martes, 16 de junio de 2026

Poema del día: "Como el día", de Jaime Sáenz (Bolivia, 1921-1986)


Como el día alimenta unos sueños estériles y lastima tu naturaleza angelical,
   has de partir en pos de la noche
   —y yo te diré que ella suele pedir, como un mendigo, toda la vida:
   raramente se conmueve.
   Pero tú, con tu tierna manera increíble,
   eres comunicativo y la conmoverás en aquella claraboya, si le dices:
   "Quiero la muerte, pero no morir
   —y los que descansan alejados del fuego, escucharán la palabra estremecida de tu vuelo
   y no querrán saber que están muertos al ver que te habrían amado.
   Y de tal modo conocerás las imaginaciones de la noche
   y lo indecible de muerte en tu forma,
   el júbilo mío: estoy de pie y con un fuego en las manos".
   (De noche tu ropaje con unos vivos de color blanco refleja una música de ciudades y de soles y deja mirar un otro, denso ropaje que hace vibrar los puentes y ocurrir los viajes, y hace que se quede la noche en tus ojos).

Jaime Sáenz, incluido en El árbol y la piedra. Poetas contemporáneos de Bolivia (Monte Ávila editores, Caracas, 1986, ed. de Eduardo Mitre).


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lunes, 15 de junio de 2026

Poema del día: "Después del funeral", de Dylan Thomas (Gran Bretaña, 1914-1953)


                                    A la memoria de Ann Jones

Después del funeral, alabanzas de mulos, relinchos,
Golpes de viento de orejas como velas, golpeteo
De casco amortiguado,
Alegre golpeteo de una escarpia en el grueso
Pie de la fosa, que entrecierra los párpados, dientes en fondo negro,
Saliva de los ojos, salitre de las mangas,
El chasquido matinal de la azada
Que ha despertado al sueño
Zamarrea a un muchacho desolado
Que en lo oscuro del ataúd
Se corta la garganta goteando hojas secas,
Que ha sacado a la luz un hueso con un golpe de juicio
Tras el festín de cardos y horas rellenas de lágrimas
En una estancia con un zorro disecado y un helecho podrido.
Sólo por este funeral me veo solo
En las horas llorosas
Con Ana muerta y encorvada
Cuyo cubierto corazón de fuente
Se deshiciera en charcos por los mundos
Agostados de Gales y ahogara a cada sol.
(Mas para ella es ésta una imagen monstruosa
De elogio ciegamente exagerado.
Su muerte fue una gota inmóvil.
Ella no me hubiera dejado que me hundiera en la santa
Corriente del prestigio de su corazón.
Ella se tendería muda y honda
Porque su cuerpo roto no necesita druidas)
Pero yo, el bardo de Ana en un hogar llameante,
Llamo a todos los mares a oración
Para que la lengua de madera
De su virtud susurre
Como una boya de campana
Sobre las cabezas de los que entonan himnos,
Abata las murallas
De los bosques de zorros y de helechos
Para que a través de una parda capilla
Su amor se mezca y cante,
Y bendiga con cuatro aves de paso
A su alma doblegada.
Mansa como la leche fue su carne,
Pero su estatua que apuntaba al cielo
Con el seno salvaje y la bendita
Gigante calavera
Está esculpida en ella misma, en una estancia
Con una húmeda ventana.
En una casa de vehemente luto,
En un año tortuoso.
Yo sé que sus gastadas y humildes manos ásperas
Yacen crispadas religiosamente,
Su susurro inconsútil en un húmedo mundo,
El hondo hueco de su juicio,
Su rostro como un puño contraído
Alrededor de una pena redonda;
Y tiene Ana en su escultura
Setenta años de piedra.
Estas manos de mármol, empapadas de nubes,
Este monumental argumento
De la voz esculpida, del ademán y el salmo,
Me asaltarán por siempre sobre su fosa hasta
Que el pulmón disecado del zorro se contraiga
Y grite “Amor”
Y el helecho aventado deje caer semillas
Sobre el oscuro surco.

Dylan Thomas, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Aquilino Duque).

Otros poemas de Dylan Thomas


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domingo, 14 de junio de 2026

Poema del día: "Poetas de rapiña", de Maurice Blanchard (Francia, 1890-1960)


La mala intención le prestó boca de cuero y ojos que escupían azufre sobre ciertos objetos hasta entonces inanimados. Un plegamiento de la pradera hizo brotar vegetales de espejos con los que tropezaba todo lo despierto cortándose las arterias. Los animales de tiro murieron degollados por la propia imagen. Los saltamontes grises elevaron una barrera de espinas mientras las emparvadoras arrojaban los ramilletes del río por encima del arco roto.

Llegaron como ángeles pintados llevando en grandes soperas el vino de los inocentes.

El campo sobrante comenzó a escorar. La Eva del pórtico se inclinó, apoyando el damero de sus manos sobre un terrón de césped gris. Las flores hicieron explosión produciendo una llamita verde, y, gradualmente, hileras de arbustos se secaron de pie y se desvanecieron en una nube de cabelleras, negras y coloreadas, trenzadas o no, silenciosas o zumbando con todos los enredos del deseo.

Cuando, después de años de aprendizaje y espuma, la primer tormenta alcanzó la tierra del sueño, se abrieron cráteres ante sus pasos, cráteres de agua salada en los que nadaban los crustáceos de la fatiga, de la resignación, del amor. Y esa agua fértil era la memoria del sol. Los pájaros de alta mar construyeron allí sus nidos.

