viernes, 31 de agosto de 2007

Poema del día: "Nosotras, mujeres pecadoras", de Kishwar Naheed (Paquistán, 1940)

Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestras vidas,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.
Somos nosotras, mujeres pecadoras;
mientras aquellos que venden la cosecha de nuestros cuerpos,
se exaltan, se vuelven distinguidos,
se convierten en simples príncipes del mundo material.
Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes salimos levantando la bandera de la verdad
contra la barricada de mentiras esparcida sobre las avenidas;
quienes encuentran historias de persecución
apiladas en cada umbral,
quienes se dan cuenta que esas
lenguas que podrían hablar,
han sido cercenadas.
Somos nosotras, mujeres pecadoras.
Incluso si la noche nos persigue
estos ojos no habrán de apagarse.
No insistan en volver a levantar
la pared ya construida.
Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestros cuerpos,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.

Kishwar Naheed (recitado en directo aquí).

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jueves, 30 de agosto de 2007

Xavier Pikaza publica en su blog el magnífico artículo "Jesús profeta y poeta. La vida como belleza"

Hace tres años, navegando por Internet, descubrí un libro titulado Cristianismo y poesía (Editorial San Esteban, 2003), coordinado por Antonio Praena y Asunción Escribano. La única referencia que tenía a la hora de comprármelo, aparte de su temática, era que el teólogo Xavier Pikaza, del que había leído interesantísimos artículos en la revista mercedaria Estudios (creo, jeje), tenía allí un artículo. Después, gracias a este libro, llegué a conocer y visitar al magnífico poeta dominico Antonio Praena. El libro es una delicia, la verdad. Los artículos, de una profundidad inmejorable, me encantaron. En especial, he de reconocerlo, el artículo titulado Jesús profeta y poeta. La belleza de la vida, escrito por Xavier Pikaza. Hoy andaba trasteando por Internet una vez más y me encuentro con que Xavier Pikaza tiene un blog. Y en el blog viene un correo, así que ni corto ni perezoso le escribo para felicitarle por aquel maravilloso artículo. Cual no será mi sorpresa cuando recibo la siguiente contestación: "Querido Francisco: Gracias por la carta. Ha sido una “casualidad”. Quería haber empezado a publicar hoy el trabajo en mi blog (http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php), pues vengo tratando del tema de los vestidos…y me encuentro con tus letras... Un saludo. Xabier".

Increíble, pero estas cosas pasan. Así que ya sabéis, podéis empezar a leer el magnífico artículo Jesús profeta y poeta. La belleza de la vida, escrito por Xavier Pikaza, entrando en su blog, ya ha publicado una parte.

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Poema del día: "La parada de lo imperceptible", de Djahanguir Mazhary (Irán, 1939-2024)

(Fragmento)
Al despertar del alba
A los rayos del sol
A la estrella nocturna
A la mirada de asombro
de la bella del pozo
Al dormir del sueño
Al espíritu del desierto
Al canto del pastor
Al carnero
Al caballo
A las llamas del leño
en el fuego del hogar
A esa que en la ventana
con la cabeza llama
A los lectores de estas líneas
en el anfiteatro del mundo
Se oye extender
el imponderable eco.
¿Qué piensas tú hacer
con tu eternidad?

Djahanguir Mazhary en La parada de lo imperceptible (Xajamaia Editores, 19--).

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Poema del día: "Pensamientos de cosas por venir de Tachihara Michiz", de Yasuki Fukushima (Japón, 1943)

Los sueños retornarían siempre a la solitaria aldea al pie de
las montañas,
Tejiendo senderos de bosque entre la joven tarde
Donde el viento revolvería los largos tallos de pequeñas
flores rosadas,
E incesantemente cantarían los grillos, rompiendo el silencio
tan profundo como

la tumba
En el cielo azul, el sol brillante esplendería

cual volcanes dormitando por
debajo
-Y yo
Hablé incesantemente de todo lo que veía -de islas, de olas,
De acantilados, de luz, del sol y la luna -sabiendo que nadie
oía...
Pero ya no avanzan más los sueños
Pensando que olvidarán algo y todo,
Olvidando aun al final acerca de haberlo olvidado todo.
Los más parecidos, mientras la muerte del invierno desciende sobre la memoria, los sueños se hacen más fríos
Y abriendo una puerta, desaparecen desolados
Descendiendo un sendero iluminado por polvo de estrellas.

