jueves, 2 de abril de 2026

Poema del día: "Visión parís 1968 aún invierno (fragmento)", de Cláudio Willer (Brasil, 1940-2023)


los árboles son tentáculos fijados al suelo por el invierno
los perros de las madames se localizan en el instante
las palomas son querubines confusos en su materialización
el cielo un cobertor eléctrico
atrayendo todos los fragmentos del hielo
el margen del río un punto de interrogación
los barqueros una mirada delante del aullido del abismo
los pasantes armaduras atónitas
la multitud es el grito que traspasa el corazón del jabalí
a cada momento el sentido de la vertical se torna más agudo
hasta rodearnos, estimular, dominar
en un mismo flujo alucinado
correría de personas sin saberes de fin a comienzo
con miedo de correr el riesgo de encontrarse
en las paredes eléctricas
de las casas es verdeadas
voraces en su ambigüedad
peligrosas en sus devaneos
cada canto oculta un paraguas en ristre
y no sabemos si es encima o en bajo
contraída por los tentáculos del metro
o pegada en el cielo detentor del frío
que se esconde en la mujer
responsable por las súplicas micro cósmicas
imperceptibles para quien no posee el sentido eléctrico de las cosas

Cláudio Willer, incluido en Zenda (5 de septiembre de 2025, España, trad. de Teresa Arijón y Bárbara Belloc).

miércoles, 1 de abril de 2026

Poema del día: "Poemas al muchacho azul 1", de Aleksandar Vutimski (Bulgaria, 1919-1943)


El muchacho de plata,
aquél de las boinas azules y las charreteras
resultó ser un sueño.
Que me halle hablando con gatos y estrellas
posiblemente al ron se deba.

Yo no he vivido en un patio entre árboles
bajo nubes y anaranjados atardeceres.
Para el muchacho de plata cogí yo el retrato
del negro del calendario francés.

Borrachos y dorados ángeles he anhelado.
No ha llovido, pero la lluvia yo he oído.
En la oscuridad atardeceres yo he presenciado
y no son manos lo que he besado, sino farolas...

Desde el azul yo mismo he contemplado
labios y ojos imaginarios
tazas vacías, lágrimas y bailes...
He estado ebrio y entiendo que he estado loco.

Ya no te espero... ¿Marcharás tú junto al sol
que se escabulle?
Acaso de nuevo desaparecerás tú
sin llamas, sin sangre ni lágrimas...
Viaja, fúndete en el crepúsculo, saluda a la lluvia.

No soy yo quien te beso, no soy yo el que llora, ni siquiera quien sonríe.
...Me temo que solo has sido un ángel imaginario.
Y tú te eclipsas.

Pero el muchacho azul no ha sido
el muchacho del gorro azul y plata
con ojos de baile sureño,
aquél ebrio muchacho que de lejos susurraba: Sasha.
                                               Y esta noche
...Ay, la vieja farola me llevaba a la iglesia
                         bajo el horizonte nocturno.
Cúpulas de niebla, luna e invierno.
Yo también he caído en la nieve
bajo dos fríos y mudos ojos.
¡Policía!
Sálveme de mis recuerdos.
¡Policía!
Haz que el día tenga lugar...
                             Pero no voy a llorar...

Es posible que el muchacho azul no haya existido.

Aleksandar Vutimski, incluido en Vallejo & Co. (23 de enero de 2020, Perú, trad. de Marco Vidal).

martes, 31 de marzo de 2026

Poema del día: "El Khan Kubla", de Samuel Taylor Coleridge (Gran Bretaña, 1772-1834)


En Xanadú, el Khan Kubla decretó
alzar una solemne cúpula de placeres:
donde Alph, el río sacro, iba fluyendo
por cavernas que el hombre nunca pudo
medir, hasta llegar a un mar sin sol.

Así diez millas de terreno fértil
se ciñeron de muros y de torres:
y hubo jardines con brillar de arroyos
sinuosos, con árboles del incienso floridos;
y había en las colinas viejos bosques
envolviendo lugares de verdor soleado.
Pero ¡ah el profundo abismo romántico, bajando
al sesgo por la verde colina, entre los cedros!
¡Lugar silvestre! ¡Santo y encantado,
como en el que una vez, bajo una luna vaga,
aguardó una mujer a su amante-demonio!
De este abismo, en fermento siempre de torbellinos,
como si en apretados y rápidos jadeos
alentara la tierra, una fuente surgía
poderosa, con fuerza:
entre cuyo veloz brotar intermitente
grandes trozos de roca saltaban como en bóveda
de granizo, o el trigo que el trillador azota
con el mayal, quitándole su tamo;
y entre esas rocas, siempre brusco y fuerte,
saltaba el sacro río.
Después de cinco millas en meandros danzantes
por bosques y por valles corriendo, el río sacro
llegaba a las cavernas que nunca mide el hombre
hundiéndose en un mar sin vida, con tumulto,

¡y en medio del tumulto Kubla oyó desde lejos
voces de antepasados profetizando guerra!

