martes, 14 de agosto de 2018

Nos vamos de vacaciones. Regresamos el lunes 20 de agosto. Os dejamos nuestras rutas poéticas por si nos echáis de menos

Ruta número 1: César Vallejo (Perú, 1892-1938)
Ruta número 2: María Victoria Atencia (España, 1931)
Ruta número 3: Poetas andalusíes de España y Portugal
Ruta número 4: En el siglo XX hubo otros poetas en EEUU aparte de Bukowski, Plath y Sexton
Ruta número 5: La belleza y humanidad de la poesía tradicional china
Ruta número 6Poesía chilena y la renovación de la poesía en lengua española en el siglo XX
Ruta número 7Poesía escrita por mujeres españolas
Ruta número 8¿Nos estaremos repitiendo? (1ª parte). Poemas escritos antes del siglo XVI
Ruta número 9¿Nos estaremos repitiendo? (2ª parte). Poemas escritos en los siglos XVI a XIX
Ruta número 10Antonio Gamoneda (España, 1931), un maestro al que leer
Ruta número 11Tres poetas jóvenes españoles en busca de la palabra precisa
Ruta número 12Pequeño homenaje al poeta estadounidense Mark Strand (1934-2014)
Ruta número 13Dominar el lenguaje, dos ejemplos: Oliverio Girondo y Haroldo de Campos
Ruta número 14Poesía en español escrita por mujeres americanas
Ruta número 15: Desde Portugal, Eugénio de Andrade
Ruta número 16: La poesía de Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
Ruta número 17René Char (Francia, 1907-1988) en la guerrilla poética
Ruta número 18: Cuatro mujeres poetas españolas en el siglo XX
Ruta número 19: Poesía africana
Ruta número 20: Poemas de amor (y desamor, poliamor, diversiamor...)
Ruta número 21: Poesía mística y/o religiosa
Ruta número 22: Poesía escrita por mujeres de países con idioma diferente al español
Ruta número 23: Poesía latina y de la antigua Grecia
Ruta número 24: Poemas de animales (y otros bichinos)
Ruta número 25: Poetas en torno a la Generación del 27
Ruta número 26: El Romanticismo
Ruta número 27: Catálogo de poetas por orden alfabético de nombres
Ruta número 28: Catálogo de poetas por orden alfabético de países

lunes, 13 de agosto de 2018

Poema del día: "El poema de Tlaltecatzin", de Tlaltecatzin de Cuauhchinanco (México. Imperio azteca, siglo XIV)

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios.
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:

¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.
¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tú has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.
Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí estás erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.
Cada uno está aquí,
sobre la tierra,
vosotros señores, mis príncipes,
si mi corazón lo gustara,
se embriagaría.

Yo sólo me aflijo,
digo:
que no vaya yo
al lugar de los descarnados.
Mi vida es cosa preciosa.
Yo sólo soy,
yo soy un cantor,
de oro son las flores que tengo.
Ya tengo que abandonarla,
sólo contemplo mi casa,
en hilera se quedan las flores.
¿Tal vez grandes jades,
extendidos plumajes
son acaso mi precio?
Sólo tendré que marcharme,
alguna vez será,
yo sólo me voy,
iré a perderme.
A mí mismo me abandono,
¡Ah, mi Dios!
Digo: váyame yo,
como los muertos sea envuelto,
yo cantor,
sea así.
¿Podría alguien acaso adueñarse de mi corazón?
Yo solo así habré de irme,
con flores cubierto mi corazón.
Se destruirán los plumajes de quetzal,
los jades preciosos
que fueron labrados con arte.
¡En ninguna parte está su modelo
sobre la tierra!
Que sea así,
y que sea sin violencia.

Tlaltecatzin de Cuauhchinanco, incluido en Trece poetas del mundo azteca (Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2006, selec. de Miguel León-Portilla).

domingo, 12 de agosto de 2018

Poema del día: "No vinieron...", de Tedi López Mills (México, 1959)

No vinieron,
ni los diablos del agua vinieron.
No llegó la condena con el aire seco
ni el castigo vino más tarde
abultado en el frío
o sujeto al borde irregular
de esa frontera larga
entre la duda de atajar un acto
y la certeza de olvidarlo.
No llegó la guerra ni la rapiña,
la penitencia ni el sacrificio,
la ordalía de una identidad excomulgada
más allá del surco de su nombre.

