvinge y Benjamín Prado, que se hicieron notar a la llegada a la platea del Teatro Fernando de Rojas, del Círculo de Bellas Artes.
   Antonio Cordero y yo estábamos aquel día en un palco, como corresponde al contemplativo que tampoco desdeña la acción, porque uno no viaja solo, por mucho que vaya solo, arrastramos una mochila de referencias literarias, musicales y cinematográficas allá donde ponemos el pie, y Antonio Cordero y yo la hemos acarreado por el Pantanal brasileño, las estepas de Tuva o el Valle de Hadhramaut, en Yemen. Los poetas beat pusieron la poesía en movimiento, pero no por ello dejaban de ser unos escritores cultos, que sabían de dónde venía y adonde iba su poesía. Se puede estar tirado en un cuartucho lleno de moscas en Tánger y no por ello dejar de ser el mayor especialista en Shakespeare.
   Pero en Bardeo no sólo encontramos ecos de los poetas beat. En Bardeo, el paisaje, el viaje, se filtran a borbotones. Además de por lugares mágicos como la laguna Gallocanta, que visité hace dos años con Antonio convencido de que allí había una fábrica de cemento, como en su poema homónimo, los poemas de Antoine transitan por el páramo castellano que ha recorrido desde que se compró su primera moto, una Lambretta en la que alcancé a ir de paquete hasta que hizo ¡plof!
   Antonio se inventa el poema motero castellano, más allá del Blues castellano de Gamoneda o del paisaje machadiano sembrado de melancolía y asechanzas. Los poemas castellanos de Antonio Cordero incitan al movimiento, a la contemplación pero desde lo alto de una moto, vienen a transmitir el ritmo cierto del mundo. Aquí nada para, por mucho que lo parezca, y sólo en el vórtice del maelström de Poe encontramos la verdadera calma, la definitiva.
   Bardeo cuenta, además, con otra serie de poemas que hablan de la vertiente activista, política, del poeta, su acercamiento no sólo poético, sino físico, a los territorios reales e imaginarios de Roque Dalton, a la sórdida realidad, en suma, de la América Latina de los años noventa. En esta serie hay poemas duros, sin concesiones al ambage ni al bagaje aprendido, frases memorables como "La naturaleza es sabia, pero puta".
   Es muy difícil dejar constancia en un prólogo no sólo del alcance de la poesía de Antonio Cordero, sino de todo lo que significa nuestra amistad y el hecho de llevar tantos años trabajando juntos a tantos niveles, arduo, sin duda, dejar constancia de los viajes a ninguna parte pero con la brújula de la literatura siempre al norte, de los viajes "lúcidos" sobre Vespas blandas, de los viajes al fin de la noche o del día, de los periplos por Madrid en agosto como si fuera la Roma de Caro diario, de las charlas sobre las mariposas negras en el mato del Tapir con el lingüista Juan Romero, de los entresijos del proyecto multidisciplinar Escultoarquitecturas que, junto a la fotógrafo Beatriz Ruibal, realizamos y proyectamos en el Círculo de Bellas Artes en 1994. De tantas cosas.
   Lo que sí me resulta fácil es afirmar que Bardeo es un lujo en la poesía de ahora mismo, un libro sin ninguna concesión ni escaparate, un libro que corta, como su propio título indica, pero que, por esa misma razón, está rabiosamente vivo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Francisco Cenamor nos habla sobre el poemario "Falta", de Pilar Fraile Amador (España, 1975)

Hace algunas semanas tuve la suerte de acudir a la presentación de Falta (Amargord Ediciones, Madrid, 2014), nuevo poemario de Pilar Fraile Amador. Ella sabe que me tiene ganado para su causa, la causa de la buena poesía, elaborada, humilde, sin maquillajes innecesarios, sin grandes escenografías, una poesía que sale sola al escenario a defender su palabra, alejada de premios sospechosos o de amiguismos. Pero basta, que me pierdo en elogios y no son elogios lo que necesita este nuevo poemario, sino lectores y lectoras, por eso desde el Blog Asamblea de palabras animamos a que lo adquiráis.
   He dejado reposar la lectura de Falta porque aún me dura el poso poético de sus libros anteriores La pecera subterránea (ver reseña en el Blog) y Larva seguido de Cerca (ver reseña en el Blog). El libro está dividido en siete (siete, claro) breves series de poemas igualmente breves, como viene siendo habitual en la poesía de Pilar Fraile; no todos, esta vez se ha atrevido con poemas bastante largos, no muchos, eso sí. Los títulos de cada serie evocan lo científico, lo matemático, en relación a la filosofía, a lo espiritual, aunque una de las series se titula Parpadeo, que no es más que el asombro que produce darse cuenta de los planos de la realidad que no vemos si no es en la situación de la meditación, la contemplación. Y es que nuestra poeta ve cosas que los demás no podemos ver, y encima ella tiene los recursos técnicos y estilísticos necesarios para mostrarnos esa realidad que se nos escapa.
   Falta, como digo, es un libro breve, son visiones a veces apenas intuidas. Pero el libro dura mucho, el asombro posterior al poema puede dejarnos largo rato en silencio, tratando de sentir aquello que hemos visto en las imágenes que Fraile Amador nos propone, y ese silencio pertenece al libro. La sugerente poesía que encontramos aquí necesita de una mente relajada en el lector o lectora, abierta a dejarse llevar, abierta a las relaciones con otras palabras y otras imágenes que ya estaban allí.
   Aunque pueda no parecerlo a simple vista, se trata de una poesía realista, lo que pasa es que los mensajes que la realidad nos envía, por ejemplo sobre el desastre, son casi siempre difíciles de ver; pero Pilar Fraile ve claramente estas señales.
   Para terminar, quiero proponer un pequeño juego (que bien pudiera ser en realidad una trampa). Voy a tomar el primer poema del libro, que me ha gustado mucho, y voy a poner aquí las relaciones de imágenes, situaciones y palabras que me suscitó la lectura de cada una de sus frases. En general diré sobre este poema que muestra a las claras los signos del desastre que está viviendo en estos tiempos convulsos la especie humana, en franca regresión social y cultural (si es que esto es históricamente posible) y a punto del colapso:
   “se abren los pétalos azules de las amapolas y desaparecen los pistilos las invisibles y redondas semillas”. La cultura del espectáculo triunfa sobre lo sencillo; lo esencial, que permanece oculto a los ojos, a fuerza de estar oculto parece haber desaparecido. “germinan los niños de barriga hinchada. los muros de la habitación crecen”. La dura realidad, crece el desastre. “no hacia el cielo”. La realidad no camina hacia el paraíso. “no funciona el interruptor para la marea baja”. Crece el desastre (la marea) y las ideologías que aplicamos hasta ahora no sirven. “el pez bañado en petróleo. su cuerpo brillante se balancea en la orilla de una playa”. Imagen del desastre que todos tenemos en la retina, acertadamente relacionada con la marea como desastre que crece. “esto es el paraíso”. Ese que nos habían prometido. “la mano frente a la luz inagotable”. La mano tendida hacia la luz ensordecedora que deslumbra nuestros sentidos, y ¿qué pasa cuando nos deslumbramos? Que no vemos.

