jueves, 4 de junio de 2026

Poema del día: "La marea (canción)", de Rosario de Acuña (España, 1850-1923)


                      Ya se escucha en las orillas
                      el rumor de la marea,
                      vendavales de dolores
                      traen sus olas turbulentas.
Son lamentos y sollozos de incontables muchedumbres
que sufrieron el martillo bajo el yugo de la fuerza.
              Viene henchida de agonía...
                    ¡Ya se acerca!

                                           I
                      Es el grito del minero que sucumbe
asfixiado por el fuego en la entraña de la tierra,
siendo el lodo del abismo tenebroso su mortaja;
                    no dejando más que el hambre
                              por herencia.

                                           II
       Es el grito del que cae de una cumbre del palacio
jaspeando con su sangre el vestíbulo de piedra
donde luego, vanamente, clamarán sus pequeñuelos
                    cuando vayan mendigando
                              por las puertas.

                                           III
       Es el grito sin consuelo de la inmensa desventura
de la virgen que se vende, de la virgen que se entrega
fustigada en su abandono por el látigo del hambre,
                    y agobiada de cansancio
                              y de miseria.

                                           IV
       Es el llanto de amargura de la infancia sin amparo,
que tirita, escarchada por el hielo su cabeza,
disputando fieramente con los perros vagabundos
                    el mendrugo enmohecido
                              de la cena.

                                           V
       Son los ayes de los pobres, desvalidos viejecitos
que agotaron, trabajando como honrados, la existencia
y se mueren solitarios en rincón abandonado,
                    siendo escarnio de los hombres.
                              Su tristeza.

                                           VI
       Son los gritos de los seres humillados y vencidos
que formaron hondos mares con sus lágrimas de pena;
hondos mares tormentosos, de corrientes desbordadas,
                    donde rugen huracanes
                              y centellas.

                      Ya se escucha en las orillas
                      el rumor de la marea;
                      no habrá rocas, ¡ni aún las altas!
                      que resistan los embates de sus olas turbulentas.
                      ¡Viene henchida de agonías!
                      ¡Ya se acerca!...

Rosario de Acuña en Don Quijote (n.º 9, 18 de febrero de 1902), incluido en Romancero de mujeres poetas de la guerra de España (1936-1939) (Ediciones Espuela de plata, Sevilla, 2026, ed. de Serge Salaün).

miércoles, 3 de junio de 2026

Poema del día: "Vida humana", de Samuel Taylor Coleridge (Gran Bretaña, 1772-1834)


Sobre la negación de la inmortalidad

Si dejamos de ser al morir: si lo oscuro
total devora el breve destello de la vida
para siempre, el destino nuestro es el de las ráfagas
del verano, con súbito nacimiento y final,
cuyo sonido y cuyo movimiento no sólo
expresan, sino son su ser, sin nada más.
Si el aliento es la Vida misma, y no su tarea
y su tienda; si un alma cual la de Milton puede
conocer qué es morir: ¡oh tú el hombre!, bajel
sin destino, que nadie mueve con su intención,
aunque colmena extraña de zánganos, zumbante
de espectrales propósitos; tú, excedente y rebose
de la temible acción de la Naturaleza,
que, mientras observaba, un recipiente casi
concluido, despacio, retirándose, en pausa
pensativa, formó con sus manos inquietas
sin darse cuenta; ¡tú, accidente vacío,
anomalía de la nada! Si tu estado
es así, sin raíces, sin sustancia, ve, y pesa
tus sueños, y que estén tus miedos y esperanzas
en el otro platillo. Tus lágrimas y risas
no significan nada en ellas mismas sólo,
más apta cada cual para crear y para
ser pago de la otra. ¿Por qué se regocija
tu corazón con gozo hueco por un bien hueco?
¿Por qué esconder tu rostro en capucha de luto?
¿Por qué desperdiciar tus suspiros, tus quejas,
Imagen de una Imagen, Espectro de un Fantasma
espectral; que una cosa como tú sienta frío
o calor? Porque ¿cuál, de dónde es tu ganancia,
si sólo ahorras esas sombras, que nada cuestan,
de tu yo todo sombra? ¡Puedes estar alegre,
o triste, o nada de eso; pretender o evitar!
¡Tú no tienes motivo! No lo puedes tener:
la esencia de tu ser es la contradicción.

                                                            1815

Samuel Taylor Coleridge, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de José María Valverde).

Otros poemas de Samuel Taylor Coleridge


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martes, 2 de junio de 2026

Poema del día: "El hombre de otoño", de Agossou Allangbé (Benín, siglo XX)


Como los hombres de su estación
está suspendido a caballo
entre la frescura y el calor
el calor y la frialdad
la frialdad y la frescura

Inasible en su interior
se deleita en arrojarnos a todos en el trastorno

Con todos los árboles del otoño
comparte la exfoliación
a pesar de su indecisión
que es su encanto
exuda una serenidad sin igual.