Yasuki Fukushima

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martes, 28 de agosto de 2007

Carlos de Gredos, entre las actualizaciones de finales del mes de agosto de 2007 de la Revista “Dulce arsénico”

Comprobamos como día a día la revista digital Dulce arsénico actualiza sus contenidos. Y se renueva con una propuesta visual y veraniega del poeta Carlos de Gredos y los poemas de Begoña Callejón y José Luis García Herrera.
Por otra parte, el poeta Francisco Cenamor continúa después de casi tres meses con su propuesta de ‘Poema del día’, ahora con autores de países poco frecuentados por los lectores de habla hispana, como el angoleño José Mena Abrantes, el brasileño Lêdo Ivo, el palestino Tawfiq Zayyad o las japonesas Kasuko Shiraishi y Satoko Tamura.




Poema del día: "La playa", de Yasuo Fujitomi (Japón, 1928-2017)

Todo estuvo bien hasta llegar a la playa. Las olas estaban un poco ásperas y un viento salobre vino soplando de mar afuera contra mi rostro. Como quiera que un número de personas con cerca de diez banderas sobresaliendo de sus cabezas iban caminando playa abajo, les pregunté, “¿Es éste el funeral de un barco?” y ellos simultáneamente tomaron sus banderas en la mano y me persiguieron. Yo escapé, corriendo a lo largo de la playa, pero dejé olvidadas ambas piernas en la arena.

Yasuo Fujitomi

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lunes, 27 de agosto de 2007

Poema del día: "La estación de las hierbas", de Satoko Tamura (Japón, 1947-2020)

Me detengo en el cruce.
Ninguna figura humana
en el paisaje cotidiano.
Sólo claridad de un rayo de sol
y desde las chimeneas de pie
con unos dedos de cadáveres quemados
no oscila el humo.
No se percibe lo que mueve.

Me apresuré por la calle acostumbrada
hacia mi casa
pero encontré una desconocida vivienda
donde debería estar mi casa.
Si todos me olvidasen,
¿se desatarían los vínculos con mi vida
y desaparecerían todas las figuras de mis ojos?

Quise retroceder
pero no encontré el camino.
Subí por la escalera del edificio
apenas reconocido.
Al abrir la puerta encontré
la habitación donde mi padre y yo
nos hospedamos en un viaje
de días lejanos.
Era una huesa repleta de pasado
donde los polvorientos, marchitos y pobres
pero los únicos verdes vivos
brotaban como los cabellos enroscados en un cráneo.

En algunos huecos al lado muchos conocidos
vivían su última y definitiva residencia.

La realidad llegó hasta mi visión.
Cuando el llanto y el estremecimiento me sacudieron del fondo
y me cubrieron totalmente,
me uní cabizbaja
con la multitud muerta.

Satoko Tamura en Mapa profundo.

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domingo, 26 de agosto de 2007

Poema del día: "Mi tribu de arena", de Kazuko Shiraishi (Japón, 1931-2024)