Parafraseando a Groucho Marx, esta es mi interpretación, si no les gusta, tengo otras.


Poemas de Pilar Fraile Amador y artículos sobre su obra en este Blog

lunes, 9 de febrero de 2015

"La tierra y las palabras", prólogo de Ignacio Gómez de Liaño al libro de Carlos de Gredos "SÍLABA a SÍLABA. Diccionario poético"

En El hombre y la gente, concretamente, en el capítulo XI, que lleva el título de «El decir de la gente: La lengua. Hacia una nueva lingüística», Ortega hace algunas consideraciones que vienen muy al caso ahora que me dispongo a prologar el Diccionario poético de Carlos de Gredos (Amargord Ediciones, Madrid, 2015). «En el diccionario», dice el filósofo, «las palabras son posibles significaciones, pero no dicen nada. Son curiosos estos obesísimos libros que llamamos diccionarios, vocabularios, léxicos: en ellos están todas las palabras de una lengua y, sin embargo, el autor de ellos es el único hombre que cuando las escribe no las dice».
     La consecuencia que saca Ortega de esta reflexión es que las palabras sólo significan algo «cuando son dichas por alguien a alguien. Sólo así, funcionando como concreta acción, como acción viviente de un ser humano sobre un ser humano, tienen realidad verbal». En resumen, la «significación auténtica [de las palabras] es siempre ocasional», «su sentido preciso depende de la situación o circunstancia en que sean dichas».
     ¿Quiere esto decir que el Diccionario poético de Carlos de Gredos no dice ni puede decir nada? Si fuera un diccionario o léxico al uso, deberíamos admitir esa proposición, pero es que el Diccionario poético no es un diccionario al uso. A diferencia de esa clase de libros obesísimos, cuya naturaleza es convencional, genérica e impersonal, y por eso sólo pueden ofrecer sugerencias de significación, quedando reservado al buen sentido del lector su aplicación según los casos, el Diccionario poético, y eso es lo raro y singular del libro, es, en cierto modo, lo contrario de un diccionario: en vez de convencional es original, en vez de genérico es concreto, en vez de impersonal es personal. La significación que da a sus palabras el autor no deriva de una convención, sino del trato personalísimo que éste tiene con las palabras. Pero el Diccionario poético es también un diccionario, y lo es en razón de que el autor hace el registro de un buen elenco de vocablos y nos brinda la definición de esos vocablos, o sea, a grandes rasgos, la significación o significaciones de las palabras registradas.
     Ahora bien, al registrar las palabras, y darnos su definición o significación, lo que el autor del Diccionario poético ofrece al lector es su aportación poética personal, la significación que la inspiración le depara a la vista ─o, mejor dicho, a la audición─ de cada palabra. ¿No demuestra Carlos de Gredos estar inspirado cuando define al INFIERNO como el infinito enfermo, a la HOSPEDERÍA como el lugar donde descansan los pies del hombre, al SEPULCRO como el lugar de la pulcritud o de la invitación a la limpieza, y al DICCIONARIO como el almacén de la buena dicción?
     De los ejemplos que acabo de poner, el lector puede hacerse una idea del Diccionario poético. En primer lugar puede ver que es un diccionario tan «completo» que incluso contiene la palabra DICCIONARIO, o sea, que se contiene a sí mismo… como palabra. Y, en segundo lugar, puede ver que Carlos de Gredos logra a menudo la inspiración mediante técnicas morfo-fonéticas o anagramáticas. O, lo que viene a ser lo mismo, se fija en el campo de juego morfo-fonético de las palabras al tiempo que adopta como plano de referencia el castellano, el latín y otras lenguas, como el griego y el inglés. Por ejemplo:
     ─ el castellano se destaca en la definición de VIDA como el viaje de ida; o en la de MENTIRAS como la mente deshecha en tiras;
     ─ el latín, en ALUMBRAR entendido como proyectar sombra, o en TUMULTO, como tú muchas veces;
     ─ el griego se ve en PROTOCOLO, definido como arte de colocar al primero;
     ─ y el inglés, en SONRISA: la salida del Sol (o sea, sun y rise.)
     ¿Qué es lo que pretende Carlos de Gredos con su peculiar diccionario? Yo creo que invitarnos a pensar en las palabras y, al hilo de esos pensamientos, a pensar en la vida que las palabras inspiran. De ahí que su libro pueda ser visto como una especie de manual de meditaciones quintaesenciadas en la forma de definiciones de palabras, según el momento y la sensibilidad lingüística se las han dado a entender al autor. De ese modo, éste nos viene a decir que ante las palabras lo que debemos hacer es sorprender sus secretos, sus significaciones ocultas. Verdad es que no hay cosa más secreta, más misteriosa, más inaprehensible, que lo que hace que en esos soplos de la voz que son los vocablos vengan a condensarse la inmensidad del mundo y la complejidad infinita de la vida.
     A menudo, mientras leía el Diccionario poético me he sentido capturado por su arte de la definición y por los hallazgos que el autor hace al ensalmo de las voces. De ahí que a cada definición la seguía, en mi mente, un a modo de comentario, de meditación mínima, de… inspiración. Permítaseme por eso dar una lista de palabras y definiciones del Diccionario poético, que me han resultado especialmente inspiradoras, y que, a renglón seguido, haga mi aportación personal (va entre paréntesis), que no es sino una glosa momentánea, sobrevenida de golpe, en la forma típica de la inspiración.
