lunes, 9 de diciembre de 2019

Poema del día: "La tormenta", de Francisco Martínez de la Rosa (España, 1787-1862)

¿Hubo un día jamás, un solo día,
cuando el amor mil dichas me brindaba,
en que la cruda mano del destino
la copa del placer no emponzoñara?
Tú lo sabes, mi bien: el mismo cielo
para amarnos formó nuestras dos almas;
mas, con doble crueldad, las unió apenas,
las quiso dividir, y las desgarra.

¡Cuántas veces sequé con estos labios
tus mejillas en lágrimas bañadas,
tus ojos enjugué, y hasta en tu boca
bebí ansioso tus lágrimas amargas!
Con suspiros tristísimos salían,
mezcladas, confundidas tus palabras;
y, al repeler mi mano con latidos,
tu corazón desdichas presagiaba...

Todas, a un tiempo, todas se cumplieron;
y si tal vez un rayo de esperanza
brilló cual un relámpago, el abismo
nos mostró abierto a nuestras mismas plantas.
¿Lo recuerdas, mi bien? Morir unidos
demandamos al cielo en noche aciaga,
cuando natura toda parecía
en nuestro daño y ruina conjurada:
la tierra nos negaba hasta un asilo,
la lluvia nuestros pasos atajaba,
bramaba el huracán, el cielo ardía,
las centellas en torno serpeaban...

¡Ay! Ojalá la muerte en aquel punto
sobre entrambos el golpe descargara,
cuando sin voz, sin fuerzas, sin aliento,
te sostuve en mis hombros reclinada.
«¿Qué temes? Vuelve en ti; soy yo, bien mío;
es tu amante, tu dueño quien te llama;
ni el mismo cielo separarnos puede:
o destruye a los dos, o a los dos salva».
Inmóvil, muda, yerta, parecías
de duro mármol insensible estatua;
mas cada vez que retumbaba el trueno,
trémula contra el seno me estrechabas;
en tanto que por hondos precipicios,
casi ya sumergido entre las aguas,
a pesar de los cielos y la tierra
conduje a salvo la adorada carga...

Ora, ¡ay de mí!, por siempre separados,
sin amor, sin hogar, sin dulce patria,
el peligro más leve me amedrenta,
la imagen de la muerte me acobarda:
ni habrá un amigo que mis ojos cierre,
veré desierta mi fatal estancia,
y solo por piedad mano extranjera
arrojará mi cuerpo en tierra extraña.

Francisco Martínez de la Rosa, incluido en Poesía del Romanticismo (Ediciones Cátedra, Madrid, 2016, ed. de Ángel Luis Prieto de Paula).

Otros poemas de Francisco Martínez de la Rosa
La soledad

domingo, 8 de diciembre de 2019

Poema del día: "Responso Capital", de Joserramón Melendes (Puerto Rico, 1952)

John D. Rockefeller pudo aber sido obrero,
pero no tubo suerte.

Pudo
aber echo uelgas contra un
John D.
Rockefeller sádico i ambisioso,
pereser casi un 1º de mayo,
o taladrar la máqina qe le esprimía los dedos
con el amor del pan, pudo John
D. Rockefeller morir
bajo el regero de oro negro qe sanjó el axidente, o
no aprender a escribir, no firmar cheqes,
solo escuchar su nombre “John
D.
Rockefeller” en la fila de pago;
i ubiera así aprendido este ombre como todos
lo qe es sufrir como la mayoría
i odiar al menor número de jentes. Pudo
no aber yegado a tanto, dirijir por ejemplo
esa fábrica en Manchester qe pagó El Capital
o yamarse Owen.

                   Pido
un minuto de silensio para el muerto
irremediable qe es John
D. Rock-
efeller:
ese otro
qe fue solo el ataud de aqel jigante.

