domingo, 18 de noviembre de 2018

Poema del día: "Sajr", de Al-Khansa (Arabia Saudí, ca 575-644)

Me desvela el recuerdo cuando anochezco
y amanezco descompuesta por lo violento del dolor,
por Sajr —y qué otro joven como él—;
qué día de calamidad, de gualdrapa alanceada,
y qué enemigo mortal cuando atacaba
para hacer valer a un agraviado por derecho,
¡Nunca vi entre los genios calamidad como la suya!
¡Nunca vi entre los hombres calamidad semejante!
Ni hombre más enérgico al hacer frente
a los azares del destino,
ni más noble y directo en los asuntos graves
¡cuántos huéspedes llamaban a su puerta y pedían asilo,
con el corazón erizado por el menor murmullo!
¡Qué noble y de fiar era! La noche caía sobre él
y lo encontraba libre de preocupaciones.
La salida del sol me recuerda a Sajr,
y lo tengo en mis labios a cada puesta,
y de no ser por la multitud que a mi alrededor
llora por sus hermanos, me daría muerte sin vacilar.
Pero sigo viendo a una madre que ha perdido a su hijo,
que llora y se lamenta a gritos por el día aciago,
la veo, desesperada, sollozando por su hermano
la tarde de su desgracia o anteayer,
no lloran a nadie como mi hermano, pero yo,
por el mío, me consuelo a mí misma al dar el pésame.
No, por Dios, no te he de olvidar,
hasta que me aparte de mi sangre y se cave mi tumba,
porque el día que me separé de Sajr dije adiós
a la más hermosa de las criaturas,
mi delicia y mi solaz.
¡Pobre de él y pobre de mi madre!
¡¿Va a estar en su sepulcro día y noche?!

Al-Khansa, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

sábado, 17 de noviembre de 2018

Poema del día: "Visitación", de Saadi Yousef (Iraq, 1934)

La nieve cae sobre el cactus, luego un llanto y un café, una estrella
y campamentos, la túnica del sacerdote alquilada por lobos.
Zapatos hechos de cuero fino. ¿Cómo se estremecen las tortugas en
las playas de Hadramout? La luna plena gime
desde el fondo del río... y las muchachas gritan
en su arrebato. No necesito una bala. Mi única fortuna
en este mundo es el muro tras mi espalda. ¡Qué verde
el pasto en las estepas de Shahrazour! Vi una soga
suspendida. ¿Dónde está Yousef? Estaba en los mercados
de Timbuktu... y trabajaba. Una noche
un barco nos condujo a través de las hondonadas de Djibouti.
Mogadishu lanza carne de cordero a los tiburones. No tengo
destino. Tengo un gato que últimamente comenzó a
contarme la historia de mi vida. Eternidad, siempre acercándote
¿por qué me has traicionado? Esta
tarde aprenderé a beber la brutalidad de las flores.
¿A qué sabe la traición? Una vez viajé
transportado por mi canción. Rueda el tren con los soldados...
Rodando. Rueda. Rodando. Rueda. Rodando...
La nieve de Moscú entibia mis lágrimas. No hay virtud en los pastores
al asentarse y al prepararse para el viaje.
...Las ciudades disuelven las aldeas con el blandir de un dedo.
Mi pan está hecho de harina de arroz crudo y la sal de mis
peces es ceniza. No hay opción de que sea su amante
esta noche en el dormitorio de las muchachas. No... Los sábados
me cierra ella la puerta. Quemaré los papeles.
El inspector puede llegar. En el tren nocturno me adormecí
entre cadenas. Y la silla de madera era mi avión
estrellado. Ellos cantan para ti, muchacha
de la taberna del puerto. Los forasteros regresaron de
su búsqueda de diamantes. En la piedra de Hejja
las águilas de Hemair descansan. Una vez casi
encuentro al niño-luna en mi palma. ¿Por qué
la gente abandonó el parque? No quiero tu mano.
No me lances tu soga andrajosa. Hoy he descubierto
otro torrente:
Bienvenida a la vida... Bienvenida, mi otra amante.

Saadi Yousef, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Saadi Yousef
América, AméricaEl lenguaje del ave totano

viernes, 16 de noviembre de 2018

Poema del día: "25 de enero de 1898", de Marcin Kurek (Polonia, 1970)

Y fuimos a por los caballos, atravesamos el río por el vado,
y cuando cayeron bajo nuestro peso, cogimos otros al instante.

El sur nos recibió al anochecer, cazzo nel culo
nos espetó un bronceado mesonero en Reggio.

En casa nos esperaba un jardín desierto y la luz de la tarde,
las tablas que crujían en el piso, unas sábanas frías.

Todas las estaciones de aquel viaje estaban ya escritas:
un documento que anuncia la reiteración y la irrepetibilidad de todo.