PUERTA: pared abierta. (En efecto, ¿qué otra cosa sino una pared abierta puede ser una puerta?).
SERVICIO: el vicio convertido en virtud. (Diría que es el vicio convertido en virtud, porque, en realidad, el SERVICIO es un vicio imaginario).
IMAGINAR: encontrar la magia de la imagen. (La magia de la imagen que transforma al que imagina en un mago, como bien sabía Giordano Bruno).
MEMORIA: ante la muerte del yo, la mente recobra el pasado. (El pasado del Yo hecho presente, ¿no es eso la MEMORIA?).
PARIR: comenzar a vivir a la par. (Incluso cuando la vida, según cada cual ve la suya propia, no tiene par en el mundo).
CONFIANZA: sin fianza. (Y, a la inversa, con fianza quiere decir que no hay demasiada CONFIANZA).
DESTINO: sin tino, sin ti no. (Mejor lo segundo que lo primero, aunque a menudo esos dos términos se confunden).
REÍR: volver a ir. (Repetición es hermana de Risa).
MUNDO: donde me hundo. (Y me limpio…).
ARBUSTO: el busto del árbol. (Sí, un árbol es un ARBUSTO de cuerpo entero).
PASEO: el paso que te limpia. (Una práctica sin duda muy saludable).
SIMIO: si soy yo. (Si mío es).
NOVEDAD: no tiene edad. (Por eso las NOVEDADES dan lugar a las edades).
SUPREMO: puede suprimir. (Es esa una prerrogativa ─la más terrible, pero no la única─ del SUPREMO).
EBRIO: brío etílico. (O sea, un brío imaginario).
BAZAR: va de azar. (Así es la vida cuando se hace de ella mercancía).
RAÍL: lira de dos cuerdas. (Su música es el viaje).
SERVIL: ser vil. (Definición exacta).
REDENTOR: para volver al Edén. (Esa es la función de que se dicen investidos los REDENTORES, tanto los auténticos como los impostores).
RAZÓN: buena sazón. (No se nace con la razón, sino con la posibilidad de formarla y de llevarla a sazón).
VERDAD: todo lo que se ve // todo lo que se da a ver. (En efecto, cuando uno da a ver algo puede decirse que dice la verdad).
SINCERIDAD: no lleva tapones en los oídos. (Ni tiene la lengua agarrotada).
OBSCENO: sinónimo de obscuro, de cieno. (De noche).
LECTOR: un recolector. (¿Recolector de ideas, de voces…?).
RAZÓN: roza nada más que una zona. (La punta del iceberg de lo real).
DOCTRINA: los documentos elaborados por tres personas. (Incluso cuando no tratan de la Trinidad).
CORAZÓN: copartícipe de la razón. (Eso es cuando el CORAZÓN tiene verdaderamente CORAZÓN).
CARA: nuestro altar. (Ara Pacis, así se me antojan las caras que me parecen más amables, más caras).
ARCHIVO: para chivarse. (Ese es el peligro de los ARCHIVOS).
AMAR: la mejor arma. (Un arma que mata para dar vida, o que da vida matando).
COSMOS: lo que somos. (El Yo no se entiende ni se puede entender sin el COSMOS).
EXTRAVIARSE: el que no sale de la vía no conoce la vida // un don del aventurero. (Algo así pensaba cuando a mi novela más larga y ambiciosa le puse el título de EXTRAVÍOS).
JUVENTUD: juega con el viento // emprende aventuras. (Viento y aventuras, ¿no viene a ser lo mismo?).
AMADOR: de Oro se recubre el que ama. (Así espera cautivar a la persona amada).
MEDITAR: nuestra meta. (Obviamente, es una meta sin fin a la vista).
ENTIDAD: la parte más importante de la identidad. (El Ser es la parte, y también el todo).
INSTINTO: el instante decisivo. (Eso cuando la voluntad anda remisa).
AURELIO: aura masculina // aura solar. (El nombre de las Cinco Vocales, el nombre áureo, de oro).
HONORARIOS: cuando el honor y el tiempo equivalen a dinero.
ENTORNO: nuestro trono. (Un trono ciertamente muy amplio, tan amplio como el mundo).
RUEGO: el yo circular. (A veces se transforma en un boomerang).
GUANTE: para aguantar mejor. (¿Es que el contacto con las cosas hace daño?).
ANDAR: el destino de Adán. (El destino del Hombre tras la Expulsión).
PRISIÓN: lugar donde se ejerce presión. (Y por lo mismo toda presión es una forma de PRISIÓN).
CEREBRO: mi orbe. (Hecho en una especie de cera biológica, neuronal).
RESUCITAR: volver a la cita. (Al nacer somos llamados a una cita que se encuentra más allá de esta vida).
PLANTEAR: favorecer el crecimiento de la planta. (Todo pensamiento es una forma de planta).
PRESTAR: sinónimo de restar. (Se resta, en efecto, pero lo que se desea es poder sumar).
     Singular poesía la del Diccionario poético de Carlos de Gredos. Una poesía que se sirve de las palabras a fin de hallar en ellas un resorte para cambiar la vida. Una poesía que me hace pensar en las intervenciones artísticas que ha hecho el propio Carlos de Gredos en un paraje montañoso de la provincia de Ávila, en el Centro de Arte y Naturaleza Cerro Gallinero de Hoyocasero. En el Diccionario poético la tierra elegida por el autor para plantar sus poemas es el universo de las palabras.
     En ambos casos lo poético es una forma de sublimación, ya de la tierra ya de las palabras. El arte ha consistido, en esencia, en colocarse delante de las palabras para ver de otra manera las cosas que las palabras designan. Ese «de otra manera», que de forma inspirada ha captado Carlos de Gredos, ya en la tierra ya en las palabras, es, cuando bien se considera, el sustrato último de lo poético.