Joserramón Melendes, incluido en Poesía de Puerto Rico. Cinco décadas (1950-2000)  (Fundación editorial El perro y la rana, Caracas, 2009).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Poema del día: "Pasan tan presto los alegres días...", de Gutierre de Cetina (España, 1520-1557)

Pasan tan presto los alegres días,
volando sin parar apresurados,
y del perdido bien acompañados
llevan tras sí las esperanzas mías.
Mas los que traen las ansias, las porfías,
temor, recelos, bascas y cuidados,
estos pasan despacio, tan pesados,
que parece que van por otras vías.
Pues si no muda el sol su movimiento,
si regla cierta en sus caminos guarda,
si no se puede errar orden del cielo,
las horas enojosas del tormento
¿por qué tan luengas son? ¿Cómo se tarda?
Y las alegres, ¿quién las lleva en vuelo?

Gutierre de Cetina, incluido en Poesía de los Siglos de Oro (Epublibre, Internet, 2002, ed. de Felipe Pedraza y Milagros Rodríguez Cáseres).

Otros poemas de Gutierre de Cetina
Ojos claros...

viernes, 6 de diciembre de 2019

Poema del día: "Cistro", de Edmundo Camargo Ferreira (Bolivia, 1936-1964)

                                              en cal e imploración
                           develado el rosto
ronco                                                  perentorio
                           arrodillado
                                      estupor
                                              pulsando el coro
al anciano temblor de la piedra
la mano estridula
            la luz
                      aún no venida
la voz
           coagúlase
                               cristal trizado
y el coro aún al fondo de la tierra.

Edmundo Camargo Ferreira en Del tiempo de la muerte (1964), incluido en Poesía boliviana. Donde la nieve y los ríos son míticos. Antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2015, selec. de Homero Carvalho Oliva).

jueves, 5 de diciembre de 2019

Poema del día: "Muerte de Al-Farazdaq", de Jarir ibn Atiyah al-Khatfi Al-Tamimi (Arabia Saudí, 650-728)

¡Por mi vida! Ha afligido a Tamim, la ha derrumbado,
a mano de los rigores de la suerte, de al-Farazdaq la muerte.
La tarde que acudieron para abandonarlo
—con sus parihuelas— en una tumba abierta
en el abismo de la tierra, bien hondo,
dejaron en la sepultura a quien un tiempo perteneciera
a toda estrella, sobre el cielo cernida.
Murió quien llevara el peso de las deudas ajenas,
quien venciera al injusto Satanás, el gigante.
Columna de todo Tamim, su lengua,
portavoz soberbio en toda ocasión de elocuencia.
¿Quién, después de Ibn Galib, saldrá fiador
de los parientes, del vecino y del que es preso de cadenas?
¡Cuántos huérfanos hambrientos, tras la muerte de Ibn Galib,
y cuántos niños y madres de progenie!
¿Quién liberará a los prisioneros? ¿De quién lavarán la sangre
sus manos y, colérico, tomará el pago de la sangre?
¡Cuántas veces cargó con el peso de sangre cara, valeroso,
y lo hacía paciente en el cumplimiento de la palabra dada!
¡Cuánto alcázar de crueles, de héroes y de plebeyos
al dirigirse a él, sus puertas no se cerraron!
Se abrieron las puertas de los reyes a su faz,
sin cortinajes que velasen, ni adulación que mediara.
¡Que lloren sobre él los hombres y los genios
en todo poniente y en levante,
pues ha muerto un valiente Mudari!
¡Un héroe que vivió edificando la gloria durante noventa años
en tanto se elevaba a la riqueza y la celebridad!
No murió hasta que no hubo dejado tras de sí,
en toda fiera, un golpe atronador.