Agossou Allangbé, incluido en Círculo de poesía (México, 4 de mayo de 2025, trad. de Mariela Cordero).

lunes, 1 de junio de 2026

Poema del día: "Jardín", de Verónica Volkow (México, 1955)


Hay en mi jardín rosas que deshojan
un corazón abierto al descampado.
Así es la flor,
su desnudez es magia.
Le pido a la rosa me guarde,
en la fragilidad, secretos dones
y a la espina me otorgue la humildad
y sus manos precisas.

Pido un techo que no tape, que recuerde al cielo
y una ciudad que es nueva siempre
porque no agota sus caminos,
y le pido al río su fluir,
su muerte en el instante
que también es vuelo.

Verónica Volkow, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica  (Escuela de Estudios LiterariosUniversidad del Valle, Colombia, 2009, selec. de Carmiña Navia Velasco).

domingo, 31 de mayo de 2026

Poema del día: "Rama negra, río de sombras", de Mirtha Defilpo (Argentina, 1944-2011)


Es nada el huerto y el barquero nadie.
Para dejar de ver: el pensamiento.

Me voy tras de una carta que no escribo
o alguien que pasa y sigo con los ojos
por el camino mal iluminado.

Bálsamo de triste distraerme
porque me relevo sin lograrlo:

Diosa del tinglado en la alameda
junco que mora en el río inciertamente
metáfora del opio en equilibrio.

Empero la verdad, siempre entreabierta,
todo lo recrea sin delirio.

"No hay un mañana" susurra la mañana
y acontece, relámpago yacente
sobre el porvenir y la evidencia.

Aguardo conmovida en esta casa
trepar de lo falso al infinito
por el mismo peldaño de ir al cuarto

frente a los árboles de la coronación
que mansamente el sol posa en las ramas.

Mirtha Defilpo, incluido en Poetas argentinas (1940-1960) (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006, ed. de Irene Gruss).

Otros poemas de Mirtha Defilpo


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sábado, 30 de mayo de 2026

Poema del día: "Lo triste", de Salah Abdel Sabour (Egipto, 1931-1981)


Allá, en nuestras almas, hay algo triste,
que se esconde tal vez y no aparece,
pero que sigue allá.
Algo extraño... Algo tierno y oscuro.

Es tal vez el recuerdo.
El recuerdo de un día insípido y sin fondo,
de una noche encerrada quizá en un manto de olvido.
Si te hubieras hundido en los cofres del mar,
se te habrían llenado las manos de conchas...
Un recuerdo.

Es tal vez el pesar.
Que de haber enterrado un cadáver,
habrían echado hoja las raíces,
y madurado, espléndidos, los frutos.

Es tal vez la nostalgia.
Que al llegar a las calles de la ciudad la noche,
y sumergir las playas en silencio,
se desploman los pasos del gozo y la paciencia.
Y nada ya, ni nadie, detiene a la tristeza.

Lo triste se despierta al final de la tarde.
Va pasando los miembros y las puntas,
y pesa en el acento, en la seña y los ojos.
Pero es tierno.
Nos cierra en un sopor seguro y entregado,
con ojos sensitivos que no hieren al párpado,
y húmedos suspiros que acarician los pechos y las frentes.
Alentando esperanzas, maravillas, ensueños y pasiones.
No pidas a lo triste que todos los días cruce
el puerto de los ojos.

No pidas a lo triste que se muestre y repita,
porque sigue escondido.
No pidas a lo triste que se pare,
porque vuela como una gaviota.
Dile,
cuando se han acercado los espacios y lo blanco tus ojos nacarea,
cuando el lugar de lágrimas se nubla,
como si fuera un sueño:
Me tienes, y te abro
el cofre de mi herido corazón,
para que llueva música de llanto.

Si el instante supremo de dolor pudiéramos vivirlo
por dos veces,
en su sencilla hondura, triste y quieta.
Si el lamento naciera dos veces,
puro..., sin alegría.
Si pudiera sentirse dos veces eso triste,
contemplar su sorpresa,
ver su rostro y su marcha.
¡Si un día se recostara en el puerto de los ojos!
¡Si todos tus viajeros,
un día —¡ay, cosa triste!—
descendieran!

Salah Abdel Sabour, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Salah Abdel Sabour

viernes, 29 de mayo de 2026

Poema del día: "A Gabriela Mistral", de Claudia Lars (El Salvador, 1899-1974)


Una rosa de angustias —mar y viento—
y la estrella que gime en tierra oscura;
una secreta herida de ternura
y el camino interior del pensamiento.

Tu nombre fijo, tu divino intento,
la suelta voz que llega, larga y pura,
este compás de sangre, que asegura
tus cantos recogidos en mi acento.

Dulce don invisible para el día
de la flor y la erguida melodía,
con el pájaro leve y la campana.

Lo diste sin saber, pero se advierte
que te sigue, imantado hasta la muerte,
el paso fiel y dentro de tu pequeña hermana.

Claudia Lars en Nuestro pulsante mundo (1969), incluido en Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960) (Visor Libros, Madrid, 2016, ed. de Raquel Lanseros y Ana Merino).

Poemas de Gabriela Mistral en el blog