lunes, 9 de febrero de 2015

"La tierra y las palabras", prólogo de Ignacio Gómez de Liaño al libro de Carlos de Gredos "SÍLABA a SÍLABA. Diccionario poético"

En El hombre y la gente, concretamente, en el capítulo XI, que lleva el título de «El decir de la gente: La lengua. Hacia una nueva lingüística», Ortega hace algunas consideraciones que vienen muy al caso ahora que me dispongo a prologar el Diccionario poético de Carlos de Gredos (Amargord Ediciones, Madrid, 2015). «En el diccionario», dice el filósofo, «las palabras son posibles significaciones, pero no dicen nada. Son curiosos estos obesísimos libros que llamamos diccionarios, vocabularios, léxicos: en ellos están todas las palabras de una lengua y, sin embargo, el autor de ellos es el único hombre que cuando las escribe no las dice».
     La consecuencia que saca Ortega de esta reflexión es que las palabras sólo significan algo «cuando son dichas por alguien a alguien. Sólo así, funcionando como concreta acción, como acción viviente de un ser humano sobre un ser humano, tienen realidad verbal». En resumen, la «significación auténtica [de las palabras] es siempre ocasional», «su sentido preciso depende de la situación o circunstancia en que sean dichas».
     ¿Quiere esto decir que el Diccionario poético de Carlos de Gredos no dice ni puede decir nada? Si fuera un diccionario o léxico al uso, deberíamos admitir esa proposición, pero es que el Diccionario poético no es un diccionario al uso. A diferencia de esa clase de libros obesísimos, cuya naturaleza es convencional, genérica e impersonal, y por eso sólo pueden ofrecer sugerencias de significación, quedando reservado al buen sentido del lector su aplicación según los casos, el Diccionario poético, y eso es lo raro y singular del libro, es, en cierto modo, lo contrario de un diccionario: en vez de convencional es original, en vez de genérico es concreto, en vez de impersonal es personal. La significación que da a sus palabras el autor no deriva de una convención, sino del trato personalísimo que éste tiene con las palabras. Pero el Diccionario poético es también un diccionario, y lo es en razón de que el autor hace el registro de un buen elenco de vocablos y nos brinda la definición de esos vocablos, o sea, a grandes rasgos, la significación o significaciones de las palabras registradas.
     Ahora bien, al registrar las palabras, y darnos su definición o significación, lo que el autor del Diccionario poético ofrece al lector es su aportación poética personal, la significación que la inspiración le depara a la vista ─o, mejor dicho, a la audición─ de cada palabra. ¿No demuestra Carlos de Gredos estar inspirado cuando define al INFIERNO como el infinito enfermo, a la HOSPEDERÍA como el lugar donde descansan los pies del hombre, al SEPULCRO como el lugar de la pulcritud o de la invitación a la limpieza, y al DICCIONARIO como el almacén de la buena dicción?
     De los ejemplos que acabo de poner, el lector puede hacerse una idea del Diccionario poético. En primer lugar puede ver que es un diccionario tan «completo» que incluso contiene la palabra DICCIONARIO, o sea, que se contiene a sí mismo… como palabra. Y, en segundo lugar, puede ver que Carlos de Gredos logra a menudo la inspiración mediante técnicas morfo-fonéticas o anagramáticas. O, lo que viene a ser lo mismo, se fija en el campo de juego morfo-fonético de las palabras al tiempo que adopta como plano de referencia el castellano, el latín y otras lenguas, como el griego y el inglés. Por ejemplo:
     ─ el castellano se destaca en la definición de VIDA como el viaje de ida; o en la de MENTIRAS como la mente deshecha en tiras;
     ─ el latín, en ALUMBRAR entendido como proyectar sombra, o en TUMULTO, como tú muchas veces;
     ─ el griego se ve en PROTOCOLO, definido como arte de colocar al primero;
     ─ y el inglés, en SONRISA: la salida del Sol (o sea, sun y rise.)
     ¿Qué es lo que pretende Carlos de Gredos con su peculiar diccionario? Yo creo que invitarnos a pensar en las palabras y, al hilo de esos pensamientos, a pensar en la vida que las palabras inspiran. De ahí que su libro pueda ser visto como una especie de manual de meditaciones quintaesenciadas en la forma de definiciones de palabras, según el momento y la sensibilidad lingüística se las han dado a entender al autor. De ese modo, éste nos viene a decir que ante las palabras lo que debemos hacer es sorprender sus secretos, sus significaciones ocultas. Verdad es que no hay cosa más secreta, más misteriosa, más inaprehensible, que lo que hace que en esos soplos de la voz que son los vocablos vengan a condensarse la inmensidad del mundo y la complejidad infinita de la vida.
     A menudo, mientras leía el Diccionario poético me he sentido capturado por su arte de la definición y por los hallazgos que el autor hace al ensalmo de las voces. De ahí que a cada definición la seguía, en mi mente, un a modo de comentario, de meditación mínima, de… inspiración. Permítaseme por eso dar una lista de palabras y definiciones del Diccionario poético, que me han resultado especialmente inspiradoras, y que, a renglón seguido, haga mi aportación personal (va entre paréntesis), que no es sino una glosa momentánea, sobrevenida de golpe, en la forma típica de la inspiración.
