sábado, 18 de noviembre de 2017

Poema del día: "Canto verbal", de María Eugenia Vaz Ferreira (Uruguay, 1875-1924)

A ti, palabra mi suprema idea,
tiende sus alas la esperanza mía
águila errante del desierto humano
sin altas cumbres donde reposar
el tedio de las rutas infinitas...
Tiende sus alas como a excelsa fuente
pródiga de belleza y de armonía;
quiere beber en tu copa de oro,
quiere bañarse en el agua sonante,
mudable en sus ritmos, diversa en sus glosas
y cuyo oleaje ya
sacudido por vértigos fecundos
o melodioso de serenidad...
A ti, palabra que tienes la magia
de sabiamente transmutar tu forma
y ajustarla a la loca trashumancia
de la maravillosa ánima viva....
Oh profunda, variante y fugaz,
que floreces en vetas luminosas
perfumadas de esencia espiritual...
Ánfora
de caudalosas perlas en murmurio,
de blancas nieves y de rojas flamas.
Ánfora
de tempestades y constelaciones,
de suaves lluvias y silbantes rachas...
Ánfora
de sonoras cadencias,
de crujiente espuma, cascabel marino,
de místicas hostias y de miel pagana...
No hay un tesoro que supere al tuyo
en abundancia de oportunas galas
para quimeras y revelaciones,
grandes historias y leyendas magnas
no hay un tesoro que supere al tuyo,
vertiginoso para la elocuencia,
inagotable para la ilusión,
lírico para el numen romancesco
y musical para el divino amor...
Por tu vocero el invisible espíritu
se glorifica en vividas ofrendas,
su lira tañen las carnales fibras
y el corazón henchido se desborda
en sublimes poemas...
Por ti
sobre el bronce triunfal de los escudos
brotaron rosas trágicas,
cuyo fragante olor de sangre noble
blasonó las estirpes y las razas.
Por ti
en las verdes pupilas de las fieras
las sombras de los ímpetus salvajes
se trocaron en húmedas estrellas.
Por ti se abrió de muchas rocas duras
el regazo feraz
en el dulce licor de sus vertientes
se confortó la esperanza mortal.
Yo no sé en qué fantástica materia
al escultor de la progenie humana
le plugo modelar la estatua mía,
que no ablanda la luz de las auroras
ni el oscuro crepúsculo marchita;
pero si alguna vez mi corazón
abre a la vida su raudal interno,
sí se doran mis áridas llanuras
y se pueblan de esquifes mis océanos,
si se viste de estelas fulgurantes
la nebulosa noche de mis piélagos
y las alas sin sol de mis pendones
en raudas ondas flotan a los vientos,
si gorjean mis pájaros será
cuando en la entraña de un sacro silencio
sobre la losa de mi tumba viva
choque su llama tu rayo de fuego.

María Eugenia Vaz Ferreira, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica (Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle, Colombia, 2009, selecc. de Carmiña Navia Velasco).

Otros poemas de María Eugenia Vaz Ferreira
El ataúd flotanteEl novio ausenteVoz del retorno

viernes, 17 de noviembre de 2017

Poema del día: "En el país de la magia", de Henri Michaux (Francia nacido en Bélgica, 1889-1984)

       A menudo se ven, de noche, fuegos en el campo. Esos fuegos no son fuegos. No arden en absoluto. Apenas, y aún sería necesario para ello uno terriblemente ardiente, apenas un hilo de la virgen que los atravesara exactamente por el centro sería consumido.
       En efecto, esos fuegos no producen calor.
       Pero tienen un brillo al que nada puede comparársele en la naturaleza (inferior sin embargo al del arco voltaico).
       Esas combustiones encantan a la vez que aterrorizan, sin peligro alguno por otra parte, y el fuego se apaga tan repentinamente como había aparecido.

       Vi el agua que evita correr. Si el agua está bien acostumbrada, si es el agua de uno, no chorrea, aun cuando la botella se rompa en cuatro pedazos.
       Simplemente, espera que uno la introduzca en otra. No intenta volcarse.
       ¿Es la fuerza del Mago la que obra?
       Sí y no, al parecer no, porque el Mago puede no tener conocimiento de la ruptura de la botella y del esfuerzo que hace el agua para mantenerse en su lugar.
       Pero no hay que hacer esperar al agua durante demasiado tiempo, porque esta actitud es para ella incómoda y penosa de conservar y, sin que en un sentido exacto se pierda, podría derramarse en cantidad.
       Naturalmente, tiene que ser el agua de uno y no un agua de hace cinco minutos, un agua que justamente acabamos de renovar. Ésta se derramaría en seguida. ¿Qué puede retenerla?

