lunes, 21 de septiembre de 2026

Poema del día: "La luz otoñal tras la partida de las golondrinas", de Yang Hua (Taiwán, 1900-1936)


                                                     I

Las golondrinas se han llevado consigo toda la fuerza vital del mundo.
Lo que queda,
es la luz otoñal, gris, marchita y amarga,
es la luz otoñal de lamentos y gemidos.
Es la esperanza marchita del viajero solitario y del poeta errante.
Ante la atmósfera del otoño, mi alma se sumerge en una melancolía profunda.


                                                     II

Avanzo junto al arroyo frío y sereno del pueblo.
Las hojas doradas caen en su cauce con un susurro cortante.
El otoño ha teñido completamente los campos enteros,
¡solo un toque de su esencia, oh, evoca en mí una tristeza inmensa!
Mira, la corriente se lleva las hojas muertas,
fluyendo sin prisa hacia lo incierto.
¡Ah! ¿Quién no puede, quién no puede entristecerse ante el arroyo y las hojas caídas?


                                                     III

En marzo, las flores silvestres y la hierba fina te detienen y hacen que deambules,
solo queda el ceño fruncido, la sonrisa retraída y la delicadeza oculta.
Los sauces y álamos, que danzaban risueños en la brisa primaveral,
solo han dejado unas pocas hojas temblorosas,
que sollozan y se yerguen solitarias al borde del camino.
Mira, un yermo desolado—un yermo sin fin.
¿Puede esta desolación marchitar mi vena poética en busca de camino?


                                                     IV

Todo esto basta para llenar el alma de melancolía,
¡oh, luz otoñal tras la partida de las golondrinas!
Quisiera retener a las golondrinas para siempre,
¡que nunca más volviera la luz del otoño!
—¡No, no!
Amo, con dolor inevitable,
la hermosa tristeza de la luz otoñal tras la partida de las golondrinas.

Yang Hua, incluido en Antología de la poesía taiwanesa contemporánea (Visor Libros, Madrid, 2026, ed. de Luisa Shu-Ying Chang y Luisa Cheng-Fan Chen, trad. de Li Mei Liu Liu).


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domingo, 20 de septiembre de 2026

Poema del día: "Solsticio", de Maurice Blanchard (Francia, 1890-1960)


Llega un día en que todo se aclara. Llega un día en que se grita ¡basta! al día que no quiere acabar. Llega una noche, una noche que no quiere acabar, una noche tan larga que el diamante estalla y se borra de la lista de los agonizantes. Vuelve entonces la aurora de los días cambiantes. Vuelve una aurora y sus ojos deslumbrados sobre la oleada de jóvenes espigas y corazones que sangran, vacilantes amapolas ebrias de vino y de sueño. Y el pasado vuelve a florecer en los sombreros de las muchachas.

¿Visteis a ese ciego siempre sentado sobre el puente de piedra? Toca el eterno vals del adiós y su acordeón se pliega y despliega, y la serpiente de nácar y de ébano se pliega y se despliega, y los arcos, los gruesos arcos de piedra se aproximan y separan, y, siempre en el mismo momento del año, el sol poniente y el río que reinician su amor, viran en redondo y remontan hacia la fuente.

¿Visteis a ese ciego?

Maurice Blanchard en Le pain, la lumière (1955), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de Maurice Blanchard


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sábado, 19 de septiembre de 2026

Poema del día: "El chiminellero", de Marianne Moore (Estados Unidos, 1887-1972)


Durero hubiera tenido motivos para vivir
            en esta aldea, con ocho ballenas varadas
a la vista; con el dulce aire del mar que entra en tu casa
en un hermoso día, desde el agua dibujada
            con olas de una regularidad de escamas
de pescado.

De una en una, en parejas, de tres en tres, las gaviotas
            van y vienen volando sobre el reloj del pueblo,
o dando vueltas al faro sin mover las
            alas—
pausadamente elevándose con un leve
            temblor del cuerpo— o se apiñan
chillando donde

un mar color púrpura de cuello de pavo real
            se deslíe en verduzco azur como Durero transformaba
el verde-pino del Tirol en azul de pavo real y gris
de guinea. Pueden verse langostas
            de veinticinco libras y redes de pescar puestas
a secar. El

bochinche del chubasco acuesta los salados zacatales
de la marisma, perturba estrellas en el cielo y la
            estrella en la torre; es un privilegio poder ver
            tanta confusión.

