jueves, 1 de octubre de 2020

Poema del día: "Saluda de nuevo a la carretera", de Lew Welch (Estados Unidos, 1926-¿1971?)


Cerré la puerta de la choza,
cargué el coche y
conduje a San Francisco
400 millas a través de valles de alondras —

                      las colinas ese año tan verdes un
                      brillo de oro se proyecta sobre ellas,
                      como si el ojo no pudiera
                      aguantar un verde así

                                  ¡y ni una sola Amapola!
                                  Flor del Estado
                                  inquietantemente desaparecida

Pero nada importa en mi Coche de Supervivencia cuando
¡Oh, a mi Dama le gusta viajar conmigo!

                      buen whiskey
                      extensión de cemento
                      asiento trasero
                      rifle comida & saco de dormir

Inmóvil, finalmente, finalmente solo
a la deriva en el cinturón de cemento a
70-millas-por-hora bajo mi coche
Quieto, salvo el balanceo del volante, y
¡Ella!
¡a mi Dama le gusta cantarme!

                      discursos anarquistas de 5 horas,
                      arreglar canciones equivocadas todo el invierno

( y ni siquiera me deja parar a apuntarlas )


Buen
Whiskey

Extensión de cemento

Canción de Gran Motor Chewy 6 Capas qué


Sin Santuario,

peregrino

                      por el mundo.

Lew Welch, incluido en The dharma beats (Varasek Ediciones, Madrid,2017, trad. de Andrés Fisher y Benito del Pliego).

Otros poemas de Lew Welch y textos sobre su obra
Da las gracias a su pila de leñaPoema de Chicago
*Artículo de Francisco Cenamor sobre la Generación beat

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Poema del día: "En el mar hay un cantar...", de Marina Romero (España, 1908-2001)


En el mar hay un cantar
verde de silencios grises.
Como tus ojos, el mar,
borrachos de azul en sombra,
cantores de soledad.
¡Ay, qué colores profundos!
Verdes ojos, verdes mar;
azul de silencios grises,
en el mar hay un cantar.

Marina Romero, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).

martes, 29 de septiembre de 2020

Poema del día: "Sábado", de Catalina Espinoza (Chile, 1987)

Nunca tuvimos cuerda para colgar la ropa
pero el de aquí hasta allá del patio
permitió que nos extendiéramos
sobre el vacío de los maceteros
estirando los brazos y las piernas
después del lavado.

Secarnos bajo el sol junto a los paños de cocina
era buen ejercicio matutino
y de vez en cuando estilábamos por la casa
al ritmo de disparos o bengalas
derrumbando el silencio del pasaje.

Nuestra calle era nuestro precipicio
un canal adherido a la cicatriz
hedionda de la infancia:
Cinco de Abril hasta el hartazgo
de monumentos y fantasmas.
Nunca tuvimos cuerda para colgar la ropa
ni ropa para ser colgada.

Mirar la lavadora y meter la mano
como quien pierde con el agua:
todo o nadar
y preferimos nadar
cambiando el curso de la calle.

El agua sucia inundando las esquinas
mientras sonaba música de fondo:
la sinfonía sabática
con olor a detergente y a desuso
el breve encanto de la balada
arrullando este desastre.

Catalina Espinoza en Dueña de casa, incluido en Con mi caracol y mi revólver. Muestra de poesía chilena reciente (Vallejo & Co., Internet, 2018, selec. de Diego Alfaro Palma).

lunes, 28 de septiembre de 2020

Poema del día: "Uccello", de Gregory Corso (Estados Unidos, 1930-2001)


Ellos nunca morirán en ese campo de batalla
ni las sombras de los lobos reclutarán sus tesoros como
novias del trigo en todos los horizontes esperando allí para consumir el fin de la batalla
no habrá ningún muerto que ponga tensos sus vientres
flojos ningún montón de tiesos caballos en los que
enrojecer sus ojos brillantes o aumentar su comida de muertos.
Antes vagarían enfurecidos y hambrientos con lenguas
dementes que creer que en ese campo ningún hombre pudo morir.
Nunca morirán aquellos que luchan tan abrazados
aliento con aliento, el ojo reconociendo al ojo, imposible
morir o moverse, ninguna luz se filtra, ningún brazo con maza,
nada más que un caballo resoplando contra otro, escudo brillante sobre escudo, todos
          iluminados por el afilado rayo de un ojo bajo un yelmo.
¡Y aquellos pendones! Lo bastante airados para echar a volar
sus insignias de una parte a otra del cielo que han borrado.
Podría imaginarse que pintó sus ejércitos junto a los ríos
más fríos que tenías filas de calaveras de acero brillando en la oscuridad.
Pensarías que es imposible que un hombre muera
la boca de cada combatiente es un castillo de canción
cada puño de acero un gong soñador, golpe resonante, golpe como gritos de oro
¡Cómo desearía participar en tal batalla!
Un hombre plateado en un caballo negro con un estandarte rojo
y una lanza listada, nunca morir sino ser eterno
un príncipe dorado de una guerra pictórica.

