viernes, 21 de febrero de 2020

Poema del día: "Vendavales", de Hermilda Chavarría Londoño (Colombia, 1951)

Era un árbol que amaba la llanura
y temblaba de júbilo en el viento,
pero un día, celoso el firmamento
desató una tormenta de locura.

Y su tronco tan lleno de dulzura
lanzó un grito de trágico lamento,
porque un rayo con todo su portento
con su daga mortal tronchó su albura.

Y quedé junto al árbol confundida,
preguntándole al cielo por mi suerte:
¡si de barro yo soy, vana es mi vida!

Y sentí el vendaval mucho más fuerte
que helaba mi sangre enardecida
y apagó mis antorchas con la muerte.

Hermilda Chavarría Londoño, incluido en Antología de mujeres poetas afrocolombianas (Ministerio de Cultura, Colombia, 2010, comp. de Alfredo Ocampo Zamorano y Guiomar Cuesta Escobar).

jueves, 20 de febrero de 2020

Poema del día: "El marqués de Sade...", de André Breton (Francia, 1896-1966)

El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción
De donde había salido
Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos
Sus ojos de doncella
Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda
Tan exclusivamente suyo
Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas
Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas
Que abren una brecha en la noche moral
Por esa brecha veo
Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada
Que se desvanecen
Para permitirme amarte
Como el primer hombre amó a la primera mujer
Con toda libertad
Esa libertad
Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre
Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
Y acróbatas trágicos
Aferrados al hilo de la Virgen del deseo.

André Breton en L'aír de l'eau (1934), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. y trad. de Aldo Pellegrini).

Otros poemas de André Breton
Cartero chevalEl gran socorro mortíferoLa unión libreLos escritos vuelan

miércoles, 19 de febrero de 2020

Poema del día: "Granada", de Mikhail Svetlov (Ucrania, 1903-1964)

Lentos cabalgábamos
hacia los combates,
y entre nuestros dientes
iba “Manzanita”.

Y esta canción hoy
permanece y tiembla
en la hierba joven,
jade de la estepa.

Pero otra canción
sobre un país lejano
llevaba mi amigo,
sola, en su caballo.

Cantaba mirando
su suelo natal:
—¡Granada, Granada,
Granada mía!

Iba repitiéndola
siempre, de memoria.
¿Dónde halló este mozo
la pena española?

Dime tú, Alexándrovsk,
y dime tú, Járkov:
¿Cómo comenzasteis
a hablar castellano?

Respóndeme, Ucrania:
—¿No guardan tus henos
la gorra de piel
de Tarás Shevchenko?

Amigo, de dónde
viene tu canción:
—¡Granada, Granada,
Granada mía!

Es un soñador,
lenta es su palabra.
—Hermano, en un libro
me encontré a Granada.

Su nombre es muy bello,
su gloria es muy alta.
Es una provincia
en el sur de España.

Me fui a guerrear,
dejando mi casa,
para dar la tierra
a los de Granada.

Adiós, mis parientes,
adiós, mi familia...
¡Granada, Granada,
Granada mía!

Íbamos soñando
para aprender pronto
la lengua de fuego
de las baterías.

El sol se elevaba,
cayendo de nuevo.
Se rinde el caballo
de andar por la estepa.

Pero en los violines
del tiempo, la tropa
tocaba con arcos
tristes “Manzanita”.

¿Dónde está mi amigo,
dónde, tu canción:
Granada, Granada,
Granada mía?

Herido, su cuerpo
se deslizó a tierra,
dejó su montura
por la vez primera.

Vi: sobre el cadáver
se inclinó la luna
y los labios muertos
dijeron: Graná...

El destacamento
no advirtió su pérdida.
Y vio “Manzanita”
el fin de la guerra.

Nunca más oyeron
los pueblos natales:
—Granada, Granada,
Granada mía.

Sólo por el cielo,
resbaló, despacio,
de lluvia una lágrima
al sol del ocaso.

Y nuevas canciones
inventó la vida...
No, no hay que afligirse
por ellas, muchachos.

No, no hay que, no hay que,
no hay que, compañeros...
¡Granada, Granada,
Granada mía!

Mikhail Svetlov, incluido en Antología de la poesía soviética (Ediciones Júcar, Madrid, 1974, versión de Rafael Alberti y María Teresa León).

martes, 18 de febrero de 2020

Poema del día: "Recuerdo", de Thomas Bailey Aldrich (Estados Unidos, 1836-1907)

Mi mente olvida infinidad de cosas,
muertes de reyes, guerras desastrosas,
pero recuerda la hora precisa,
medio día en la torre de la aldea,
último sol de mayo en medio cielo;
sopló por este lado una ágil brisa
que encrespó la corriente del riachuelo,
y parándose aquí, dejó su carga
de perfumes de pinos, y al descuido
dos pétalos robó al rosal florido.