       Los Magos gustan de la oscuridad. Los principiantes tienen absoluta necesidad de ella. Ellos toman la mano, si me es lícito decirlo, en los baúles, los tendederos, los armarios de ropa blanca, los cofres, las bodegas, los graneros, los huecos de las escaleras.
       No hubo día en mi casa en que no saliera de la alacena alguna cosa insólita, como ser un sapo, una rata, lamentando por otra parte la torpeza y sin que se desvaneciera en el acto sin poder tomar las de Villadiego.
       Hasta se topaba uno con ahorcados, por supuesto falsos, que ni siquiera tenían la cuerda de verdad.
       ¿Quién puede sostener que a la larga uno se acostumbra a esto? Una aprehensión me retenía siempre un instante, la mano indecisa en el pomo de la puerta.
       Cierto día, una cabeza ensangrentada rodó sobre mi traje nuevo, sin dejar en él, por lo demás, una sola mancha.
       Después de un momento —repugnante— como no se puede vivir uno igual, volví a cerrar la puerta.
       Tenía que ser un principiante ese mago, para no haber podido hacer una sola mancha en un traje tan claro.
       Pero la cabeza, su peso, su aspecto general, habían sido bien imitados.
       Ya la sentía, con un asqueado terror, venírseme encima, cuando desapareció.

Henri Michaux en Au Pays de la Magie (1942), incluido en Poetas franceses contemporáneos  (Ediciones Librerias Fausto, Bueno Aires, 1974, selec. y versiones de Raúl Gustavo Aguirre).

Otros poemas de Henri Michaux y artículos sobre su obra
El gran combateInmensa vozPluma viajaVejez de Polágoras
*Artículo de Francisco Cenamor sobre Adversidades, exorcismos
*Artículo de Francisco Cenamor sobre Poemas escogidos

jueves, 16 de noviembre de 2017

Poema del día: "La catedral en Losana", de Julian Przyboś (Polonia, 1901-1970)

Para recuperar la inspiración
                                             capaz de confesar el oculto
amor, remoto, a punto de desaparecer,
se necesitaba una catedral. La estoy mirando:
tus ojos la habían llenado de luz,
detenida en sus arcos.
Así se creó el espacio. Lo ha bordeado la piedra
inmovilizándolo.

El tiempo pesaba como una roca.
Lo levanté en vilo, estoy de nuevo aquí,
resucité por un instante y otra vez estoy
como había estado, ocurro en lo antes ocurrido.
Veo: el espacio luminoso
se vino abajo, quebrándose,
con mis pasos resuenan las piedras,
otras y otras más,
la nave regresa a la roca.
La misma y no la idéntica catedral,
la de cuya luz se apoderó el muro
está aquí
y ya no es más que real.

Aplastado por las piedras contemplo la nada.

Es tan palpablemente inconcebible
                                                       la catedral
como el peso de la montaña sobre el pecho,
como la derrota.
La contemplo hasta que el arco más alto
se arrodille ante mi tristeza.

El corazón de una campana tembló,
empezando a latir, rítmicamente.

Julian Przyboś, incluido en Poesía polaca contemporánea (UNAM, México, 2008, selec. y trad. de Krystyna Rodowska).

Otros poemas de Julian Przyboś
Hacia la montañaNotre Dame

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Poema del día: "Y ya", de Miron Białoszewski (Polonia, 1922-1983)

             Miro a Janek con el tubo de oxígeno
dormita
             ¿que pasará?
             todavía todavía
             pienso
             cuándo será
             llego
             le miro con el tubo de oxígeno
dormita
             cuándo será
             todavía todavía
             me voy para un momento
             volveré todavía
             pregunto por teléfono
             —¿qué pasa con Janek?
y ya.

Miron Białoszewski, incluido en Poesía polaca contemporánea (Ediciones Rialp, Madrid, 1994, selec. y trad. de Fernando Presa González).

Otros poemas de Miron Białoszewski
Discurso sobre el soyY ya

martes, 14 de noviembre de 2017

Poema del día: "Mu‘allqa", de Ṭarafa ibn al-Abd (Baréin, 543-569)

No acampo en los altos por miedo.
Auxilio cuando se solicita mi auxilio.

No dejo de saciarme en vino y placeres,
de vender y gastar los bienes transmitidos y adquiridos
hasta evitarme toda la tribu como a camello embreado.
Y tu, que censuras que asista a la guerra y a los placeres me entregue,
¿puedes tú hacerme inmortal? Si no puedes evitar mi muerte,
déjame abordarla con lo que poseo.

Si el hombre lograra algún día burlar la muerte,
por vida tuya, que eso sería como soltar una amarra
asida por ambos cabos.
Yo soy el hombre enjuto que conocéis,
agudo como flamante cabeza de serpiente.