Nota del blog: Paolo Uccello fue un pintor italiano cuya obra más conocida representa, en tres cuadros, la Batalla de San Romano (1416).

Gregory Corso, incluido en Cinco poetas de la Generación beat (Ediciones Alma_Perro, s.l., s.a.).

domingo, 27 de septiembre de 2020

Poema del día: "Las Doce de Lichtenberg...", de Paul Celan (Alemania, nacido en Rumanía, 1920-1970)


Las Doce de Lichtenberg con el mantel de mesa
heredadas servilletas - un
saludo planetario a
las torres del lenguaje en torno
en la zona de signos que hay que
silenciar.

Su
-ni cielo, ni
tierra y extinta
la memoria de ambos,
salvo el único
paro azul creyente de los fresnos-,

su
de la muralla de la ciudad recogido
cometa blanco.

Una glotis para
conservarlo
en el universo.

Lo rojo perdido de un
hilo
de pensamiento. Las
quejas ya en voz alta
encima, la queja
debajo - ¿voz
de quién?

Con eso - no preguntes
dónde-
estaría yo casi -
no digas dónde, cuándo, de nuevo.

Paul Celan en Cambio de aliento (1967), incluido en Obras completas (Editorial Trotta, Madrid, 2002, trad. de José Luis Reina Palazón).

Otros poemas de Paul Celan

sábado, 26 de septiembre de 2020

Poema del día: "Errados", de Monika Rinck (Alemania, 1969)


                 Acerca del cuadro Builders with Aloe de Fernand Légers.

Están errados. construyen. construyen errando. construyen
al cuadrado o en cuarteto un asunto gigantesco errado.
sea lo que sea lo causan errando, se somete a la caída.
está en pie y no. caída simple. pseudocinético.
una leve desorientación no significa error aún.
bipolares construyen en vigas siempre terminando el error.
veo una e, veo dos erres, como si el alfabeto mismo
existiese en el error. muy ampliado, pero presente.
erran las vigas quebradas y las escaleras, tambaleantes,
escaleras que en su tambalear no se caen aún. erran.
son armazones, las han desplazado hacia el error.
si lo que aquí se construye no es error, pues no sé
qué es el error. si no sabes qué es el error, pues. pues –
¿qué? no abundaremos en esto. ¿esto de aquí son los cordones?
¿o son cordeles, cordeles corcovados ante un cielo amarillísimo?
esto no está en pie. sí está. parece que aquí se saluda con la mano. ¡saluda!
el saludo sabroso sirve al error que solidifica a las nubes tozudas
entre las vigas. nubes solidificadas se precipitan
en el error y entierran bajo sí todo el entramado social.
en este preciso instante desde la izquierda se precipitan las vigas elevadas
a la vista para llegar a acostarse debajo de las nubes.
¿la sábila también está errada? ella no. el error es realista.

Monika Rinck, incluido en Periódico de poesía (22 de junio de 2020, UNAM, México, trad. de Johanna Schwering).

viernes, 25 de septiembre de 2020

Poema del día: "Apología de los puntos cardinales I", de Adelaida Caballero (México, 1986)


Antes de que los peces hurgaran en las costas
con la memoria deshecha, el gesto sobrecogido
y los páramos secaran sus primeros muertos,

[antes de nosotros, inclusive,
cuando no teníamos nombre]

cuando el Cosmos se extendió, negro mantel,
por los 3.1416 lados de la mesa*
y en la tierra fragmentada como pan se hizo la noche
los amantes ya se acariciaban.
No se fue la luz, pero como un pájaro dormido
abrió un silencio gris en el estruendo
y se apagó una vela, el cuarto en luto.
Nos gustaba el aire.

Abrimos cada uno de los párpados
y suave era el azul como una niña
y era la lluvia como un traje verde.

Éramos los clavos en la cruz,
eso cuanto había entre océanos,
hielos, montes, oros, aguas, piedras,
cuarzos como ofrendas e incensarios.
Uno en uno, transfigurados siglos
configuraron el tiempo, lo vistieron de navío
y decidieron de pronto que debía izarse al mar.
Nuestras piernas, ángulos, compases,
estaban entreabiertas. Las aristas de la infinitud.
Quirón hizo otra vez a cabalgatas
cada una de las latitudes,
sendas espirálides que mojan
hondas y calladas procesiones.
Hablaron Hunahpú e Ixbalanqué
Amo, amas, amare, amavi, amatum —una hoz de pájaros celestes
cortaba las esquinas de los cielos y la tierra.
Astrónomos que flechan las planicies de este Oeste,

la oliva del olvido era su oliva,
el canto de los cántaros su canto,
la almendra de la alondra era su almendra.

Y así fueron pobladas de sudor las catedrales.

          * Todo era perfecto y redondeado,
          un clamor de génesis perpetuas
          las percusiones del Pi (π)

Adelaida Caballero en Antes de nosotros (2007), incluido en Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993)  (Ediciones de Punto de partida, México, 2013, comp. de Gerardo Grande  y Manuel de J. Jiménez).