martes, 21 de septiembre de 2021

Poema del día: "A 100 km/hora", de Carmen Quintero Valverde (Costa Rica, 1988)


Los faros se prenden
en el mar de secreciones nocturnas.
Sobre la arena del desierto
trepa la luna azul.
¿Viste la sombra?
En la pizarra está mi sueño:
el muchacho con cuernos
lame mi frente.
Despierto asustada con
cuerpos rotos en el firmamento.
Apegados al pecho de los perros,
nos duele morder y
succionar.
Hace unos años,
desde el último piso,
vi la ciudad desierta,
insignificante…
El pájaro termina su cena,
acaricia su cuerpo.
Lacerado por alambres,
en la cima, él le dijo
—Todo esto te daré—,
pero… ¿cómo lo iba a desear?
¡La tierra parece más seca!
Vimos los grandes reinos,
pero todo está muerto.
Bajé del monte,
me acerqué a un cementerio.
La tumba de mi abuelo era la más pequeña,
la más pobre,
la tierra trenzaba sus mandíbulas.
—Todo esto te daré, si postrado me adorares—
Pero, ¿cómo lo podría desear?
Sueños de ángeles de collage
adheridos a su cabello.
Lo encontré
en el suelo de un baño público
y mis manos llenas de mugre.
Yo, joven y terco,
hombre mujer,
vi mi género arrancado
y los ángeles violándolo.
En la mesita de noche está escrito
a 100 km por hora
ha caído el hijo,
¡perdido!
en una bolsa de escarcha,
¡hasta asfixiarse en brillo!
Se corroe mi farsa,
mis labios de cobre.
Cien años a 100 km por hora.
¿Qué me queda?
¿Vas a lanzarte?
¡Ese es el número!

Carmen Quintero Valverde, incluido en Defender la palabra: 22 poetas de Costa Rica (Buenos Aires Poetry, Argentina, 2019, selec. de Carolina Quintero Valverde).

lunes, 20 de septiembre de 2021

Poema del día: "Cinco poemas I", de Ernst Meister (Alemania, 1911-1979)


Un barco recluido.
En la frustración del sueño del cuerpo.
Las velas no cesan de ser blancas.
¿Serán también siervos,
grises alumnos de la necesidad,
los guardianes?

Ernst Meister, incluido en Arquitrave (nº 66, enero-marzo de 2017, Colombia).

Otros poemas de Ernst Meister
AhoraCinco poemas (II)Viaje utópico

domingo, 19 de septiembre de 2021

Poema del día: "Quince poemas 15. Mirando a un muchacho dormir", de Sandro Penna (Italia, 1906-1977)


Tu morirás chiquillo y yo también.
Pero muchachos más hermosos que tú todavía
dormirán al sol en la orilla del mar.

Y seremos nosotros mismos todavía.

Sandro Penna, incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selec. de Luis Martínez de Merlo, trad. de Luis Antonio de Villena).

Otros poemas de Sandro Penna
Quince poemas (19)

sábado, 18 de septiembre de 2021

Poema del día: "Tus ojos son las fuentes donde beben los tigres...", de Carmen Conde (España, 1907-1996)


Tus ojos son las fuentes donde beben los tigres,
que cuando tienen sed no respetan las selvas;
y arrancan, mientras rugen, esas flores sencillas
que entre el romero mueven su poderoso olor.

A tus ojos se vuelcan las entrañas del monte,
y por nacer en ellas, ¡oh líquido delgado!,
consienten que las lenguas vellosas de las fieras,
lamiéndolos con furia, sequen ríos de ojos.

Tanto como el romero florido, cuyo aceite
persistirá en la piel de los fieros sedientos,
huelen cortas raíces y esbeltos anticipos
de las flores oscuras del secreto deseo...

La luna se deshoja como un ave en tu agua.
A los tigres con celo esa luz los persigue
como loco fantasma de una caza suprema
que en el río, tus ojos, es posible alcanzar.

Tengo frío ante ti. Porque fuentes tan frías
no se encienden sin ángel que su calor otorgue.
Y ese ángel que a ti, a tus charcas bajara,
no lo oigo cantar ni lo siento fluir.

¡Ah tus tigres con sed! Déjalos que nos beban,
y cuando ya mi boca reseca se deshaga,
suéltalos sobre mí, no detengas el ataque:
para tus fieras tengo una cierva en mi cuerpo.

Carmen Conde, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).

