viernes, 27 de febrero de 2015

Poema del día: "Bacantes VI", de Elsa Cross (México, 1946)

Emigramos a los bosques
como ascetas,
a un rigor destemplado.
Y otra locura hacía presa de esos cuerpos sin carne,
los ojos agrandados,
las mejillas hundidas.
Tensó la cuerda hasta romperla.
Su mente volaba como un pájaro.
Se iba a la punta de los árboles
a esperar la salida del sol.
Pero ella quedaba abajo,
unía a esos mundos florecientes su cuerpo seco.
Fría sal de madrugada en el pico de los gorriones.
Veía colibríes, mariposas sin nombre como encajes.
Furias de muerte la nutrían.
Oía trompetas en el aire,
gritaba hasta quedarse muda.
A punto de matar,
a punto de cegarse,
y los gorriones cruzaban el cielo como si nada.
El mundo seguía igual.
Sólo su mente vagaba como rata por escondrijos,
revolvía en la chimenea las cenizas.
Y luego se remontaba.
Perdía el rostro del tiempo.
La hacía caminar por las murallas de ciudades sitiadas,
la hacía gritar desde una hoguera,
la hacía cantar vistiendo sayales rugosos
o frecuentar cafés miserables bajo la nieve de París,
pianos tropezando en un vals desafinado.
Los cuerpos se consumían.
Gritaban profecías bajo el sol,
oía salmos,
maldecía y su saliva sacaba las plantas,
su pensamiento podía fulminar.
Y sin embargo veía esos pájaros amarillos,
emigrados del norte.
Cantaban posados en una rama,
se hacían el amor.
Y ella deliraba, insomne,
y dentro de su mente
otra mente observaba como un ojo.
Y ella volaba en busca de su amado.

Nos volvíamos ciervos,
cruzábamos los bosques como flechas.

Elsa Cross en Bacantes/Bacchae (1982), incluido en Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005   (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selecc. de Víctor Manuel Mendola,    Miguel Ángel Zapata y Miguel Gomes).

Otros poemas de Elsa Cross
Bacantes (IV)

jueves, 26 de febrero de 2015

Poema del día: "Dios, ¿es acaso pecado?...", anónimo (Afganistán, siglo XX)

Dios, ¿es acaso pecado?
Tú has creado el jardín de este mundo, y yo he cogido la flor que más me gustaba.

Anónimo, incluido en El suicidio y el canto. Poesía popular de las mujeres pastún de Afganistán   (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2002, ed. de Sayd Bahodín Majruh, versión de Clara Janés).

miércoles, 25 de febrero de 2015

Poema del día: "He aquí la cuestión que a Polonio plantearías...", de Pedro Tamen (Portugal, 1934)

He aquí la cuestión que a Polonio plantearías
si la cuestión se plantease de volver atrás:
si acaba tal vez lo caliente con las manos frías,
¿con qué manos sigues escribiendo, si es que das

la mano a quien te lee? Pégala en la calavera
tan danesa que hizo literatura
de la que no te gusta. Y coloca a su vera
dos velas encendidas — que la luz mientras dura

pregunta todavía, sin tu intervención,
si se acaba tal vez el tiempo en que sabías
al menos no saber, y si es ahora el no

radicalísimo y neto, sin que tenues
correderas de viento abran trampas
acaso de otra luz, noches y días.

Pedro Tamen en Guión de Caronte (1997), incluido en Portugal: La mirada cercana. Antología poética  (Ediciones Hiperión, Madrid, 2001, trad. de Jesús Munárriz).

martes, 24 de febrero de 2015

Poema del día: "Ven triste ve tú", de Carlos Edmundo de Ory (España, 1923-2010)

Triste estoy como un cajón vacío
El mutuo sueño de mis ojos rueda
Me acuesto en los valles a ver el tiempo
Agrando con mi cansancio el espacio

El sol todavía me persigue ¡oh dioses!
Sigo ciego y en mis manos mis manos pongo
Deseo conducirme a espaldas de la vida
como un cuerpo que al alma sus horas disminuye

Ven triste ve tú ven y ve solo
Sopla allá en el portal del infinito
La alborada metódica de la existencia sale
No encuentro puro territorio en nada

Un plagado único dolor perdido acude
a la desierta esfera blanca de los misterios
La sed santa la fe secreta roza el ánimo
¡Me asisten seres de fatales alas!