martes, 9 de diciembre de 2014

Publicado un libro de fotografías y poemas en torno a la crisis en España, con autores como Antonio Gamoneda, Antonio Orihuela, Félix Grande, Jorge Riechmann, Luis Luna o Laura Casielles, y entre los que se encuentra el editor de este blog, Francisco Cenamor

Las caricias no dejan marcas; los golpes sí. Todas las relaciones de propiedad -es decir, de poder desigual- se definen mediante los golpes, reales o figurados, que marcan un territorio como propio: el marido machista, la fuerza colonial, el animal predador. De hecho, la propia historia de la palabra -”marca”, del protogermánico “marko”- asocia el término a la práctica de trazar líneas, lindes, límites para ceñir y apropiarse un espacio. Marca quiere decir: “esto es mío”. Los perros marcan su territorio, los ganaderos sus reses, los esclavistas a sus esclavos. Los nazis a sus prisioneros. Las multinacionales sus mercancías. “Marca registrada” es casi un pleonasmo, pues la marca registra sobre el objeto el sello indeleble del beneficiario último -el propietario- de toda operación de compra venta.
     Cuando hablamos de “marca España” no debemos olvidar esta relación con el golpe y con la propiedad: con el golpe predador, con el golpe expropiador. Lo contrario de una marca, escribía yo hace tiempo, es un nombre. Los enamorados, al contrario que los prisioneros, tienen nombre. Las cuatro vacas del campesino, al contrario que las cien mil reses del terrateniente, tienen nombre. Nuestro gato, al contrario que nuestro coche, tiene nombre. Nadie utilizaría un diminutivo para dirigirse a una batidora; nadie llamaría Cecilia y menos Cecilita a una batidora, por muy útil y necesaria que sea, y todos, en cambio, ponemos nombre a nuestros peluches, a nuestras barcas de pesca y hasta a nuestras cucharas de palo: porque son íntimos, duraderos y particulares y tenemos la esperanza de que respondan a nuestra llamada. El que golpea disuelve la personalidad del agredido en un epíteto insultante (cabrón, puta); el que acaricia afirma el cuerpo así bendecido con un apelativo sagrado (Marta, Luis). Los nombres, lo sabemos, son problemáticos; son también territorios en disputa. Pero, al contrario que las marcas, son “lugares comunes” para el acuerdo y la diferencia. El paso del nombre a la marca -por ejemplo, a través de la oficina de patentes- implica la descolectivización del término y la privatización del objeto. “España”, por ejemplo, es un nombre conflictivo que puede producir orgullo cuando gana la Roja y un enorme desasosiego cuando se piensa en las víctimas de Franco enterradas aún en las cunetas. España es un nombre incómodo que habrá que rescatar de los que la han convertido en una “marca”; es decir, en un territorio marcado por los golpes, delimitado, como una finca privada, como el agujero en el que un perro ha enterrado su hueso, por alambre de espino y orina maloliente.
     Puede parecer extraño que haya sido precisamente la derecha la que ha convertido la España “ideológica”, imperial, católica y nacionalista, en una marca comercial. Esta desideologización económica quizás abre una posibilidad inesperada para revisar la historia y recuperar una parte de su contenido desde la democracia y el Derecho -y desde la memoria de los apaleados en todas las batallas. Pero en todo caso, y a poco que prestemos atención, resulta bastante coherente que los que reivindicaron siempre expulsiones, conquistas y dictaduras sigan marcando hoy, en tiempos mercantiles y financieros, los lomos de España. Que España sea una “marca” quiere decir que sigue siendo “marcada” por sus propietarios; no nombrada por el pueblo soberano, como dice la Constitución, sino señalada a golpes por los que creen haber registrado su patente en las leyes naturales del dominio de clase.
     Como bien sugiere el título de este libro, la marca España está marcando los cuerpos de los españoles. Es decir, la estafa que llaman “crisis” (y que, por ejemplo, ha duplicado bajo el gobierno de Rajoy la riqueza en el Ibex de los seis españoles más poderosos, entre ellos Amancio Ortega, Florentino Pérez y Emilio Botín) tiene el efecto de un pincho o un puño de hierro en la vida de los ciudadanos. La marca España marca a los españoles, como a reses o a esclavos, con el sello ígneo de sus propietarios. Políticos, bancos y multinacionales venden España y los españoles se llenan de llagas y moratones -tatuaje doloroso de nuestra condición súbdita, de nuestra falta radical de soberanía.
     Sólo hay dos formas de comprender un país: descomponerlo trabajosamente o atraparlo milagrosamente. Decía el gran escritor ruso Vladimir Nabokov que “la poesía no es la disciplina de los conceptos abstractos sino de las imágenes concretas”. Como estamos atrapados en un mundo de abstracciones -desde la propaganda política a los reclamos publicitarios- nada es más necesario y más difícil que producir imágenes concretas. A eso se dedican la buena poesía y la buena fotografía (la mala poesía, como la mala fotografía, son tan abstractas como un mítin electoral). Sólo se puede pillar por sorpresa, de milagro, de la manera más concreta, la realidad escondida o deformada o incluso invertida en las relaciones abstractas de todos los días. La perspicacia de este libro, y su potencia reveladora, tienen que ver con este yacimiento de concreciones visibles desenterrado por las magníficas fotografías del periodista alemán Reiner Wandler, corresponsal en la España de la crisis, y los poemas de 52 grandes poetas españoles, enviados especiales a las entrañas de la realidad. Las fotos de Wandler como los poemas de Antonio Crespo, Antonio Orihuela, Félix Grande, Antonio Gamoneda, Jorge Riechmann o Laura Casielles (entre tantos otros) nos ponen delante de los ojos las evidencias cercanas que los videntes (ocupados siempre en las grandes constelaciones) no vemos. Devolver la vista a los ciegos es algo relativamente fácil que la ciencia a veces puede hacer. Devolver la vista a los videntes es más complicado y sólo los poetas, con sus cámaras cautivas o sus palabras cosidas, pueden lograrlo. Salvar a los ciegos es un acto humanitario o médico; salvar a los videntes es el mínimo y fundamental acto político en un mundo en el que las abstracciones nos ciegan.
     ¿Qué marcas deja la marca España? He aquí -en este libro- el catálogo de todas esas sombras medievales, cuerpos escurridos, basureros disputados, golpes policiales y miseria bautizada, pero también el de las protestas, los gritos, las demandas, los brotes de dignidad que componen esta España concreta y verdadera que reclama hoy visibilidad y soberanía. Este libro muestra las marcas tristes que deja la marca España, pero también la rabia viva que se rebela contra ella. Queremos una España de nombres y caricias. Este hermoso y duro libro, a su modo, la invoca y la anticipa.