Porque nada quiso
que esto fuera un infierno:
la casa en orden a un lado del fuego,
la mesa puesta para sobrellevar la noche,
el libro abierto en la página precisa
donde cada letra se reparte
entre el fijo eslabón y el sentido.
Nada más que un día,
otra reincidencia en la semana,
otro martes después de otro lunes,
y no vinieron,
nunca vinieron a recabar la culpa
de haber relativizado a la muerte
con partes iguales de dicha e infortunio,
de haber vivido dos veces
la misma fuga de la materia:
una con la especie
mutilada del sentimiento;
otra con el canibalismo de un dogma:
es de humanos la inconstancia,
el cambio a perpetuidad.
Y aunque cayera en desuso la fórmula
habría que solventar los extremos
con una suma de rutinas:
el itinerario de la traición
y el miedo hasta que termine.

Tedi López Mills en Horas (2000), incluido en Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy (Ediciones Bruguera, Barcelona, 2007, ed. de Mario Campaña).

Otros poemas de Tedi López Mills
Entre tanto, Responso (2)

sábado, 11 de agosto de 2018

Poema del día: "Ian Curtis", de Mariana Rodríguez (México, 1988)

Tratado único sobre la epilepsia
La epilepsia no es romper frasquitos de formol.
La epilepsia es derramar toda la leche dentro del ser que amas esperando el daño inmediato
          entre lo ácido y lo albino.
La epilepsia es un pez fuera del agua
en el cerebro de una niña que orina en la cama.
La epilepsia es perder el control, de nuevo.


Sobre su cadáver
Las personas como él son necesarias
para que la horda de gatos no entre por la ventana
ni las gotitas de nitroglicerina por los ojos del burócrata.


Paisaje de Macclesfield
El sol de Berlín, el cielo niebla y una guitarra queriendo estallarse
sobre nuestras cabezas rapadas como nuestro cariño desgastado.


Objetos perdidos
Tenemos una banda de rock
la garganta de una histérica
los trastes abandonados en Chernobyl
y un niño epiléptico.
No tenemos el espíritu ni el sentimiento.


El amor nos separará
El amor no me separa de ti.
Es esta epilepsia padecida por años que ningún suicida sabe controlar.


Ella es epilepsia y está dentro y está fuera     está dentro y está fuera     está dentro y está fuera     está dentro está fuera     está dentro y está fuera     estadentro estafuera adentro y afuera está está está dentro y está fuera.

Mariana Rodríguez en Kill Your Idols (2013), incluido en Astronave. Panorámica de poesía mexicana (1985-1993) (Ediciones de Punto de partida, México, 2013, comp. de Gerardo Grande  y Manuel de J. Jiménez).

Otros poemas de Mariana Rodríguez
El deseo del caballo

viernes, 10 de agosto de 2018

Poema del día: "¡Oh hermosura que excedéis...", de Teresa de Jesús (España, 1515-1582)

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.

Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

Teresa de Jesús, incluido en Arquitrave (Segunda época, nº 59, abril-junio de 2015, Colombia).

Otros poemas de Teresa de Jesús
El camino de la cruz¡Oh hermosura que excedéis...Vivo sin vivir en mí...

jueves, 9 de agosto de 2018

Poema del día: "A las lágrimas", de Girolamo Fontanella (Italia, ca1605-ca1654)

¿Qué son más que unas lágrimas lucientes
lo que la rubia Aurora nos derrama?
La algente escarcha y la copiosa lluvia,
los aljófares blandos del rocío.

Lágrimas el caer de las gotitas
que de los ojos de las rocas salen;
que, destilando y lambicando luego,
hacen de llanto ríos y torrentes.

¿Quién, pues, no bañará de llanto el rostro,
si cuanto acoge el manto de los cielos
más hermoso, en las lágrimas lo hallo?

A esas gemas se humille cualquier gema;
la risa de albas perlas se engalana,
pero el llanto aún de perlas más hermosas.

