en la floresta,
donde estaba nuestra cama
ya tendréis que haber visto
las dos: yerba
y flores tronchadas
en un valle antes del bosque;
tandaradai —
cantó el ruiseñor entonces.
Corriendo he ido
hasta la braña:
mi amante ya estaba allí.
Allí me ha recibido,
Virgen santa
y para siempre estoy feliz.
¿Si me besaba? Mil veces pocas:
tandaradai —
¡Mira cuán roja está mi boca!
Ha hecho enseguida
con esplendor
de flores un lecho.
Alguien ríe todavía
en su interior
si pasa por aquel sendero.
Por las rosas se aprecia
tandaradai —
donde estaba mi cabeza.
Que junto a mi yacía
si supiera alguien
(Dios no quiera) me sube el color.
Lo que conmigo hacía,
nunca, nadie,
sepa que él y yo
y un pajarito:
tandaradai —
esto no quede escrito.
Walter von der Volgelweide, incluido en Antología esencial de la poesía alemana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2004, ed. y trad. de José Luis Reina Palazón).