Thomas Bailey Aldrich, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).

lunes, 17 de febrero de 2020

Poema del día: "Circo", de Chūya Nakahara (Japón, 1907-1937)

Habían transcurrido varias épocas
y hubo guerras de color castaño.

Habían transcurrido varias épocas
y soplaron ráfagas heladas de invierno.

Habían transcurrido varias épocas
y esta noche, aquí, llegaban a su punto culminante,
y esta noche, aquí, llegaban a su punto culminante.

Hay una viga en lo alto de la carpa del circo.
Hay un columpio.
Un columpio casi invisible.

Cuelga boca abajo con los brazos tendidos
bajo el techo manchado de algodón.
Yuán yuyón yuyayuyón.

Las luces blancas, cercanas,
respiran como si fueran listones baratos.
Yuán yuyón yuyayuyón.

Los espectadores son pequeñas sandías.
Sus gargantas chillan como las conchas de ostión.
Yuán yuyón yuyayuyón.

La negra y ennegrecida oscuridad cubre la carpa.
La noche avanza
y la nostalgia de los paracaídas condenados.
Yuán yuyón yuyayuyón.

Chūya Nakahara, incluido en Antología de la poesía moderna del Japón (1868-1945) (UNAM, México, 2010, selec. y trad. de Atsuko Tanabe).

domingo, 16 de febrero de 2020

Poema del día: "Himno a la lluvia", de Serafín Delmar (Reynaldo Bolaños. Chile, 1901-1980)

las calles se lavan la cara para asistir
a una fiesta i por los vidrios resbalan
las lágrimas de un llanto sin ojos
                                                      pero los
obreros dejan caer los tipos del aguacero
que deletrean un poema en el zinc

con el viento que trota en el cementerio
devastado de mi corazón i la campana que
tirita de frío en la ventana de una torre
encojida en un rincón del paisaje
                                                     he abierto
las puertas de la tarde de par en par

lluvia —cortina del cielo para la alfombra
verde que nace en el campo

lluvia —yo siempre te he hablado en los oídos
sin tocar tus cuerdas —pero siempre me han vibrado
hasta dolerme como una idea i hoi día caes con una tristeza de hombre
                                              será porque estás frente a mí?

los árboles abandonados —enfermos se quejan del frío
i el inútil piar de las aves de cuando en vez rasgan
el silencio improvisado

lluvia —mensaje telegráfico de la noche

rayos —látigos del diablo para despertar las e s t r e l l a s

la ciudad dormida en la neblina tiene un olor a
café —las ventanas nos insultan con lenguas de luz
i las casas entumidas respiran por sus c h i m e n e a s

sobre la espalda del viento me bebo el espejo de las
aguas donde se ve el paisaje colgado de m i s  o j o s

Serafín Delmar en Radiogramas del Pacífico (1927), incluido en Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, ed. de Mihai G. Grünfeld).

sábado, 15 de febrero de 2020

Poema del día: "El precio del bien", de Ku̇lăsh Akhmetova (Kazajistán, 1946)

No tiene fin mi anhelo.
¿Por qué es tan generoso el sentimiento firme?
Por encontrar la dicha
se fue arruinando mi felicidad.

¿A quién le habrá llegado este remordimiento?
¿A quién y para qué lo voy a preguntar?
Por alcanzar una alegría
me entristecí en varias ocasiones.

Por escribir un verso necesario,
he llegado a borrar hasta diez versos,
y para conservar un buen amigo
he perdonado su traición.

Un pino puede atravesar incluso
el tan rígido cuerpo de una roca.
A pesar de mi clara juventud,
esperé a que llegara un día afortunado.

Resulta que he fruncido el ceño
cuando debí reír.
Resulta que cambié
mi juventud por la razón.

La luz ha iluminado mi mente en ocasiones.
A veces mi interior es como el vórtice.
Llegué a sacrificar mis otros sueños
por sólo amarte a ti.

¿Acaso cada día
de toda mi existencia,
tendrá que ver con nuestra vida diaria?
¿O tal vez será el bien el precio de lo bueno?

Ku̇lăsh Akhmetova, incluido en Antología de la poesía kazaja contemporánea (Siglos XIX, XX y XXI) (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2017, selec. y trad. de Justo Jorge Padrón).