lunes, 13 de abril de 2026

Poema del día: "Muerte, ya llego...", de Elise Cowen (Estados Unidos, 1933-1962)


Muerte, ya llego
espérame.
Sé que estarás
            en la estación de metro
            cargado de botas de agua, chubasquero, paraguas, pañuelo
y una respuesta sencilla
            para cada significado.
Institución incorruptible,
Atenta aguafiestas de huellas dactilares
Escucha su afirmación:
"Hay una salida entre las coles blancas".

Elise Cowen, incluido en Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la Generación beat (Bartleby editores, Madrid, 2015, trad. y ed. de Annalisa Marí Pegrum).

Otros poemas de Elise Cowen

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domingo, 12 de abril de 2026

Poema del día: "El mochilero de Galilea", de Richard Brautigan (Estados Unidos, 1935-1984)


Baudelaire estaba
conduciendo un Modelo A
sobre Galilea.
Recogió a un mochilero
llamado Jesús;
había estado de pie
toda la mañana
frente a un banco
de peces
mientras los alimentaba
con pedazos de pan.
“¿Hacia dónde
vas?” preguntó Jesús,
sentándose
en el asiento delantero.
“¡A cualquier lugar,
voy a cualquier lugar fuera
de este mundo!”
gritó
“Iré contigo
hasta Gólgota”
respondió Jesús.
“Tengo un espacio
en el carnaval
y no debo llegar tarde”.

Richard Brautigan, incluido en Arquitrave (nº 70, septiembre-octubre de 2022, Colombia, trad. de Sebastián Díaz Barriga).


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sábado, 11 de abril de 2026

Poema del día: "Casa de Lope", de Óscar Cerruto (Bolivia, 1912-1981)


                        Parva propria magna
                        Magna aliena parva.

¿No he pisado antes este suelo?
¿No he sido yo el que ha plantado
junto al brocal del pozo
esa aspidistra?

Cuántas edades tiene
si fue mi mano
la que le dio vida
la formó
como obra de mi aliento.

Calle de los Francos
todavía
salobre de mis lágrimas
piedras de mis entrañas
dolidas
por diligencia
del agravio.

Ah vosotros fantasmas
más vivos que la vida
sostenidos
por su amor que os permite
bullir en aposentos
y braseros.

Qué solo estoy
Antonia Clara
qué amargo rey
con mis memorias
y este dolor
por ti humillados.

Los cuervos de la tarde
graznan ya en las torres
de las Trinitarias.
Campanadas
que la hora tiñe
de presagios.

Afanes de muerte me consumen
clamo
el eco me responde y con
mi propia voz
me desengaña.
No sangre
miedo por mis venas sangra.

Ya es noche
noche larga.
Artificios del mundo
ingratitudes
menos sois que soflama
de pavesa.
El hombre es nada
hombre solamente
aunque la fama a cumbres
de fulgor lo exalte
si el vejamen del vivir todo lo iguala.

Óscar Cerruto, incluido en El árbol y la piedra. Poetas contemporáneos de Bolivia (Monte Ávila editores, Caracas, 1986, ed. de Eduardo Mitre).

Poemas de Félix Lope de Vega

Otros poemas de Óscar Cerruto

viernes, 10 de abril de 2026

Poema del día: "Campo de otoño", de Laurie Lee (Gran Bretaña, 1914-1997)


Lento, acre, el hálito lunar
sobre el cobrizo monte pasa,
del pecho hirsuto del manzano agreste
caen rugosas las manzanas.

Tal humo polícromo, el día
viste fuego y cubre la aldea;
rostro de cuervo, el sol, se posa,
atado a la tierra violeta.

Sobre la punta de la roca
el ojo del caballo abarca
el valle, mas ni un sólo músculo
de su hombro el tábano espanta.

Acurrucada contra el muro
la oveja el rostro miope alza
sin saber que en su negra lengua
ya las nieves primeras balan.

El pie dorado del otoño
pisa ave, pozo, viga, piedra;
la telaraña reluciente
caza astillas de hierba seca.

Lenta la hora sorbe vida,
lenta la muerta avispa cae,
se atenúa y desaparece
el rastro de olor del rosal.

Laurie Lee, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Jesús Pardo).

Otros poemas de Laurie Lee


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jueves, 9 de abril de 2026

Poema del día: "Dorotea", de Yves Battistini (Bélgica, 1922-2009)


garganta irradiada de flamencos rosas
desapareces en el alambique
tobillos apresados en los vivaques de los buscadores de oro

de rodillas en las márgenes del gran lago de la osa
eres mi caribú herido
tu voz florea con escarchas purpurinas esos trémulos telescopios adonde acuden a peinarse los cometas
en el atardecer tus piernas brillan más vaporosas que cañones
rompientes de carne alcalina donde los peces rubios borrachos de heroína picotean tu trigo
en las viñas hechizadas del Mosela llevas en tus hombros un par de castores
o bien tu vientre de frescos narcisos bajo su cabeza plateada colma la noche
tu garganta ese alud de orquídeas de herramientas crepitantes
es el vientre helado que me arrebata como una campana de argyroneta
en la aurora que sueña en tu corazón
cuando la sensitiva dormida en los cerezos mece tu trigo y cuando
bajo tu piel los colibríes destilan al sol verde tu sangre jengibre para mis labios tibios

por la espiral gótica te elevas
rosa a la deriva por las mesetas de la lejana de la desértica prímula

Yves Battistini en Les Quatre Vents (nº8, 1947), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. de Aldo Pellegrini).

miércoles, 8 de abril de 2026

Poema del día: "Cantar XIII", de Ezra Pound (Estados Unidos, 1885-1972)


