lunes, 21 de octubre de 2019

Poema del día: "China contemplada a través de un aguacero griego en un café turco", de Henrik Nordbrandt (Dinamarca, 1945)

la llovizna
cae en mi café
hasta que lo enfría
y se desborda
hasta que se desborda
y se aclara
de manera que aparece
la imagen del fondo.

la imagen de un hombre
con barba larga
en China, delante de un pabellón chino
bajo la lluvia, una lluvia torrencial
que ha cuajado
en rayas
sobre la fachada azotada por el viento
y en la cara del hombre.

debajo del café, la leche y el azúcar
que están a punto de cortarse
bajo el gastado esmalte
los ojos parecen apagados
o vueltos hacia dentro
hacia China, en la porcelana de la taza
la taza que lentamente se vacía de café
y se llena de lluvia
lluvia clara, la lluvia de primavera

se pulveriza sobre la marquesina de la taberna
las fachadas del otro lado de la calle
semejan un gran
muro de porcelana muy gastado
cuyo resplandor atraviesa las hojas de la vid
hojas de vid que también están gastadas
como dentro de una taza, el chino
ve aparecer el sol a través de una hoja verde
que ha caído en la taza.

la taza cuyo contenido
ahora está completamente transparente

Henrik Nordbrandt en Syvsoverne (1969), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

domingo, 20 de octubre de 2019

Poema del día: "Llegó un hombre...", de Bodil Malmsten (Suecia, 1944-2016)

Llegó un hombre

al piso
y su sombra cayó gris sobre el empapelado del vestíbulo,
se quitó la chaqueta de ante,
comió una ensalada de pollo con estragón y pepinillos,
luego se quitó camisa, pantalón y calzoncillos,
se tumbó después encima de la señora
mientras ella estaba debajo,
luego permaneció así una cierta cantidad de segundos
sobre una colcha de algodón sucio.

Poco después abandona el piso
y se oye arrancar un coche — es un Saab Turbo.
Él se había ido, ella lloró,
mientras la araña desde su ángulo
no entendía aquello en absoluto.

El hombre parecía haber estado allí un rato como de prestado—
algo se ha llevado de allí:
Una copia de un hombre que se va
pero deja el negativo—
la imagen que la señora tiene
del hombre
en la única vida.
La araña vio el proceso como se ha descrito.
Y no le pareció en absoluto natural.

Bodil Malmsten en Damen, det brinner (1984), incluido en Poesía nórdica  (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

Otros poemas de Bodil Malmsten
Él dijoLentas reposiciones

sábado, 19 de octubre de 2019

Poema del día: "Mañana otoñal", de Gösta Ågren (Finlandia, 1936)

De niño encontré una vez
un dios moribundo. Yacía inmóvil
entre sus alas esperando
que lo dejasen
en libertad. El hombre es
polvo; sólo los dioses pueden morir.
Al alba él ya se había hundido
en una montaña que ahora temblaba
al compás de los latidos de su corazón. Sólo los cordones
de los caminos la mantenían unida. En lo alto,
al este, se derramaban intestinos ardientes
entre las nubes. Comprendí
que un dios utiliza toda
la realidad como cuerpo
cuando sufre. Después
parecía un pájaro muerto,
pero yo sabía que ningún pájaro
puede morir tan profundamente.

Gösta Ågren en Jär (1988), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

Otros poemas de Gösta Ågren
Catedrales de EuropaDiscurso final

viernes, 18 de octubre de 2019

Poema del día: "Muerte y renacimiento", de Jean-Baptiste Tati Loutard (República del Congo, 1938-2009)

Que la corteza del suelo se hunda bajo mis pies,
que la válvula del cielo se abra y me deje entrever
el nicho alto del sol o la inmensa camada de los astros,
que no habré de asustarme.

¿Que la Muerte me llama? ¿Acaso me presenta
si quiera un espejo, una placa de luz donde leer
mi perfil de ultratumba?

Soy una rama jubilosa de este mundo,
mis sueños prosperan con los rayos de sol
no en el triste hormigueo de los moluscos:
me columpio al viento;

Me emborracho con los dones del día y de la noche,
recojo, a mi paso, los pájaros borrachos del espacio: ¡mirad
la colibrí llega aquí por la mañana a mi porción de rocío
para sorber la fuente de su grito!
como ella me lanzo siempre más lejos y más alto,
nadie me ve prosperar a la sombra de mi secreto;
no responderé a la llamada que brota de las zarzas de la noche.

¡Que el mar se vuelva al mar con su carga
de peces y de sal! ¡Que el cielo reviente su artesonado azul!
¡Que el sol estalle en una rueda de fuego!
¿Y por qué no primero los elementos?

Me hallo en el alba de un pueblo que inicia una marcha:
¡que pueda verlo surgir de su muda con todo el sudor
de su alma, como el sol surge de su marcha de Oriente
en una gran traspiración de luz!

Jean-Baptiste Tati Loutard en  La tradition du Songe (1985), incluido en Poesía negra. Antología de poesía africana francófona contemporánea (Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos de la Región de Murcia, 2007, selec. y trad. de Francisco Torres Monreal).

