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viernes, 24 de octubre de 2014

Poema del día: "Contrasentido", de Yunus Emre (Turquía, 1240-1321)

Trepé a la rama del ciruelo
Y me comí todas sus uvas.
El hortelano acudió
A castigarme, por mi robo.

Llené con barro mi marmita,
La calenté con mucho viento.
A quien preguntó lo que era,
Como pasto me ofrecí.

He dado hilos al tejedor.
No consiguió hacer madejas.
Le encargué algunas telas.
Me dijo: ven y cógelas.

Sobre cuarenta caballos
Cargué las alas de un gorrión.
Ni ochenta fueron suficientes
Y las dejaron donde estaban.

Peleando con un águila,
Una mosca la derribó.
Esta pelea yo la vi,
Como el polvo que levantó.

Yo luché contra un manco.
Sin manos cogió mi pie,
Me pegó con tanta fuerza,
Que a la lucha renuncié.

Del monte Kaf*, de su cima,
Una piedra me tiraron.
Tan malamente lanzaron,
Que destrozaron mi frente.

El pez se subió al árbol
A comerse un repollo.
Y la cigüeña engendró
Un perrillo cazador.

Al ciego le hice señales,
El sordo las escuchó.
Y el mundo ha traducido
Lo que dije y mucho más.

Una vaca estrangulé
Y la tiré por el suelo.
Su buen dueño exclamó
¿Qué has hecho con mi ganso?

Ni de esto me libré.
¿Qué hacer?, yo no lo sé.
Un mercachifle me vendió
Hilos para mis heridas.

La tortuga fue conmigo
Compañera de carreras.
¿A dónde vamos?, pregunté.
A comernos los caminos.

Yunus ha dicho un decir
Que a ninguno se parece.
Hipócritas, comprended
El sentido que esto encubre .

Yunus Emre, incluido en Antología poética (Publicaciones del Instituto de Estudios Orientales y Africanos, Madrid, 1974, edic. y trad. de Süleyman Salom).

Otros poemas de Yunus Emre
Amigo del amigoNoria de penas

jueves, 23 de octubre de 2014

Poema del día: "Golpe de sol", de Zacarías Mohamed (Palestina, 1951)

Nacimos de un golpe de sol,
el golpe de una guadaña contra el viento,
el golpe de un cuerno contra la piedra.
Arrojamos la placenta a los perros
y el alma dentro de una pileta de penumbras.
Como las mujeres pobres, bordamos
nuestros labios en la trama del silencio.
Impuros fuimos a la oración de la tarde
en el jardín de flores y las memorias de la infancia.
La arena es nuestro alimento y el forraje del caballo.
Trepamos la arena entre jadeos y destrozados, volvimos.
No había pruebas de nuestros nombres
salvo un alfabeto que no aparece en el diccionario,
no hubo rastros de nuestros antepasados
excepto el silencio de los perros en la puerta.
Nos rebajamos hasta el cordón de los zapatos
y nos atamos al pelo de nuestras pestañas
y a las colas de los cometas.
Nos arrastramos como perros ante la puerta
agachados sin alegría ante la flor
y la flor es el sacrificio sangriento del mediodía.
Esparcieron nuestra harina por todas partes
y la desesperación fue como hierro en los dedos.
Concédenos respiro para que podamos reconocer
nuestra sombra y nuestros cascos puedan crecer.
Una campana gigante pende sobre nuestra cabeza,
una campanada persistente nos hace perder la senda,
rezamos en silencio en el gran repique
sobre los labios de los muertos.
Tómanos de la mano y por la cintura sostennos por el pecho:
el polvo y el fuego nos son familiares.
Nuestro dedo, húmedo para conocer de dónde viene el viento
está herido por preguntas sin fin.
Hicimos juegos tontos con nuestros nombres
y confundimos la desnudez con los botones de la camisa.
Empujamos las plegarias como cerdos por delante de nosotros.
Atamos los burros a los tobillos de los chicos
y el otoño al verano para calmar los escalofríos.
Nos llaman detrás de nuestras habitaciones
con una voz escandalosa que nos avergüence estar desnudos;
nos llaman con una voz que separa la madera del bambú.
Lleven nuestra oración así podremos rezar más allá de los
límites del deber y nuestras almas permanecerán firmes en
nuestros cuerpos.
El almuerzo es amargo
la cena, seca como piedra,
y el silencio fluye
como la menstruación entre nuestras piernas.
Oramos para aplastar los cálculos renales
y para romper el pan de nuestra cena.
No habrá inmunidad para el canto rodado
o la rosa todos yacen bajo el rango del trueno.
Nacimos en las dobleces del labio
y de la pestaña nacimos del golpe del cuerno contra la piedra.

