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martes, 14 de abril de 2009

La Editorial Buscarini publica el teatro, la narrativa y las memorias del poeta bohemio Armando Buscarini

La edición del libro El rufián. Teatro, narrativa y memorias de Armando Buscarini (Editorial Buscarini, Logroño, 2008) ha corrido a cargo de Rubén y Diego Marín A., investigadores agregados del Instituto de Estudios Riojanos (IER) y estudiosos de la vida y obra de este poeta bohemio. Junto a Orgullo. Poesía (in)completa, ambos libros reúnen las obras completas de Buscarini. En esta ocasión, son cuatro obras de teatro (Sor misericordia, El Rey de los Milagros, Los dos alfareros y El rufián), ocho relatos (El fantasma de Wherter, El arte de pasar hambre, El aluvión, Las luces de la Virgen del Puerto, Maruja la de Cristo, La Reina del Bosque, San Antonio de la Florida y La cortesana del Regina) y Mis memorias, publicado a los veinte años. Géneros todos ellos en los que, al igual que en la poesía, probó fortuna tratando de triunfar artísticamente, pero con los que cosechó el mismo fracaso que le deparó la poesía. Si en ésta su estilo romántico y modernista se desgañitaba ante el triunfo de las vanguardias, fuera de la poesía, en el resto de obras, trató de contar su vida acercándose a los géneros en boga (naturalismo, costumbrismo) pero adulterados por un estilo rancio, infantil y romanticón que le haría pasar a la historia de la literatura española contemporánea no por la altura de sus obras sino por los avatares de su vida, mejor narrados por otros autores que por él. Luis Antonio de Villena, en el prólogo que abre el libro, defiende que "su caso literario es curioso por su precocidad, su pronta caída pero cierta oculta o semivelada calidad que se ve más en su poesía que en su prosa, pero también en ésta (…). Tiene en sus mejores momentos una calidad ingenua —sobre todo cuando habla de sí mismo— que mezcla restos de un modernismo pasado, con el prosaísmo vivaz de un talento literario escasamente desarrollado. Hay destellos de calidad en sus libritos de poemas (cuadernillos más bien) y en su obra en prosa, sobre todo la que —con claro fondo autobiográfico— refleja escenas de la airada vida madrileña, de la prostitución ínfima o de lo que era o había sido su vivir menesteroso". Armando Buscarini (Logroño, 1904-Ezcaray, 1940) es el poeta maldito y bohemio más característico de la literatura española de principios del siglo XX. En 1918 inició su precoz y desgraciada trayectoria literaria con la novela Emocionantísimas aventuras de Calck-Zettin. Emperador de los detectives, a la que siguieron libros de poesía como Ensueños (1919), Rosas negras (1921) y El riesgo es el eje sublime de la vida (1923). Con apenas veinte años publica la autoantología Primavera sin sol y Mis memorias y, también en 1924, las novelas de corte autobiográfico El arte de pasar hambre y Las luces de la Virgen del Puerto. Es autor, además, de las obras teatrales Sor Misercordia, El rey de los milagros, Los dos alfareros y El rufián. Su último libro, El umbral del recuerdo (1928), es una recopilación de sus mejores poemas, publicados días antes de ser ingresado en el manicomio de forma definitiva y con tan solo 25 años. A pesar de quedar recogida su vida y obra a través de las memorias de autores como César González–Ruano, Rafael Cansinos Assens y Ramón Gómez de la Serna, después de años de silencio y olvido su figura se recuperó gracias a libros como Por los caminos de Hipócrates del doctor Alberto Escudero Ortuño y Las máscaras del héroe, Armando Buscarini o el arte de pasar hambre y Desgarrados y excéntricos de Juan Manuel de Prada. Por otra parte, su obra ha sido reeditada en el volumen Orgullo. Poesía (in)completa (2006) y los epistolarios Cartas vivas (2006) y Epístolas líricas (2007). El rufián. Teatro, narrativa y memorias reúne toda la producción literaria no poética de Armando Buscarini y, junto al libro Orgullo, ofrece al lector las obras completas del escritor bohemio y maldito, paradigma de la bohemia madrileña y, posiblemente, el poeta riojano más importante del siglo XX.