En Riverside no hay río.
El río está seco en Riverside desde 1911.
En el verano de 1980 aparezco por primera vez en
Riverside.
69 años después de haberse secado el río.
Allí descubro que Riverside es de hecho una entrada
hacia el desierto. Allí de pronto las criaturas de la
tribu de arena empiezan a moverse en mi interior y
buscan la salida, deprisa, ¡ay!, hacia el desierto.
Toman la salida mientras pronuncian la palabra mágica,
"Riverside, Riverside"; salen atropellándose, volando,
hermosos espíritus construidos con granos de arena
seca, afuera, hacia el desierto.
Mis pensamientos tiran siempre hacia el desierto,
hacia donde hay arena, tierra seca, sin importar en
qué lugar me encuentre, aire caliente y seco donde
hasta al mismo sol se le quema la garganta, y la tribu
arenosa anidada en mi interior adquiere vida de
pronto, cuando descubre ausencia de agua, ni una gota
de agua en Riverside, y así se lanza cantando,
descalza, alegremente silbando, danzando hacia el
desierto. Entonces poco a poco me hundo hasta quedar
sepultada en esta multitud de arena y mi memoria
empieza a remontarse, hacia atrás, centenares de miles
de años atrás. ¿Es éste el arenal de los indios yaquis
de California o es el desierto de Sahara? ¿Estoy a
las orillas de la sagrada Uluru o en las planicies de
Australia? Cuanto más atrás se remonta mi memoria, más
ambiguos se tornan mis recuerdos... Quizá yo sea lo
arcaico, quizá me haya quedado dormida. El tamtam de
los tambores me despierta a veces; mas ya convertida
en arenosa tierra, adormecida, ¿cómo podría emerger
del todo de mi sueño?
En Riverside no hay río.
Seco Riverside, tierra enigmática, puerta al desierto
en donde no hay ni rastro de agua: ¿por qué eres una
pura entrada sin salida, por qué está el desierto
plagado de entradas sin una sola puerta? El desierto
es una entrada
Una entrada abierta a todos
Una entrada abierta a otra entrada
Cada vez más hacia dentro
Tribu de arena, intrépida hermandad, guerreros míos
que al olor de la arena corren hacia el desierto, sin
saberse bien por qué, no con locura, ni por ir a
alguna parte, sólo por puro instinto, sólo por el amor al
regreso.
De adentro de mi cuerpo regresan hacia su nido, hacia
la madriguera original, como si fueran bestias,
pájaros o peces. En la tarde calurosa oigo sus
aleteos.
Los ojos los ven y no los ven. Tribu de arena, más
evidente que la poesía, río seco, grande y ancho
Poder fantasmagórico, ánimas de la arena que adoptan
la forma del río...

Kazuko Shiraishi, en Viento venido de la ensenada.

Otros poemas de Kazuko Shiraishi
Lago amarilloMi tribu de arena

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sábado, 25 de agosto de 2007

viernes, 24 de agosto de 2007

Poema del día: "Asilo Santa Leopoldina", de Lêdo Ivo (Brasil, 1924-2012)

Todos los días vuelvo a Maceió.
Llego en navíos desaparecidos, en trenes sedientos.
En aviones ciegos que sólo aterrizan al anochecer.
En los estrados de las plazas blancas pasean cangrejos.
Entre las piedras de las calles escurren ríos de azúcar
fluyendo dulcemente de los sacos almacenados
en los trapiches
y clarean la sangre vieja de los asesinados.
Luego que desembarco tomo el camino del hospicio.
En la ciudad donde mis ancestros reposan en
cementerios marinos
sólo los locos de mi infancia continúan vivos a mi espera.
Todos me reconocen y me saludan con gruñidos
y gestos obscenos o ruidosos.
Cerca, en el cuartel. La corneta que chilla
separa la puesta del sol de la noche estrellada.
Los locos lánguidos bailan y cantan entre las gradas
¡Aleluya! ¡Aleluya! Más allá de la piedad
el orden del mundo brilla como una espada.
Y el viento del mar océano inunda mis ojos de lágrimas.

Lêdo Ivo en A noite misteriosa (Editora Record, 1982). En la base de datos del ISBN español solo aparece un título de este autor brasileño, La moneda perdida, editado por Olifante Ediciones de poesía en 1989.

Otros poemas de Lêdo Ivo
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jueves, 23 de agosto de 2007

Poema del día: "En el tronco de un olivo", de Tawfiq Zayyad (Palestina, 1922-1994)

Porque no tejo la lana,
porque a diario soy objeto
de órdenes de detención
y mi casa blanco de las visitas de la policía
para registrar y "limpiar"
porque no puedo comprar una hoja de papel,
grabaré todos mis secretos
en un olivo
en el patio de mi casa.
Grabaré mi historia
y los capítulos de mi tragedia
y mis quejas
en el naranjal y en las tumbas de mis muertos.
Grabaré toda la hiel que probé
y que borrará una décima parte de la miel que gustaremos.
Grabaré el número del recibo
de nuestra tierra expoliada
y el lugar de mi aldea y sus linderos
y las casas dinamitadas
y mis árboles derribados
y cada florecilla del campo aplastada
y los nombres de los que fueron maestros
en consumir mis nervios y mi aliento,
y el nombre de las cárceles
y de cada clase de esposas
que maniataron mis manos
y el historial de mis guardianes
y cada insulto que me arrojaron a la cara.
Grabaré "Kafr Qasim, no te olvido".
Grabaré "Deir Yasin, tu recuerdo ha arraigado en mí".
Grabaré: "Hemos llegado a la cumbre del drama,
nuestra tragedia nos ha roído
pero
hemos llegado a la cumbre".
Grabaré todo lo que me cuenta el sol
y lo que me susurra la luna
y lo que me cuenta una alondra
junto al pozo que los amantes abandonaron.
Para recordar
seguiré sin descanso grabando
todos los capítulos de mi tragedia
y todas las etapas del desastre
desde el principio hasta el fin.
Allá, en un olivo
en el patio de mi casa.

