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sábado, 28 de marzo de 2026

Poema del día: "Enero - Búsqueda de calor 3", de Paul-Marie Lapointe (Canadá, 1929-2011)

corazón de luz dulce emparejamiento devorante envoltura

como la miel y la herida y la música que llegan a pesar de la piedra
como la distancia y la penetración

como la eternidad incluso el momento entre la negación de los cuerpos
y los cuerpos salpicando de barro el espacio

como el descubrimiento de los corazones y su ardor y la prisa por acoger
miembros —los elegidos disfrutan todos los secretos de las bocas—
los transmiten al oído mismo

como la reverberación de una música dentro de la cabeza precisamente
en el punto más alto de la nuca y que desde allí inundara todo
el cuerpo interior sin dejar en la superficie ninguna isla de
gran altura ni siquiera la más protegida

así eres tú
mineralizante mojada raíz manantial atravesada de lavas y brevajes verano
sortilegio y vello

así eres tú
fuego de cuerpos.

Paul-Marie Lapointe en Pour les âmes (1964), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

Otros poemas de Paul-Marie Lapointe


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lunes, 23 de febrero de 2026

Poema del día: "Hibernaciones", de Paul-Marie Lapointe (Canadá, 1929-2011)

yo dejo en ti volar pájaros blancos

pocos pájaros son blancos excepto las palomas
pero han vivido el invierno
plantados como cruces en el espacio
un despliegue de sequedad y escalofríos
tan extraños como la nieve
¿tiene ella más tarea que posarse en nosotros los pueblos las jaulas
entre las piedras las ramillas esculpidas por el viento?

nuestros muertos no se echan a volar
más que en nosotros mismos
                     como los hijos que tenemos
y que se abren su camino dentro

pájaros blancos aéreas osamentas

Paul-Marie Lapointe en Pour les âmes (1964), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

Otros poemas de Paul-Marie Lapointe
Enero - Búsqueda de calor (3)


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jueves, 22 de enero de 2026

Poema del día: "Las dos manos", de Anne Hébert (Canadá, 1916-2000)

Estas dos manos que tenemos,
La derecha cerrada
O abierta;

La izquierda abierta
O cerrada.

Y las dos
Sin esperarse
Una a la otra.

Estas dos manos no mezcladas,
Estas dos manos no mezclables.

La que damos
Y la que guardamos;

La que conocemos
Y la otra, la desconocida.

Esta mano de niño,
Esta mano de mujer.

Y a veces esta mano trabajadora,
Sencilla como mano de hombre.

¡Entonces hay tres!
Y descubro un número infinito
En mí
De manos que se tienden
Hacia mí,
Como extranjeras
Temibles.

¡Ay!, ¿quién me devolverá
Mis dos manos unidas?
Y la ribera
Que se toca
Con las dos manos,
Cargadas con el mismo bagaje,
Después de derramar por el camino
Todas esas manos inútiles...

Anne Hébert en Les songes en équilibre (1942), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).


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martes, 30 de diciembre de 2025

Poema del día: "Vista desde la Torre CN", de Kevin Irie (Canadá, 1953)

Ahí —una luz
se
consume como una oración,
otra germina como una queda flor.

Por doquier, luces aletean
como polillas
atrapadas en una telaraña
del tamaño de este atardecer,
     o si no,
velas encendidas,
pequeñas cual gotas de lluvia,
igualmente inciertas,
sus llamas sin fundir, sin tocar
                               la piel.

Por doquier
vidas
habitan esas llamas,
con tantas noches de pasar
                  por el fuego,
no Sadrac recorriendo el candente
                                     horno,
sino recorriendo la anchura de ventana
                                          y lámpara,
                         lanzando sus sombras de un
                                     soplido a las
                                           paredes;
mil cerillas encendidas,
no conociendo el milagro,
espirales de llamas lamiendo contra el escaso cristal,
            mientras que en su propio
            centro,
            ciegas como relojes,

hay mechas negándose a arder.

Kevin Irie, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).