lunes, 16 de junio de 2014

Lecturas: "naïf", de José Kozer (Cuba, 1940)

Da gusto encontrarse con libros de poesía tan bien elaborados como naïf (El sastre de Apollinaire, Madrid, 2013), del cubano José Kozer, nacido en La Habana y residente en Estados Unidos, aunque de origen polaco, por parte de padre, y checoslovaco, por parte de madre; el padre judío, como no podía ser de otra manera con tan significado apellido.
   Al leer el poemario es fácil darse cuanta de la amplia trayectoria que Kozer tiene como poeta, sus textos están sumamente cuidados y cada palabra cuenta, y sabemos que cuenta porque nos obliga a leer sus textos deteniéndonos en cada palabra, no es fácil hacer una lectura de carrerilla de este libro. También puede decirse, debido a su amplia labor de traducción, que tiene un gran conocimiento de poéticas de otros países diferentes al suyo, o a los suyos, deberíamos decir. Me ha parecido un libro vitalista, optimista incluso. Una de las cosas que más sorprende (aunque ya sé que no debería, pero es que no es lo común en la poesía actual más comercial de venta en España) es el magnífico dominio de la lengua española del que hace gala José Kozer, con un vocabulario amplísimo, rico y sonoro.
   La estructura del libro mantiene una cuidada uniformidad, en donde, a excepción del primer y el último poemas, todos los demás aparecen titulados bajo el título del libro, NAÏF, esta vez en mayúsculas. Que es un poeta bien valorado en España lo demuestra el que haya sido editado tanto en alguna de las pocas editoriales importantes de poesía, como editoriales medianas o pequeñísimas (en el número de libros editados, pero siempre grandes por su gran esfuerzo en la difusión de la poesía).
   Es una buena idea comprar este libro (en librerías o directamente a través de la web de la editorial), también se pueden encontrar en venta otros libros del autor, que, afortunadamente, ha sido editado de manera asidua en España y otros países de habla hispana.


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lunes, 28 de octubre de 2013

Francisco Cenamor nos habla sobre el poemario 'Larva seguido de Cerca', de Pilar Fraile Amador

Abren las tumbas con secretas llaves,
las semillas.

