Tras de la inmensidad clara y serena,
cuyo azul esplendor al fin fatiga,
la virgen selva de perfumes llena,
de ocultos charcos y de sombra amiga.
Y en la rama más vieja y más musgosa,
bajo un dosel de sombras escondido,
el hogar donde el pájaro reposa,
casto y ardiente al mismo tiempo, el nido.
Y unas alas amantes que atesoran
ternura inmensa en el espacio breve,
briznas de paja que los cielos doran
y tibios huevos de color de nieve.
Y cual nota en las cuerdas musicales,
como en las almas pensamientos santos,
cuando llegan las luces matinales,
¡batir de alas y vibrar de cantos!
Y luego de la noche entre lo umbrío,
rumores vagos, y el fulgor distante
de la luna, viajera del vacío,
y los murmullos de la brisa errante,
que a los dormidos pájaros risueños
va diciendo con voces cariñosas:
¡Descansad en el mundo de los sueños
y en la calma infinita de las cosas!