entre escombros, entre algunos escarabajos
Él le da la piel
fue como si la sacara de la nada y la extendiera sobre ella
la timidez y la sorpresa la hacen llorar
Ella ha encontrado manos para él y las encaja en sus muñecas
las manos no salen de su asombro, la están acariciando entera
Él ha ensamblado su columna vertebral, limpió las piezas con cuidado
y las va colocando en un orden perfecto
un puzle sobrehumano, pero él está inspirado
Ella se inclina doblándose de un lado y otro, usándola y riéndose, incrédula
Ahora ella le trae los dos pies, los está conectando
de manera que todo su cuerpo se ilumina
Y él le ha confeccionado una nueva cadera
totalmente equipada y con muelles elásticos, brillantes y engrasados
está puliendo cada parte, ni él mismo se lo acaba de creer
Siguen llevándose mutuamente al sol, descubren que es posible
probar cada primicia a cada paso
Y ahora ella se pone en pie para limar las placas de su cráneo
hasta que las junturas se vuelven invisibles
Y ahora él le conecta la garganta, los pechos y el hoyo del estómago
con un solo cable
Ella le da los dientes, atando sus raíces al carrete de su cuerpo
Él imprime pequeños círculos en la yema de sus dedos
Ella cose su cuerpo con puntadas de seda púrpura y resistente
Él aceita los delicados piñones de su boca
Ella incrusta volutas minuciosas en los pliegues de su nuca
Él ensarta en su sitio el interior de sus muslos
Y así, gimiendo de alegría, con gritos extasiados,
como dos dioses de barro
revolcándose entre la mugre, pero con infinito esmero
se llevan mutuamente a la perfección.
Ted Hughes en Cuervo (1970), incluido en Nayagua. Revista de poesía (nº 39, junio de 2025, Fundación Centro de Poesía José Hierro, Getafe, trad. de Jordi Doce).






