viernes, 31 de julio de 2015

Poema del día: "Alegoría", de Paul Verlaine (Francia, 1844-1896)

                                                     A Jules Valadon

Como rey holgazán que preside un suplicio,
El verano despótico, pesado, incoloro,
En el ardor blanco del cielo cómplice se estira
Y bosteza. El hombre duerme, lejos del trabajo.

La alondra, cansada, no cantó esta mañana,
No hay nubes ni brisas, nada turba o arruga
Ese azul implacablemente liso
Donde el silencio, en la inmovilidad, hierve.

El adormecimiento se apoderó de las cigarras
Y los riachuelos, casi secos, ya no saltan
Por cauces estrechos de desiguales piedras.

Mientras, un girar incesante de moarés
Luminosos desparrama sus flujos y reflujos...
También vuelan avispas, amarillas y negras.

Paul Verlaine en Sonetos y otros versos, incluido en Poesía (Visor Libros, Madrid, 1984, ed. y trad. de Jacinto Luis Guereña).

Otros poemas de Paul Verlaine
Arte poéticaCalidoscopioCansancioColoquio sentimentalMi sueño familiar,  Sensatez  (XIX),  Spleen

jueves, 30 de julio de 2015

Poema del día: "Viaje nocturno sobre el puente del Rhin en Colonia", de Ernst Maria Richard Stadler (Alemania, 1883-1914)

El expreso avanza a tientas en tanto cruza por la oscuridad.
Ninguna estrella quiere asomarse. El mundo entero no es sino la estrecha galería de una mina                    encarrilada en noche,
en la que. a veces, pozos de un azul resplandor desgarran horizontes repentinos: un círculo de
          fuego
de faroles, tejados, chimeneas, chorreando, humeando... tan sólo unos segundos...
Todo negro otra vez. Como si descendiéramos, cuando es nuestro turno, hasta la misma entraña
          de la noche.
Ahora oscilan las luces, extraviadas, desesperadamente solitarias. Se agrupan. Y se adensan.
Los esqueletos de las fachadas grises se muestran al desnudo, muertos en la penumbra mientras
          palidecen.
Algo debe pasar. Con pesadez lo noto en mi cerebro. Canta en la sangre una opresión. Luego
          retumba el suelo, de pronto, como el mar:
volamos, regiamente elevados por un aire que se arrancó a la noche, muy altos, sobre el río.                     Curvatura de luces a millares, callada vigilancia
ante cuya revista de centellas las aguas pesadamente ruedan. Filas interminables, formadas en la              noche para saludar.
Antorchas, al ataque. Alegre. Salva de barcos sobre el mar azul. Fiesta estrellada.
Rebosantes, fluyendo con luminosos ojos. Hasta donde las últimas casas de la ciudad despiden a
          su huésped.
Luego, las largas soledades. Las riberas desnudas. Quietud. Noche. Retorno. Recogimiento.                     Comunión. Y ardor y ansia
hacia el final, la bendición. La fiesta de los sexos. Hacia la voluptuosidad. Y la oración. Y el mar.                 Hacia el ocaso.

Ernst Maria Richard Stadler en Frühe Gedichte (1904), incluido en Tres poetas expresionistas   (Ediciones Hiperión, Madrid, 1998, selec. y trad. de Jenaro Talens).

Otros poemas de Ernst Maria Richard Stadler
CrepúsculoDiálogo

miércoles, 29 de julio de 2015

Poema del día: "Wallada", de Ahmad ibn Abd Allāh ibn Aḥmad ibn Gālib ibn Zaydūn (España, Al-Andalus, 1003-1071)

