viernes, 23 de septiembre de 2016

Poema del día: "Rubaiyat XLV", de Omar Jayam (Irán, Persia, 1048-1131)

La amapola extrae su color rojo de la sangre de un emperador enterrado. La violeta nace de la peca que brillaba como una estrella en el rostro de un adolescente.

Omar Jayam en Rubaiyat (Lectulandia, Internet, 2014, trad. de Enrique López Amaya).

Otros poemas de Omar Jayam
Rubaiyat (XIXXIIXXVIXLI)

jueves, 22 de septiembre de 2016

Poema del día: "Árboles hombres", Juan Ramón Jiménez (España, 1881-1958)

Ayer tarde,
volvía yo con las nubes
que entraban bajos rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía
de tan secreto paraje,
sólo yo podía estar
entre las rosas finales.

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.

Me retardé hasta la estrella.
En vuelo de luz suave,
fui saliéndome a la orilla,
con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía,
vi a los árboles mirarme.
Se daban cuenta de todo
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,
oí hablarme a los árboles.

Juan Ramón Jiménez, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, Blanca Varela y José Ángel Valente).

Otros poemas de Juan Ramón Jiménez
Elegías intermedias (4243), Elegías lamentables (7699), Elegías puras  (I,   XXXII),   EternidadesLo que Vos queráis, Señor...Santiago Ramón y Cajal (viene)

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Poema del día: "Una pareja a la espera", de Matthew Sweeney (Irlanda, 1951)

Dejando abierta de par en par la puerta de la casa encalada
el hombre corre a la cima de la colina,
ahí con la mano se protege la vista del sol vespertino
y escudriña el mar. A su espalda, una mujer
sostiene abierta una cortina, pero cuando él voltea
y niega con la cabeza ella deja caer la cortina.
Camina hacia el espejo debajo de la bandera
y busca en su rostro los signos del cambio
que su cuerpo le dice ha comenzado.
El hombre cierra la puerta y se sienta a la mesa
en la que los huesos de un pollo están regados en dos platos.
Él piensa en sus amigos que en el Atlántico
ascienden por la costa occidental, cargados
con paquetes cuidadosamente envueltos para su establo,
que ningún caballo usa. Piensa en su país,
y en cómo sus amigos y él, con la ayuda
de esos paquetes, comenzarán a enderezarlo.
Llama a la mujer y le toca el vientre,
y le pregunta por qué cree que el barco se ha demorado.
Corre él, ella también está acosada por una imagen:
el barco, lampareado, en aguas francesas o españolas,
rifles apuntándole, una boca tras un megáfono.
Como él, ella no externa su temor,
en vez de eso le pide que regrese a la colina
bajo la escasa luz, para vigilar el sol rojo
que se hunde en las aguas por lo demás vacías,
mientras ella sigue sentada en la habitación a oscuras,
pensando en el país en el que crecerá su hijo.

Matthew Sweeney en Blue Shoes (1989), incluido en La generación del cordero. Antología de la poesía actual en las Islas Británicas (Trilce Ediciones, México, 2000, selec. y trad. de Carlos López Beltrán  y Pedro Serrano).

Otros poemas de Matthew Sweeney
Donde los pescadores no saben nadarUna pareja a la espera

martes, 20 de septiembre de 2016

Poema del día: "El perro celeste", de Guo Moruo (China,1892-1978)

1
Yo soy un perro celeste, yo cojo la luna y me la trago, yo cojo el sol y me lo trago,
Yo cojo los planetas y me los trago, yo cojo el espacio entero y me lo trago. Yo, soy yo.

2
Yo soy la luz de la luna, yo soy la luz del sol, yo soy toda la luz de los planetas,
Yo soy la luz de los rayos X, yo soy toda la ENERGÍA acumulada en el espacio.

3
Yo corro que vuelo, yo grito como un loco, yo me enciendo. Como en el Infierno, yo me consumo en llamas. Como en el ancho mar, yo grito como un loco. Como la corriente eléctrica, yo corro que vuelo. Corro que vuelo, corro que vuelo, corro que vuelo, arranco mi piel, yo como mi carne, yo mastico los coágulos de mi sangre, yo royo mi hígado, yo corro que vuelo sobre mis nervios, yo corro que vuelo sobre mi espina dorsal, yo corro que vuelo sobre mi cerebro.

4
Yo, soy yo: ¡mi yo ha saltado por los aires!

Guo Moruo, incluido El cielo a mis pies. Antología de la poesía china moderna 1918-1949  (Ediciones Hiperión, Madrid, 2013, selec. y traduc. de Blas Piñero Martínez).

Otros poemas de Guo Moruo
El perro celesteLa ciudad celeste

lunes, 19 de septiembre de 2016

Poema del día: "Jaguar sobre muro de cuarzo", de Coral Bracho (México, 1951)

El jaguar luminoso
sobre el muro de cuarzo
es la noche en llamas;
es la trama del agua penetrada de sol, su movimiento
cadencioso.
                       Sube al cenit de sus dominios,
entra en la claridad. En la abrupta
amplitud, su constelada piel es un destello,
la delicada y tibia floración del cristal,
un trazo breve sobre el hielo.
Piedra y cielo se tocan;
oscuros astros e inmensidad.
Templo de inalterada transparencia,
el día sostiene y ofrenda
el pleamar nocturno.

Coral Bracho en Huellas de luz (1994), incluido en Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy (Ediciones Bruguera, Barcelona, 2007, ed. de Mario Campaña).

domingo, 18 de septiembre de 2016

Poema del día: "El brazo corto", del Monje Weongam (Corea, 1226-1292)

Son muy largos los brazos de la gente mundana.
Se extienden sin cesar a oriente y occidente.
Pero son muy cortos los brazos del ermitaño.
Nunca, ni una vez pueden extenderse hasta otros.
La gente mundana no desea comprender
a los amigos de los monjes de brazos cortos.
Aún más, si recién nos llegamos a conocer
¿quién protege al pobre y necesitado del monte?
Mis brazos, por ser muy cortos, no llegan hasta otros.
Los brazos de otros que me llegan no son de amigos.
Ah, ¿cómo puedo alargar mis brazos más y más
para tener amigos en los cuatro mares?

Monje Weongam en Weongamrok (1920), incluido en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).