sábado, 10 de abril de 2021

Poema del día: "Llueven pájaros...", de Arabella Salaverry (Costa Rica, nacida en Nicaragua 1946)


Llueven pájaros
Azotan las ventanas

Pájaros que son ángeles agobiados

Llueven pájaros
los tejados repiquetean mientras los pájaros
golpean contra el claro de luna

llueven ángeles
que son pájaros
para hablarnos desde el grito infernal
de su caída

llueven pájaros
saetas
flechas malheridas
llueven pájaros
habitantes desmesurados de las nubes

Estos pájaros que suelen ser ángeles
lloran este planeta que arderá
quemado por nuestro propio desatino

Estos ángeles que suelen ser pájaros
se llenan la garganta con arena
mientras escupen fuego

Sus palabras son entonces pedernales
que nos golpean desde la arremolinada soledad
de la ceguera

Arabella Salaverry, incluido en Defender la palabra: 22 poetas de Costa Rica (Buenos Aires Poetry, Argentina, 2019, selec. de Carolina Quintero Valverde).

viernes, 9 de abril de 2021

Poema del día: "Rosas de sanatorio", de Ramón María del Valle-Inclán (España, 1866-1936)


Bajo la sensación del cloroformo
me hace temblar con alarido interno
la luz de acuario de un jardín moderno,
y el amarillo olor del yodoformo.

Cubista, futurista y estridente,
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente.

Pasa mis nervios, con gozo frío,
el arco de lunático violín;
de un sí bemol el transparente pío

tiembla en la luz acuaria del jardín
y va mi barca por el ancho río
que separa un confín de otro confín.

Ramón María del Valle-Inclán, incluido en Arquitrave (nº 66, enero-marzo de 2017, Colombia).

jueves, 8 de abril de 2021

Poema del día: "Carta a la madre", de Salvatore Quasimodo (Italia, 1901-1968)


«Mater dulcissima, ahora descienden las nieblas,
y el Naviglio embiste confuso contra los muelles,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte: no estoy
en paz conmigo mismo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no estás bien, que vives,
como todas las madres de los poetas, pobre
y con la justa medida de amor
a causa de tus hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe.» —Al fin, dirás, dos líneas
de aquel muchacho que huyó de noche con un abrigo corto
y algunos versos en el bolsillo. Pobre, tan generoso,
un día lo matarán en cualquier parte—.
«En verdad, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, el río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Mas ahora te agradezco,
así lo deseo, la ironía que has puesto
sobre mis labios, mansa como la tuya.
Esa sonrisa me ha salvado de llantos y dolores.
Y no me importa si ahora derramo lágrimas por ti,
por todos los que como tú esperan,
y no saben qué esperan. Ah, muerte amable,
no toques el reloj que en la cocina late sobre el muro,
toda mi infancia pasó sobre el esmalte
de su cuadrante, sobre sus flores pintadas:
no toques las manos, el corazón de los viejos.
Pero ¿acaso alguien responde? Oh piadosa muerte,
muerte honesta. Adiós, querida, adiós mi dulcissima mater

Salvatore Quasimodo, incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selec. de Luis Martínez de Merlo, trad. de Antonio Colinas).

Otros poemas de Salvatore Quasimodo y artículos sobre su obra
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miércoles, 7 de abril de 2021

Poema del día: "El mar ausente del Sahara", de Josefina Romo Arregui (España, 1909-1979)


Sí. Yo tuve un mar sobre mi arena.
Un mar grande sin límites, compacto.
La tierra de oro que abrasa soledades
estuvo henchida augusta del mar que ya no soy.

Picaban gaviotas mi cuerpo remeciente,
movíanse las naves arriba de mis olas.
Pues yo era el mar que hervía sobre la arena rubia,
la arena saturada que hoy clama por su agua.

¡Oh el mar aquí fantasma, el mar que finge el viento
desmelenando dunas al aventar mi arena!
¡Ay mar del agua espesa, la que corpórea y dura
ansían los caminantes de mi desierto blando!

¿Qué arcángeles de fuego evaporar pudieron
tanto mar que hube, llevándolo a un abismo?
Es mi arena abrasada la más sedienta boca
que gime por un agua que le bebieron dioses.