Intensa era su sed. Su voz de algodón se deslizaba por la nieve dejando el rastro de un hierro sobre el plumaje. Los usureros que los encontraban, mudos de estupor, tendían la mano para recibir la moneda de oro de un escupitajo, la punta de acero, o la pesada lágrima de estaño, fruto de un árbol que se denomina impaciencia. Su risa era la aurora boreal de un mundo coronado de sueños y resentimientos.

Maurice Blanchard, incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. de Aldo Pellegrini).


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sábado, 13 de junio de 2026

Poema del día: "Divina superflua belleza", de Robinson Jeffers (Estados Unidos, 1887-1962)


Las danzas de tempestad de las gaviotas, los juegos a ladridos de las focas,
arriba y debajo del mar...
Divina superflua belleza
regula los juegos, preside destinos, hace crecer los árboles
y alzarse las colinas, caer las olas.
La increíble belleza de la alegría,
estrella de fuego los labios unidos, oh, que también nuestros amores
sean unidos, no hay ninguna doncella
tan ardiente y sedienta de amor
como por ti mi sangre, junto a la costa de focas cuando las alas
tejen como tela en el aire,
divina superflua belleza.

Robinson Jeffers, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

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viernes, 12 de junio de 2026

Poema del día: "Caminando por la playa", de Dritëro Agolli (Albania, 1931-2017)


Ausente, camino por la playa.
En mis desnudos pies danza la arena;
la bruma engasta su sal en mis cabellos
y el viento pinta en yodo mis agrietados labios.
Súbitamente el mar da un soplo de nobleza a mi ser,
a mi rudo ser, y sobre mi rostro
se vierte una sonrisa de juventud
fundida al susurro de las olas.
Siento que es ésta la misma sonrisa
con que los aedos recorrían esta playa
pensativos, silentes, descalzos,
portando alforjas de piel de cabra.
Oh, mar, ennobléceme grácilmente:
amaré al mundo.
Acércame tus alfombras azules,
ofréceme la almohada de tus olas.

Dritëro Agolli, incluido en Antología. Poesía albanesa hoy (Diputación de Zaragoza, 1992, selec. de Robert Shvarc, trad. de Ramón Sánchez Larrazalde).

Otros poemas de Dritëro Agolli
El profeta maldito

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jueves, 11 de junio de 2026

Poema del día: "Duerme, mi prenda querida...", de Dietmar von Aist (Austria, ca 1115–ca 1171)


Duerme, mi prenda querida,
nos despertarán enseguida.
Un pajarito muy bonito
ha llegado a la rama del tilo.

Dormido me había tan suavemente,
ahora, niña, me dices que despierte.
Amor sin dolor ser no podría,
lo que mandes hago, amiga mía.

La mujer entonces llora:
«tú cabalgas y me dejas sola.
Cuándo vendrás a mí de nuevo.
Ay, contigo llevas mi contento».

Dietmar von Aist, incluido en Antología esencial de la poesía alemana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2004, ed. y trad. de José Luis Reina Palazón).

Otros poemas de Dietmar von Aist

miércoles, 10 de junio de 2026

Poema del día: "Cuerpo / cocina / texto", de Oľga Gluštíková (Eslovaquia, 1987)


(1)
su taza sucia
tiene su propia intimidad:
caderas cálidas y redondas al tacto
tres veces al día toca
corteza de pan
la tez es silenciosa
silencioso es el hogar
hay muy poca cocina en la poesía

(2)
tal vez ella use su falda
para limpiar la mesa – mojar sus brazos
en un armario abierto, encuentra un hogar al tocar su cara
mientras se maquilla
y cierra la puerta al fin
tal vez ella use un poema
como sujetador con relleno
para no ser lo que debería ser
allí, donde vive y donde está
tal vez ella lo hará ritualmente
pintar su cara antes de lo cotidiano
batallar trasladando a lugares
designados para hombres
en lugar de una etiqueta con su nombre en la puerta:
un poema sobre una casa donde encontraron sucios los platos

(3)
por la noche entre las dos y las tres
un meteorito estaba cayendo – un simple destello
y mi madre me dijo
eso es lo que dura
siendo un ya sabes qué…
por la abuela ella sabe
que hay algo dentro de ella
cada día más pesado
algo a punto de caer:
un útero como una piedra antigua

(4)
tenemos que decir que sus predecesoras
eran mujeres médicas, mujeres soldados, francotiradores,
madres de tres, limpiadoras y cocineras
y ella:
desde la niñez como si fuera inmaterial
solo un poco antropomórfica
un pequeño humanoide
siempre en un estado de ánimo difícil
lavado con un champú sin olor
una tela escocesa de niña cortada
comiendo pescado enlatado, piensa
sobre su amorfo
preocupada de que se convierta en un hombre
tan pronto como se quita el sujetador

(5)
Lo intenté
disparar una pistola de aire a mi propia tierra
cuelga los suéteres más gruesos en el guardarropa de una mujer y espera
romper el cuenco de estampado azul de mi madre y nunca,
nunca vuelvas a barrer
Escuché la charla sobre matrimonios que nunca sucedieron, se derrumbaron
o terminaron con la muerte
Lo intenté
escuchando el torrente sanguíneo de esta casa
durante el almuerzo del domingo, sacrificio de pollo
Lo intenté
pensar en cómo fui creada
y para qué

Oľga Gluštíková, incluido en Revista Kametsa (6 de mayo de 2021, Perú trad. de Martin Železník y Zuzana Hábeková).

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