PUERTA: pared abierta. (En efecto, ¿qué otra cosa sino una pared abierta puede ser una puerta?).
SERVICIO: el vicio convertido en virtud. (Diría que es el vicio convertido en virtud, porque, en realidad, el SERVICIO es un vicio imaginario).
IMAGINAR: encontrar la magia de la imagen. (La magia de la imagen que transforma al que imagina en un mago, como bien sabía Giordano Bruno).
MEMORIA: ante la muerte del yo, la mente recobra el pasado. (El pasado del Yo hecho presente, ¿no es eso la MEMORIA?).
PARIR: comenzar a vivir a la par. (Incluso cuando la vida, según cada cual ve la suya propia, no tiene par en el mundo).
CONFIANZA: sin fianza. (Y, a la inversa, con fianza quiere decir que no hay demasiada CONFIANZA).
DESTINO: sin tino, sin ti no. (Mejor lo segundo que lo primero, aunque a menudo esos dos términos se confunden).
REÍR: volver a ir. (Repetición es hermana de Risa).
MUNDO: donde me hundo. (Y me limpio…).
ARBUSTO: el busto del árbol. (Sí, un árbol es un ARBUSTO de cuerpo entero).
PASEO: el paso que te limpia. (Una práctica sin duda muy saludable).
SIMIO: si soy yo. (Si mío es).
NOVEDAD: no tiene edad. (Por eso las NOVEDADES dan lugar a las edades).
SUPREMO: puede suprimir. (Es esa una prerrogativa ─la más terrible, pero no la única─ del SUPREMO).
EBRIO: brío etílico. (O sea, un brío imaginario).
BAZAR: va de azar. (Así es la vida cuando se hace de ella mercancía).
RAÍL: lira de dos cuerdas. (Su música es el viaje).
SERVIL: ser vil. (Definición exacta).
REDENTOR: para volver al Edén. (Esa es la función de que se dicen investidos los REDENTORES, tanto los auténticos como los impostores).
RAZÓN: buena sazón. (No se nace con la razón, sino con la posibilidad de formarla y de llevarla a sazón).
VERDAD: todo lo que se ve // todo lo que se da a ver. (En efecto, cuando uno da a ver algo puede decirse que dice la verdad).
SINCERIDAD: no lleva tapones en los oídos. (Ni tiene la lengua agarrotada).
OBSCENO: sinónimo de obscuro, de cieno. (De noche).
LECTOR: un recolector. (¿Recolector de ideas, de voces…?).
RAZÓN: roza nada más que una zona. (La punta del iceberg de lo real).
DOCTRINA: los documentos elaborados por tres personas. (Incluso cuando no tratan de la Trinidad).
CORAZÓN: copartícipe de la razón. (Eso es cuando el CORAZÓN tiene verdaderamente CORAZÓN).
CARA: nuestro altar. (Ara Pacis, así se me antojan las caras que me parecen más amables, más caras).
ARCHIVO: para chivarse. (Ese es el peligro de los ARCHIVOS).
AMAR: la mejor arma. (Un arma que mata para dar vida, o que da vida matando).
COSMOS: lo que somos. (El Yo no se entiende ni se puede entender sin el COSMOS).
EXTRAVIARSE: el que no sale de la vía no conoce la vida // un don del aventurero. (Algo así pensaba cuando a mi novela más larga y ambiciosa le puse el título de EXTRAVÍOS).
JUVENTUD: juega con el viento // emprende aventuras. (Viento y aventuras, ¿no viene a ser lo mismo?).
AMADOR: de Oro se recubre el que ama. (Así espera cautivar a la persona amada).
MEDITAR: nuestra meta. (Obviamente, es una meta sin fin a la vista).
ENTIDAD: la parte más importante de la identidad. (El Ser es la parte, y también el todo).
INSTINTO: el instante decisivo. (Eso cuando la voluntad anda remisa).
AURELIO: aura masculina // aura solar. (El nombre de las Cinco Vocales, el nombre áureo, de oro).
HONORARIOS: cuando el honor y el tiempo equivalen a dinero.
ENTORNO: nuestro trono. (Un trono ciertamente muy amplio, tan amplio como el mundo).
RUEGO: el yo circular. (A veces se transforma en un boomerang).
GUANTE: para aguantar mejor. (¿Es que el contacto con las cosas hace daño?).
ANDAR: el destino de Adán. (El destino del Hombre tras la Expulsión).
PRISIÓN: lugar donde se ejerce presión. (Y por lo mismo toda presión es una forma de PRISIÓN).
CEREBRO: mi orbe. (Hecho en una especie de cera biológica, neuronal).
RESUCITAR: volver a la cita. (Al nacer somos llamados a una cita que se encuentra más allá de esta vida).
PLANTEAR: favorecer el crecimiento de la planta. (Todo pensamiento es una forma de planta).
PRESTAR: sinónimo de restar. (Se resta, en efecto, pero lo que se desea es poder sumar).
     Singular poesía la del Diccionario poético de Carlos de Gredos. Una poesía que se sirve de las palabras a fin de hallar en ellas un resorte para cambiar la vida. Una poesía que me hace pensar en las intervenciones artísticas que ha hecho el propio Carlos de Gredos en un paraje montañoso de la provincia de Ávila, en el Centro de Arte y Naturaleza Cerro Gallinero de Hoyocasero. En el Diccionario poético la tierra elegida por el autor para plantar sus poemas es el universo de las palabras.
     En ambos casos lo poético es una forma de sublimación, ya de la tierra ya de las palabras. El arte ha consistido, en esencia, en colocarse delante de las palabras para ver de otra manera las cosas que las palabras designan. Ese «de otra manera», que de forma inspirada ha captado Carlos de Gredos, ya en la tierra ya en las palabras, es, cuando bien se considera, el sustrato último de lo poético.

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