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sábado, 20 de diciembre de 2025

Poema del día: "La mar trágica", de Rina Lasnier (Canadá, 1915-1997)

             "El hombre busca su densidad y no su dicha".
                                                               Saint-Exupéry

Yo descenderé hasta el trasfondo de la mar trágica donde la noche está junto a la noche — hasta el crisol donde la mar forma ella misma su desgracia,

bajo esta amnésica noche de la mar trágica que no recuerda ya el abrazo de la tierra,

ni el de la luz cuando las aguas nacían al caos quebrado del aire,

cuando Dios las cubría con el firmamento de sus dos manos — antes de la contradicción del Soplo sobre las aguas,

antes de ese beso sobre la mar para destruir la mar de la mar — antes de que la Palabra procrease sus peces en el vientre del agua más baja,

antes de la división de las aguas por la cuchilla de la luz — antes del antagonismo de las aguas por la avaricia de la luz.

Toda yo saliva interiorizada de silencio — beberé de nuevo en las aguas condenadas de mi nacimiento;

agua culpable del nacimiento que rodea la inocencia de la sangre — y tú cuelgas de la vida como el fruto del árbol desaprobado;

¿acaso hay noche más reciente que el nacimiento — hay día más antiguo que el alma?

¡maternidad misteriosa de la carne — asilo abierto a las puertas del primer grito, y la muerte más maternal aún!

(Nacimiento oscuro del poema)

Como la amante dormida en el ardiente cautiverio — inmóvil en la púrpura muda del amante,

fluyente y nocturna en el fondo del deseo — oscurecida de sueño y disfrazada de inocencia,

sus cabellos abiertos a la confidencia — tal las algas del sueño en la mar alerta,

la mujer omnipresente en la fabulación de la carne — la mujer fugitiva en la fabulación de la muerte,

y el amante encerrado en la estrecha estela del aliento — lejos de la costumbre viril de los astros que corren sobre las ruinas de fuego,

ella duerme cerca del árbol polipero de las palabras enmedusadas — por el abrazo del hombre con la ruptura del dios en él,

por esta cuchilla dura y recta de la consciencia — aquí está el hombre desdoblado de dolor,

aquí la sola intimidad de la herida — el rubio enigma de la carne sin igual;

aquí la evocadora de tu noche fundamental, mar trágica — la noche viva y sustraída a los enjambres de signos,

trágica mar, mar recíproca con tu ambigua profundidad — mar incambiada entre las amargas hierbas de tus cerradas resurrecciones,

toda la arcilla de las palabras es promesa de arte y está aparejada con el limo verde — todo poema es oscuro en el limo de la memoria;

trágica mar, lento consejo de sombra — anula las imágenes, ¡oh gran noche iconoclasta!

Rina Lasnier, incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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martes, 25 de noviembre de 2025

Poema del día: "A alguien dormido", de Susan Musgrove (Canadá, 1951)

Durante toda la noche
te cubrí con
hojas. Seco como la
mañana olías
a huesos.

Pequeños pájaros se
introdujeron bajo tu
sombra, en secreto
que es sombra, en las
flores que son
sangre.

¿Dónde está el camino
de entrada, dónde
está el camino?
Toque en mi
ventana ciega,
crujido el viento.

Cuando yo susurre
estará
entrando en ti.
Tu oreja es una cueva
a la que van los animales
para morir.

Soy una
polilla fantasma
arrastrándome sobre tu
vientre. Soy
un hongo para tus
muslos.

Búho orejudo,
búho temido,
esta es la oscuridad
que hostigo.

Susan Musgrove, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).


