martes, 19 de marzo de 2019

Poema del día: "Formas breves del tiempo 1", de Georgi Gavrilov (Bulgaria, 1991)

escribir es escarbar
en la piedra de lo visible
para encontrar sentido

algunas veces simplemente destrozas
el cristal hermoso
en vano

otras veces es difícil
que no destroces incluso lo escondido
dentro

si encontraras un hueso
dirías: mira
alguna vez esto estuvo vivo
antes de que estuviéramos
nosotros

Georgi Gavrilov, incluido en Jamás olvidados. Muestra de poesía búlgara reciente (Vallejo & Co., Internet, 2017, selec. de Mario Pera, trad. de Natalia Ivanova).

lunes, 18 de marzo de 2019

Poema del día: "[De los pájaros]. Parte I", de Mar Becker (Brasil, 1986)

la palabra surge en sostenido

en las puntas de los dedos


las cortinas de tul crean teorías de la conspiración para explicar la intocabilidad de las cosas


ideas de pájaros entran en el curso de lo que respiro

secretas

iluminan mis alvéolos

Mar Becker, incluido en Inventar la felicidad. Muestra de poesía brasileña reciente  (Vallejo & Co. Internet, 2016, selec. de Fabricio Marques y Tarso de Melo, trad. de Rafaela Scardino y Sebastián Huber).

Otros poemas de Mar Becker

domingo, 17 de marzo de 2019

Poema del día: "Juego de espejos", de Enrique Molina (Argentina, 1910-1997)

Una mujer tan secreta y lenta, pero insisto
en descubrir el sol que la nutre y el león que olfatea su nuca, en la sombra,
cuando duerme de bruces,
de modo que escribo con cierta ansiedad
poemas en busca de la hierba tan fresca que brilla en sus besos.

            No es fácil
alcanzar la palabra, o captar lo que dice su piel
con su vello dorado, raptada y devuelta por el mar,
cuando yace al sol sobre un toallón carmesí
                                                                      y las palabras
se hunden en su respiración, o en la frase
donde su cuerpo se tiende en una hamaca
colgada bajo los árboles.
            Y está la gente del mercado,
señoras que han adquirido un pollo o una merluza
y marchan hacia el árbol de Navidad, en el cielo.
            Juraría
que es mediodía y hace calor, pero todo es sospechoso
en este lugar centelleante.

Enrique Molina, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo MilánAndrés Sánchez RobaynaBlanca Varela y José Ángel Valente).

Otros poemas de Enrique Molina
Calzado humanoViejo hurón

sábado, 16 de marzo de 2019

Poema del día: "Al Éter", de Friedrich Hölderlin (Alemania, 1770-1843)

¡Oh, Éter, padre! Nunca hombre o dios alguno
fue conmigo tan cariñoso y fiel como tú.
Aún antes que mi madre me tomara en sus brazos
y bebiera en sus senos, me abrazabas tiernamente,
y vertiste en mi naciente pecho,
con el soplo sagrado, tu elixir celestial.
A los seres no les basta para crecer el alimento
terreno. Pero tú los nutres a todos con tu néctar, oh Padre.
Y el aire vivificante que surge de tu eterna plenitud,
corre a raudales por todos los vasos de la vida.
Y así, todos los seres te quieren, te buscan,
y, durante su feliz crecimiento,
se esfuerzan sin cesar por llegar hasta ti.
¡Divino! ¿No te busca con sus ojos la planta?
¿No te tiende sus tímidos brazos la maleza?
Para unírsete, la semilla cautiva rompe su vaina.
Para bañarse en tus vivificantes ondas
el bosque sacude su manto de nieve,
como si fuera un ropaje inoportuno.
Hasta los peces saltan a la superficie del agua
y brincan, ávidos, fuera del espejo centelleante
del río, como si también ellos quisieran
dejar su cuna para ascender a ti.
Y los nobles animales terrestres cobran alas
cuando el potente impulso de su secreto amor por ti
los domina y los solivianta.
El soberbio corcel desdeña el suelo y tiende,
como un arco de acero, su pescuezo en el aíre,
mientras su casco apenas va tocando el suelo.
La pezuña del ciervo sólo como jugando roza
la brizna de hierba, y leve como céfiro
atraviesa de un salto el espumoso arroyo
que se despeña, y mientras salta de una orilla a otra,
apenas se le ve entre los matorrales.
En cambio, los pájaros, favoritos del Éter,
habitan y juegan alegres en el palacio eterno
de su Padre. Hay allí lugar para todos,
la senda de ninguno está trazada. Y libres,
grandes y pequeños revolotean en la morada.
Oigo sobre mi cabeza su gozoso clamoreo,
y mi corazón, presa de un extraño anhelo,
se siente atraído por ellos. Pareciera
que un dulce país me llamara desde lo alto.
Querría trepar a las cumbres de los Alpes
y allí suplicar al águila veloz, que antaño
puso en brazos de Zeus al niño bienamado,
que me arranque de mi cautiverio
y me transporte al palacio del Éter.
Nosotros, insensatos, damos vueltas en vano
por la tierra. Y como la vid, cuando se ha roto
la estaca que al cielo guiaba sus sarmientos,
también nosotros vagamos por los caminos,
con el deseo incesante de entrar en tus jardines.
Nos arrojamos sobre las olas de los mares,
tratando de saciarnos en espacios más abiertos,
y el oleaje infinito juguetea con nuestra nave
y el corazón se regocija ante las fuerzas
del dios del mar. Sin embargo, nada nos satisface.
Un piélago más hondo nos llama con ondas
más sutiles. ¡Oh, quién pudiera llevar nuestro errante barco
a esas riberas de oro, allá en lo alto!
Pero mientras yo sueño con vagas lejanías
donde con tu onda azulada enlazas ignoradas orillas,
tú mismo, ¡Éter!, desciendes susurrante
de las cimas florecidas del huerto. Y así revivo,
dichoso como antes, con las flores de la tierra.