Kung se paseaba
                     junto al templo dinástico,
                     y entre el boscaje de cedros,
                     y después afuera junto al río más bajo,
y con él Khiéu Tchí
                     y Tian el de voz baja
y “somos desconocidos”, dijo Kung,
“¿te vas a dedicar al oficio de auriga?
                     Entonces serás conocido,
“¿o tal vez yo debiera dedicarme al oficio de auriga, o a la ballestería?
“¿O a la práctica de hablar en público?”
y dijo Tséu-lóu: “Yo pondría las defensas en orden,”
y dijo Khiéu: “Si yo fuera señor de una provincia
yo la tendría más en orden que esta.”
y dijo Tchí: “Yo preferiría un pequeño templo en las montañas,
“con orden en las observancias,
                     con un debido cumplimiento del ritual.”
Y dijó Tian, con su mano en las cuerdas de su laúd
los sonidos bajos continuando
                     después que su mano soltara las cuerdas,
y el sonido subió como humo, bajo las hojas,
y él miró tras el sonido:
                     “La vieja poza de nadar,
“y los muchachos arrojándose de las tablas,
“o sentados en la maleza tocando mandolinas.”
                     Y Kung sonrió a todos ellos por igual.
Y Thseng-sié quiso saber:
                     “¿Cuál había respondido correctamente?"
Y dijo Kung: “Todos han respondido correctamente,
“esto es, cada cual en su naturaleza.”
Y Kung levantó su caña contra Yuan Jang,
            siendo Yuan Jang de más edad,
porque Yuan Jang estaba sentado junto al camino pretendiendo
                     estar recibiendo sabiduría.
Y Kung dijo:
                     “Deja ya, viejo necio,
levántate y haz algo útil.”
                     Y Kung dijo:
“Respeta las facultades de un niño
“desde el momento en que inhala el aire claro,
                     “pero un hombre de cincuenta que nada sabe
                     no es digno de respeto.”
Y “cuando el príncipe ha reunido en torno suyo
“todos los sabios y artistas, sus riquezas serán empleadas plenamente.”
Y Kung dijo, y escribió en hojas de bó:
                     Si un hombre no tiene orden dentro de él
no puede esparcir orden en torno de él;
y si un hombre no tiene orden dentro de él
su familia no actuará con el orden debido;
                     y si el príncipe no tiene orden dentro de él
no puede poner orden en sus dominios.
Y Kung dio las palabras “orden”
y “diferencia fraternal”
y no dijo nada de la “vida después de la muerte”.
Y dijo:
                     “Cualquiera puede darse a excesos,
es fácil pegar fuera del blanco,
es difícil estar firme en el medio.”

Y dijeron: Si un hombre comete un crimen
                     ¿deberá su padre protegerlo y ocultarlo?
Y dijo Kung:
           Deberá ocultarlo.
Y King le dio su hija a Kong-Tchang
                     aunque Kong-Tchang estaba preso.
Y dio su sobrina a Nan-Young
                     aunque Nan-Young estaba caído.
Y Kung dijo: “Wang gobernó con moderación,
                     en su tiempo el Estado estuvo bien guardado,
y aun yo puedo recordar
un día en que los historiadores dejaban espacios en blanco
en sus escritos,
quiero decir por cosas que ellos no sabían,
pero ese tiempo parece que está pasando.”
Un día en que los historiadores dejaban espacios en blanco
en sus escritos,
                     pero ese tiempo parece que está pasando.”
Y dijo Kung: “Sin carácter no serás
                     capaz de tocar ese instrumento
o ejecutar la música adecuada a las Odas.
Las flores del albaricoque
                     soplan del este hacia el oeste,
y yo he tratado de evitar su caída.”

Ezra Pound, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

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martes, 7 de abril de 2026

Poema del día: "La expedición mongola", de Ismail Kadaré (Albania, 1936-2024)


Todo se desarrolló como estaba previsto.
He destruido todo. Las ciudades sucumbieron, abatidas
una tras otra, polvo ciego y encima Nada.
Y debajo Nada.
Y aún más abajo, nada más que la Nada.

No hay nada que yo no desafíe,
excepto el cielo porque no sé dónde se hunden sus cimientos.
Es lo único que no me ha obedecido nunca:
sobre una de estas ciudades
ha dejado caer la lluvia.

¡Es que él ha querido llorar! exclamó
una voz. Y todo el ejército se echó a reír a carcajadas.
Todos reinan sarcásticamente sobre las ruinas,
pero el chamán Hidjrakum vino por la tarde
a anunciarme que según ciertos signos,
un soldado, aprovechando el disfraz de la lluvia,
había llorado fingiendo reírse.
"¡Desenmascara a ese soldado, me dijo, si no
va a contaminar los ojos de todos tus regimientos!"

Así se hizo.
Se trató de descubrir aquellos ojos,
escudriñando las frentes una tras otra
(¡qué amigas hendía el miedo!)
se castigó a muchos,
se torturó a otros,
a un buen número se les sacó los ojos.
Así nos libramos, creo, de ese pernicioso mal.

Hemos seguido nuestra marcha hacia adelante.
Las ciudades yacen muertas y silenciosas.
Sólo ruge por momentos
en el cielo lívido
una tormenta extraviada ,
despavorida como el caminante que ha perdido su camino.

Es todo. No tengo nada más que añadir.

Ismail Kadaré, incluido en Antología. Poesía albanesa hoy (Diputación de Zaragoza, 1992, selec. de Robert Shvarc, trad. de Mira Meksi y Francisco J. Uriz).

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