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domingo, 16 de noviembre de 2025

Poema del día: "La catalpa, el árbol de la esposa", de Rina Lasnier (Canadá, 1915-1997)

Cuando yo no tenga ya esas corolas tachonadas de sangre
Para tranquilizar tu mirada que parece una brazada de flores,
Cuando me quiten la cima florecida que la quería revestir de perfumes,
Cuando yo no tenga ya complicidad con el viento
Para hacer abortar la espina atada a mi hoja cordiforme,
Cuando sea por fin esa antorcha negra alimentada con su hiel,
Cuando yo no tenga más que la desolación de mis brazos cargados de espadas;
Cuando haya pasado para ella el tiempo de las entrañas alimentadoras,
y cuando haya venido el tiempo del nudo incorruptible,
Cuando ella no quiera como madriguera más que un corazón devastado,
Yo la veré de pie bajo el diluvio de mis espadas,
Veré sus lágrimas desear la herida y el fruto
y en la blanca novia consumaré a la esposa de sangre.

Rina Lasnier, incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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miércoles, 22 de octubre de 2025

Poema del día: "Una chica de otoño", de David Satherley (Canadá, 1923-2017)

Todas las cosas del atardecer están cayendo
Incluso las ropas de las bailarinas de strip-tease poseen un triste sabor otoñal
Mientras los muchachos se convierten en hombres
En sus bolsillos de pensamiento y posturas de bar
En tanto ella se salpica de nata
Y los muchachos prestos como eunucos a llenarle
La vida de mentiras maravillosas
Y hermosas meditaciones de cinco centavos
Que duran más o menos lo mismo que las risas
Y todavía el juego continúa
Armada de todos los trucos del manual
Ella lee en sus mentes para despertar un pequeño dios en sus raíces
Mientras un millón de formas de cosas increadas se asoman
Hasta ella atravesándolos como acres de pastos
Y cuando termina y se marcha
Su salto de cama rosado y transparente fluyendo
Como una puesta de sol en las praderas tras ella
Los ojos de ellos la siguen hasta la puerta como máquinas cosechadoras...

David Satherley, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).

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domingo, 12 de octubre de 2025

Poema del día: "El centro", de Rina Lasnier (Canadá, 1915-1997)

                           "He perdido todo el círculo por correr
                           hacia el centro."

He perdido el cinturón cambiante de los horizontes,
La renovación de los inviernos, la merma de las mieses;
He perdido la tierra cálida y sus camadas,
La babel de las nubes y sus ecos alzados;
He perdido el adorno que engaña al rostro,
La sucesión de gestos ataviados como presagios;
He perdido todo el círculo por correr hacia el centro,
He abandonado el juego por comprender tu silencio,
He olvidado la peonza cantarina de mis días
Por ese punto inmóvil y único del amor.

Rina Lasnier, incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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martes, 30 de septiembre de 2025

Poema del día: "El pez dorado", de Audrey Alexandra Brown (Canadá, 1904-1998)

Perezosamente a través de la clara
superficie y el fondo,
rema su vía sin rumbo fijo,
medio dormido,
la pequeña paradoja —tan brillante — tan fría
aunque su carne parece hecha de fuego y de oro.

Alto emperador
emperlado de burbujas
salpicado y verdoso
mundo acuático —
como una antorcha viva, una marca del hirviente oro
pone la onda en el fuego y él permanece frío.

Audrey Alexandra Brown, incluido en Faunética. Antología poética zoológica panamericana y europea  (Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá, 1999, selec. de Víctor Manuel Patiño, trad. de Mauro Armiño).

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miércoles, 17 de septiembre de 2025

Poema del día: "B. C.", de David Satherley (Canadá, 1923-2017)

En ocasiones
Incluso orinar
Tiene sus problemas
Qué bajo
Tienes que caer
Hundirte
Para atracar a un hombre
Mientras está haciendo pis
No le importó a ese vagabundo
Que mi cerveza se estuviera pasando
Afuera en la mesa
Que en el exterior la noche fuera solitaria y lluviosa
Que los pocos dólares que tenía en mi cartera
Fueran ganados con duro trabajo
Donde el sol chasqueaba en tu espalda como un látigo
Que llegar aquí
Que era ninguna parte
Me hubiera probablemente tomado los mejores años de mi vida
No te molestes en darte la vuelta
Mientras me pinchaba en la espalda
Con un instrumento puntiagudo
Empujando mi rostro contra la pared
Extrayendo mi cartera del bolsillo del culo
De mis vaqueros
En la taberna estuve sentado mirando las caras
Para ver si podía adivinar
Qué hijoputa me había asaltado
Todos ellos parecían más culpables que el infierno
La vieja condición humana
En el exterior el viento y la lluvia golpeaban su triste mensaje
De oscuridad y cualquier otra cosa
Que quieras mencionar
Contra las ventanas de la taberna
Hay una lección de adulto en esta vida de aprendizaje constante
Pero nunca he estado demasiado seguro de lo que es exactamente
Así que supongo
Que lo que Diane Wakoski dice es cierto
Ahí está nuestro problema
Cómo sentir la suficiente ira para sobrevivir
Y sin embargo no arruinar la propia capacidad de amar...