Ṭarafa ibn al-Abd, incluido en Poesía árabe clásica (Editorial Mondadori, Madrid, 1998, selec. de Alfonso Bolado).

lunes, 13 de noviembre de 2017

Poema del día: "2011", de Jesús Carmona-Robles (México, 1992)

Para Iván

Qué bobo te ves haciendo caballitos de papel mientras todo el mundo ha pasado de comerse las uñas a comerse los dedos. Los niños usan sus dedos en lugar de palabras. El blanco es un color que sirve de mapa para llegar a los pantanosos comedores del raciocinio. Hay un cadáver flotando entre las cabezas de los comensales pero ellos no se dan cuenta. Hay océanos de tristeza que abrazan a los barcos donde los marineros se emborrachan contando historias sobre la guerra. Cuando me zumban los oídos ya no me importa un carajo si la gente me desea cosas de muerte, a ellos se les hará chicharrón el corazón. Escribo sin permitirme pausas para que la maestra crea que estoy escribiendo lo que está dictando. Nadie sospecha de las piedras ¿verdad? A ella la quise tanto que no me importó oler muy de cerca su menstruación. Mi caligrafía se descompone conforme la electricidad de mi cerebro va haciéndose más y más roja. Mis letras, de lejos, parecen arbolitos extraterrestres que nunca servirán para hacer fuego.
Yo te diré qué fueron los noventas, los noventas fueron una pinche patraña, como tu papá y tus poemas. Haremos versitos que engañarán sonrisas y nos acostaremos a dormir creyendo que acabamos de salvar a la humanidad.
Mi lengua era una lengua romance cuando te besaba, muchacha, y yo le digo a Iván que su poesía no durará porque los tamagochis fueron aplastados por esa estampida que llamamos “enamoramiento” y él toca la batería imaginaria mientras canta en sus adentros: Se supone que la vida no es tan estridente Mamá está equivocada y los libros mientenLloré mordiendo el aire que revoloteaba entre tu cara y la mía.
Los poetas chilangos hablan arameo mientras duermen y los poetas chilangos hablan de cómo sus padres destriparon a sus perros ¿verdad?
Esto no es un poema etcétera, y cuando me enamoro etcétera siento la misma angustia etcétera, que sentía cuando mis caballitos de papel apenas sabían relinchar, etcétera. Soy un niño que se convulsiona en su llanto etcétera en la espera de un poema y etcétera que nos salve la vida y ahuyente a las abejas ¿Verdad? Los libros son una mentirota que huele rico. Qué miserable me siento cuando camino por la calle y veo que aquí los edificios nunca podrán ser tiranosaurios rex de distintas nacionalidades.
Las mujeres si se lo proponen podrían conquistar al mundo con sus superpoderes. Canciones con ruido blanco, ruido mapa, la música es lo único que nos guiará al país de la misericordia ¿Verdad? Y entonces cruzamos los brazos mirando con hastío la matanza del buen gusto, y allá en el horizonte tus amigos se explotan porque saben que se apagarán. Llegará el día en que la vida se fracture el esqueleto bailando el guaguancó del infierno. ¿Condicionante entre alfabeto y esquizofrenia?: la indiferencia. No nos debemos conformar con un ríspido apretón de manos.
El fin de este etcétera brotará cuando dejemos de invocar terremotos y seamos dos ancianos cuyo historial de vida lo venda el Fondo de Cultura Económica. Espero algún día ser ese amigo suicidado que te visita en el reflejo de las ventanas, para que llores lentamente pensando en el dolor de los polvorones cuando se agrietan y de sus fisuras brotan secretos inimaginables. Hay que ser agradecidos con las personas que nos recuerdan nuestro parentesco con los polvorones ¿verdad? Hay que ser asertivos con esas palabras que estornudan cuando uno tiene los huevos de escribirlas sobre la arena de la playa. Hay que disfrazarnos de zombis cuando el otoño arrecie y empezar a devorar estrellas con la urgencia del niño que se sabe abandonado en un mundo lleno de cosas que todavía no podemos entender, ¿verdad?

Jesús Carmona-Robles en Tos (2013), incluido en Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (Ediciones de Punto de partida, México, 2013, comp. de Gerardo Grande y Manuel de J. Jiménez).

domingo, 12 de noviembre de 2017

Poema del día: "Laredo al norte", de Abelardo Sánchez León (Perú, 1947)

                                                           A José Watanabe

El poeta plasma imágenes en el escenario
pero esta vez la depresión le arrebata el manejo del lenguaje.
Debe recurrir a la infancia eterna y pronunciar a b c d e f
sin necesidad de aprobar exámenes.
Su inteligencia no necesita de ningún jurado
del venerado colegio de la provincia.

Al poeta le gusta su poema como al amante su amor.

El poeta no sale de la casa materna;
convalesciente, sin horarios ni responsabilidades,
un vago —murmura— del haiku
articulando estrofas con el propósito de conmover
si él fue conmovido por la imagen: un vago respetado.

En el estanque antiguo
                                     una rana salta
                                                           el ruido del agua.
Porque idiota es
                         quien ante el relámpago dice:
                                                                        la vida huye.

No hay explicación explica el poeta.
La poesía plantea interrogantes —digo por decir—.
Eso —mira sin mirar—:
el ruido del agua.

Abelardo Sánchez León en Oh túnel de la herradura (1995), incluido en Poesía peruana. antología esencial  (Visor Libros, Madrid, 2008, ed. y selec. de José Miguel Oviedo).