lunes, 18 de junio de 2018

Poema del día: "De veras, quisiera estar muerta...", de Safo de Mitilene (Grecia, ca 650/610-580 aec)

De veras, quisiera estar muerta.
Ella, al dejarme,
vertió muchas lágrimas

y decíame esto:
"¡Ay, qué pena tan grande!
Safo, créeme, dejarte me pesa".

Y yo, contestando, le dije:
"Ve en paz y recuérdame.
Pues sabes el ansia

con que te he mimado. Y por si no, quiero
recordarte...
...y cuanto gozamos.

A mi lado, muchas coronas
de violetas y rosas...
...te ceñiste al cuerpo...".

Safo de Mitilene, incluido en Amores iguales. Antología de la poesía gay y lésbica. Panorama general (La Esfera de los libros, Madrid, 2002, selec. de Luis Antonio de Villena, trad. de Juan Ferraté para Líricos griegos arcaicos. Seix Barral, Barclona, 1967).

Otros poemas de Safo de Mitelene
Aquí ven, a este templo sacrosanto de Creta...Me parece que es igual a los dioses...Un cierto anhelo de morir me domina...

domingo, 17 de junio de 2018

Poema del día: "Las hojas del arce en el santuario...", anónimo (Japón, siglo VIII)

Las hojas del arce en el santuario
de los pontífices
saltan los precintos al caer del árbol.

Anónimo, incluido en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).

sábado, 16 de junio de 2018

Poema del día: "Gafas", de Ivan Landzhev (Bulgaria, 1986)

No me pierde de vista.
Sin mí no ve más lejos de su nariz.
Habla de mí en plural, pero soy uno,
una misma cosa.

Los ojos detrás de mí se hunden en pozos más profundos mientras busco la vista, digna para la parsimoniosa admiración de las cejas.

A veces sobre mí cae una pestaña
y él pide un deseo.
A veces quedan huellas dactilares:
habrá pensado un deseo.

Le hago creíble cuando habla.

Me ha roto tres veces
y no aprende nada.

Por la noche me mete en un ataúd
y no sospecha aquella felicidad:

morir por la noche, doblado
en un abrazo
con la suave toallita azul.

Y por la mañana resucitar
para enseñarle el día
de nuevo.

Ivan Landzhev, incluido en Jamás olvidados. Muestra de poesía búlgara reciente (Vallejo & Co., Internet, 2017, selec. de Mario Pera, trad. de Kalin Nikolov Koev).

viernes, 15 de junio de 2018

Poema del día: "Las niñas tristes se apoyan en los antepechos de las ventanas...", de Mar Becker (Brasil, 1986)

las niñas tristes se apoyan en los antepechos de las ventanas

y duermen

los habitantes de la ciudad piensan que ellas son cosas con las que sueñan las propias
          ventanas

y que soñar es un tipo de desbordamiento

de cabellos

Mar Becker, incluido en Inventar la felicidad. Muestra de poesía brasileña reciente  (Vallejo & Co. Internet, 2016, selec. de Fabricio Marques y Tarso de Melo, trad. de Rafaela Scardino y Sebastián Huber).

jueves, 14 de junio de 2018

Poema del día: "Una oscura pradera me convida...", de José Lezama Lima (Cuba, 1910-1976)

Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Sobre las aguas del espejo,
breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa:
gamo en el cielo, rocío, llamarada.
Sin sentir que me llaman
penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.
Allí se ven, ilustres restos,
cien cabezas, cornetas, mil funciones
abren su cielo, su girasol callando.
Extraña la sorpresa en este cielo,
donde sin querer vuelven pisadas
y suenan las voces en su centro henchido.
Una oscura pradera va pasando.
Entre los dos, viento o fino papel,
el viento, herido viento de esta muerte
mágica, una y despedida.
Un pájaro y otro ya no tiemblan.

