lunes, 28 de octubre de 2013

Francisco Cenamor nos habla sobre el poemario 'Larva seguido de Cerca', de Pilar Fraile Amador

Abren las tumbas con secretas llaves,
las semillas.

La cita que encabeza el libro de poemas Larva seguido de Cerca (Amargord Ediciones, Madrid, 2012), de Pilar Fraile Amador, nos sitúa de nuevo en el mismo lugar que el anterior libro de la autora, La pecera subterránea, en donde el sujeto poético actúa larvadamente. El título del primer apartado, Cieno, lo confirma.
   El poemario contiene sorprendentes relaciones de palabras que dan un giro a nuestra percepción de la realidad. Me gusta la estructura del libro, como una semilla que fuese arrancada del suelo y navegase a través del aire, porque aire hay mucho en este libro; al menos eso me inspiran los grandes espacios que encontramos entre versos y poemas. En otros poetas, estos espacios en blanco son interpretados como silencios, pero creo que en el caso de Pilar Fraile es aire fresco, vivificador en medio de la calima.
   En la poesía tendemos a considerar cada poema como una unidad, pero la autora de Larva consigue que sea difícil establecer este sistema de medida en sus textos: ¿dónde comienza cada poema en realidad, no se va quedando uno suspendido en el aire del anterior? ¿acaso alguno de los poemas termina realmente? Da igual en realidad, al leer olvidamos la medida y disfrutamos del vuelo en este aire ligero. Esta sensación de ligereza se ve acentuada por la desaparición de palabras que, de no haber sido eliminadas, hubiesen dado pesadez a los poemas.
   Cuando nos enfrentamos a un texto poético complejo es fácil quedarnos en la expresión “¡buf!”, o con la palabra “pesado”, por temor a lanzarnos a la aventura. Pilar Fraile consigue en Larva que la expresión que utilicemos sea el suspiro que suele dar comienzo a la meditación y que nos libera de la pesadez de nuestro cuerpo.
   En el libro aparece un yo que se presenta a sí mismo, que se dirige a un tú que parece ser el mismo yo para pasar a ser de nuevo un yo en el que sigue permaneciendo el tú. Este ir hacia el otro en el interior crea una interesante atmósfera en la que la gota es el mar, como diría más de una tradición filosófica oriental. Poesía para meditar, tal vez sea esa la conclusión de la lectura. No confundir nunca la palabra meditar (ligereza), con otras como pensar o reflexionar (pesadez).
   Por último, aparecen en estos textos, sin esperarlas, algunas relaciones de palabras que me estremecen, me conmueven: esto debe de ser la mística.
   Cerca parece un libro diferente, publicado junto a Larva. Diferente, y bien diferente. En su composición, con una narratividad intencionada que nos sumerge en los recuerdos de infancia. Pero leyendo leyendo, sumergiéndome, descubro una gran similitud con Larva, e incluso con La pecera subterránea: la infancia es un submundo apegado a la tierra, al deshecho, en el que se lucha por crecer ante el asombro que produce el mundo terrible, y superior, de los adultos.
   En todo momento tenemos esa sensación de que no se nos dice lo que de verdad es, algo que sería demasiada información para un poema, y que consigue que aparezca otra verdad: la verdad del lector.
Francisco Cenamor

Poemas de Pilar Fraile Amador y artículos sobre su obra

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