Los hombres me caminan soñándome poblado
de aquel mar que fue mío, el mar sobre el desierto.
Yo les mullo mi carne, les recibe mi arena,
y se quejan de sed junto a mi sed sin huelgo.

¡Oh gran mar de mi génesis, el mar que me escurrieron
a una zanja de llamas: cuánto pesa la arena!

                                                                    1945 agosto

Josefina Romo Arregui, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).

martes, 6 de abril de 2021

Poema del día: "Como una mano que en el instante de la muerte...", de Robert Desnos (Francia, 1900-1945)


Como una mano que en el instante de la muerte y del naufragio se levanta al modo de los rayos
          del sol poniente, así surgen por todas partes tus miradas.
Quizá ya no haya tiempo, ya no haya tiempo para verme,
Pero la hoja que cae y la rueda que gira te dirán que nada perdura en la tierra,
Salvo el amor,
Y de esto quiero convencerme.
Botes de salvamento de colores rojizos,
Tempestades en fuga,
Un vals anticuado que se llevan el tiempo y el viento por los largos caminos del cielo.
Paisajes.
No quiero más abrazos que aquel al que aspiro,
Y muera el canto del gallo.
Como una mano que en el instante de la muerte se crispa, así se oprime mi corazón.
Nunca he llorado desde que te conocí.
Quiero demasiado a mi amor para llorar.
Tú llorarás sobre mi tumba,
o yo sobre la tuya.
No será demasiado tarde.
Hasta mentiré. Diré que fuiste mi amante,
Y al final todo es tan absolutamente inútil,
A ti y a mí muy cerca nos espera la muerte.

Robert Desnos en Corps et Biens (1930), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de Robert Desnos

lunes, 5 de abril de 2021

Poema del día: "Estanzas en meditación VI", de Gertrude Stein (Estados Unidos, 1874-1946)


Por qué soy yo si yo soy inciertas razones puede incluir.
Quedar quedar proponer reponer escoger.
Llamo al descuido que la puerta está abierta
que si ellas pueden rehusar abrir
nadie puede correr a cerrar.
Sean pues mías por lo tanto.
Todos saben que escojo.
Por lo tanto si por lo tanto antes que cierre.
Yo por lo tanto ofreceré por lo tanto ofrezco esto.
Lo que si yo rehúso perder puede perderse es mío.
Yo seré bien bienvenida cuando venga.
Porque yo estoy viniendo.
Ciertamente yo vengo habiendo yo venido.

Estas estanzas han concluido.

Gertrude Stein, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

domingo, 4 de abril de 2021

Poema del día: "Canción funambulesca", de Juan Parra del Riego (Perú, 1894-1925)


Acróbatas, andarines y palomas.
Encaje azul de la luna suspendido en la guitarra
Ángeles curiosos junto al piano de ella.
Sobre la mesa, solo, el abanico tierno
Serpentina, columpio, trampolín, cometa.
Flor del Mar... nubes felices... marineros...
Puerto de joyas, de lágrimas, de locos y buques muertos.
Acordeón... trenzas azules... pipa lenta...

Polichinela, gaviota,
Copa perdida... regreso...
Corazón
pájaro ciego...
Auxilio en el mar... emotisis... se lo llevaron...
¡se lo llevaron!
Noche de Luna... Isabel... platillo... rosa... suspiro...
las regatas de colores de su risa en el jardín...
Árabe... tambor... puñalada... potro nocturno... sirena...

Luna de tapias... un puente...
¡llegaron los carabineros!
Cuelga el ahorcado en un árbol.
Pasó el farol de las brujas...

Entre un zapato de seda le di una rosa amarilla
Amaneció el piano abierto...
A las tres de la mañana mueren todos los enfermos.
¡Madre, no viene... ¡no viene!
En el cuarto solo el espejo lleno de dramas fijos...
Lucerías de la fiesta...
El sermón del violonchelo a los escépticos.
Palidez.
Espanto.
Jota.
Pantomima, frac, angustia.

Calavera del payaso...
Abanico,
volatín,
canción,
olvido,
lucero azul de la aurora
y en la mesa solitaria del que dio su corazón
un revólver y una rosa que ella nunca me dejó.

Juan Parra del Riego en Himnos del cielo y de los ferrocarriles (1924), incluido en Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, ed. de Mihai G. Grünfeld).