David Satherley, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).

Otros poemas de David Satherley


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lunes, 8 de septiembre de 2025

Poema del día: "Facción", de Héctor de Saint-Denys Garneau (Canadá, 1912-1943)

Hemos decidido hacer la noche
Por una estrellita problemática
¿Tenemos derecho a hacer la noche?
Noche sobre el mundo y sobre nuestro corazón
Por una chispa
¿Lucirá acaso
En el inmenso cielo desierto?

Hemos decidido hacer la noche por nuestra cuenta
Soltar la noche sobre la tierra
Sabiendo lo que es
Qué clase de animal es
Habiendo conocido qué desierto
Crea en nuestros ojos a su paso

Hemos decidido soltar la noche sobre la tierra
Sabiendo lo que es
Y tomar nuestra facción solitaria
Por una estrella que además no es segura
Que será quizá una estrella errante
O bien el falso brillo de una ilusión
En la caverna que en nosotros excavan
Nuestras pupilas ávidas.

Héctor de Saint-Denys Garneau, incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

Otros poemas de Héctor de Saint-Denys Garneau


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viernes, 15 de agosto de 2025

Poema del día: "Mantenimiento", de Robyn Sarah (Canadá, 1949)

A veces lo mejor que puedo hacer
es sopa casera, o un parche en la rodilla
del mono del bebé.
Cosas que no podrías llamar poemas.
Cosas que se desparraman en la cabeza,
que se tragan
tardes enteras, sobrecargan la semana
hasta que se le ha ido del todo el elástico —
tanto
que ni siquiera hace un chasquido al romperse.
Y una semana pasada es
justo igual que la bolsa informe
de otra. Meses llenos de las mismas,
con las nuevas acercándose en la cinta y
llenándose de los mismos trastos: juguetes
bajo la cama, rodajas de berenjena sudando
sobre la tabla del pan, la lavadora
vomitando jabonaduras al retrete, calcetines
secándose en el radiador y cayéndose
por detrás donde el polvo permanece peludo y
lleno de sí mismo... ¡El polvo!
lo que podría contaros acerca
del polvo. Cómo se come las cosas —
lápices, capuchones de bolígrafos,
ovejas de plástico, cuadrados de abecedario.
Cómo teje capullos
en torno a ellas, aglutina y
asfixia todo cuanto se extravía en
sus dominios — botones,
peniques, canicas — y luego
cómo levanta, en una sola pieza,
pieles de polvo
gruesas como el mejor terciopelo
en la parte inferior de la fregona.

                                          A veces
lo mejor que puedo hacer
es mantenimiento: lo comido
sustituido por lo presto a ser comido, lo crudo
por lo cocido, lo manchado de líquido
por lo lavado y secado, lo rasgado
por lo remendado; cajas de cartón vacías
lanzadas escaleras abajo al sótano, las
latas apiladas en el estante, escombros
sellados dentro de monstruosas bolsas verdemoco
a la espera del basurero.

