jueves, 15 de octubre de 2026

Poema del día: "Reencarnación", de Sujata Bhatt (India, 1956)


Los sabios ancianos
               de India dicen
que existen ciertas reglas.
Por ejemplo, si amaste
mucho a tu perro,
en tu siguiente vida serás un perro,
pero lleno de recuerdos humanos.
Y si la hija favorita del Rey
amó al jardinero de baja casta del palacio
que se ahogó mientras cruzaba el río
en un pequeño bote durante las grandes inundaciones,
ellos renacerán, con una segunda oportunidad.
Los sabios ancianos de India dicen
que uno a menudo sueña
con la vida que llevaba antes.

Hay un león extendido
junto a sus crías.
Su gruesa melena está enredada con pasto seco,
su cabeza inclinada; una dalia polvorienta.
Luego con un estremecimiento,
       un súbito sacudir de su cabeza
gime y gruñe
a cuatro crías llorosas.
(Las dejaría escalar
por todo su lomo
si tan solo no estuviera tan hambriento),
la leona ya está muy lejos
cazando en la más profunda zona del valle:
un oscuro y alto bosque.
Parras de rojas flotes,
serpientes salpicadas de dorado rodeando cada árbol.
Altos helechos,
franjas de helechos bordeando las anchas hojas.
Pero ahora la leona retrocede
hacia un vasto claro.
Levanta su cabeza hacia el este, el oeste:
oliendo, olfateando. Sus ojos miran fijos,
urgentes, ella camina como si sus hinchadas y crudas tetas,
rosas y no tan secas, punzaran, dieran comezón
y la incitaran.
Se inclina lo suficiente, temiendo
que sus crías puedan morir.
Ahora hay limpia agua fluyendo veloz,
murmurando sobre rocas, la leona pare, bebe,
su larga y rápida lengua lame, absorbe el agua.
Ahora la leona está vadeando a través, nadando,
su larga cola dorada se apresura por las corrientes;
rotas, heridas paras salpican.
Una brisa calma
        como si la tierra apenas respirara.
Hojas caídas, aún verdes,
y enredadas viñas girando en la hoja,
       la leona circundando.
Cerca, monos, ardillas,
incluso aves permanecen escondidos, silenciosos.
Un elefante toro muerto se pudre:
        baleado, sin colmillos.

Tú me sostienes, me meces,
me sacas de mi sueño,
(¿o te soñé yo a ti?).
El pelo se mantiene en tu piel,
tu cuerpo no ha olvidado
cómo moverse como un gato.
Mira, el sol se derrama dorado sobre las paredes,
te vuelves leónido con el amanecer.
Las caderas temblando se relajan,
el lento lamer comienza
gentil sobre las heridas.

Sujata Bhatt, incluido en Altazor. Revista electrónica de literatura (1ª época, año 4, agosto 2023, Chile, trad. de Andrea Rivas).


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miércoles, 14 de octubre de 2026

Poema del día: "Los sonetos de otoño 2", de May Sarton (Estados Unidos, 1912-1995)


Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
sus hojas, tan naturalmente, una por una;
si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúdicos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá –si puedo dejarte ir.

May Sarton, incluido en Zenda (Barcelona, 28 de enero de 2026, trad. de Diana Bellesi).

Otros poemas de May Sarton

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martes, 13 de octubre de 2026

Poema del día: "En la tumba de Penyo Penev", de Zlatomir Zlatánov (Bulgaria, 1953)


Ante el edificio inacabado me levanté,
aquеl, con el que la ciudad terminaba.
Solo el fuerte viento al atardecer
me recuerda el cerro anterior que yacía ante mis pies:
sin haberse acostumbrado al nuevo eco,
él lo intenta de nuevo
en una cueva de cemento,
donde rompen y emergen los sonidos
como espinas de dinosaurios fantasmagóricos.
Yo había adelantado a los habitantes, a su futuro,
era por ello que parecía algo solitario.
Pero para poder ser albañil
y confiar la lucha como si fuera el corazón de tu propio cuerpo,
la vida del mañana debes asumir y defender,
tal como el árbol que sin sugerir defiende la cavidad:
no es acaso eso lo que los viejos maestros enseñan,
aquellos que fallecieron jóvenes.
Faltan las puertas para que compartan
nuestros pasos cansados en la noche.
En el balcón la muchacha no sujeta
la pesada canasta de vestidos lavados,
ni tampoco la señora riega las flores
que se helarán durante el invierno.
Tú te detienes frente al límpido recipiente de la vida
con una mirada en las habitaciones sin rostro,
en las urnas de los etéreos huecos de los ascensores,
en la mayor soledad entre el hormigón y la imaginación,
donde un fino rayo es tu sombra.
Mañana el edificio se tragará muchos enseres,
el eco del viento silbante se irá apagando como en aceite de oliva
y nosotros nos mudaremos a un edificio más allá
justo en el momento en el que echen los cimientos.
Pero para buscar refugio en la lucha
y encerrar el universo entre andamios,
y tener como tu propiedad
solo la consciencia de la época:
¿no es eso lo que estaba intentando gritar
el viento ronco de tu voz
que ahora rompe los cristales
de las ventanas manchadas del mañana
y desquicia las puertas que engendran candados viscosos?

