La derecha cerrada
O abierta;
La izquierda abierta
O cerrada.
Y las dos
Sin esperarse
Una a la otra.
Estas dos manos no mezcladas,
Estas dos manos no mezclables.
La que damos
Y la que guardamos;
La que conocemos
Y la otra, la desconocida.
Esta mano de niño,
Esta mano de mujer.
Y a veces esta mano trabajadora,
Sencilla como mano de hombre.
¡Entonces hay tres!
Y descubro un número infinito
En mí
De manos que se tienden
Hacia mí,
Como extranjeras
Temibles.
¡Ay!, ¿quién me devolverá
Mis dos manos unidas?
Y la ribera
Que se toca
Con las dos manos,
Cargadas con el mismo bagaje,
Después de derramar por el camino
Todas esas manos inútiles...
Anne Hébert en Les songes en équilibre (1942), incluido en Poetas franco-canadienses (Árbol de fuego, año 6, nº 63, Caracas, 1973, trad. de Isabel Paraíso de Leal).

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