domingo, 5 de abril de 2020

Poema del día: "Puertas abiertas", de Ruth Patricia Diago (Colombia, 1956)

La mañana estalla en los ojos
como en una ventana de burdel
abierta a destiempo
en la desolación del primer café.

Una grieta cambia de sitio
el hacinamiento,
con tantos muebles odiados
origina su tisis de madera.

Particular escombro, el último saldo de fe
junto con las paredes
que se deshacen al paso de la escoba
y el pivotear continuo
de cara a los días
flotando apenas
en un caldo de miserias.


     I
Odio esa manía
que me une a los estragos
causados por la costumbre,
el desaliño de los despertares,
el caos matutino,
la incógnita del almuerzo,
la soledad de las estancias,
la certidumbre asustada del regreso,
que convierten la existencia
en un blando andar
sobre lodos inciertos,
en el que no es permitido
el privilegio audaz de avanzar
sin recibir una lección de miedo.


     II
La trinitaria vuelca sus colores sobre el jardín
en ramos copiosos.

Vencidos por el tiempo
van desgranándose como frutos ligeros.

Entonces un aliento nocturno los disemina
dándole a la terraza
el aspecto de un lugar
dispuesto para los cuerpos.


     III
Se han callado el mar,
las aves,
el agua se recoge
en hilos delgados enfriando la casa,
un teatro verde se agita
más allá de los anjeos
y desde su trinchera tras el espejo
un salamanquejido se manifiesta.

Pienso ahora en ese cuerpo
que no me he podido lavar,
en aquellos episodios lentos
de sus manos.

Y este mutismo sin colores
termina por calarme a martillo
un ropaje que me viste
con papel de lija.

Ruth Patricia Diago, incluido en Antología de mujeres poetas afrocolombianas (Ministerio de Cultura, Colombia, 2010, comp. de Alfredo Ocampo Zamorano y Guiomar Cuesta Escobar).

sábado, 4 de abril de 2020

Poema del día: "La casa de Yves", de André Breton (Francia, 1896-1966)

La casa de Yves Tanguy
Donde se entra sólo de noche

Con la lámpara-tempestad

Afuera el país transparente
Un adivino en su elemento

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve

Y la tela estampada del cielo
-Vamos, lo sobrenatural al suelo

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno

Hecha de lazos y jambajes
Color de cangrejo en el oleaje

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables

El espacio encadenado, el tiempo disminuido
Ariana en su aposento-cofrecillo

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta

El servicio está a cargo de falenas
Que se cubren los ojos con telas

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta
Con el moblaje fulgurante del desierto

Allí se mata allí se cura
y sin tapujos se conspira

Con la lámpara-tempestad
Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve
Con todas las estrellas del infierno
Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables
Con las crines sin fin del argonauta
Con el moblaje fulgurante del desierto
Con las señales que intercambian los amantes desde lejos

Ésa es la casa de Yves Tanguy.

André Breton en Poémes (1919-1948), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de André Breton

viernes, 3 de abril de 2020

Poema del día: "Lluvia de verano", de Nikolái Gribachov (Rusia, 1910-1992)

La lluvia, transparente,
se iba acercando espaciada;
de hoja en hoja, de rama en rama
fue tejiendo un tupido lienzo.

El jardín suspiró, templado y somnoliento,
y bebió el agua, recobrando nuevas fuerzas,
y la hierba crecía
como si alguien la tirara de la oreja.

Cabeceaban campanillas, margaritas,
la amapola guardaba en su puño el abejorro,
y un chico pelirrojo, sin camisa,
con afán de crecer, corría por la vereda.

Los pájaros cantaban y cantaban
cada uno desde su propio hogar,
y la lluvia unas veces apagaba sus trinos,
y otras veces intentaba imitarlos.

Y todo respiraba tanta dicha,
tanto a lo nuevo se afanaba todo,
que yo mismo entonces me sentía
renovarme, crecer, volverme joven.

Nikolái Gribachov, incluido en Antología de la poesía soviética (Ediciones Júcar, Madrid, 1974, versión de María Cánovas).

jueves, 2 de abril de 2020

Poema del día: "El hombre de la azada", de Edwin Markham (Estados Unidos,1852-1940)

                                    (Ante el cuadro de Millet)

Doblado por el peso de los siglos,
apoyado en su azada mira al suelo,
en su faz el vacío de los tiempos
y la carga del mundo sobre el hombro.
¿Quién mató en él la rebeldía, el brío,
y lo dejó sin duelo ni esperanza,
torpe y vencido como el buey, su hermano?
¿Quién aflojó su quijada de bruto?
¿Cuál fue la mano que aplastó su frente?
¿Qué soplo le apagó la luz del alma?

¿Es esta la criatura que Dios hizo
para reinar sobre el mar y la tierra,
otear estrellas y rastrear los cielos,
para sentir la pasión de lo eterno?
¿Es este el sueño del que armó los astros
y les trazó su ruta en el vacío?

Del antro del Infierno a sus abismos
no se encuentra más trágica figura,
más reprochable a la codicia ciega,
más llena de presagios para el alma,
más tensa de peligros para el mundo.