Marcin Kurek, incluido en Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea  (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012, selec. y trad. de Abel MurciaGerardo Beltrán y Xavier Farré).

jueves, 15 de noviembre de 2018

Libia

A
Ali al-Ruqai (Libia, 1933-1966)
El campo

Poema del día: "Las campanas", de Edgar Allan Poe (Estados Unidos, 1809-1849)

I

¡Escucha el tintineo!
¡La sonata
Del trineo
Con cascabeles de plata!
¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar
La errabunda melodía de su agudo tintinear!
¡Es como una epifanía,
En la ruda racha fría,
La ligera melodía!
¡Cómo fulgen los luceros
–¡Verdaderos
Reverberos!–
Con idéntica armonía
A la clara melodía,
Cintilando, cintilando, cintilando,
Como los cascabeles van sonando!
Y, en un mismo son, son único,
Que igualiza un ritmo rúnico
Los luceros siguen fieles
El son de los cascabeles,
Cascabeles, cascabeles, cascabeles,
Cascabeles, cascabeles,
Cascabeles,
¡El son grato que, a rebato, surge de los cascabeles!


II

¡Escuchad el almo coro
Sonoro
Que hacen las campanas todas!:
¡Son las campanas de oro
De las bodas!
¡Oh qué dicha tan profunda nos inunda al escuchar
La errabunda melodía de su claro repicar!
¡Cómo revuela al desgaire
Esta música en el aire!
¡Cómo a su feliz murmullo
Sonoro,
Con sus claras notas de oro,
Se aúna
La tórtola con su arrullo,
Bajo la luz de la luna!
¡Qué armonía
Se vacía
De la alegre sinfonía
De este día!
¡Cómo brota
Cada nota!:
Fervorosamente, dice
La felicidad remota
Que predice.
Y a la voz de una campana, sigue las de sus hermanas
Las campanas,
Las campanas, las campanas, las campanas, las campanas,
Las campanas, las campanas, las campanas,
Las campanas, las campanas
En sonoro ritmo de oro de almo coro, ¡Las campanas!


III

¡Oíd cual suena el bordón!:
El borbón
De son bronco
Que pone en el corazón
Es espanto, con su son,
Con su son de bronce, ronco.
¡Qué tristeza tan profunda nos apresa al escuchar
Cómo reza, gemebunda, la fiereza del llamar!
Cómo su son taciturno,
En el silencio nocturno,
Es grito desesperado
Que no es casi pronunciado
¡De aterrado!
Grita de espanto ante el fuego
Y agudo alarido luego,
Es un clamor que se extiende,
Que el espacio, ronco, hiende
Y que llama;
Que defiende
Y que clama, clama, clama,
Que clama pidiendo auxilio
En tanto que ve el exilio
De aquellos que el fuego, ciego y arrollador, empobrece
Y el fuego que atace y crece,
Mientras se oye el ronco son,
El somatén del bordón,
Del bordón, bordón, bordón
¡Del bordón!
¡Cómo el alma se desgarra
Cuando el son del bordón narra
La aflicción
De aquellos que arruina el fuego!
Y, cómo nos dice luego
Los progresos que hace el fuego
–Que va a tientas, como ciego–
El somatén del bordón,
¡Que es toda una narración!
¡Oh, la tempestad de ira
En la que el bordón delira
Y en que, convulso, delira!
El alma escucha, anhelante,
Si el fuego sigue adelante,
Con su son;
El bordón que da su son,
El bordón, bordón, bordón,
¡El bordón!
Que es toda una narración el somatén del bordón,
Del bordón, bordón, bordón,
Del bordón, bordón, bordón,
Del bordón;
El grito ante el infinito, cual proscrito, ¡del bordón!


IV

¡Escuchad cómo la esquila,
Cómo el esquilón de hierro,
Llama con voz que vacila,
Al entierro!
¡Qué meditación profunda nos inunda, al escuchar
la errabunda y gemebunda melodía del sonar!
¡Cómo llena de pavura
Su son, en la noche obscura!
¡Cómo un estremecimiento
Nos recorre al pensamiento
Que provoca su lamento!
Cuando suena
La grave esquila de hierro, con su lúgubre toquido,
Con su lúgubre toquido, que la medianoche llena,
¡Es que las almas en pena
Se han reunido!
¡Oh, la danza
Al son que toca la esquila
En una noche intranquila,
Cual relámpago lanza
Su tijera de luz lila,
Trocando en visión del Juicio la noche sin esperanza!
Entonces, ya no vacila
La grave voz de la esquila
De la esquila, la esquila de la esquila,
De la esquila, de la esquila,
Sino que suena furiosa,
Con una voz cavernosa,
Y, en un mismo son, son único,
Que igualiza un ritmo rúnico,
Algún ronco rayo truena
Y se alumbra con relámpagos la noche sin esperanza,
Mientras las almas en pena
Giran, giran en su danza,
Bajo la triste luz lila.
Y, en tanto, se oye la grave voz de la esquila,
De la esquila, de la esquila.
De la esquila, de la esquila, de la esquila.
Y en un mismo son, son único,
Que igualiza un ritmo rúnico,
Mientras se oye la triste, la triste voz de la esquila,
De la esquila, de la esquila, de la esquila,
De la esquila, de la esquila,
Furibundo rayo truena,
El relámpago cintila
Y los espectros en pena
Danzan al son de la esquila,
De la esquila, de la esquila, de la esquila,
De la esquila, de la esquila,
Y, en un mismo son, son único,
Que igualiza un ritmo rúnico,
Danzan, al son de la esquila,
De la esquila, de la esquila, de la esquila,
De la esquila, de la esquila,
¡De la esquila!
Y, mientras que el rayo truena,
Que el relámpago cintila
Y que, con furor terrible, danzan las almas en pena,
Se oye la voz de la esquila,
De la esquila, de la esquila, de la esquila,
De la esquila, de la esquila,
La voz de cruento lamento ¡de la esquila!