Tawfiq Zayyad en Ammán en septiembre y otros poemas (Hiperión, 1979).

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miércoles, 22 de agosto de 2007

Poema del día: "En el corazón del mar digo a mi corazón...", de Yehuda ibn Samuel Ha-Leví (España, Al-Andalus, 1075-1141)

En el corazón del mar digo a mi corazón,
que palpita lleno de temor al ver cómo levanta sus olas:
Si crees en el Dios que hizo los mares
y cuyo nombre ha de durar toda la eternidad,
no te debe asustar el mar cuando se hincha,
porque contigo está Aquel que le puso términos al mar.

Yehuda ibn Samuel Ha-Leví en Antología poética (Altalena Editores, 1983).

Otros poemas de Yehuda ibn Samuel Ha-Leví
Con rodillas vacilantes...En el corazón del mar digo a mi corazón...¿Ha vuelto el diluvio a anegar la tierra..., Moaxaja (III)

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martes, 21 de agosto de 2007

Poema del día: "La víspera", de José Ángel Valente (España, 1929-2000)

El hombre despojóse de sí mismo,
también del cinturón, del brazo izquierdo,
de su propia estatura.

Resbaló la mujer sus largas medias,
largas como los ríos o el cansancio.

Nublóse el sueño de deseo.
Vino
ciego el amor
batiendo un cuerpo anónimo.
De nadie
eran la hora ni el lugar
ni el tiempo de los besos.

Sólo el deseo de entregarse daba
sentido al acto del amor,
pero nunca respuesta.

El humo gris.
El abandono.
El alba
como una inmensa retirada.
Restos
de vida oscura en un rincón caídos.
y lo demás vulgar, ocioso.
El hombre
púsose en orden natural, alzóse
y tosió humanamente.
Aquella hora
de soledad. Vestirse de la víspera.
Sentir duros los límites.
Y al cabo
no saber, no poder reconocerse.

José Ángel Valente en La memoria y los signos, libro incluido en Obra poética I: Punto cero (1953-1976) (Alianza Editorial, 1999).

Otros poemas de José Ángel Valente
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lunes, 20 de agosto de 2007

Poema del día: "Debilidad", de Zoé Valdés (Cuba, 1959)

Él tenía la costumbre de reír como un dios
Él era semejante a la angustia
Pálido para más dato de la belleza
Antes yo creía en la muerte
Ahora no quiero saber
En mi cuarto el miedo me estudia
Rasguña en mis labios con un bisturí
Analizado el exudado
Gotas de mi flujo sobre un cristal
Él regresa celoso del terror
Ríe aún semejante a un dios
No tan atronador
Él sin embargo continúa depresivo
Hablan entre sí él y el pavor
Oh soy una bestia dijo el primero
Eres objetivo pero soy yo
Quien irá a enmudecerla
Es delicioso lo brutal que puedo ser
Comenta el segundo en referencia a mí
Ay yo me espero a mí misma
Antes todo el mundo venía
Ahora callo ahora duermo
No quiero saber

Zoé Valdés en Breve beso de la espera (Editorial Lumen, Barcelona, 2002).

Otros poemas de Zoé Valdés
Joya parisina sobre unos pechos recatados

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sábado, 18 de agosto de 2007

Poema del día: "En el silencio de la biblioteca", de Fernando Fortún (España, 1890-1914)

Bajo del sol de la tarde de verano,
ciega el albor de estas casonas viejas,
mientras que en sus estancias silenciosas
la penumbra nos baña y nos consuela.
Y, como un moscardón, zumba el silencio;
un pregón que se arrastra, es una queja...
Duerme un profundo sueño la ciudad
en estas lentas horas de la siesta.