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martes, 31 de marzo de 2009

Artículo de Francisco Cenamor sobre el libro 'Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén', de Fátima Mernissi

A lo largo de la historia de las relaciones entre el mundo musulmán y Occidente, una de las instituciones que, por diversos motivos, ha fascinado a estos últimos ha sido, sin duda, el harén. Fantasías eróticas aparte, creo que nunca hemos terminado de comprender muy bien qué es un harén y qué función cumplía y cumple en la compleja red de relaciones cotidianas en las diferentes sociedades musulmanas.

Siempre la mejor manera de desentrañar una realidad es acercándose a ella, escuchando a los protagonistas, en este caso las protagonistas, de su propia historia. Así, gracias a la socióloga y escritora marroquí Fátima Mernissi podemos descubrir las vivencias cotidianas de un harén en el Marruecos de los años 40.

En su autobiografía novelada Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén (El Aleph Editores, Barcelona, 2008), Fátima Mernissi nos cuenta su propia experiencia. Y lo hace a través de los ojos de una niña que va descubriendo, poco a poco, la vida interna de su casa: un harén.

Y esta niña, a través de la que descubrimos a las mujeres que habitan en el harén, es un ser humano entrañable, curioso, preguntón, sencillo y alegre que nos da una visión desprejuiciada de la realidad que le rodea. Y son las propias mujeres que lo habitan quienes nos contarán en qué consiste ese harén. La complejidad del asunto nos mostrará voces favorables y discordantes con la situación de las mujeres dentro del harén, pero, insisto, son las voces de esas mismas mujeres que viven dentro.

Es de agradecer que Mernissi decidiera mantenerse niña en toda la narración, sin hacer aparecer a la mujer adulta que era cuando escribió este tierno relato. Su mirada inocente denuncia con mayor dureza la situación de las mujeres en el harén, pero no lo hace desde una postura victimista, al contrario, da todo el protagonismo a las mujeres y nos narra sus vidas cotidianas desde la normalidad, mostrándonos las pequeñas rebeldías cotidianas.

Gracias a la novela descubrimos como, a pesar de la visión que tenemos desde el mundo occidental, las mujeres han tenido su protagonismo en los países de cultura musulmana, existiendo en los años cuarenta un pujante movimiento favorable a la liberación de la mujer, compartido entre hombres y mujeres nacionalistas que luchaban por la descolonización de sus países. Por cierto, cuando Occidente tanto recrimina la situación de las mujeres en los países islámicos, recordaré aquí que nunca apoyó a estos movimientos favorables a la mujer y sigue sin hacerlo; y no solamente eso, sino que apoyó a movimientos integristas que se oponían a los nacionalistas.

La visión que del mundo tienen los niños nos lleva en ocasiones a enternecernos de manera divertida, a pesar de hablar de cosas terribles. Es el caso, por ejemplo, del capítulo del libro en el que la niña protagonista trata de explicarse por qué los alemanes invaden Europa y por qué eliminan a los judíos. Por cierto, nuevamente, el libro hace caer otro mito de nuestra actualidad: el enfrentamiento entre árabes y judíos, culturas que conviven pacíficamente hasta que las potencias occidentales crean el Estado de Israel expulsando a los árabes palestinos de su país y de sus propias casas.

Fátima Mernissi nació en un harén de Fez (Marruecos) en 1940. Su madre aprovechó los aires de progresismo que para las mujeres trajeron los nacionalistas marroquíes para que estudiase libremente una carrera universitaria. Así, se terminaría convirtiendo en una de las intelectuales feministas de mayor prestigio en todo el mundo, siendo muy apreciadas sus reflexiones y estudios sobre las relaciones entre mujeres y hombres, mujeres y poder político, mujeres y religión en el mundo islámico. Aunque ha publicado principalmente ensayos, siempre se ha visto atraída por las mujeres árabes contadoras de historias, lo que le llevó a novelar su propia experiencia vital en el harén. Precisamente, el clásico relato árabe de Las mil y una noches aparece repetidas veces en el libro.

