La tristeza es barata.
La muerte es un burro cansado que transporta ciudades y calles.
El hospital está lleno de llamadas de personas ahogadas.
El mercado está repleto de productos obsoletos.
Y mi corazón ofrece a la venta mis gemidos.
¿Quién me podrá escuchar la historia de Amjad?
¿Quién me dará un corazón y un minuto de silencio?
Con el conductor intentamos fotografiar los gemidos del bolsillo
de la camisa de Sial,
quienes se dieron a perseguir las partes del cuerpo esparcidas por
la ventana:
esta es la pierna de Hamada, estos son los sueños de Souad.
Intenté con los vendedores y me dijeron:
sólo somos vendedores,
intercambiamos las penas de la gente con papeles falsos
e historias venenosas,
y el mercado está lleno hasta el tope de pájaros
sacrificados que caminan como tú.
Volví con mi vecino, que tenía un hermano que
trabajaba en la televisión
y un sobrino de su única hija. Murieron en un noticiero.
Me dio vergüenza y no pregunté.
Fui a casa de Samir, el panadero,
y encontré a los vecinos sirviendo café en un funeral:
Samir, el hijo del panadero, murió de desnutrición aguda.
Corrí a lo de Mazen, el profesor de historia, y le dije:
"Bueno, éstás vivo", y le pregunté: ¿Alguno de ustedes ha muerto?
Me respondió: "No, pero a Hoda le amputaron las piernas,
Nahil necesita tratamiento en el extranjero
y Mahmoud también lleva meses desaparecido".
Me preguntó: "¿Qué te pasa?"
Le respondí que no tenía nada, ni historia ni geografía.
¿Quién me podrá escuchar la historia de Amjad?
¿Quién me dará un corazón y un minuto de silencio?
A quien me escucha le digo: era mi amigo.
Frente al espejo te vi riendo, te dije:
oh Amjad, ¿quién de nosotros estaba más cerca del otro?
Corrías de casa en casa, repartiendo dátiles de amor.
Y viertes de nuevo tus lágrimas en mi palma.
- ¿Qué te pasa?
- Nada, solo estoy cansado.
Por todas partes, detrás de ti,
se elevan tus palmeras
extendiendo sus brazos a Dios
y agradeciendo a tu corazón, mientras tú, oh Amjad,
tan sólo te glorificas a ti mismo.
Éramos como un signo de la victoria elevado ante el cansancio.
Y ahora un dedo se perdió.
Desde hace diez años no conozco a nadie más que a ti,
tú no conoces a nadie más que a mí.
Hace diez años que no te pregunto: ¿Qué es esa cicatriz en tu frente?
Y tú no me preguntas: ¿Qué es esta herida tan fea en el cuello?
No basta con no preguntar, Amjad, y hacer la vista gorda.
Todas las heridas insignificantes de la vida las pasamos por alto sin decir palabra.
Nos basta con caminar juntos, no basta con caminar.
Ningún policía nos sigue, ni nosotros seguimos al policía del miedo.
La tristeza es barata.
La muerte es un burro cansado que carga úteros amputados.
El hospital está lleno de llamadas de personas ahogadas.
El mercado está repleto de productos obsoletos.
Y mi corazón ofrece a la venta mis gemidos.
Nasser Rabah en Un sexto dedo en cada mano (Multinacional cartonera, varios países, 2025, selec. y versiones de David Wapner).
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