Y yo, sin dormir, sueño
en la paz que hay aquí, en la Biblioteca
municipal, donde se oyen las plumas
correr sobre el papel, cansadas, lentas...
Algún adolescente,
acodado sobre una antigua mesa,
lee los Episodios Nacionales,
o novelas de Verne, o de Pereda.
Y hay unos hombres calvos consultando
el Diccionario de Jurisprudencia.

De los libros vetustos hay un vago
perfume a cosas muertas;
en los viejos estantes empolvados
parece que bostezan
de tedio y de cansancio, ellos que dicen
las añoradas vidas de otras épocas,
como abuelos que cuentan su pasado
y que hoy contemplan esta vida quieta...

Y delante de mí, abierto un tomo,
que no sé de qué trata, lo contemplan
mis ojos que soñando ven ahora
al abuelo de nívea guedeja;
y escucho el desgranar de sus palabras
con un sonoro ritmo de leyenda...

Y la paz es profunda;
no llegan los rumores desde fuera.
Los empolvados libros
quedamente bostezan...
Y delante de mí, abierto un tomo,
que sin verlo mis ojos lo contemplan.

Fernando Fortún en Reliquias (Colección Signos, Huerga y Fierro Editores, 1992).

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viernes, 17 de agosto de 2007

Poema del día: "Poema de la despedida", de José Ángel Buesa (Cuba, 1910-1982)

Te digo adiós si acaso te quiero todavía
quizás no he de olvidarte... Pero te digo adiós
No sé si me quisiste... No sé si te quería
o tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste y apasionado y loco
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... No sé si te amé poco,
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
y el corazón me dice que no te olvidaré.
Pero al quedarme solo... Sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso con esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí.
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

José Ángel Buesa en Oasis (Libsa-Alba, 1996).

jueves, 16 de agosto de 2007

Poema del día: "Aquel colegio", de Julio Santiago (España, 1975)

Uniformes grises en los pupitres
piden ser mezclados con los azules.
Pechos turgentes bajo triángulos
sueñan tener cuencos de manos.

Las cinturas están ceñidas de aromas
al despuntar la humedad de lo prohibido.
Las niñas hacen derivadas de indiferencia,
los niños hacen integrales de insistencia.

Las murallas del jardín son testigo
del humo del primer cigarrillo.
Las paredes del baño espían citas
de lo que va y viene, excito, excitas.

-¡Ayúdame a estudiar Geografía!
He olvidado el método, me he perdido.
-Dame el índice que te guío.
-Toma el corazón y te lío.

Julio Santiago en Risa bajo el ombligo (Ediciones Vitruvio, 2001).

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miércoles, 15 de agosto de 2007

Poema del día: "Hermano Platónides", de Ricardo Alcocer (México, 1981)

Nada aprendí en la trapa
Un crucifijo tiritando
Estrella de la muerte eterna
Hermano del silencio
Un grito magnificado de la Biblia
Crimen y Castigo
Hermano Platónides
Padre Lázaro
Nada aprendí me atrapa
la Estricta Observancia

Ricardo Alcocer en la antología Salida de emergencia (Nosomoscómodos Producciones, 2004).

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martes, 14 de agosto de 2007

Poema del día: "La Luz XVI", de Miguel Salas Díaz (España, 1977)

A veces ella duerme
y en su respiración
reposa el mundo
hasta que llega el alba.
La cobra de las horas
silba y se alza orgullosa
pero nunca se acerca
si ella sigue dormida.
Al fin llega la luz
y yo gustoso ofrezco
mi sangre a la serpiente
a cambio de un minuto
de sueño para ella.
Después, al despertarla,
vemos juntos
huir a nuestro reino
de desconcierto y sombra
como hormigas de tinta
en la tormenta.

Miguel Salas Díaz en La luz (Hiperión, Madrid, 2007).

Otros poemas de Miguel Salas Díaz
La luz (IIXVI)

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lunes, 13 de agosto de 2007

Poema del día: "Escribo versos porque hace frío...", por Sacra Leal (España, 1964)

Escribo versos porque hace frío
y me tirita el alma.
Porque es sábado y sabe a lunes,
y cumplo años,
y ya soy vieja -joven anciana-,
y tú no estás,
y el teléfono de Dios comunica,
y mis hijos no vienen,
y mi infierno se agranda.
Escribo versos para no suicidarme
con una soga de esparto y de nostalgia.