Y os contaré lo que
normalmente no te cuentan: no hay ninguna poesía
en ello. No hay poesía
en rascar cemento de la bandeja de la silla del bebé
con un cuchillo de cocina torcido, o en tratar de pescar
con el mango de una escoba detrás de la nevera
una pelota allí alojada. Ninguna en la pila
que está siempre llena, ocultando su cargamento
de loza bajo una cabeza
de jabonaduras grasientas. ¿Quizás habéis oído
que hay compensaciones? Eso también
es un mito. Las cosas no son de ese modo.
Los planos son diferentes. Incluso aunque haya
momentos cada día que te cogen del corazón
y le devuelven la agitación de la danza, de aquélla
cuyo ritmo perdiste, en algún lugar años atrás, — incluso
aunque en la mirada clara de tal momento atrapes
una vislumbre de la única cosa que vale la pena buscar —
llamar a esto compensación, es degradar.
Los planos son diferentes. Y es el
otro, el llamado mantenimiento,
el que más me hace gritar.
Me refiero a la rutina,
que empantana la mente, voz, manos
con cosas que no podrías llamar poemas.
Me refiero al hilo que se parte.
Al polvo entre
las teclas de la máquina de escribir.

Robyn Sarah, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).

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miércoles, 6 de agosto de 2025

Poema del día: "Acompañamiento", de Héctor de Saint-Denys Garneau (Canadá, 1912-1943)

Camino al lado de una alegría
De una alegría que no es mía
De una alegría que no puedo alcanzar

Camino a mi lado en alegría
Oigo mi paso en alegría que camina a mi lado
Pero no puedo cambiar de lugar en la acera
No puedo poner mis pies en esos pasos y decir ya está soy yo

Me contento por ahora con esta compañía
Pero maquino en secreto intercambios
Por toda clase de operaciones, de alquimias,
Por transfusiones de sangre
Desplazamientos de átomos por medio de malabarismos

Para que un día, transformado,
Me lleve la danza de esos pasos de alegría
Con el ruido decreciente de mi paso a mi lado
Con la pérdida de mi paso perdido marchitándose a mi izquierda
Bajo los pies de un desconocido que toma una calle transversal.

Héctor de Saint-Denys Garneau, incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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viernes, 11 de julio de 2025

Poema del día: "Fuga", de Robyn Sarah (Canadá, 1949)

Las mujeres están en camino
al nuevo país. Los hombres observan
desde altas ventanas de oficina
mientras las mujeres se van.
No llegan muy lejos
en un día. Aún las puedes ver
desde altas ventanas de oficina.

Las mujeres están en camino
al nuevo país. Se lo llevan
todo consigo: mantas,
pianos, niños. O lo dejan
todo atrás: gatos,
plantas, niños.
No llegan muy lejos en un día.

Algunas mujeres viajan solas
al nuevo país. Algunas
con un niño, o niños.
Algunas van en parejas o grupos
o en parejas con un niño
o niños. Algunas en un grupo con
gatos, plantas, niños.

No llegan muy lejos en un día.
Han de parar a hacer pan en la carretera
al nuevo país, y compartir
el pan con otras mujeres. Niños
crecen más allá de sus ropas y las ceden
a niños más pequeños. Las mujeres también
ceden ropas, se ponen las unas

los gatos, plantas, niños de las otras, y en la luna llena
nadie recuerda el camino al nuevo país
en el que habrá espacio para todo el mundo y
será verano y los niños cederán
sus ropas y los panecillos subirán
sin levadura y las mujeres habrán llegado
tan lejos que nadie pueda verlas, ni siquiera desde

altas ventanas de oficina.

Robyn Sarah, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).

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martes, 1 de julio de 2025

Poema del día: "Que la noche sea perfecta...", de Alain Grandbois (Canadá, 1900-1975)

Que la noche sea perfecta si de ello somos dignos
Ninguna piedra blanca nos indicaba la ruta
Donde las vencidas debilidades terminaban de morir

Íbamos más allá de los más lejanos horizontes
Con nuestros hombros y nuestras manos
Y este impulso parecido
a los destellos de insondables bóvedas
Y este hambre de durar
Y esta sed de sufrir
Asfixiándonos en el cuello
Como mil horcas

Hemos compartido nuestras sombras
Más que nuestras luces
Nos hemos mostrado
Más orgullosos de nuestras heridas
Que de las esparcidas victorias
Y de las mañanas felices

Y hemos construido de pared a pared
El negro cerco de nuestras soledades
Y estas cadenas de hierro remachadas para nuestros tobillos
Forjadas del metal más duro

Que perfecta sea la noche en que nos hundimos
Hemos destruido toda la felicidad y toda la ternura
Y nuestros gritos futuros
No tendrán más que el eco tembloroso
De los cadáveres perdidos
En los abismos de la nada.