José Lezama Lima, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo MilánAndrés Sánchez RobaynaBlanca Varela y José Ángel Valente).

miércoles, 13 de junio de 2018

Poema del día: "Funámbula", de Cristián Gómez Olivares (Chile, 1971)

Yo me he quedado mudo en la vida, y han pasado los días. Los días pasaban, unos tras otros, como los vagones de un tren. Nadie los esperaba en la estación. Nadie agitaba sus manos en el aire porque aún no se usaban las despedidas ni las bienvenidas en nuestro país ni se daban las gracias de antemano cuando nadie necesitaba darlas.
     Han llegado

hasta nosotros los frutos de la primavera, pero no la primavera. Tiéndete desnuda sobre la hierba, como una más de las palabras. Ni siquiera las obras completas de Balzac te podrían dar una imagen verdadera de lo que fue esa Francia decimonónica, realista, monetiana: tiéndete entonces y desayuna despreocupada del contraste de tu piel y el telón de fondo dibujado por el bosque y el traje de tus acompañantes:

comparado con aparecer en el salón oficial de los rechazados poco son y despreciable gloria esos palmoteos en la espalda empuñando por si acaso algún puñal como quien consciente de tu futuro esplendor y dese mar que en tus cuadros tranquilo baña tus aguas

        sabe ejercer el oficio
     de repartir con sutileza las migajas (
     sin que se note el oficio
     la sutileza ni las migajas):

no es que el fruto esté maduro, es el árbol el que está cansado. A veces llegábamos a un balneario y yo me dormía inmediatamente. Pero es preciso señalar que me dormía no sin antes contemplar a una joven que se peinaba en el cuarto de enfrente. Esa

que después volvería a dar sus primeros pasos por esta playa de la mano de un pronombre que no es el mío ni le pertenece al trazo breve y fragmentario con que tratábamos de copiar no la luz, sino la impresión que esa misma luz

     producía no en tus ojos pero sí en cambio en tu mirada, no en tu piel. Sí, sin embargo, en tu piel contra mi piel (traje, vestimenta o atuendo: artificio o naturaleza que se distinguen con el roce de los cuerpos sobre el

mantel, sobre la tela o sobre la hierba).

Otras veces llegábamos a un bosque de eucaliptos, y la misma joven era quien se encargaba de poner el mantel en el suelo cubierto de hojas con olor a lluvia de verano. No obstante tu rostro de mitológica es lo único que te mantiene a salvo. Es como para esculpir por la noche una silueta

carnal pero de diosa, sutilísima pero al mismo tiempo tan romana y voluminosa como la tuya –para que después implacablemente la borre no la marea sino el oleaje, no el agua que quisiera escribir sino la espuma. Y sólo así justificar la obligación

de volver a trazar ese trazado durante todas y cada una de nuestras noches. Y yo no dejaba de pensar en el día menos pensado, y no dejaba de esperar el esperado día, en el cual recuperaría el uso de la palabra.

La tierra a la que vine no tiene primavera. Y estos, sin embargo, son sus frutos.

Cristián Gómez Olivares en Como un ciego en una habitación a oscuras (2005), incluido en Doce en punto. Poesía chilena reciente (1971-1982)  (UNAM, México, 2012, selec. de Daniel Saldaña París).

Otros poemas de Cristián Gómez Olivares y artículos sobre su obra
*Artículo de Francisco Cenamor sobre La casa de Trotsky

martes, 12 de junio de 2018

Poema del día: "El agua se aprende por la sed...", de Emily Dickinson (Estados Unidos, 1830-1886)

El agua se aprende por la sed;
la tierra, por los océanos atravesados;
el éxtasis, por la agonía.
La paz se revela por las batallas;
el amor, por el recuerdo de los que se fueron;
los pájaros, por la nieve.

Emily Dickinson, incluido en El viento comenzó a mecer la hierba (Titivillus, Internet, 2016, trad. de Enrique Goicolea).