Francisco Cenamor

miércoles, 11 de junio de 2008

‘Contarse a sí misma, desnudarse’. Artículo de Francisco Cenamor sobre la nueva novela de Marta Sanz ‘La lección de anatomía’

Reconozco que al comenzar a leer la nueva novela de la escritora madrileña Marta Sanz La lección de anatomía (RBA Libros, Barcelona, 2008) me cargué de prejuicios al descubrir que se trataba de una autobiografía novelada: ¿tan interesante se cree la autora para contarnos su vida, sobre todo cuando aún es tan joven? Y encima cosas de mujeres, ¿no será otra novelita victimista más? Y, ¡zas!, la fuerza narrativa de Marta Sanz hizo que me tragara, eso sí, poco a poco, dulcemente, todos mis prejuicios.
Lo cotidiano sencillo -Marta Sanz, reconozcámoslo, no ha tenido, hasta ahora, una vida espectacular-, se convierte en su novela en una aventura existencial, pues la vida de cada uno, por muy anodina que nos parezca, hay que vivirla. Incluso nos acerca a cosas que hemos podido vivir, a personajes –familiares, amigos y amigas- que nosotros mismos hemos podido tener.
Marta Sanz se nos desnuda sin ningún pudor, es más, tal vez en un guiño al lector o lectora, se desnuda, aún adolescente, ante una profesora y se sorprende de que esta reaccione con pudor ante su desnudez. Estamos sin duda, ante una stripper literaria.
Y en su desnudez, nos enseña todo: sus defectos y sus virtudes, sus renuncias y sus puntos irreductibles, su forma de ver el mundo y su forma de defenderse de él... Incluso, en el último capítulo, nos muestra su desnudez física, nos cuenta como es su cuerpo, metáfora máxima de esa desnudez que ha acometido durante la narración.
Ah, y de victimismo nada, nos muestra una mujer tal como es, con su presencia, con sus tomas de decisiones en cada momento, con sus miedos y valentías ante los momentos en los que su condición de mujer pudo ser agredida, con su solidaridad ante las mujeres que lo han sido, una mujer sujeto de su propia existencia, huyendo de ese victimismo que, precisamente, consigue el efecto contrario convirtiendo a las mujeres en objeto. Marta Sanz huye de eso de manera natural, porque ella es así.
Quizás una de las cosas que más me gusta de la narración es el ritmo, los cambios de ritmo. Cuando Marta se nos revela una niña, tenemos un ritmo trepidante, desquiciado, a veces, por qué no, como ese desquicie al que nos llevan algunas veces los niños. En su adolescencia el ritmo es explosivo, se puede sentir incluso el peso de las hormonas sobre el lector o lectora, y eso que ella no parece que se dejara llevar demasiado, pero somos capaces de mosquearnos con las actitudes adolescentes de algunas de sus amigas.
Pero, sin que nos demos cuenta en qué punto, el ritmo comienza a pausarse para hacerse sereno cuando llegamos al final del libro: Marta Sanz ha entrado en la madurez. Curiosamente, en la, creo que buena, crítica que le hacen en El Cultural, el autor destaca que el ritmo es precipitado y eso desequilibra la última parte. No sé si sería intención de la autora este ir cambiando de ritmo, pero me parece a mí que ese cambio del final tiene que ver con la edad en la que se encuentra el personaje en ese momento.
Para finalizar, para quienes seáis de lágrima fácil, como yo, os recomiendo especialmente el capítulo ‘Gatos’. Pocas veces he visto a alguien hablar de manera tan estremecedora sobre la muerte.


Francisco Cenamor