Otros poemas de Jean-Baptiste Tati Loutard
Abandonado a la corrienteAldea ancestralEl árbol y el amorPor el río Congo

jueves, 17 de octubre de 2019

Poema del día: "Ah el papel de brillo arde mal...", de Dominique Fourcade (Francia, 1938)

Ah el papel de brillo arde mal
ruido de orugas por qué fúnebre
una sílaba-clavo, dos, tres, y el día se hace noche, no más o
al revés
una sílaba se desclava, antes del sonido, en el sonido, después del sonido
(desconfiar) aullando todos los casos de rosa, sin ventana, en un latín absoluto,
así es mi vida allí
yo deshago los ruidos de flashs, las bandas y la momia dijo sin
labios (estaba mamando) is it as bad as that
cuidando de recalcar el that con una elegancia de crooner que no
engañó a nadie sobre la suma gravedad
de la literalidad

Dominique Fourcade, incluido en Poesía francesa actual (Biblioteca digital, República Dominicana, 2009).

Otros poemas de Dominique Fourcade
Yo explico, escritura negra...

miércoles, 16 de octubre de 2019

Poema del día: "Canción", de Diego Hurtado de Mendoza (España, 1503-1575)

Va y viene mi pensamiento
como el mar seguro y manso;
¿cuándo tendrá algún descanso
tan continuo movimiento?

                             Glosa de don Diego

Parte el pensamiento mío
cargado de mil dolores,
y vuélveme con mayores
de la parte do le envío.
Aunque de esto en la memoria
se engendra tanto contento,
que con tan dulce tormento,
cargado de pena y gloria,
va y viene mi pensamiento.
Como el mar muy sosegado
se regala con la calma,
así se regala el alma
con tan dichoso cuidado.
Mas allí mudanza alguna
no puede haber, pues descanso
con el mal que me importuna,
que no es sujeto a fortuna,
como el mar seguro y manso.
Si el cielo se muestra airado,
el mar luego se embravece
y mientras más el mar crece,
está más firme en su estado.
Ni a mí me cansa el penar
ni yo con el mal me canso;
si algo me podrá cansar
es venir a imaginar
cuándo tendrá algún descanso.
Que, aunque en el más firme amor
mil mudanzas puede haber,
como es de pena a placer
y de descanso a dolor,
solo en mí está reservado
en su fijo y firme asiento,
que sin poder ser mudado
está quedo y ultimado
tan continuo movimiento.

Diego Hurtado de Mendoza, incluido en Poesía de los Siglos de Oro (Epublibre, Internet, 2002, ed. de Felipe Pedraza y Milagros Rodríguez Cáseres).

Otros poemas de Diego Hurtado de Mendoza
Quiero lo que no ha de ser

martes, 15 de octubre de 2019

Poema del día: "El resplandeciente", de Óscar Cerruto (Bolivia, 1912-1981)

                               Illimani,
             El Resplandeciente,
                en lengua aymara

Más que el cóndor
en lo alto detenido
enigma de fulgor
y escalofrío
más que la luz
ojo estelar
asistes
al hervidero de la vehemencia
que a tus plantas desteje
y teje
la oscuridad y la agonía.

Pira mineral
tumulto congelado
dejas
que se desate la comedia
carcomida por el tiempo
del disturbio
que resuene
enceguecida
la garganta del rencor.
Prodigas las mansardas
(o la sombra)
y dejas que la helada
boca de la noche humille
la ilusoria inocencia del azufre.
Dejas que corra
el río
del débito y la fábula
navegado
por los muertos
y los vivos que están muertos.

Casa de los hálitos
astrales
más que el celeste invierno
transpareces
y como el invierno hieres
y originas
copas enconadas
águilas que golpean
aldabas
de hielo
en nuestro adentro.

Ardua torre
testigo tormentoso
de los días que se abren
sin misterio
pero asimismo como filo
de cuchillo.

Abajo en las calles
las cancerosas calles
tatuadas por el orín y las blasfemias
donde aúlla la gente
y se interroga
y se muerde las manos
y cae de rodillas
como cae
el viento en el erial
entre las cumbres.

Nada se sabe
ni la saña
desiste
ni la piedad.
Nada se sabe aquí
donde la noche repite
su orificio de herrumbre
ladra el perro
de las lluvias
el que roe
las casas pobres en las laderas
de los cerros pobres.

Nada se sabe
la vida
es un tigre
de ojos dorados
una uña verde
hincada
muy al fondo.

¿Qué espero
qué esperamos
¡todavía!
en lo oscuro de la plaza
que huele a epitafios
y a las plantas
de la amargura?

Chasqueados
encandilados perpetuamente
nos equivocamos de quicio
o de destino
golpeándonos
la frente en la equidad
de los ahitos
el pie atrapado
por las herramientas
del dolo.

Óscar Cerruto en Estrella segregada (1973), incluido en Poesía boliviana. Donde la nieve y los ríos son míticos. Antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2015, selec. de Homero Carvalho Oliva).