Te he recordado en Azahra con nostalgia,
cuando el horizonte era límpido
y resplandecía la faz de la tierra;
el céfiro tenía, en el crepúsculo, alguna languidez
como si se apiadara de mí y amainara de pena,
y el jardín entero parecía sonreír
al dar licencia a la plata de su agua;
diríase entonces que sobre la parte alta de tu pecho
hubieras aflojado los collares.
Era un día como aquellos de placer ya idos
en los que, en tanto el destino sesteaba,
amanecíamos ladrones de la dicha.
Me deleito ahora al dejar mis ojos
rodando por las flores, tan perladas de rocío
que sus cuellos acababan por vencerse,
como si sus ojos, al contemplar mi desvelo,
llorasen por mi desgracia y sus lágrimas
deambularan llenas de destellos.
Una rosa reluciente, en su cama soleada,
sobre la que la luz del mediodía
hacía doble el brillo, y un nenúfar perfumado,
que pasaba, inmerso en su fragancia,
como alguien soñoliento a quien la aurora
las pupilas hubiera espabilado.
Y todo a mi alrededor excitaba tu añoranza
y mi corazón ya no podía estar más oprimido.
Y si nuestra unión, el colmo de mi anhelo,
se cumpliera, fuera el día más noble
que la suerte me trajera.
¡Que Dios niegue el reposo a un corazón
en el que se haya rebelado tu recuerdo!
que ni siquiera ha sido capaz de alzar el vuelo
entre las alas batientes de la melancolía.
Pues si el céfiro, en su soplo,
hubiera querido transportarme,
te hubieras encontrado con un joven
consumido por su suerte,
y ni mi más preciada posesión,
la más valiosa, la más querida de mi alma
—si aquello que un enamorado tiene es posesión—
sería suficiente recompensa del amor puro
por un tiempo que, pasado en el jardín de las delicias,
dejamos transcurrir a nuestro gusto.
Doy gracias ahora por las horas que me diste.
De ellas, tú has encontrado consuelo,
en tanto que yo sigo amante verdadero.

Ahmad ibn Abd Allāh ibn Aḥmad ibn Gālib ibn Zaydūn, incluido en Treinta poemas árabes en su contexto (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selec. y trad. de Jaime Sánchez Ratia).

Poema de Wallada bint Al-Mustakfi para Ahmad ibn Abd Allāh ibn Aḥmad ibn Gālib ibn Zaydūn
No sólo es de Ibn Zaydun

martes, 28 de julio de 2015

Poema del día: "Fútbol", de Antonio Deltoro (México, 1947)

Entre la multitud que se agita como un bosque encantado,
libres del deber, por el gusto del pasto, en la delicia de ver rodar,
de sentir cómo nace del pie la precisión que en la vida normal le arrebató la mano,
estamos reunidos hoy en este campo donde no crece ni la cebada ni el trigo;
somos el coro que lamenta y que festeja,
el suspiro que acompaña al balón cuando pasa de largo y el grito entre las redes.
Nació la pelota con una piedra o con la vejiga hinchada de una presa abatida.
No la inventó un anciano, ni una mujer, ni un niño:
la inventó la tribu en la celebración, en el descanso, en el claro del bosque.
Contra el hacer, contra la dictadura de la mano,
yo canto al pie emancipado por el balón y el césped,
al pie que se despierta de su servil letargo,
a la pierna artesana que vestida de gala va de fiesta,
al corazón del pie, a su cabeza, a su vuelo aliado de Mercurio,
a su naturaleza liberada del tubérculo:
a cada hueso de los dos pies, a sus diez dedos
que atrapan habilidades hace milenios olvidadas en las ramas de los árboles.
Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras llegaron al llano e inventaron el fútbol.

Antonio Deltoro, incluido en Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005   (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selecc. de Víctor Manuel MendolaMiguel Ángel Zapata  y  Miguel Gomes).