Ni voluntad ni empleo en el celeste fin
Sólo brillos comparten las altas apetencias
Triste sigo lo mismo que el hórreo
abandonado en la tormenta alada

Ven triste ve tú ven y ve solo.

Carlos Edmundo de Ory en Poemas (1969), incluido en Poetas órficos (Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2004, ed. de Francisco Ruiz Soriano).

Otros poemas de Carlos Edmundo de Ory
Fantasías acerca de mi arteVuelven los entes de ficción
*Artículo de Francisco Cenamor sobre Poesía 1945-1969

lunes, 23 de febrero de 2015

Poema del día: "Las ventanas", de Guillaume Apollinaire (Francia, 1880-1918)

Del rojo al verde todo el amarillo muere
Cuando cantan los guacamayos en los bosques natales
Colmados de pihís
Hay un poema por hacer sobre el pájaro que sólo tiene un ala
Lo enviaremos como mensaje telefónico
Traumatismo gigante
Hace zozobrar los ojos
He aquí una linda muchacha entre las jóvenes turinesas
El pobre muchacho se limpiaba la nariz con su corbata blanca
Levantarás la cortina
Y ahora he aquí que se abre la ventana
Arañas cuando las manos tejían la luz
Belleza palidez insondables violetas
Trataremos en vano de encontrar reposo
Comenzaremos a medianoche
Cuando se tiene tiempo se tiene libertad
Caracoles Lampreas múltiples Soles y el Erizo del poniente
Un viejo par de medias amarillas frente a la ventana
Torres
Las Torres son las calles
Pozos
Pozos son las plazas
Pozos
Árboles huecos que amparan a las mulatas vagabundas
Los Carneros cantan aires hasta morir
A las Ovejas marrones
Y la oca uá uá trompeta hacia el norte
Donde los cazadores de ratones
Roen en las peleterías
Diamante restallante
Vancouver
Donde el tren blanco de nieve y de fuegos nocturnos huye del invierno

Oh París
Del rojo al verde todo el amarillo muere
París Vancouver Hyéres Maintenon Nueva York y las Antillas

La ventana se abre como una naranja
El bello fruto de la luz

Guillaume Apollinaire en Calligrammes (1918), incluido en Poetas franceses contemporáneos  (Ediciones Librerias Fausto, Bueno Aires, 1974, selec. y versiones de Raúl Gustavo Aguirre).

Otros poemas de Guillaume Apollinaire
Poema leído en la boda de André Salmón

domingo, 22 de febrero de 2015

Poema del día: "En Shu, escuchando al monje budista Chun tañendo un laúd", de Li Bai (China, 701-762)

En Shu me encontré con un monje que,
             abrazado a un laúd y
                enfundado en seda verde
descendía por la falda occidental
             del Monte E-Mei.
Cuando templó para mi las cuerdas,
             escuché el lamento de diez mil pinos
                en los valles de la montaña.
Mi corazón se purificó
             como las aguas que fluyen;
los dilatados ecos se mezclaron
             con las campanadas del templo,
y no advertí que los verdes montes
             se tornaban plomizos,
ni que las nubes otoñales
             oscurecían las colinas,
                pliegue tras pliegue.

Li Bai, incluido en Poetas chinos de la dinastía Tang (618-907) (Visor Libros, Madrid, 2000, selec. y trad. de C. G. Moral).

Otros poemas de Li Bai
A Yuan Danqiu, morador de la montañaAnte el vino, Bebiendo solo bajo la luna (II)Despidiendo a un amigoEmpuño el vaso y pregunto a la lunaEn la puerta oriental de Lu, en barcaInscrito al subir la Terraza YangInscrito en el Templo de la CimaPaseando con mis amigos Li y Jia por el lago Dongting, Poema antiguo (IX,)Pregunta y respuesta en la montañaRegresando solo del paseoSentado, solo, en la montaña JingtingUn día de primavera...,