Alain Grandbois en Poèmes (1963), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

jueves, 5 de junio de 2025

Poema del día: "Tiburones de luna", de Mary di Michele (Canadá, nacida en Italia, 1949)

La oscuridad reduce nuestras piernas a babosas
mientras intentamos emprender el camino de vuelta
desde el río. Una larga conversación
para celebrar cosmologías
de bosque, musgo, helecho y rápida
y limpia trucha. Pre-copernicanas, nuestras palabras
dicen que hemos observado al sol
ponerse. Cuán poco comprendemos
el uno del otro, incluso aquí, juntos como gemelos
moviéndose en el saco embriónico, noche,
donde sólo se oye latir al corazón más grande.

Dicen que la oscuridad es romántica
y que los apasionados son propensos a ahogarse.
Puedes observar al aire adensarse
como si la ausencia de luz
hiciera a las moléculas estrechar
su abrazo, hacerse líquidas.
El lánguido movimiento de nuestros miembros
como un caminar a través del agua,
cuál si nos hubiésemos perdido
precipitándonos de vuelta al río.
Nos esforzamos por ver y nuestra visión
tiene la textura granulada del vídeo.

La noche fue hecha para escuchar.
Porque el sonido ondula,
nuestras orejas poseen forma de concha.
Una oreja, desmembrada, es un extraño regalo,
la misma estructura básica que un tiburón:
cartílago y carne,
llena de biografías,
partes mutiladas.

Seguimos lentamente y necesitamos tiempo.
Trato de asir la mano de este hombre por qué necesidad,
cual una luz de flash en la oscuridad.
Sus pantalones blancos, piernas de la luna,
nos ayudan a encontrar el camino.
En la plenitud de luz lunar
somos esa delgada línea negra
que el río expulsa:
el canal digestivo de una gamba.

Habiendo vivido tanto tiempo con agallas,
regresamos a nuestros lechos, una raza peculiar.
Pronto el sol se levantará igual que ayer
y la atmósfera adoptará su habitual
estado gaseoso, sólo la hierba estará algo mojada
de una noche bajo el agua.

Mary di Michele, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).


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sábado, 24 de mayo de 2025

Poema del día: "La romanza del vino", de Émile Nelligan (Canadá, 1879-1941)

Se confunde todo en un vivo resplandor de verde alegría.
¡Qué hermoso atardecer de mayo! Todos los pájaros a coro,
Como las ilusiones pasadas de mi corazón,
Modulan su preludio en mi ventana abierta.

¡Qué hermoso atardecer de mayo! ¡qué alegre atardecer de mayo!
Un órgano a lo lejos irrumpe con frías cadencias;
Y los rayos, cual púrpuras espadas,
Taladran el corazón del día que se muere entre perfumes.

¡Estoy contento! ¡Estoy contento! En el cristal que canta,
¡Vierte, vierte el vino! ¡vierte más y más,
Para poder olvidar la tristeza de los días,
En el desdén que siento por la masa perversa!

¡Estoy contento! ¡Estoy contento! ¡Viva el vino y el Arte!...
Yo sueño con hacer también célebres versos,
Versos que gemirán las músicas fúnebres
De los vientos de otoño a lo lejos pasando entre niebla.

¡Es el reino de la risa amarga y de la rabia
De saberse poeta y objeto de desprecio,
De saberse corazón y no ser comprendido
Más que por el claro de luna y las grandiosas tardes de tormenta!