Sacra Leal en La revolución del llanto (Ediciones Torremozas, 1994).

Otros poemas de Sacra Leal
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domingo, 12 de agosto de 2007

Nueva versión del Poema del día "No te busques no estarás" del poeta Félix Hangelini (Cuba, 1977-2012)

El poeta cubano afincado en Barcelona Félix Hangelini se ha puesto en contacto conmigo para enviarme una nueva versión de su poema No te busques, no estarás, que publiqué el pasado martes 7 de agosto de 2007. También me envía los datos del libro donde fue publicado. Gracias Félix.

He vuelto
a esas cenizas calles de adoquines
donde la mente martilla esfuerzos
y está el viejo Konstantinos
tras el disfraz de un muchacho
tan bello que hace olvidar los adoquines
y las enhiestas voces
soplando alrededor el peligro de toda osamenta

ahora ambos corremos a su encuentro
tras el mismo aguacero
derrumbados sobre el muelle en señal de asesinato
sobre la bala de agrietar la razón
urdiendo telarañas entre los techos

un disfraz es un destello
en la abundancia
(confiesa el viejo Konstantinos
la mano en el aire como amapola
si la gota de lluvia inunda el ojo
de calles adoquinadas)
en todo gesto cabe una sonrisa
entre la mía y la del hombre
hay demasiadas curvas y da vértigo nombrarlas

así dijo alejando su mano
de los golpes de viento interminables
y entonces salimos a encontrar
en las difusas calles
los colores que el hormigón y el hombre van perdiendo.

Félix Hangelini en La Devastación. La imaginación de la bestia (Fundación Jorge Guillén, 2006).

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Poema del día: "La nostalgia es aquello que no puede volver...", de Miguel Sánchez Robles (España, 1957)

La nostalgia es aquello que no puede volver
y el tiempo y el amor siempre pasan deprisa,
las palabras se agotan al decirlas
y los libros se mueren
en la página diez.

Miguel Sánchez Robles en La perra diecinueve (Fundación Colegio del Rey, 1997).

Otros poemas de Miguel Sánchez Robles
Cómo me gustaría mover unas palancas...Hoy lloro por aquello...La nostalgia es aquello que no puede volver...

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sábado, 11 de agosto de 2007

Poema del día: "Natural de tu voz", de Luis Rosales (España, 1910-1992)

¿Recordáis?: basta verle la mirada votiva;
basta verle vivir,
desde que le dijeron que tenía los ojos ofrecidos y verdiazules como aceite de lamparilla,
desde que vino de París para esperar que alguien le hablara como le hablaste tú,
mientras él te escuchaba sabiendo
que las palabras son como monedas donde queda acuñado el rostro de la persona a quien se dicen,
y sintió que se le acrecentaba el corazón,
y que nacía sobre el metal legalizando su situación de hombre en tus palabras,
y pensó desde entonces aprender a llover sobre París todos los días,
y se sintió extendido y servicial como una mesa de escritorio,
y se calló como una carta que se extravía,
como una carta cuya dirección nadie conoce,
y se quedó distinto, con una nueva infancia, y naturalizado ya sobre tu voz
ofreciéndote su mirada encendida.

Luis Rosales en Rimas (1951), incluido en  Poesía reunida, 1935-1974 (Seix Barral, Barcelona, 1982).

Otros poemas de Luis Rosales

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viernes, 10 de agosto de 2007

Poema del día: "Siempre la claridad viene del cielo...", de Claudio Rodríguez (España, 1934-1999)

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a si misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el brazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Claudio Rodríguez en Don de la ebriedad, dentro de la obra completa Desde mis poemas (Ediciones Cátedra, 1994).

Otros poemas de Claudio Rodríguez
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jueves, 9 de agosto de 2007

Poema del día: "Tambores del alba", de Rubén García Cebollero (España, 1975)

Aparcado bajo la fría lluvia
esperando mientras moroso pasa
el absorbente tiempo
hallo tu luz más cierta

en el vago recuerdo que me acucia
en el tambor del alba
en los tambores negros
donde el olvido empieza.

Y en tu ausente visibilidad huida
sigo esperando la luz de nuestras vistas.