La cita que encabeza el libro de poemas Larva seguido de Cerca (Amargord Ediciones, Madrid, 2012), de Pilar Fraile Amador, nos sitúa de nuevo en el mismo lugar que el anterior libro de la autora, La pecera subterránea, en donde el sujeto poético actúa larvadamente. El título del primer apartado, Cieno, lo confirma.
   El poemario contiene sorprendentes relaciones de palabras que dan un giro a nuestra percepción de la realidad. Me gusta la estructura del libro, como una semilla que fuese arrancada del suelo y navegase a través del aire, porque aire hay mucho en este libro; al menos eso me inspiran los grandes espacios que encontramos entre versos y poemas. En otros poetas, estos espacios en blanco son interpretados como silencios, pero creo que en el caso de Pilar Fraile es aire fresco, vivificador en medio de la calima.
   En la poesía tendemos a considerar cada poema como una unidad, pero la autora de Larva consigue que sea difícil establecer este sistema de medida en sus textos: ¿dónde comienza cada poema en realidad, no se va quedando uno suspendido en el aire del anterior? ¿acaso alguno de los poemas termina realmente? Da igual en realidad, al leer olvidamos la medida y disfrutamos del vuelo en este aire ligero. Esta sensación de ligereza se ve acentuada por la desaparición de palabras que, de no haber sido eliminadas, hubiesen dado pesadez a los poemas.
   Cuando nos enfrentamos a un texto poético complejo es fácil quedarnos en la expresión “¡buf!”, o con la palabra “pesado”, por temor a lanzarnos a la aventura. Pilar Fraile consigue en Larva que la expresión que utilicemos sea el suspiro que suele dar comienzo a la meditación y que nos libera de la pesadez de nuestro cuerpo.
   En el libro aparece un yo que se presenta a sí mismo, que se dirige a un tú que parece ser el mismo yo para pasar a ser de nuevo un yo en el que sigue permaneciendo el tú. Este ir hacia el otro en el interior crea una interesante atmósfera en la que la gota es el mar, como diría más de una tradición filosófica oriental. Poesía para meditar, tal vez sea esa la conclusión de la lectura. No confundir nunca la palabra meditar (ligereza), con otras como pensar o reflexionar (pesadez).
   Por último, aparecen en estos textos, sin esperarlas, algunas relaciones de palabras que me estremecen, me conmueven: esto debe de ser la mística.
   Cerca parece un libro diferente, publicado junto a Larva. Diferente, y bien diferente. En su composición, con una narratividad intencionada que nos sumerge en los recuerdos de infancia. Pero leyendo leyendo, sumergiéndome, descubro una gran similitud con Larva, e incluso con La pecera subterránea: la infancia es un submundo apegado a la tierra, al deshecho, en el que se lucha por crecer ante el asombro que produce el mundo terrible, y superior, de los adultos.
   En todo momento tenemos esa sensación de que no se nos dice lo que de verdad es, algo que sería demasiada información para un poema, y que consigue que aparezca otra verdad: la verdad del lector.

Poemas de Pilar Fraile Amador y artículos sobre su obra

lunes, 23 de septiembre de 2013

Presentación de Juan Carlos Mestre para el libro "Hay una jaula en cada pájaro", de Óscar Curieses