Friedrich Hölderlin, incluido en Poesía completa (TitivillusEpublibre, 2015, trad. de Federico Gorbea).

Otros poemas de Friedrich Hölderlin
A la NaturalezaGrecia

viernes, 15 de marzo de 2019

Poema del día: "S", de Yanko González (Chile, 1971)

exagera. se engola y opina expone. un caso que dice es emblemático. su argumento avanza y se interrumpe a sí mismo con una chanza. por lo general inentendible. por lo general ofensiva. cantinflea  driblea dobla. sube el tono logra hacerse entender pide perdón por la insistencia. colabora con frases como “no es óbice para no festejarlo”. “la gallina es la estrategia del huevo para hacer más huevos”. pone comas cuando es cuestión de estilo. su ansiedad lo hace ganar peso. imita a la cajera hablando con la cajera. no se le ocurre nada más que comprar frutos secos que ir al médico por su gastritis. por sus problemas sebáceos por su bruxismo. quiere usar lentes y no los necesita. pide la palabra y cita erradamente a george simmel a germán arestizabal. no le prestan atención. cuenta sus problemas con paradigmas epistemológicos que no ha traducido bien. llama la atención. logra que le sigan una idea pertinaz y antojadiza que se rehúsa a desarrollar según confidencia por falta de bibliografía. por falta de buenas bibliotecas por falta de buenos editores por falta de buenos investigadores por falta de locales nocturnos. en conciertos de cámara tararea golpea la butaca delantera. con su pie con el programa con su llavero. lo eligen para comités insignificantes. que cultura que extensión que operación deyse. acepta. le regalan una entrada al cine.      la extravía.

Yanko González en Alto Volta (2007), incluido en Doce en punto. Poesía chilena reciente (1971-1982) (UNAM, México, 2012, selec. de Daniel Saldaña París).

Otros poemas de Yanko González
Jefa de vegetales

jueves, 14 de marzo de 2019

Poema del día: "Poemavudú IV", de Víctor M. Díez (España, 1968)

Saliva azul    ropa de bebé    punto de nieve
La mente regurgita la papilla que engulló por la pupila
Diapositivas en la mente a oscuras
Te santiguas para entrar en las gasolineras
El camino es sagrado        el viaje es sagrado
Pero el mundo está descalzo chapoteando
En un charco lleno de símbolos
                            la boca llena de símbolos
Un hartazgo de comba     de saltar a su ritmo
Como fieras domesticadas     tigres nerviosos
dando vueltas alrededor del tanque
Repostar     surtidor     depósito
Pastamos en el campo semántico
mientras expresidiarios que lavan su culpa
nos miran como a carceleros suyos

Víctor M. Díez en Todo lo zurdo (Varasek Ediciones, Madrid, 2016).

Otros poemas de Víctor M. Díez
La estancia en un puño...

miércoles, 13 de marzo de 2019

Poema del día: "El viento llamó con golpecitos...", de Emily Dickinson (Estados Unidos, 1830-1886)

El viento llamó con golpecitos,
como un hombre cansado.
Y, como una anfitriona, yo
contesté resuelta «Entra».
Entró entonces en mi habitación.
Un veloz convidado, sin pies,
a quien ofrecer una silla
era tan imposible
como ofrecer un sofá al aire.
No tenía huesos que lo sostuvieran.
Su hablar era como la arremetida
de numerosos colibríes a la vez,
desde un fabuloso arbolillo.
Su apariencia, la de una ola.
Sus dedos, al pasar,
producían una música, como melodías
que salían trémulas de un cristal.
Hizo la visita, también revoloteando;
luego, como un hombre tímido,
dio de nuevo unos golpecitos, de forma presurosa;
y yo me quedé sola.

Emily Dickinson, incluido en El viento comenzó a mecer la hierba (Titivillus, Internet, 2016, trad. de Enrique Goicolea).

Otros poemas de Emily Dickinson
El agua se aprende por la sed...Nadie conoce esta pequeña rosa...No puedo estar sola...Salió una mariposa de su capullo...