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martes, 29 de julio de 2014

Poema del día: "Juan Sánchez Peláez", de Vicente Gerbasi (Venezuela, 1913-1992)

Los ojos del búho
se cerraron en la llanura
de la muerte
en la soledad
de los caballos
que mueren
mirando el rumbo de una estrella.
Los ojos del búho
se cerraron viendo la ventana
con un ojo
en una ardilla
y otro en el relámpago.
Los ojos del búho
vieron entrar a mi casa
un caballo
obligado a abandonar
la llanura,
el caballo de una callejuela
de París
con su carreta
llena de repollos.
El búho se escondió
en un aposento
de tristeza,
en la pobreza del mundo
vio su última camisa.
Se la puso a su padre
que todavía lo ama.
El búho
Juan Sánchez Peláez
deteriorado por los esqueletos.

Vicente Gerbasi en Iniciación en la intemperie (1990), incluido en Poesía venezolana. Antología esencial  (Visor Libros, Madrid, 2005, selec. de Rafael Arráiz Lucca).

Otros poemas de Vicente Gerbasi
En el fondo forestal del día

lunes, 28 de julio de 2014

Poema del día: "Ebriedad", de Julio Herrera y Reissig (Uruguay, 1875-1910)

Apurando la cena de aceitunas y nueces,
Luth y Cloe se cambian una tersa caricia;
beben luego en el hoyo de la mano, tres veces,
el agua azul que el cielo dio a la estación propicia.

Del corpiño indiscreto, con ingenua malicia,
ella deja que alumbren púberas redondeces.
Y mientras Luth en éxtasis gusta sus embriagueces,
Cloe los bucles pálidos del amante acaricia.

Anochece. Una bruma violeta hace vagos
el aprisco y la torre, la montaña y los lagos...
Sofocados de dicha, de fragancias y trinos,

ella calla y apenas él suspírala: ¡Oh Cloe!
¡Mas de pronto se abrazan al sentir que un oboe
interpreta fielmente sus silencios divinos!

Julio Herrera y Reissig, incluido en Poesía uruguaya. Antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2010, ed. y selec. de Rafael Courtoisie).

Otros poemas de Julio Herrera y Reissig
ClaroscuroEbriedad

domingo, 27 de julio de 2014

Poema del día: "¡Cree, Arquitectura...", de Martín Adán (Perú, 1908-1985)

¡Cree, Arquitectura,
Cree, Cree!...
El Ángel no bajó: que es sueño o cirro
Tu piedra es mano humana, feble, lueñe...
Estarás manando siglos y rindiendo rocas
Rompida fuente de fatal vertiente
Muda, repetida la palabra.
El decir, ¿quién lo dice... ¡madre honda de mis sienes!
Sino la memoria, la malicia, la malaria?...
¿Quién echa al Diablo de sí mismo
Sino la Nonata?...
¿Reconoces tu grito
Que huye sordo y ciego, por entre pasiones y algas?
Que no obra sino el vago origen ciego
Y el espíritu primordial de la nostalgia.
Soy el alma y el cuerpo
Y roca y río,
Y nada y todo, que si no, no fueran
Ni el cielo ni el abismo.
Y yo escucho al borracho,
Que repite su destino,
Y al turista que sube por tu pierna,
Y te llega al ombligo,
Y no nace otra vez, y no es ninguno
Sino mi paso y mi peligro.
¿Cuándo seré en tu piedra,
Hondo, muy hondo, así para mi lirio?
¡Amor, solo en su lecho!...
¡Este estarme a dudar, mi dicha, mi instinto!...

Martín Adán, incluido en Poesía peruana. antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2008, ed. y selec. de José Miguel Oviedo).

Otros poemas de Martín Adán
Prima ripresa

viernes, 25 de julio de 2014

Poema del día: "Moaxaja II", de Yehuda ibn Samuel Ha-Leví (España, Al-Andalus, 1075-1141)

¡Cesad, oh mis censores, en la disputa!
¿Cómo censuráis a un hombre duro de oído?
En un cervatillo la estatura de un pilar
es puro cristal que se mueve como una rama.