                    Un chiminellero vestido de rojo ha dejado
caer una cuerda como una araña hila su hilo;
podría ser parte de una novela pero en la acera un
letrero dice C. J. Poole, Chiminellero,
            en blanco y negro; y uno en blanco
y rojo dice

peligro. El pórtico de la iglesia tiene cuatro columnas
            estriadas, cada una tallada de una sola piedra,
                     pero
empobrecidas por el encalado. Este sería un paraíso para
golfillos, niños, animales, prisioneros,
            y presidentes que han dado su merecido a los
perversos

senadores no pensando en ellos. Uno
            ve aquí una escuela, una oficina de correos en
una tienda, pescaderías, pollerías, una goleta de tres palos
            en
el astillero. El héroe, el estudiante,
            el chiminellero, cada uno según su modo de ser,
están en su elemento.
No sería ciertamente peligroso estar viviendo
            en una aldea como esta, de gente sencilla
que tienen un chiminellero que pone señales de peligro
            junto a la iglesia
cuando está bruñendo la sólida,
            puntuda estrella, que en una torre
significa esperanza.

Marianne Moore, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

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viernes, 18 de septiembre de 2026

Poema del día: "La canción de las hojas", de Jorgo Bllaci (Albania, 1938-2001)


Oye lo que dicen las hojas al caer,
Esta tormentosa noche otoñal:
"¡Adiós, querida rama-madre,
la fría tierra nos recibe en su seno!

Ay, tierra, cuánto nos querías
cuando te dábamos nuestras verdes almas.
Cuando alegres te ofrecíamos la brisa...
¿Y ahora? ¡Ay, pobres de nosotras!

Nos rompe el viento fuerte.
Ay, viento ¿por qué soplas tan furioso?
La tierra nos recibirá en su frio.
Pero tú, ¿por qué nos empujas tan presuroso?

Entonces temblábamos,
viento, como tú querías...
Adiós, oh rama, oh madre desgraciada,
¡perdónanos esta canción, este quejido!"

                                                          1959

Jorgo Bllaci, incluido en Antología. Poesía albanesa hoy (Diputación de Zaragoza, 1992, selec. de Robert Shvarc, trad. de Ramón Sánchez Larrazalde).

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jueves, 17 de septiembre de 2026

Poema del día: "Bajo los tilos...", de Walter von der Volgelweide (Austria, ca 1170-ca 1230)


Bajo los tilos
en la floresta,
donde estaba nuestra cama
ya tendréis que haber visto
las dos: yerba
y flores tronchadas
en un valle antes del bosque;
tandaradai —
cantó el ruiseñor entonces.

Corriendo he ido
hasta la braña:
mi amante ya estaba allí.
Allí me ha recibido,
Virgen santa
y para siempre estoy feliz.
¿Si me besaba? Mil veces pocas:
tandaradai —
¡Mira cuán roja está mi boca!

Ha hecho enseguida
con esplendor
de flores un lecho.
Alguien ríe todavía
en su interior
si pasa por aquel sendero.
Por las rosas se aprecia
tandaradai —
donde estaba mi cabeza.

Que junto a mi yacía
si supiera alguien
(Dios no quiera) me sube el color.
Lo que conmigo hacía,
nunca, nadie,
sepa que él y yo
y un pajarito:
tandaradai —
esto no quede escrito.

Walter von der Volgelweide, incluido en Antología esencial de la poesía alemana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2004, ed. y trad. de José Luis Reina Palazón).


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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Poema del día: "23° 26′S", de Mónika Ferencz (Hungría, 1991)


Contando los segundos de arco del Trópico de Capricornio
nuestro primer amor fueron cinco años de silencio vasodilatador.

Desde donde estamos parados, podemos ver un río pastando la tierra,
y el corsé alrededor de la cintura del cielo comienza a aflojarse,
haciendo que la única temporada confiable sea atemporal.
Bosque de narcisos cubiertos de nieve.
Balbuceo rojo lava.
Manzanas moradas en un melocotonero, maduras para recoger,
fosforescencia de las plumas de nailon de las aves.

Parece que, en este mundo, todo es posible.

Por eso es inimaginable
que podamos encontrar las alturas del consuelo
o pasar sin magulladuras.

Mónika Ferencz, incluido en Revista Kametsa (13 de agosto de 2021, Perú, trad. de Juana Adcock).

Otros poemas de Mónika Ferencz


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martes, 15 de septiembre de 2026

Poema del día: "El jilguero", de Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938)


En la llama del verano,
que ondula con los trigales,
sus regocijos triunfales
canta el jilguerillo ufano.

Canta, y al son peregrino
de su garganta amarilla,
trigo nuevo de la trilla
tritura el vidrio del trino.

Y con repentino vuelo
que lo arrebata, canoro,
como una pavesa de oro
cruza la gloria del cielo.

Leopoldo Lugones en El libro de los paisajes (1917), incluido en Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana (Ediciones Hiperión, Madrid, 1992, selec. de José Olivio Jiménez).