Rubén García Cebollero en La luz de nuestras vistas (UAB, Barcelona, 2003).

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miércoles, 8 de agosto de 2007

Poema del día: "Los azorados", de Arthur Rimbaud (Francia, 1854-1891)

Negros sobre la nieve y en la neblina,
junto al gran tragaluz que se ilumina,
en ronda su trasero,

de hinojos cinco niños -¡miseria chica!-
miran el pan dorado, mientras fabrica
el panadero.

Con fuerte brazo blanco, ven como amasa,
la pasta gris que dentro del horno pasa
por la clara abertura,

y escuchan al buen pan cocer ligero
y con su risa gorda, el panadero,
viejos cantos murmura.

Están agazapados, nadie se agita,
del rojo tragaluz la vaharita
calienta como un seno.

Cuando para tomarse algún bocado
y, trabajado el pan, es ya sacado
blanco o moreno.

Cuando bajo los techos, muy ahumados
ya crujen los corruscos, tan perfumados,
cantan los grillos.

Del cálido agujero, sopla la vida
y en sus andrajos canta, alma transida
de los chiquillos.

Y sienten que la vida renace y marcha
los pobres Jesusitos llenos de escarcha,
tan pordioseros,

pegando sus menudos hocicos rosa
a la reja gruñendo cualquiera cosa
entre agujeros,

rezan sus oraciones muy azorados
mirando aquellas luces, tan replegados,
del cielo abierto,

que con su esfuerzo rompen los pantalones
y su camisa tiembla, hecha jirones,
al viento del invierno.

Arthur Rimbaud en Poesía completa (Ediciones 29, 2002).

Otros poemas de Arthur Rimbaud

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martes, 7 de agosto de 2007

Poema del día: "No te busques no estarás", de Félix Hangelini (Cuba, 1977-2012)

He vuelto
a esas cenizas calles de adoquines
donde la mente martilla esfuerzos
y está el viejo Konstantinos
tras el disfraz de un muchacho
tan bello que hace olvidar los adoquines
y las enhiestas voces
soplando alrededor el peligro de toda osamenta

ahora ambos corremos a su encuentro
tras el mismo aguacero
derrumbados sobre el muelle en señal de asesinato
sobre la misma bala de agrietar la razón
urdiendo inmensas telarañas entre los techos

un disfraz es un destello
en la abundancia
(confiesa el viejo Konstantinos
dejando la mano en el aire como una amapola
si la gota de lluvia inunda el ojo
en calles adoquinadas)
en todo gesto cabe una sonrisa
entre la mía y la del hombre
hay demasiadas curvas y da vértigo nombrarlas

así dijo alejando su mano
de los golpes de viento interminables
y entonces salimos a encontrar
en las difusas calles
los colores que el hormigón y el hombre van perdiendo.

Félix Hangelini en Revista Chichimeca número 5 de julio de 2005.

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lunes, 6 de agosto de 2007

Poema del día: "Poema yugoslavo", de Antonio Praena Segura (España, 1973)

Es difícil saberlo exactamente.
Unos dicen que el mugido de bestias
constante que anuda los ríos.
Otros, que arder perpetuo
o la electricidad de la tormenta humana.
Se habla también de la preñez del humo,
partos de estiércol
y hasta una blanda llovizna de sapos.

Pero yo sé que es más sencillo:

el viento peina,
el mar se va y viene,
hombres con guerrera de charco
cuelgan en las cruces fotos de niños.

Antonio Praena Segura en Humo verde (Amarú Ediciones, 2003).

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domingo, 5 de agosto de 2007

Poema del día: "Hilo de esperanza", de José María Portugués Hernando (España, 1918-2008)

Dos tres cero uno cinco siete ocho

Como todas las tardes,
codiciosos de ti mis dedos hurgan
en las redondas llagas del teléfono
y la distancia aceza entre nosotros
como un cósmico abrazo sostenido.

Luego, se hace el milagro
de tu presencia oculta en no sé donde
pero presencia al fin,
penetrando en la mía como un hálito.

Entonces,
el dulce apremio de tu voz, asido
al extremo del hilo telefónico,
me enloquece de esperas infinitas.

José María Portugués Hernando en Viento de Dios (Barcelona, 2004).

