Las golondrinas se han llevado consigo toda la fuerza vital del mundo.
Lo que queda,
es la luz otoñal, gris, marchita y amarga,
es la luz otoñal de lamentos y gemidos.
Es la esperanza marchita del viajero solitario y del poeta errante.
Ante la atmósfera del otoño, mi alma se sumerge en una melancolía profunda.
II
Avanzo junto al arroyo frío y sereno del pueblo.
Las hojas doradas caen en su cauce con un susurro cortante.
El otoño ha teñido completamente los campos enteros,
¡solo un toque de su esencia, oh, evoca en mí una tristeza inmensa!
Mira, la corriente se lleva las hojas muertas,
fluyendo sin prisa hacia lo incierto.
¡Ah! ¿Quién no puede, quién no puede entristecerse ante el arroyo y las hojas caídas?
III
En marzo, las flores silvestres y la hierba fina te detienen y hacen que deambules,
solo queda el ceño fruncido, la sonrisa retraída y la delicadeza oculta.
Los sauces y álamos, que danzaban risueños en la brisa primaveral,
solo han dejado unas pocas hojas temblorosas,
que sollozan y se yerguen solitarias al borde del camino.
Mira, un yermo desolado—un yermo sin fin.
¿Puede esta desolación marchitar mi vena poética en busca de camino?
IV
Todo esto basta para llenar el alma de melancolía,
¡oh, luz otoñal tras la partida de las golondrinas!
Quisiera retener a las golondrinas para siempre,
¡que nunca más volviera la luz del otoño!
—¡No, no!
Amo, con dolor inevitable,
la hermosa tristeza de la luz otoñal tras la partida de las golondrinas.
Yang Hua, incluido en Antología de la poesía taiwanesa contemporánea (Visor Libros, Madrid, 2026, ed. de Luisa Shu-Ying Chang y Luisa Cheng-Fan Chen, trad. de Li Mei Liu Liu).