Zacarías Mohamed, incluido en Arquitrave (nº 51, enero de 2012, Pereira, Colombia).

miércoles, 22 de octubre de 2014

Poema del día: "Soy el último poeta del campo...", de Serguei Esenin (Rusia, 1895-1925)

Soy el último poeta del campo.
Es pobre en canciones un puente de tablas
en la misa final estoy, entre abedules,
que inciensan el aire con sus ramas.
Este cirio humano, de cera,
se extinguirá con áurea llama.
Y el reloj remoto de la luna
gruñirá mi postrer campanada.
Un huésped de hierro, rugiendo
saldrá a la senda del campo azulino;
recogerá con sus negruzcas manos
el grano que el alba ha vertido.
¡Manos muertas, manos extrañas,
no vivirán con vosotras mis cantos!
Sólo los caballos y las espigas,
echarán de menos a los amos.
El viento borrará los susurros,
preparando la funesta danza...
Y el reloj remoto de la luna,
gruñirá mi postrer campanada.

Serguei Esenin, incluido en Antología poetas soviéticos (Editorial AHR, Barcelona, 1968).

Otros poemas de Serguei Esenin
Al perro de KachalovConfesión de un golfoEl otoñoLa canción de la perra, No me engañaré a mí mismo...,  Piso la primera nieve, Querida, ven a mi lado...¡Shagané, mi dulce Shagané!...Un hastío de interminables llanuras...Ya nos vamos marchando poco a poco...

martes, 21 de octubre de 2014

Poema del día: "Cancionero LXI", de Francesco Petrarca (Italia, 1304-1374)

Benditos sean el año, el mes, el día,
la estación, la hora, el tiempo y el instante,
y el país y el lugar en que delante
de los ojos que me atan me veía;

y el dulce afán primero que sentía
cuando me ataba Amor, y aquel tirante
arco, y sus flechas, y, en mi pecho amante,
las profundas heridas que me abría.

Bendito sea el incesante acento
que llamando a mi dama he difundido,
y el llanto y el deseo y el lamento,

y bendito el papel con que he solido
ganarle fama y, ay, mi pensamiento,
que parte en él tan sólo ella ha tenido.

Francesco Petrarca, incluido en Antología esencial de la poesía italiana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1999, selecc. de Antonio Colinas, varios trad.).

Otros poemas de Franceso Petrarca
Cancionero (IXIXXXXV)

lunes, 20 de octubre de 2014

Poema del día: "Epitafio", de Gertrudis Gómez de Avellaneda (España, 1814-1873)

                      Para grabarse en la tumba de un escéptico
                                                            Imitación de Parny

      Tuvo el que yace aquí cordura extrema;
Para evitar error dudó de todo:
La existencia de Dios puso en problema,
Y -dudando vivir- vivió a su modo.
      Cansado al fin de caos tan profundo
Huyó por esta puerta diligente,
Para ir a preguntar al otro mundo
Lo que en este creer cuadra al prudente.

Gertrudis Gómez de Avellaneda, incluido en Antología de poetas románticas (Sial Ediciones, Madrid, 2008, edición de Diego Martínez Torrón).

Otros poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda
Al mar

domingo, 19 de octubre de 2014

Poema del día: "El hermano ausente en la cena de Pascua", de Abraham Valdelomar (Perú, 1888-1919)

La misma mesa antigua y holgada, de nogal,
y sobre ella la misma blancura del mantel
y los cuadros de caza de anónimo pincel
y la oscura alacena, todo, todo está igual...

Hay un sitio vacío en la mesa hacia el cual
mi madre tiende a veces su mirada de miel
y se musita el nombre del ausente; pero él
hoy no vendrá a sentarse en la mesa pascual.

La misma criada pone, sin dejarse sentir,
la suculenta vianda y el plácido manjar;
pero no hay la alegría y el afán de reír

que animaran antaño la cena familiar;
y mi madre que acaso algo quiere decir,
ve el lugar del ausente y se pone a llorar...

Abraham Valdelomar en Obra poética, incluido en Antología de la poesía peruana  (Ediciones Nuevo Mundo, Lima 1965, selec. de Alberto Escolar).