¡Qué abismo lo separa de los ángeles!
Esclavo del trabajo, ¿qué le importan
Platón y la armonía de las Pléyades,
la larga fila de cimas del canto,
la luz del alba, el rubor de la rosa?
En él se mira el dolor de los siglos,
la tragedia del Tiempo está en su agobio;
la Humanidad, en su amarga figura,
robada, traicionada y desvalida,
protesta ante los Jueces de la Tierra,
y su protesta es también profecía.

¡Oh, señores y dueños de la tierra!
¿Esta es la obra que le dais a Dios,
esta cosa monstruosa de alma ahogada?
¿Cómo podréis erguir esta figura,
darle de nuevo la inmortalidad;
devolverle la luz de su mirada;
reconstruirla en la música y el sueño;
enderezar infamias milenarias,
pérfidos daños, incurables duelos?

¡Oh, señores y dueños de la tierra!
¿Qué cuenta le dará el futuro a este hombre?
¿Qué responder a su torva demanda
cuando la rebelión sacuda al orbe?
¿Qué será de los reinos y los reyes;
de todos los que así lo deformaron,
cuando este mudo miedo juzgue al mundo
tras del largo silencio de los siglos?

Edwin Markham, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

miércoles, 1 de abril de 2020

Poema del día: "La tristeza manchada", de Chūya Nakahara (Japón, 1907-1937)

Sobre la tristeza manchada
caen hoy otra vez copos de nieve.
Sobre la tristeza manchada
hoy hasta el viento pasa.

La tristeza manchada
es como la piel del zorro.
La tristeza manchada
se encoge bajo la nieve que cae como polvo.

La tristeza manchada
nada desea ni nada suplica.
La tristeza manchada
sueña en la muerte, con tedio.

Temo la tristeza manchada,
y me duele.
La tarde cae en la tristeza manchada
sin que yo pueda hacer nada...

Chūya Nakahara, incluido en Antología de la poesía moderna del Japón (1868-1945) (UNAM, México, 2010, selec. y trad. de Atsuko Tanabe).

Otros poemas de Chūya Nakahara
Circo

martes, 31 de marzo de 2020

Poema del día: "Frente al mundo", de Serafín Delmar (Reynaldo Bolaños. Chile, 1901-1980)

N O S O T R O S
                             los hombres —los hombres
tambaleándonos de esquina en esquina

nosotros
              los miserables affiches del hambre
izado en cinco continentes enredamos puentes
a las distancias

              postes i miradores —el tiempo
resbala precipitado en los sentidos

              líneas al futuro sin estación

todas las primaveras en un cesto por sólo
diez centavos
                                      ausente de los ojos
los niños espurgando su miseria en el sol
que lame la tierra se tiñen la boca de
                                      e s p e r a n z a

el violín de las costillas afinado por el viento
derrama la emoción de la luz que se arrastra
ladrando a todos los costados
                           el paisaje máscara del dolor

en la noche emergen sombras dislocadas
                                                                    rombo de tumbos se
pasea e l  h o m b r e

en el vientre de las mujeres
                                                                    que pudieron ser madres
crece el derecho de matar
                                         arborecido — en sus raíces
duerme la P E S T E

                                         quiénes muerden?
LA PESTE LA MISERIA EL HAMBRE
                                                                    cinema arrancado i
frente a mí

yo
amarrado en un rincón
se quejan
                                                                    las cabelleras de mi pipa
                                         llegan los hombres
                                         los cristos
                                                                    flecha del pensamiento

sonríe en su tragedia la  H  U  M  A  N  I  D  A  D

pobres cristos
los ojos en los árboles colgados como frutos
                                         sostenían la noche
la noche que mecía sus cadáveres con las últimas
estrellas que picoteaban la mañana

Serafín Delmar en Radiogramas del Pacífico (1927), incluido en Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, ed. de Mihai G. Grünfeld).

Otros poemas de Serafín Delmar
Himno a la lluvia

lunes, 30 de marzo de 2020

Poema del día: "Monólogo de un lobo", de Serik Aksunkaruly (Kazajistán, 1950)

¡Odio al perro!
Lucho contra él.
Le ataco
y me entretengo...
Soy un salvaje de la inmensa estepa.
¡Qué extraordinario es el feroz salvajismo!

¡A galope tendido sin ninguna frontera!
¡No pueden detenerme!
Mi fuerza vive plena en mis adentros.
¡Sintiéndome canino resuelto me dirijo,
como si fuera un hombre con puñal de diamante!

Antepasados lobos,
no hemos dado la paz
a ningún pueblo desde entonces.
Aviento este olor acre
de batallas sangrientas con perros de la estepa.

Soplan agrias murmuraciones que al corazón ofenden.
La humillación es una maldición.
Nos dicen que tenemos del perro el mismo origen...
¿Es acaso verdad lobos-antepasados?

Al final llega la hora
de quedarme arrimado junto a un perro barcino...
¿Por qué guardáis silencio, antepasados-lobos,
con inflamado útero?

¿Por qué nada decís
si me habré de arrimar junto a estos enemigos?
Me conmueve la tierra
y las voces de perros ladradores...

Serik Aksunkatuly, incluido en Antología de la poesía kazaja contemporánea (Siglos XIX, XX y XXI) (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2017, selec. y trad. de Justo Jorge Padrón).