Amigos, «para ir a lo que no sabes has de ir por donde no sabes», «rinoceronte unta su gajo blanco», «cada vez que me busco, me pregunto si realmente estoy aquí» donde «la jaula mordisquea sus propios palos», quiero decir, queridos amigos, propensos al temperamento melancólico, es decir, propensos al amor y a la locura, que nadie sabe lo que quiere decir el que habla en la densidad afectiva de los poemas de Curieses. Menos aún entenderá el que lo oye, si el que escucha, en este caso, nosotros, es otro radicalmente diferente al que entre el deslumbramiento y la posibilidad (también de insatisfacción) entra en su libro como si penetrase en su vida, en una conciencia que en alianza moral con los débiles pretende ofrecer un máximo de delicada resistencia a las formulaciones sociales de la crueldad y la culpa oscura del progreso y su complicidad criminal con las leyes políticas del mercado. Ya estamos hablando de la jaula, ya estamos diciendo que hay una jaula en cada pájaro. 
*
«No estamos. Estamos en blanco». Lo oído, lo visto tras la escucha de este libro de Óscar, será la deriva que tomen mis palabras sin otra pretensión que la de articular apenas alguno de los múltiples sentidos de su imprevisible galaxia significativa. No se asusten, no ha de ser su intento una operación de oscuridad, tampoco la claridad forense de los desentrañamientos. Ni estamos en presencia de un exquisito cadáver ni saludando el interpretacionismo moribundo de una nueva Divina Comedia. Se acabó, diría Nicanor Parra, el tiempo de los toros furiosos y las vacas sagradas, los poetas bajaron del Olimpo. Óscar supo hace mucho, yo creo que lo supo siempre, que ese tiempo no había existido nunca. Los ángeles, los poetas, «las camisas de fuerza de Dios».
*
Hay una jaula en cada pájaro (Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, Madrid, 2013) es más que un libro de poemas y más que un artefacto perfomativo en el que junto a AMC313 (con Edith Alonso y Antony Maubert) Óscar Curieses nos propone una disolución activa del género, una desestabilización de lo simbólico en tiempos en que las palabras no pueden, sin ser cómplices de lo ominoso y su crueldad, permanecer intactas en el santuario de lo neutral. En Hay una jaula asistimos a otra forma inaugural de enfrentar el desafío de los lenguajes del porvenir, un acto de innegociable valentía frente a lo viejuno de la cobardía retórica periclitada por el uso y el abuso de la propaganda sentimental. Muertas por asfixia y saturación de brillos, luna, tristeza, melancolía y atardeceres, el crepúsculo de los dioses afortunadamente muertos ha sido definitivamente enterrado: «La madre yace muerta ante su madre y el cauce, híbrido, ya espera nueva lluvia en el molde de la tierra exhausta».
*
Hablo de lo que no hay que hablar, del deterioro de la poesía en cuyas grietas crece la hierba que ha de volver a enhebrar el cielo. Hablamos de Hay una jaula en cada pájaro, y hablo de él, del poeta Óscar Curieses, que desplazado sabiamente del sujeto de género, próximo a la ambigüedad murmurante de un Juan Rulfo, oye voces en el espejo sin reflejo de lo real inaccesible, esos bulevares del inconsciente que se extienden hacia los terrenos baldíos del ser espiritual tras la puerta lacaniana de lo imaginario y lo simbólico. Óscar es un poeta raro, raramente culto, quiero decir extraño al centro, quiero decir infrecuente en su excepcionalidad, insólito entre lo abundante de los costumbristas y mediocres hábitos tribales de las barriadas líricas. Barriadas, que no barricadas. Conscriptos regulares que no inconsumibles insumisos.
*
Eso singulariza a Óscar ciudadano y a su trabajo poético como un empeño de resistencia en las virtudes del pájaro solitario. Todo poema opone un grado de resistencia al propio saber de su escriba, eso es lo que otorga otredad y capacidad negativa al que escribe desde la inversión rotunda, como John Keats, como el múltiple Pessoa, como cada pájaro que huye de su propio vuelo y es el trastrocamiento máximo de la aspiración de libertad, la jaula fósil de lo otro en el yo del pájaro poeta, la prisión del espacio encerrado en la libertad del vuelo, la paradoja del anhelante pájaro portador de la memoria de su propia condena hacia la aspiración del destino utópico en el absoluto de la libertad.
*
Se trataría de no equivocarnos (a no ser que lo hiciéramos adrede y por énfasis en las delicias reivindicativas del error) al volar con este Óscar Curieses amigo, poeta y ciudadano pájaro, que todos ya conocemos y queremos. Se trataría, además, de acceder a otro y bien distinto sujeto, una presencia, diría yo, que solo se descubre emboscada entre el sistema dialógico de su creación textual. Es en su productividad de permutaciones, de interferencias, de aplazamientos fragmentarios, de fértiles espacios vacíos, de huecos mallarmenianos, donde deviene de manera constante otro menos reconocible y huidizo sujeto imaginario dedicado al transporte, digamos al tráfico, de nuevas sustancias significativas, de escombros líricos que habiendo perdido su originaria imantación han de volver a ser semantizados. La tarea de Óscar no es fácil: incorporarse al diálogo con lo múltiple heterodoxo desde la perspectiva del que asume el derrumbe de la cultura poética y se hace cargo de sus restos. No para reciclarlos generando el espejismo de los nuevos palacetes del parnaso, sino para construir la realidad del testimonio vigilante ante la catástrofe como único lugar ya digno y habitable frente a los sistemas de dominación.
*
No sé si estaré yendo demasiado lejos, pero para mí su voz, las voces de Óscar Curieses, que proceden “de lo larvario”, ya en acertada expresión de Jordi Doce, o “de lo umbilical”, como también lúcidamente las refiere en otro paralelismo Ernesto García López, se constituyen, aunando ambos conceptos, como la presencia súbita de una ancestralidad. La presencia de una lejanía, que diría Paul Celán, un desciframiento de las raíces del vértigo bajo los actos del habla, la conciencia lejana que en lo primordial de los mandatos cabalísticos encuentra revelación en la letra y en las letras, y en la epifanía del texto: «moscas blancas a la deriva. hueso. quizá. nieve en el aire».
*
Bien o mal «el que está vestido con mi alma» piensa que sería deseable interpretar esta obra, esta partitura en la que hay una jaula en cada pájaro, sin atisbos de rigor ni pudor; música que se ha salido del surco de los significados para desobedecer lo previsible, para activar su «marea de caballos transparentes» en el territorio de otro sueño, en la zona de peligro donde lo real se enfrenta con las sustancias de la noche y lo despierto, un vagón de ferrocarril en el que Whitman comparte higos de pan con Dario, y Óscar, este curioso Óscar Curieses, tutea al inacabado Cristo con las hipótesis de Buda. Y aquí comienza la aventura de la voz, la Biolencia con «b» de símbolo y sábana, la bienbiolencia, con dos bes, que protege de los actos de fuerza y no acata al que ataca, la voz solar de lo nocturno. La voz que no ejerce supremacía, las voces del imaginario sobre la domesticación y las escrituras del sometimiento retórico, los lenguajes del poder (contra los que habla Gamoneda), todas esas toneladas de poemas muertos que los papeles aún sin desclasificar de la sociología lírica de la más que requetevieja sentimentalidad arrojan cada temporada a las imprentas desde las pantanosas tintas de lo literatoso.