                                        1
Sé amable con el joven, oh Tiempo,
y mitiga su cólera para que yo no me pierda,
ya que con los espíritus ha sido fiel;
incluso mi vida a él le ha sido encomendada.
Sus labios son almíbar y su faz es como el maná;
el sol, que de ambos viene, nunca se pone:
está en Oriente y en Occidente;
y su esplendor es exactamente como el del sol.
Y si él dijera: «¡sol en Gibeón
párate!», a sus palabras temeroso obedecería.

                                        2
Si el cervatillo llega tarde a mi cita,
yo pondré suficiente recuerdo de su nombre.
Mi vida sería su rescate, si por mí
pusiera como rescate el almíbar de sus delicias.
Se regala cada día con el ornato
del sabio, y sus mejillas son como si
empezara el pelo a bordar alrededor de
sus rosas el bordado de un fino brocado.
No en vano en ellas está escrito:
«sólo él es el rey de la belleza».

                                        3
Mi ley es la ley del amor;
de ella no me apartaré,
pues el soplo de mirro, que en mí ha soplado,
desde los días de la juventud he deseado.
Si amarga más su agua, yo en ella me abrevaré;
y si la endulza, la desearé ardientemente.
Un día ardió en mis flancos una chispa
de pena y no hubo ya para mí suelo firme,
excepto vino y un cervatillo generoso de corazón,
que tiene para el corazón algo precioso.

                                        4
¡Levántate y canta, mi cervatillo, levántate y canta, perfecto
de belleza con respecto al «padre de la multitud»,
oro depurado en el crisol,
pues mi oreja se contentará en la multitud!
Al recuerdo del que viste beldad como indumentaria,
yo le pondré mi canto como cencerro.
Si la pena me aflige,
oh corazón mío, en lo agradable de su recuerdo reconfórtate; pero,
si marchándose, quiere apenar
mi alma, ¡ay, este día teme!

                                        5
Mi corazón se desgarra a causa de
la gacela que de verle está sedienta;
y las lágrimas corren por unas mejillas húmedas y blancas,
que hacia el cielo levanta.
El día en que se le dijo: «ciertamente
está enfermo tu amigo», con amargura exclamó ella...
Mi corazón se va de mí;
¡oh Dios! ¿acaso me volverá?
Tan mal me duele a causa del amigo
(que está) enfermo, ¿cuándo sanará?

Yehuda ibn Samuel Ha-Leví, incluido en Poesía de Al-Andalus (Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija, Sevilla, 1999, varios trad.).

Otros poemas de Yehuda ibn Samuel Ha-Leví
Con rodillas vacilantes...En el corazón del mar digo a mi corazón...¿Ha vuelto el diluvio a anegar la tierra..., Moaxaja (III)

jueves, 24 de julio de 2014

Poema del día: "Canto solitario en la montaña", de Bai Juyi (China, 772-846)

Todos tienen su debilidad,
y la mía es escribir poemas.
Me sacudí de mil lazos mundanos.
Mas de esta flaqueza
aún no me he librado.
Cada vez que me deleito
con un paisaje pintoresco,
cada vez que me reúno
con un pariente o un amigo,
alzo la voz e improviso
una estrofa poética,
como si un dios acudiera
a avivar mi inteligencia.

Desde que me establecí en la orilla,
paso horas y horas en la montaña.
Cuando termino un nuevo poema,
asciendo solo a la senda
hacia el Peñasco de Oriente.
Recostado en el Barranco de Rocas Blancas
y agarrado a una verde rama de casia,
comienzo mi canto alocado,
que asusta a los bosques y valles.
Los monos y las aves
me miran asombrados.
Temiendo convertirme
en el hazmerreír de la gente,
escojo un paraje solitario.

Bai Juyi,  incluido en Poesía clásica china (Ediciones Cátedra, Madrid, 2002, ed. y trad. de Guojian Chen).

miércoles, 23 de julio de 2014

Poema del día: "La casa", de Grzgorz Wróblewski (Polonia, 1962)

Todas las mañanas se reúnen ante ella
unos hombres con unos abrigos negros.
De pie, en silencio en las escaleras fuman largos cigarrillos.

Después llaman a la puerta.
Esperan unos minutos y se van.
Al día siguiente vuelven a estar allí.

Vestidos de negro, de pie, en silencio en las escaleras,
aspiran el humo, llaman.
Todo sucede siempre de la misma manera.

Nadie les abre nunca la puerta.

Grzgorz Wróblewski, incluido en Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea  (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012, selec. y trad. de Abel MurciaGerardo Beltrán y Xavier Farré).