Girolamo Fontanella, incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selecc. de Luis Martínez de Merlo, trad. de Antonio Colinas).

miércoles, 8 de agosto de 2018

Poema del día: "La taba tóxica", de Antonin Artaud (Francia, 1896-1948)

Evoco el mordisco de inexistencia y de imperceptibles cohabitaciones. Venid, psiquiatras, os llamo a la cabecera de este hombre abotagado pero que todavía respira. Reuníos con vuestros equipos de abominables mercaderías en torno de ese cuerpo extendido cuan largo es y acostado sobre vuestros sarcasmos. No tiene salvación, os digo que está INTOXICADO, y harto de vuestros derrumbamientos de barreras, de vuestros fantasmas vacíos, de vuestros gorjeos de desollados. Está harto. Pisotead, pues, ese cuerpo vacío, ese cuerpo transparente que ha desafiado lo prohibido. Está MUERTO. Ha atravesado aquel infierno que le prometíais más allá de la licuefacción ósea, y de una extraña liberación espiritual que significaba para vosotros el mayor de todos los peligros. ¡Y he aquí que una maraña de nervios lo domina!
     Ah medicina, aquí tenéis al hombre que ha TOCADO el peligro. Has triunfado, psiquiatra, has TRIUNFADO, pero él te sobrepasa. El hormigueo del sueño irrita sus miembros embotados. Un conjunto de voluntades adversas lo afloja, elevándose en él como bruscas murallas. El cielo se derrumba estrepitosamente. ¿Qué siente? Ha dejado atrás el sentimiento de sí mismo. Se te escapa por miles y miles de aberturas. Crees haberlo atrapado y es libre. No te pertenece.
     No te pertenece. DENOMINACIÓN. ¿Hacia dónde apunta tu pobre sensibilidad? ¿A devolverlo a las manos de su madre, a convertirlo en el canal, en el desaguadero de la más ínfima confraternidad mental posible, del común denominador consciente más pequeño?
     Puedes estar tranquilo: ÉL ES CONSCIENTE.
     Pero es el Consciente Máximo.
     Pero es el pedestal de un soplo que agobia tu cráneo de torpe demente pues él ha ganado por lo menos el hecho de haber derribado la Demencia. Y ahora, legiblemente, conscientemente, claramente, universalmente, ella sopla sobre tu castillo de mezquino delirio, te señala, temblorcillo atemorizado que retrocede delante de la Vida-Plena.
     Pues flotar merced a miembros grandilocuentes, merced a gruesas manos de nadador, tener un corazón cuya claridad es la medida del miedo, percibir la eternidad de un zumbido de insecto sobre el entarimado, entrever las mil y una comezones de la soledad nocturna, el perdón de hallarse abandonado, golpear contra murallas sin fin una cabeza que se entreabre y se rompe en llanto, extender sobre una mesa temblorosa un sexo inutilizable y completamente falseado, surgir al fin, surgir con la más temible de las cabezas frente a las mil abruptas rupturas de una existencia sin arraigo; vaciar por un lado la existencia y por el otro retomar el vacío de una libertad cristalina.
     En el fondo, pues, de ese verbalismo tóxico, está el espasmo flotante de un cuerpo libre, de un cuerpo que retorna a sus orígenes, pues está clara la muralla de muerte cortada al ras y volcada. Porque así procede la muerte, mediante el hilo de una angustia que el cuerpo no puede dejar de atravesar. La muralla bullente de la angustia exige primero un atroz encogimiento, un abandono primero de los órganos tal como puede soñarlo la desolación de un niño. A esa reunión de padres sube en un sueño la memoria, rostros de abuelos olvidados. Toda una reunión de razas humanas a las que pertenecen estos y los otros. Primera aclaración de una rabia tóxica.
     He aquí el extraño resplandor de los tóxicos que aplasta el espacio siniestramente familiar.
     En la palpitación de la noche solitaria, aquí está ese rumor de hormigas que producen los descubrimientos, las revelaciones, las apariciones, aquí están esos grandes cuerpos varados que recobran viento y vuelo, aquí está el inmenso zarandeo de la Supervivencia. A esa convocatoria de cadáveres, el estupefaciente llega con su rostro sanioso. Disposiciones inmemoriales comienzan. La muerte tiene al principio el rostro de lo que no pudo ser. Una desolación soberana da la clave a esa multitud de sueños que sólo piden despertar. ¿Qué decís vosotros? ¡Y todavía pretendéis negar la importancia de esos Reinos, por los cuales apenas comienzo a marchar!

Antonin Artaud en La Révolution Surréaliste (nº 11, París, 1928), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de Antonin Artaud