¡Mujeres! Brindo por vosotras, que os reís del camino
Adonde el Ideal me llama abriendo sus brazos rosas;
Brindo por vosotros sobre todo, hombres de frentes lentas
Que desdeñáis mi vida y rechazáis mi mano!

Mientras todo el azul se hace estrellas en la gloria
Y un himno se alza a la dorada primavera,
Sobre el día que expira yo por fin no he llorado,
¡Yo, que camino a tientas por mi juventud negra!

¡Estoy contento! ¡Estoy contento! ¡Viva la noche de mayo!
¡Estoy locamente contento, aunque no esté embriagado!...
¿Será que me siento por fin dichoso en la vida;
Por fin mi corazón del amor se ha curado?

Han cantado campanas; el viento nocturno perfuma...
Y mientras el vino chorrea en gozosos raudales,
¡Estoy tan contento, tan contento, en mi reír sonoro,
tan contento, que temo romper a llorar!

Émile Nelligan en Poésies complétes 1896-1899 (1952), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).


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lunes, 28 de abril de 2025

Poema del día: "Volando más adentro del siglo", de Pier Giorgio di Cicco (Canadá, 1949-2019)

Volar más adentro del siglo
es estimulante, los rostros de seres amados comidos
lentamente, las tiras de carne oponiéndose
al aire, las parcelas sonrientes. Tenemos suerte de ser maduros,
de estar en lo mejor, viendo más tratados, cómo
la T.V. se computariza. La muerte no tiene dominio.
Vive fuera de esta tierra. El resplandor sobre la colina, desde
los lugares de ensayo, de noche, toda la manzana de vecinos
muriendo de cáncer en los próximos treinta años. Estarnos
demandando al gobierno por una gota de sangre; volando más adentro
del siglo, amor,
las mentiras son viejas mentiras con más imaginación;
el futuro es una canoa. Los tres osos están hambrientos, descontentos
con las gachas. Volando más adentro del siglo,
mis manos son oraciones, anzuelos, gallardetes.
No puedo amar la hierba, los camafeos o los pulmones.
El fin del siglo es una colcha subida hasta los ojos.
Quiero estar ahí, logrando equilibrar las cosas.
No te amaré, con tal malicia en libertad.
Volar más adentro del siglo es hermoso, como
emerger por tercera vez, la vida centelleando ante nosotros.
El principal acontecimiento editorial es el último poema de
todos los tiempos. Soy un pobre diablo solitario. Mis hermanos y hermanas
han tenido relaciones sexuales, y yo me quedo con sus hijos mestizos
escribiendo memorias sobre los muertos en Camboya.
Volando más adentro, ya no recuerdo lo que me importó de
puro respeto. Oh Time, oh Newsweek, oh Ladies’ Home Journal,
oh la última frontera, estoy profundamente conmovido.
El sol, un ignorante, emerge.
Sostengo esta conversación con él. Triste, triste, más adentro
vuelo en este siglo, cada pluma de cada ala
absolución, si solamente fuera menos que humano, no iracundo
como algo golpeado.

Pier Giorgio di Cicco, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).


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domingo, 23 de marzo de 2025

Poema del día: "Bisabuelo sefardí", de Seymour Mayne (Canadá, 1944)

                           para Mrs. M. Negri

Ahorraba su ardor
no para su juvenil esposa
o vástagos lo bastante jóvenes
como para ser sus biznietos
sino para sus libros sagrados
Salmos que coleccionaba
en ediciones inglesas, italianas —
cada página con el hebreo enfrente,
anciano, impreso
con la bella letra
de Rashi y el arameo
coral de Onkelos

Alabar al Señor —
esta era su manera
reuniendo las celebraciones
para legarlas
Así un siglo más tarde
son manejadas reverentemente
por una biznieta
salvada también de la Gestapo
y viviendo aún entre
las sombras grises de la Acrópolis
y el Monte de los Lobos.

                                       Atenas
                                       Pascua, 5740

Seymour Mayne, incluido en Antología de la poesía anglocanadiense contemporánea  (Los libros de la frontera, Barcelona, 1985, selec. y trad. de Bernd Dietz).


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