Otros poemas de Carmen Conde

viernes, 17 de septiembre de 2021

Poema del día: "La dama de rombos", de Paul Éluard (Francia, 1895-1952)


Muy joven abrí mis brazos a la pureza. Sólo fue un palpitar de alas en el ciclo de mi eternidad, un palpitar de corazón enamorado que late en los pechos conquistados. Ya no podía caer.
Amante del amor. En verdad, la luz me ciega. Conservo la suficiente para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
Todas las vírgenes son distintas. Siempre sueño con una virgen.
En la escuela se sienta en un banco delante de mí, con delantal negro. Cuando se vuelve para preguntarme por la solución de un problema, la inocencia de sus ojos me confunde de tal modo que apiadada de mi turbación, me rodea con sus brazos el cuello.
Fuera de allí me abandona. Sube a un barco. Nos sentimos casi extraños uno a otro, pero es tanta su juventud que su beso no me sorprende.
O bien, cuando está enferma, guardo su mano entre las mías hasta que llega la muerte, hasta que me despierto.
Si acudo tanto más rápido a sus citas es porque temo no tener tiempo de llegar antes de que otros pensamientos me arrebaten a mí mismo.
Cierta vez que el mundo estaba por acabar, lo ignorábamos todo de nuestro amor. Ella buscó mis labios con movimientos lentos y acariciadores de la cabeza. Esa noche llegué a creer que la haría retornar al día.
Y siempre es la misma confesión, la misma juventud, los mismos ojos puros, el mismo ademán ingenuo de sus brazos alrededor de mi cuello, la misma caricia, la misma revelación.
Pero nunca es la misma mujer.
Las cartas dijeron que la encontraría en la vida aunque sin reconocerla.
Amante del amor.

Paul Éluard en Mourir de ne pas mourir (1924), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de Paul Éluard y artículos sobre su obra
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jueves, 16 de septiembre de 2021

Poema del día: "El taxi", de Amy Lowell (Estados Unidos, 1874-1925)


Cuando me aparto de ti
el mundo queda mudo
como un tambor que se afloja.
Yo te llamo entre las resaltadas estrellas
y grito entre los desfiladeros del viento
para herirme en los filos de la noche.
Las calles que corren rápidas
unas detrás de otras
me van separando de ti,
y las luces de la ciudad me punzan los ojos
de modo que yo ya no puedo ver tu rostro.
¿Por qué dejarte a ti .
para herirme en los filos de la noche?

Amy Lowell, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

Otros poemas de Amy Lowell

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Poema del día: "Puertas", de Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)


Entre los gestos del mundo
recibí el que dan las puertas.
En la luz yo las he visto
o selladas o entreabiertas
y volviendo sus espaldas
del color de la vulpeja.
¿Por qué fue que las hicimos
para ser sus prisioneras?
 
Del gran fruto de la casa
son la cáscara avarienta.
El fuego amigo que gozan
a la ruta no lo prestan.
Canto que adentro cantamos
lo sofocan sus maderas
y a su dicha no convidan
como la granada abierta:
¡Sibilas llenas de polvo,
nunca mozas, nacidas viejas!
 
Parecen tristes moluscos
sin marea y sin arenas.
Parecen en lo ceñudo
la nube de la tormenta.
 A las sayas verticales
de la Muerte se asemejan
y yo las abro y las paso
como la caña que tiembla.
 
«¡No!», dicen a las mañanas
aunque las bañen, las tiernas.
Dicen «¡No!» al viento marino
que en su frente palmotea
y al olor de pinos nuevos
que se viene por la Sierra.
Y lo mismo que Casandra,
no salvan aunque bien sepan:
porque mi duro destino
él también pasó mi puerta.
 
Cuando golpeo me turban
igual que la vez primera.
El seco dintel da luces
como la espada despierta
y los batientes que avivan
en escapadas gacelas.
Entro como quien levanta
paño de cara encubierta,
sin saber lo que me tiene
mi casa de angosta almendra,
y pregunto si me aguarda
mi salvación o mi pérdida.
 
Ya quiero irme y dejar
el sobrehaz de la Tierra,
el horizonte que acaba
como un ciervo, de tristeza,
y las puertas de los hombres
selladas como cisternas.
Por no voltear en la mano
sus llaves de angustia muertas
y no oírles más el crótalo
que me sigue la carrera.
 
Voy a cruzar sin gemido
la última vez por ellas
y a alejarme tan gloriosa
como la esclava liberta,
siguiendo el cardumen vivo
de mis muertos que me llevan.
No estarán allá rayados
por cubo y cubo de puertas
ni ofendidos por sus muros
como el herido en sus vendas.
 
Vendrán a mí sin embozo,
oreados de luz eterna.
Cantaremos a mitad
en los cielos y en la tierra.
Con el canto apasionado
heriremos puerta y puerta
y saldrán de ellas los hombres
como niños que despiertan
al oír que se descuajan
y que van cayendo muertas.

Gabriela Mistral en Lagar (1954), incluido en Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea 1914-1970 (Alianza Editorial, Madrid, 1971, selec. de José Olivio Jiménez).

Otros poemas de Gabriela Mistral