Jarir ibn Atiyah al-Khatfi Al-Tamimi, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Poema del día: "Once astros", de Amjad Nasser (Jordania, 1955)

Por los arcos
Por los palanquines
Por la lengua muerta
De las tribus que se inclinan
Sobre el sauce llorón

Por todo aquello
Tú eres la cautivante
Que se inclina
Sobre la palmera de mi alma
Para que caigan
Emires
Elogios
Y aura rocallosa de la milésima noche

Todavía una noche
Para que se completen
Las ramas plateadas
En el horizonte sobre mis hombros apoyado

Todavía una noche
Para que blanda su espada
Este árabe kahtanita
Entre la primavera de las crines
El caballo por su deseo se guía
Hacia los mármoles parroquiales
Para el vuelo del cuerpo
La tentación parte al norte
De esta desnudez mojada por rocío de luna

Y este país prendido
Por el trueno de cobre
Por los ornados cuernos del morueco
Por las cenizas de la historia embalsamada
Exclama agitado en fin:
¡He aquí el Asia!
Y ya que vienes de la noche de la tecnología

He visto así brillar el lustre
Encima de la giba del camello
He visto relumbrar el puñal
Desenvainado entre la desconfianza del lobo
Semejante al juicio final
He visto brillar la estrella de la tentación
En el negro perfecto
De los ojos del hombre encapuchado

Y ya que tú vienes
Del vapor de la corriente navegable
Y ya que los relatos de tu cuerpo
Son inteligibles y generosos

Entonces he encontrado
A la sombra de los hombros de ébano
Las sombras de un continente
Sumergido entre las arenas y las armas

Asia
Asia
Arena y cruz de fusil
Y tribus abrevando
Los camellos que se arrodillan
Sobre una rodilla y media

Asia
Asia
Lunas suspendidas en la cúpula del universo
De una cuerda de cáñamo
Que se lamentan
En las ciudades en desvarío

Asia
Asia
Provincias de la mostaza
De las antiguas cetrerías
Y de las palabras improvisadas
La manzana de Adán es apuñalada
Por treinta profetas
Y once astros
Ningún lugar entre la selva de asfalto
Para el pájaro de las manchas

Ningún lugar
Sobre la empuñadura del arado
Que arrastra el toro de Hamurabi
Por esta mano de la noche de la tecnología

Nosotros escribimos entonces lo ignorado
Y nos encaminamos a las ceremonias de las palabras

Asia
Palabra nacida de la boca
Los campos ascienden
A las inmediaciones de las hoces
Y se inclinan

Asia
Que no ha visto con su rostro
Sino una guerra
Borrando sus rasgos
Y que avanza
Entre la biografía de la ceniza

La guerra ya no es la guerra
Las balas son alhelíes
Muertos de ardiente amor
Y el mármol germina
En los hombros

Henos aquí
En el primer año antes de cero

El sol de Asia se desviste
Y parte hacia el mar:
Nenúfar de roble
Ciénaga de sabiduría
Corazón de tilo
Caen en el recodo de la sequía

El guijarro relumbra
En la quijada del arroyo

Y los niños reúnen los excrementos
Para cocer
El continente del pan

Amjad Nasser, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Amjad Nasser
Once astrosSátira

martes, 3 de diciembre de 2019

Poema del día: "El sótano de la memoria", de Anna Ajmátova (Rusia, 1889-1966)

Es una necedad que vivo triste
Y que el recuerdo me corroe.
Visito a la memoria pocas veces
Y siempre me confunde.
Cuando al sótano voy con la linterna,
De nuevo creo oír el sordo alud
Que retumba por la escalera estrecha.
Humea la linterna, no puedo regresar,
Y sé que voy directa al enemigo.
Y pido gracia… Pero allí
Todo está oscuro y en silencio. ¡Mi fiesta ha terminado!
Treinta años hace ya que despidieron a las damas,
El calavera aquél murió de viejo…
Pues he llegado tarde. ¡Qué más da!
No puedo aparecer en parte alguna.
Mas toco la pintura de los muros
Y me caliento junto al fuego. ¡Qué milagro!
A través de este moho, tufo y putrefacción
Han brillado dos verdes esmeraldas.
Y un gato ha maullado. ¡Vámonos a casa!

¿Mas dónde está mi casa y dónde mi razón?

                                                                                1940

Anna Ajmátova, incluido en Poesía acmeísta rusa (Visor Libros, Madrid, 2013, ed. de Diana Myers, trad, de Amaya Lacasa y Rafael Ruiz de la Cuesta).

Otros poemas de Anna Ajmátova)