martes, 17 de julio de 2018

Poema del día: "Cuento sobre las viejas feas", de Tadeusz Różewicz (Polonia, 1921-2014)

me gustan las viejas
las viejas feas
malignas
ellas: sal de la tierra
no les da asco la basura
humana

son ellas que conocen el revés
de la medalla
del amor
de la fe

las viejas
vienen y van
mientras los dictadores
se hacen los graciosos
mostrando sus manos en sangre

las viejas feas se levantan
junto con el sol
compran carne frutas pan
lavan hacen la cocina
se quedan en las calles con brazos cruzados
y se callan

las viejas
son inmortales

Hamlet se agita dentro de su red
Fausto hace un juego vil y ridículo
Raskolnikov bate con su hacha
las viejas son
irrebatibles
sonríen levemente

muere el dios
las viejas se levantan sin hacerle caso
cada día
compran pan vino pescado
se muere la civilización
las viejas se levantan junto con el sol
abren las ventanas

tiran la basura
se muere el hombre
las viejas
lavan al difunto
entierran a sus muertos
siembran flores
sobre sus tumbas

me gustan las viejas
las viejas feas
malignas

creen en la vida eterna
ellas: sal de la tierra
corteza del árbol
mirando con sus ojos de humildes bestias

cobardía y heroísmo
grandeza y mezquindad
a todo le dan una dimensión

conforme a las exigencias del día
de su día cotidiano

sus hijos descubren América
perecen en las Termópilas
crucificados se desangran
conquistan el Cosmos

las viejas salen a las calles
junto con el sol compran leche
pan carne todavía falta pimienta
para el guiso
las viejas abren las ventanas

sólo los tontos se ríen
de las viejas
de las viejas feas
malignas

porque ellas son mujeres
hermosas
las buenas viejas hermosas

como huevos
secretos sin misterio
bolas rodando incansablemente

las viejas son
momias
como de gatos sagrados

pequeñas
todas arrugadas
y cada día más secas
manantiales frutas
o gordas
budas ensimismadas

cuando mueren
se les escapa
una pobre lágrima juntándose
con una sonrisa feliz
de jovenzuela

Tadeusz Różewicz, incluido en Poesía polaca contemporánea (UNAM, México, 2008, selec. y trad. de Krystyna Rodowska).

lunes, 16 de julio de 2018

Poema del día: "Andrzej L. sale de un autobús", de Konstanty Puzyna (Polonia, 1929-1989)

Esa preponderancia esa gordura esa corbata. Son horribles
los individuos después de los cuarenta. Ya sólo miran hacia atrás.
Te agarran, convulsivamente, por el codo
para así detener el tiempo. En el tumulto callejero
brota una desesperación jubilosa. Te recuerdas viejo
en el velero en Augustów sabes que entonces yo era
funcionario regional y que en marzo
limpiamos un poquillo la atmósfera
recuerdas cuando estuve en Irak
y cuando todavía era rubio
y te acuerdas de la boda de Wieska qué juerga
y recuerdas vivías en Cracovia y nos fuimos
a Feniks a tomar unas copas,
en aquella época salías con Iga.
Yo nunca salí con Iga. Ni viví en Cracovia.
Puede ser que viviera puede ser que estuviera.
Oh mi autobús
recuerdos a tu amabilísima esposa.

Merman las fuentes por suerte por suerte
después de los sesenta. Las personas se tornan silenciosas
como éstas hacia las que me encamino. No preguntan. Cuando una avispa
se atolla en la mermelada la sacan cuidadosamente con una cucharilla
y la arrojan por la ventana. Contemplando
una tetera que se atraganta en el gas salen corriendo repentinamente
detrás de las paredes. Más tarde se disculpan. A veces
dicen que el mundo desaparece como los círculos en un estanque.
Primero los más grandes el país la ciudad la calle
permanecen unas cuantas tiendas junto a la casa después la habitación
y después la cama y el vaso de té
sobre la silla. Les alborozan las diferentes píldoras
cuando son de colores. Rojas y amarillas. Con cuidado
las vierten en la palma de la mano y un rayo como una sonrisa
se escapa de las gafas deslizadas hasta la punta de la nariz. Sí,
éstos ya son encantadores. Estos de nuevo
miran hacia adelante.

Konstanty Puzyna, incluido en Poesía polaca contemporánea (Ediciones Rialp, Madrid, 1994, selec. y trad. de Fernando Presa González).