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sábado, 4 de agosto de 2007

Poema del día: "Ascensión del vivir", de Vicente Aleixandre (España, 1898-1984)

Aquí tú, aquí yo: aquí nosotros.Hemos subido despacio esa montaña.
¿Cansada estás, fatigada estás? "¡Oh, no!", y me sonríes. Y casi con dulzura.
Estoy oyendo tu agitada respiración y miro tus ojos.
Tú estás mirando el larguísimo paisaje allá al fondo.
Todo él lo hemos recorrido. Oh, sí, no te asombres.
Era por la mañana cuando salimos. No nos despedía nadie. Salíamos furtivamente,
y hacía un hermoso sol allí por el valle.
El mediodía soleado, la fuente, la vasta llanura, los alcores, los médanos;
aquel barranco, como aquella espesura; las alambradas, los espinos,
las altas águilas vigorosas.
Y luego aquel puerto, la cañada suavísima, la siesta en el frescor sedeño.
¿Te acuerdas? Un día largo, larguísimo; a instantes dulces: a fatigosos pasos; con pies muy herido:
casi con alas.
Y ahora de pronto, estamos. ¿Dónde? En lo alto de una montaña.
Todo ha sido ascender, hasta las quebradas, hasta los descensos, hasta aquel instante en que yo rodé y quedé
con mis ojos abiertos cara a un cielo que mis pupilas de vidrio no reflejaban.

Y todo ha sido subir, lentamente ascender, lentísimamente alcanzar,
casi sin darnos cuenta.
Y aquí estamos en lo alto de la montaña, con cabellos blancos y puros como la nieve.
Todo es serenidad en la cumbre. Sopla un viento sensible, desnudo de olor, transparente.
Y la silenciosa nieve que nos rodea
augustamente nos sostiene, mientras estrechamente abrazados
miramos el vasto paisaje desplegado, todo él ante nuestra vista.
Todo él iluminado por el permanente sol que aún alumbra nuestras cabezas.

Vicente Aleixandre en Historia del corazón, antologado en Poesía española 1939-1975. Antología (Ediciones Tarraco, 1977).

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viernes, 3 de agosto de 2007

Poema del día: "Nocturno", de Rafael Alberti (España, 1902-1999)

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas,

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo del idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Rafael Alberti, antologado en Poemas contra la guerra, 1892-1973 (Ediciones Vitruvio, 2003).

Otros poemas de Rafael Alberti

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jueves, 2 de agosto de 2007

Poema del día: "quisiera ser exacta...", de Vanesa Pérez-Sauquillo (España, 1978)

quisiera ser exacta,
hay días en que quisiera,
ciertos días,
ser exacta
como el reloj de la estación
quisiera, como la prisa, exacta,
del viajero
que no soy yo, quisiera, hay días
exactos, en que quisiera, exacta
como el reloj de la estación,
quisiera no esperarte, ser
inútilmente, quisiera en que quisiera
no estar desesperada, ser, días
ciertos días
mirando ese reloj
que con exactitud quisiera
aunque no sabe
dónde estás, dónde está
inexcusable mi razón
y en qué estación perdida
días
quisiera
ser
de qué pueblo o ciudad que yo no alcanzo
cumplido ya el trayecto,
tu reloj habrá dado las nueve
y tú cierras un libro
como el que deposita
un bisturí.

Vanesa Pérez-Sauquillo en Bajo la lluvia equivocada (Hiperión, 2006).

Otros poemas de Vanesa Pérez-Sauquillo
no sé cómo no viNo te apagues en esta noche coja...quisiera ser exacta...

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miércoles, 1 de agosto de 2007

Poema del día: "Autoescuela", de José María Muñoz Quirós (España, 1957)

No tengo coche. A veces
me preguntan por qué no
tengo forma de llegar
antes a ti. Resulta que
por más que quiera
sigo teniendo un no sé qué
de respetable soledad, de raudo
vagabundeo
por las calles, de pisar con todo
lo que supone
recorrer los espacios y los viejos
lugares, atravesar los parques
llenándome de ti. Y de la mano
de los días
abrir las puertas de ese otro
vehículo de sueño
por donde se camina con los ojos
que saben bien
el código secreto de las cosas.

José María Muñoz Quirós en Rosa rosae (Colección Melibea, 1995).

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