Otros poemas de Antonio Deltoro
Papalotes

lunes, 27 de julio de 2015

Poema del día: "Todo lo que pudieses decirme...", de Gastão Cruz (Portugal, 1941)

Todo lo que pudieses decirme
ahora que todavía no es de noche
mientras que no se espera todavía
la soledad pero tal vez ya la
muerte ahora que pasamos
el río sin que la noche
ya sin la noche
atravesamos todo, dime todo
lo que súbitamente se desprende
de todo dime sin que en la voz sin
que el sentido de lo que dices sea lo que
sentimos en la oscuridad
de la sangre sin que miedo el amor
o la vida el río que
pasamos la tarde
que sentimos lo digan
todo

Gastão Cruz en La dolencia (1963), incluido en Portugal: La mirada cercana. Antología poética  (Ediciones Hiperión, Madrid, 2001, trad. de Jenaro Talens).

domingo, 26 de julio de 2015

Poema del día: "Tabletas de oro", de Carlos Edmundo de Ory (España, 1923-2010)

He escapado a la rueda
kúblov dexepan Barupen Toes arlaleoio
Estamos aquí en una especie de prisión
El viento que yo amo es el viento que no tiene nombre
En la luna no hay rosas ni ratas
Yo me busco y me pregunto a mí mismo
¿No te sientes extraño en este mundo?
Igual que el que reza subiendo su música
sacó lágrimas de hierro de las mejillas de Plutón
(óv matelv ti deiv alia pateiv)
Aquellos amantes del mundo
No veo más que devenir
Conócete a ti mismo
No vayas demasiado lejos
Los días del cantor órfíco están contados
Se perdió el desenfreno estilo chamán
'Pape Satán, pape Satán aleppe!'
Las harpas del silencio vendadas por mi voz
Soy un maestro del abismo absoluto
Soy un milagro cuyo origen se desconoce
Estuve en el arca con Noé y Alfa
El cuerpo es el ataúd del alma
enterrada en este mundo soma-sema
Terpsis he eis génesin ptosis.
Ángeles y poetas se hablaban
Fungió como un nuevo instrumento divino
Los hombres no saben dónde está Dios
Y de las nubes caen las ranas matla-matlo
Aunque surgen de las tumbas: Egó heimi Anástasis

                                               Amiens, 8 marzo 1971

Carlos Edmundo de Ory en Lee sin temor (1976), incluido en Poetas órficos (Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2004, ed. de Francisco Ruiz Soriano).

Otros poemas de Carlos Edmundo de Ory

sábado, 25 de julio de 2015

Poema del día: "Lección sobre la sombra", de John Donne (Gran Bretaña, 1572-1631)

Mi amor, párate un poco, que una filosofía
de amor quiero leerte. En las tres horas
que desgranamos juntos paseando,
iban a nuestro lado dos sombras que nosotros producíamos.
Ahora el sol se cierne sobre nuestras cabezas;
avanzamos pisándonos las sombras;
y ya todas las cosas se concretan
en dura claridad.
Así mientras crecían nuestros amores niños,
los disfraces, las sombras fluían de nosotros
y de nuestro cuidado. Ahora ya no es lo mismo.

Aún no había llegado aquel amor
a su grado más alto. Por eso se ingeniaba
en celarse a la vista de los hombres.

Pero si nuestro amor no se sostiene
en puro mediodía, nuevas sombras
proyectaremos al opuesto lado.
Y mientras las primeras cegaban a los otros,
las que vengan después trabajarán
sobre nosotros mismos, cegando nuestros ojos.
Si nuestro amor desmaya, declina hacia el ocaso,
tú me disfrazarás
falsamente tus actos, yo los míos.
Las sombras mañaneras se esfumaron,
pero éstas de la tarde irán creciendo
a lo largo del día.
Mas, ¡ay!, el día del amor es corto
cuando el amor desmaya.
El amor es la luz siempre creciente,
o plena e inmutable.
Y su primer minuto
después del mediodía es ya la noche.

John Donne en Songs and Sonnets (1633), incluido en Poetas ingleses metafísicos del siglo XVII   (Editorial Acantilado, Barcelona, 2000, selec. y versión de Blanca y Maurice Molho).

Otros poemas de John Donne
El saludo