*
Hay que decirlo, estamos hartos de la poesía que vivísima en el siglo XIX está requetemuerta en el XXI, y lo que digo, consciente de lo que digo, está dicho en el envés de la poesía concebida como artificio de una identidad biográfica bellamente ilustrada por los adjetivos del prestigio, todo lo contrario a esta escritura de Curieses, insumisa y beligerante, cuya propuesta discursiva avanza a contracorriente del generalizado estilo fúnebre en que se ha convertido el solemne arquetipo de las neurosis del yo. Óscar ha rehuido, junto a otros transgresores y brillantes poetas de su generación, las fórmulas del coleccionismo privado de sonsonetes, el camelo de la facilidad y lo claro como conducta obligatoria de los comisarios líricos. Y eso es hoy algo fundamental, el desafío a las tendencias dominantes, la desobediencia a lo normativo, esos zoológicos repletos de animales embalsamados de los que no cabe esperar otra cosa que la aspiración de pedestal, las antologías de carreras de caballos y el bandolerismo de los premios.
*
Hace tiempo que no presentaba un libro, creo que tampoco lo haré esta tarde en los términos que se espera de un ayudante del mentiroso como llamaba Ledo Ivo a los ornitólogos de la traducción del canto de los pájaros y los divulgadores de textos. No, este pájaro, esta jaula, este libro en el que hay una jaula en cada pájaro, no necesita llave que le abra a nadie la puertecita de su conocimiento, ni tampoco que le aporte la clave de su trino al coro de ninguna asamblea lectora. Yo estoy aquí por dos motivos, la alegría y el afecto, por causa de una alegre fraternidad, la de celebrar, sí, efectivamente, con elogio, a quien ha creado con su idioma una diferencia, otra manera de comprender desde los contextos sociales la conciencia y expresión del sentido de su época… No sé explicarlo mejor, pero lo dicho remite a la poética de Óscar Curieses como un acontecimiento singularísimo del habla, de esa otra habla fugitiva de las mansedumbres y la autorreferencialidad, la poesía como forma interior del lenguaje, un acomodo crítico entre lo lingüístico y el pensamiento.
*
Los poemas de esta obra de Óscar Curieses funcionan en sentido inverso a la maquinaria discursiva de los tribunales de orden académico, poemas como un esquema figural de la argumentación que suplanta lo real subjetivo por lo irreal objetivo, la inexistencia que toma corporeidad de ser en el lenguaje bajo el impulso humano de la simbolización. No sé si son fáciles o difíciles de entender estas reflexiones sobre su poesía, pero lo que pretenden decir es que la preexistencia de la forma interior del lenguaje en el mundo de lo que llamamos real, la presencia de aquella súbita lejanía se hace presente como acto de habla, escritura del hablante, en cada texto de Óscar, y es testimonio de un paisaje lleno de huellas, «piedra de nieve entre el fuego destructor». La magia de Óscar Curieses está hecha solo para el ciego, es decir, para el vidente, quien verá en los sonidos de la oscuridad el relámpago electroacústico de San Juan de la Cruz, el más moderno de los pájaros solitarios que le hacen compañía en la rama de los herejes, de los expulsados de la razón por los racionalizadores de lo intuitivo y mistérico.
*
«Dejad toda esperanza vosotros que entráis a las puertas del Infierno», escribió Dante. «Nadie, te alcanzará aquí, jamás», dejó escrito Óscar Curieses en «el pozo azul de sombra que fue dios», una intuición poética que da sentido y forma exterior a la realidad interiorizada intelectualmente, asumida como mito íntimo, como conciencia verbal de la experimentación constante que ha de ser la poesía si aspira a reconciliar los desafíos de la existencia con el lugar moral de la palabra. Esa es la brillante interferencia de Óscar Curieses ante el daño del mundo, la acción performativa de su discurso ante la banalidad mercantil de lo reproductivo del canon y la preceptiva y los espejismos de la sociología de la receptividad lectora. Nuestro poeta hace saltar en pedazos la acuñación metódica, el poema como convención metafórica de aquello que solo cambia gramaticalmente la realidad de sitio. Su imaginario, más en las metamorfosis del conflicto que en el acomodo a lo previsible, se niega, poema a poema, a configurarse en modismo de estilo, en fraseo de fábrica o runrún métrico. Hay que decirlo, sus animalitos vienen de la misteriosidad de Lorca, de la trompetería de icebergs de Darío, del otoño negro de Machado trasmitido en onda corta para los náufragos del mar de las ensoñaciones.
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Curieses no es un poeta que interponga el lenguaje como suplantación de la realidad, y de ahí su extraordinario interés, y de ahí también la intensa transformación expresiva de sus textos, las presencias ebrias del sentido de otredad y los lenguajes huidizos de la normatividad canónica; es la mediación pitagórica de su cifra en la materia sonora de sus textos, son sus texturas poéticas convergentes con el desafiante desarrollo de las hipótesis de la vanguardia lo que singulariza su poética. Y eso, amigos, en un medio esclerotizado por la rutina, es un acontecimiento, los creyentes dirían un milagro, y los escépticos a toda novedad, siempre tan generosos, no dirán sencillamente nada. Bien, no se trata ahora más que de acompañar al amigo cuyo trabajo uno admira. Pertenezco a la asamblea de los que han renunciado a ejercer todo tipo de autoridad artística sobre los demás, no me encuentro tampoco entre los que con razón o sin ella dejan de decir, guste o no, lo que piensan.
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Óscar Curieses es portador y es donante de un saber poético que reclama el derecho a ser escuchado, a extender la misericordia de sus criaturas vocales, la piedad sonora de su delicadeza, sobre los cuerpos y las conciencias violentadas por la fetidez de las guerras, por la usura de los mercados que han secuestrado la voluntad de la sociedad civil. La poesía como salud de un bien, su poesía, como uno de los últimos discursos no humillantes de la historia de las civilizaciones de cultura. Todos sabemos que hay temas justos encerrados en el universo bienintencionado de los poemas injustos. No es el caso, la belleza revolucionaria hace aquí compañía a la aspiración de lo justo, es el mito universal y cósmico de la luz el que ha salido de la jaula del dios para habitar la inocencia creativa del pájaro, de este emocionante y querido pájaro que en la fuga a toda razón, junto al enamorado celeste y el loco civil, es nuestro amigo y poeta Óscar Curieses.

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