La sombra de la cúpula de placeres flotaba
a mitad de camino entre las ondas;
donde se oían los mezclados ritmos
de la fuente y las cuevas.
¡Era un raro milagro: una soleada
cúpula de placer con cavernas de hielo!
Y, un dulcémer tañendo, una doncella
vi una vez en visión: una abisinia
que, al son de su dulcémer, cantaba al monte Abora.
¡Ojalá reviviera en mi interior
su música y su canto!

Con tal hondo placer me vencería
que, con música fuerte y duradera,
podría construir en el aire esa cúpula,
¡la cúpula soleada; esas cuevas de hielo!
Y cuantos escucharan las verían allí,
y gritarían todos: ¡Mira, mira
sus ojos destellantes, su cabellera al viento!
Teje un círculo en torno de él tres veces,
y con sacro temor cierra los ojos,
porque se ha alimentado de rocío de mieles
y ha bebido la leche del Edén.

                                                              1798

Samuel Taylor Coleridge, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de José María Valverde).

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lunes, 30 de marzo de 2026

Poema del día: "Lamento a Rolihlahla", de Cheryl Itanda (Gabón, 1986)


«Pero tan larga como tu marcha ha sido, iniciaremos juntos los
Braseros de nuestro tiempo para juntos hacer esta Humanidad...»

Hijo de la aurora
hijo de las brumas de la sabana
hijo de los rayos de oro sobre las llanuras
hijo del viento que canta en el bosque
hijo del río que recorre las entrañas de la tierra
hijo del rocío

¡Ubuntu gritabas! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

Tu pueblo, sin embargo, en sufrimiento
tu ojo abarcaba los horizontes de los hombres
haciendo penitencia en el lugar del verdugo
tus huesos envejeciendo con el paso de los días
por tus valientes golpes de pico
cuando pacientemente rompías la roca
forjando bajo el ojo del sol
el metal de tu clemencia
invocando continuos rocíos
sobre los colores de nuestra hemoglobina

¡Ubuntu gritabas! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

Tú que soñabas con el arco iris
vertiendo el alba de las naciones
en el río moribundo de la humanidad
para devolverle el resplandor
de sus mil y un colores
en la sabiduría floreciente de tus cabellos
blanqueando la sangre de nuestros ojos
sin embargo abriste nuestras pupilas
en los surcos de la humanidad

¡Gritabas Ubuntu! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

Pero ahora, mira en estas tierras
Donde sembraste las semillas de nuestra indulgencia,
Lo humano haciéndose humo en la desolación de los hombres
La furia de tu pueblo martirizando la carne de tu pueblo
La sangre de los tuyos apartada de las mañanas de rocío
Un espectro arrojado a los bordes carmesí de tu arco iris
Y el cielo que cantabas es ahora oscuro
Y el horizonte sobre el que meditabas es un espejismo distante
Y tu sacrificio profanado en la misma cuna de la humanidad
Y Ubuntu en esta sangrienta hemorragia
Es un amanecer turbulento en el río de nuestra Humanidad.

Cheryl Itanda, incluido en Círculo de poesía (México, 14 de junio de 2025, trad. de Mariela Cordero).

domingo, 29 de marzo de 2026

Gabón

C
Cheryl Itanda (Gabón, 1986)

Poema del día: "La Patria", de María Mercedes Carranza (Colombia, 1945-2003)

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.

A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.

Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa, son ruina
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.

María Mercedes Carranza, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica  (Escuela de Estudios LiterariosUniversidad del Valle, Colombia, 2009, selec. de Carmiña Navia Velasco).


sábado, 28 de marzo de 2026

Poema del día: "Enero - Búsqueda de calor 3", de Paul-Marie Lapointe (Canadá, 1929-2011)


corazón de luz dulce emparejamiento devorante envoltura

como la miel y la herida y la música que llegan a pesar de la piedra
como la distancia y la penetración

como la eternidad incluso el momento entre la negación de los cuerpos
y los cuerpos salpicando de barro el espacio

como el descubrimiento de los corazones y su ardor y la prisa por acoger
miembros —los elegidos disfrutan todos los secretos de las bocas—
los transmiten al oído mismo

como la reverberación de una música dentro de la cabeza precisamente
en el punto más alto de la nuca y que desde allí inundara todo
el cuerpo interior sin dejar en la superficie ninguna isla de
gran altura ni siquiera la más protegida

así eres tú
mineralizante mojada raíz manantial atravesada de lavas y brevajes verano
sortilegio y vello

así eres tú
fuego de cuerpos.

Paul-Marie Lapointe en Pour les âmes (1964), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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