Edgar Allan Poe en Poemas (Fundación editorial El perro y la rana, Caracas, 2017, trad. de Juan Antonio Pérez Bonalde).

Otros poemas de Edgar Allan Poe
El cuervo

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Poema del día: "Soneto ya antiguo", de Fernando Pessoa (Portugal, 1888-1935)

                                                        12-1922

Mira, Daisy, cuando yo muera tú has de
Decir a mis amigos de allí de Londres,
Que aunque no lo sientas, escondes
El gran dolor de mi muerte. Irás de

Londres para York, donde naciste (dices…
No creo nada de lo que digas)
Contad a aquel pobre muchachito
Que me dio tantas horas tan felices,

Aunque no lo sepas, que morí.
Hasta él, a quien tanto creí amar,
Nada importará… Después ve a dar

La noticia a esa extraña Cecily
Que pensaba que yo sería grande…
¡Rayos, partan la vida y quien allá ande!

Fernando Pessoa, incluido en Poemas. Antología (Editorial Letras vivas, Mexico, 1998, selec y trad. de Miguel Ángel Flores).

Otros poemas de Fernando Pessoa
Hora absurdaImpresiones del crepúsculo

martes, 13 de noviembre de 2018

Poema del día: "Estudios", de Miguel Ángel Petrecca (Argentina,1979)

El fruto desmenuzado de estos árboles
va dejando en la vereda una capa gruesa,
graffitis ilegibles, superpuestos, escudos
de clubes de fútbol y leyendas de cumpleaños
en la pared se han ido sumando de a poco,
sobre la mano de pintura que cada enero,
en unas horas, formatea la entera superficie.
La cruz de la farmacia titiló un instante
antes de prenderse y el custodio una vez más
como la figura dentro de un reloj cucú
salió y volvió a entrar. De punta a punta
del dial pasó agarrando pedazos de canciones.
Aunque una especie de empate hegemónico
mantiene así por el momento en equilibrio
las trincheras opuestas de la enfermedad
y la salud, la bisagra nunca está en realidad
tan lejos como uno piensa, parece decir
la chica que atraviesa ahora el espejo retrovisor
con unas radiografías o algo así en un sobre,
como los mensajeros que llevaban entre sus cartas,
sin saberlo, una con su propia sentencia.

Miguel Ángel Petrecca en El Maldonado (2007), incluido en Penúltimos 33 poetas de Argentina  (UNAM, México, 2014, selec. de Ezequiel Zaidenwerg).

lunes, 12 de noviembre de 2018

Poema del día: "La muchacha de la publicidad 13", de Chaitali Chattopadhyay (India, 1960)

Yo también te puse a la venta. Tu blusa baratísima y el sari de nailon desgastado son mis materiales de arte. Es un tiempo inquieto que me hace correr de una a otra imagen. Deposita sangre negra en mi botella de bebida fría.
Observo al poner la nariz en el cristal de la botella que los niños y las muchachas juegan. Increíblemente oigo unas líneas de Tagore. ¡No estaba prometido que iba a ver este jardín con flores!
He llegado tras nadar los siete mares a esta orilla oscura, donde ladran los perros y los zorros, hay un fuego rojo alrededor, tras este cuarto de cristal viene el jardín de las flores y el baile de las muñecas. Quiero llegar a la virtud deseada cruzando esta órbita alejada.
¡Oh muchacha! estás allí en el claroscuro frente al museo, estoy a tu lado, avergonzada. Por las lágrimas se nublan las aceras de mosaicos y los rostros de los proxenetas. Se nubla todo con lágrimas. Sólo tú, un ángel irreal con tu bravura, perdona [¿perdonas?] toda mi audacia al tocarme.

Chaitali Chattopadhyay en La muchacha de la publicidad, incluido en La pared de agua. Antología de poesía bengalí contemporánea  (Olifante Ediciones de poesía, Zaragoza, 2011, ed. y trad. de Subhro Bandopadhyay).