Zlatomir Zlatánov, incluido en Vallejo & Co. (11 de junio de 2020, Perú, trad. de Marco Vidal González).


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lunes, 12 de octubre de 2026

Poema del día: "Canto a Almansa", de Isabel Almendros (España, siglo XX)


Almansa, querido pueblo,
qué orgullosa estoy de ti,
por haber dado tantos hombres
en defensa de Madrid.

Tú siempre ganaste honores
en tus antiguas batallas,
pero ahora ganarás glorias
por la libertad de España.

Pues tus hombres son de acero,
y si van a la pelea,
saben morir como héroes,
saben luchar como fieras.

Mis simpáticos paisanos
en los frentes donde van,
saben sembrarles la muerte
a esos hijos de Satanás.

Y cuando van a mi pueblo,
en los días de descanso,
vienen cada vez más hombres
a vengar a sus hermanos.

Qué orgullosas estarán
sus madres, novias y hermanas;
hablo juzgando por mí,
y solo soy una paisana.

Yo también tengo un hermano
que sabe honrar esta tierra,
pues se marchó voluntario
al empezar esta guerra.

En un pueblo como este
no puede haber emboscados,
ni enchufistas, ni cobardes,
sino hombres muy honrados.

Almansa, pueblo valiente,
pueblo noble y guerrero;
después del Madrid heroico,
eres tú el que más quiero.

Almansa, pueblo bonito;
lo mejor de la provincia,
por ser también sus mujeres
con sus hombres socialistas.

Isabel Almendros en Sobre la marcha (Semanario de la 4ª Brigada Mixta, n° 26, 6 de febrero de 1938), incluido en Romancero de mujeres poetas de la guerra de España (1936-1939) (Ediciones Espuela de plata, Sevilla, 2026, ed. de Serge Solaün).


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domingo, 11 de octubre de 2026

Poemas de John Keats (Gran Bretaña, 1795-1821)




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Poema del día: "La pregunta", de Percy Bysshe Shelley (Gran Bretaña, 1792-1822)


Soñé que al caminar, extraviado,
se trocaba el invierno en primavera,
y el alma me llevó su olor mezclado
con el claro sonar de la ribera.
En su borde de césped sombreado
vi una zarza que osaba, prisionera,
la otra orilla alcanzar con una rama,
como suele en sus sueños el que ama.

Allí la leve anémona y violeta
brotaban, y estelares margaritas
constelando la hierba nunca quieta;
campánulas azules; velloritas
que apenas rompen su mansión secreta
al crecer; y narciso de infinitas
gotas desfallecido, que del viento
la música acompasa y movimiento.

Y en la tibia ribera la eglantina,
la madreselva verde y la lunada;
los cerezos en flor; la copa fina
del lirio, hasta los bordes derramada;
las rosas; y la hiedra que camina
entre sus propias ramas enlazada;
y azules o sombrías, áureas, rosas,
flores que nadie corta tan hermosas.

Mas cerca de la orilla que temblaba
la espadaña su nieve enrojecía,
y entre líquida juncia se doblaba.
El lánguido nenúfar parecía
como un rayo de luna que pasaba
entre los robles verdes, y moría
junto a esas cañas de verdor tan fino,
que el alma pulsan con rumor divino.

Pensé que de estas flores visionarias
cortaba un verde ramo, entretejido
con sus juntas bellezas y contrarias,
para guardar las horas que he vivido,
las horas y las flores solitarias,
en mi mano infantil, igual que un nido.
Me apresuré a volver. Mis labios: «¡Ten
estas flores!», dijeron. Pero ¿a quién?

                                      1820

Percy Bysshe Shelley, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de Leopoldo Panero).

Otros poemas de Percy Bysshe Shelley


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sábado, 10 de octubre de 2026

Poema del día: "El camino", de Elie Ramanankavana (Madagascar, 1995)


Es la tarde
en los bordes marchitos de nuestras vidas
que caminan sin artificios
lo tragado de nuestras lágrimas
lo abortado de nuestros vientres
las historias inacabadas.

Es un rosario de vértebras
contando las tumbas
donde mil veces dejamos
los destellos de nuestros ojos
donde mil veces hemos hundido
el ebrio barco
de nuestros sueños bucaneros.

Es espeso y pegajoso
moja nuestros pasos
nos hace resbalar
a nosotros
que de tanto destrozarnos
conocemos el precipicio de nuestras caídas
como el vacío de nuestros bolsillos.

Nuestros ojos cosidos
las rocas esquivadas
caminamos por los guijarros
arponeados por la memoria pedestre
el miedo escupido
para estrellarnos en otra parte
en las orillas del frío
mojadas
de muerte estornudada.

La lección está aprendida
por los senderos del funeral
la silueta demasiado conocida
nos arrojamos enternecidos
sobre el tronco abierto
de los sarcófagos profanados.

Elie Ramanankavana, incluido en Círculo de poesía (México, 7 de septiembre de 2025, trad. de Mariela Cordero).

Otros poemas de Elie Ramanankavana


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