Otros poemas de Konstanty Puzyna
De las ciencias ocultas del maestro B. B.

domingo, 15 de julio de 2018

Poema del día: "Huida", de Jóhann Hjálmarsson (Islandia, 1939)

El encuentro con la muchedumbre era demasiado para él.
Volver a ver las casas,
los coches, sentir las aceras
y oír el estrépito,
rodeado de velocidad,
propósitos, deberes.
Se encontraba en un mundo extraño
donde todo era demasiado familiar
para poder reconciliarse
con nada de lo que era externo a él.
Era demasiado para él
volver a nacer en ese mismo mundo.
Dio sólo algunos pasos.
Y así empezó la huida.

Jóhann Hjálmarsson en Athvarf í himingeimnum (1973), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de José Antonio Fernández Romero).

Otros poemas de Jóhann Hjálmarsson
CostasEl arceHuida

sábado, 14 de julio de 2018

Poema del día: "Quién es el desconocido...", de Paal Brekke (Noruega, 1923-1993)

Quién es el desconocido
que abre la puerta de la celda para dar un
paseo al aire libre de dos segundos, y luego
la vuelve a cerrar—
                                               y el atardecer
del patio de la cárcel entre altos muros
lo recordamos como visiones deslumbrantes.

Quiénes son—
el médico con su bata blanca
que impersonal
traza la curva de la fiebre en nuestros rostros,
y el director detrás de su escritorio que,
sin levantar en ningún momento la voz,
saca nuestros pensamientos leyéndolos del archivo.

Mientras se juega esta partida de póquer con nosotros
como apuesta
en el salón de los espejos opacos.

Mira, el aire se condensa húmedo sobre la frente,
y la postura aumenta hora a hora.
Se llenan todos los impresos, se juega
con todas las cartas.
Aquí se juega científicamente y sin
comodín. Sin trampas
nos despojarán de todo.
Aquí cada uno es su propio
carcelero, irreconocible
y anónimo.

Paal Brekke en Skyggefektning (1949), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

viernes, 13 de julio de 2018

Poema del día: "La poesía", de Poul Borum (Dinamarca, 1934-1996)

los vivos necesitan muchas más cosas que los muertos
y tanto el pasado como el presente son ficciones incurables
es completamente superfluo exigir a alguien que «viva en el presente»
porque ellos hacen lo que no pueden dejar de hacer

la poesía existe para satisfacer las necesidades de los vivos

así que cuando encuentres a alguien que ha muerto
tu deber es decirle a él o a ella que no es verdad
si estuviese muerto no podríais encontraros
porque tú no estás muerto tú estás vivo

la poesía existe para satisfacer las necesidades de los vivos

y cuando estáis muchos juntos hablando de todo lo demás
de lo que no existe pero debería existir
y de lo que existe pero no debería existir
tenéis que ser conscientes todo el tiempo de lo esencial que existe y debe existir

la poesía existe para satisfacer las necesidades de los vivos

amor mío tu ausencia es la muerte pero no quiero pensar en ello
amor mío a menudo he estado ausente pero no quiero pensar en ello
amor mío hubo una vez dos instantes que se encontraron y se reconocieron mutuamente
amor mío eso es precisamente ahora y el viento es más que real dentro de los ojos

la poesía existe para satisfacer las necesidades de los vivos

Poul Borum en Den brændende by (1971), incluido en Poesía nórdica  (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

Otros poemas de Poul Borum
El cuadro negro

jueves, 12 de julio de 2018

Poema del día: "Poema sobre el revisionismo", de Lars Gustafsson (Suecia, 1936-2016)

Mosca incierta
encerrada en un exprés nocturno

trata sin embargo de volar
y descubre que puede seguir haciéndolo perfectamente

Cuando llega desde el extremo sur del vagón al norte
ya es una mosca mucho más inteligente

y el tren hundiéndose cada vez más veloz en la noche

Lars Gustafsson en Varma rum och halla (1972), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

miércoles, 11 de julio de 2018

Poema del día: "Hay que ayudar a los vástagos de los árboles...", de Paavo Haavikko (Finlandia, 1931-2008)

Hay que ayudar a los vástagos de los árboles, los abetos, a que surjan
        de debajo de la hierba.
        Un par de años, cinco, te lo agradecen.
Luego tienes que ayudar a la hierba a huir,
                                                         fuera del alcance de los árboles.
        Todo queda calvo a su alrededor,
                                                         majestuoso.
Y el pino que creció un metro en quince años en un bosque de alisos
        delgado, torcido, cargado de nieve,
                           comienza a sentirse a gusto.
Mata todo lo que está a su alcance
        los doscientos años siguientes, anualmente.
Ahí es donde tiene que crecer.
        No digáis que crece en un lugar equivocado,
el árbol.

Paavo Haavikko en Maailmassa (1974), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

Otros poemas de Paavo Haavikko
Ulises