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jueves, 24 de julio de 2014

Poema del día: "Canto solitario en la montaña", de Bai Juyi (China, 772-846)

Todos tienen su debilidad,
y la mía es escribir poemas.
Me sacudí de mil lazos mundanos.
Mas de esta flaqueza
aún no me he librado.
Cada vez que me deleito
con un paisaje pintoresco,
cada vez que me reúno
con un pariente o un amigo,
alzo la voz e improviso
una estrofa poética,
como si un dios acudiera
a avivar mi inteligencia.

Desde que me establecí en la orilla,
paso horas y horas en la montaña.
Cuando termino un nuevo poema,
asciendo solo a la senda
hacia el Peñasco de Oriente.
Recostado en el Barranco de Rocas Blancas
y agarrado a una verde rama de casia,
comienzo mi canto alocado,
que asusta a los bosques y valles.
Los monos y las aves
me miran asombrados.
Temiendo convertirme
en el hazmerreír de la gente,
escojo un paraje solitario.

Bai Juyi,  incluido en Poesía clásica china (Ediciones Cátedra, Madrid, 2002, ed. y trad. de Guojian Chen).

miércoles, 23 de julio de 2014

Poema del día: "La casa", de Grzgorz Wróblewski (Polonia, 1962)

Todas las mañanas se reúnen ante ella
unos hombres con unos abrigos negros.
De pie, en silencio en las escaleras fuman largos cigarrillos.

Después llaman a la puerta.
Esperan unos minutos y se van.
Al día siguiente vuelven a estar allí.

Vestidos de negro, de pie, en silencio en las escaleras,
aspiran el humo, llaman.
Todo sucede siempre de la misma manera.

Nadie les abre nunca la puerta.

Grzgorz Wróblewski, incluido en Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea  (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2012, selec. y trad. de Abel MurciaGerardo Beltrán y Xavier Farré).

martes, 22 de julio de 2014

Poema del día: "Humor", de Muhamad Turki al-Nasar (Iraq, 1961)

Eugéne Ionesco la empujó en una mañana para recordar uno
de sus días de vida y acariciar la sensibilidad de sus miembros,
el espejo le dijo: soy una niña, pero ella pensó y llegó a creer que
iba a caer en el juego, y la convenzo de que la oscuridad de la semilla
necesita una máscara, y antes de que fuera realidad, hemos descubierto
que la víbora tragó la máscara.
Así -insiste- la semilla es una de las nietas traidoras del sueño, así como la
superficie del sueño es tan lisa que es difícil encontrar ahí una jaula o una
máscara, peor aún, que pierdes la capacidad de distinguir las bromas de
Ionesco, porque sería muy cortés y suficientemente sobrio para que le insultes
escalando la valla y luego tiras las máscaras y la valla al mar, asegurándote de
que la semilla es una víctima traidora del sueño.

Muhamad Turki al-Nasar, incluido en Otros mesopotámicos raros. Antología de la última poesía iraquí  (Cosmopoética, Juan de Mairena Editores, Córdoba, 2009, ed. y trad. de Abdul Hadi Sadoun, colabora en la trad. Ahmed Yamani).

lunes, 21 de julio de 2014

Poema del día: "Dónde", de Katarina Frostenson (Suecia, 1953)

Ahora, cuando todo ha brotado
está ahí para cogerlo con la mano
Las montañas no se hunden
lo profundo no sube a la superficie

En la ciudad apagada
alguien me agarra por el brazo
sólo alumbran las estrellas

el terror que no siento
me lleva a casa

la casa, de donde el país ha brotado,
es la mano

Katarina Frostenson en Los pensamientos (1994), incluido en Mujeres en el Norte. Trece poetas suecas (Devenir, Madrid, 2011, selec. y trad. de René Vázquez Díaz).

Otros poemas de Katarina Frostenson
Voz

domingo, 20 de julio de 2014

Poema del día: "Linde de tinieblas", de José Kozer, (Cuba, 1940)

A ras de la laguna un halcón peregrino suscita
          un cabrilleo (manchas
          eléctricas) de peces:
          prenuncio de
          nocturnidad.

El hornero posado en el eucalipto medicinal se
          atavía de la mancha
          primera de las
          tinieblas, canta,
          de golpe (eléctrico)
          se duerme: noche
          cerrada, cierran
          filas las huestes
          ateridas de una
          noche de invierno.

La lámpara encendida gana visibilidad. Esa ficción.
          Me apresto. Cierro
          el libro que he estado
          leyendo escarranchado
          en el sillón de rejilla,
          me froto sienes y
          mirada, me quedo
          de pie en el vano
          de la puerta del
          cuarto, listones de
          luz la oscuridad
          (ocurre que no me
          he movido): la
          lámpara de par en
          par, apagada.

Rostro de aurora, truncas pirámides (reconfiguradas).
          El día adentrado en
          el jeroglífico cerrado
          del día, hierática
          figura sin fracción,
          fija vertical la
          inasible raya (tajo)
          de la noche: aquí
          mismo, espejo tras
          el espejo, canto
          negro del gallo a
          su trastorno
          azabache, enquiste
          del escarabajo en
          la cuarta pared del
          cuarto: negrura de las
          figuras que
          cantaron en la
          noche.

Zorzal, escuerzos, los ranúnculos ateridos (carámbanos)
          la hilera enquistada
          de los bosques de
          abedul. Rasó aguas
          una espátula rosada,
          única ave, progenie
          de la lámpara al
          apagarse. A tientas,
          sin moverme,
          reconozco la arqueta
          sobre la mesa redonda
          de nogal al pie del
          sillón (me sirva de
          escabel algún día):
          conozco su contenido,
          el sentido primero del
          nudo impasible de la
          madera, sentido de la
          veleta impasible entre
          ráfagas negras de
          viento.

La habitación me sostiene, la cuarta pared recién
          pintada de marfil
          sostiene huellas de
          espaldas avistadas
          a lo lejos, reconozco
          su proximidad. Y
          aquello que temía,
          doce veces
          introspección de
          muerte, se apaga.

Un día feliz, en toda su contracción. Abstención, en
          la anfractuosidad
          constante, día y
          noche, de la
          blancura (impasible)
          (imparcialidad
          verdadera) cuarta
          pared (aquí) de la
          habitación.

Noche cerrada, encierro de la abstracción. Solo la
          marca del agua en
          la hilera (sombras
          magnificadas del
          abedul) hileras
          de carámbanos. Se
          suceden, nada suscitan,
          y no porque yo duerma,
          ya que esta noche no
          duermo (nunca). En
          su defecto, no duermo
          (nunca). Expósito, de
          la negrura. De pie, ojo
          impertérrito, en el vano
          de la puerta del cuarto.
          El sillón de rejilla acaba
          de dejar de moverse
          (recurre en mi mente
          una vieja superstición).
          La espátula rosada acaba
          de posarse en el eucalipto
          medicinal. La aurora se
          repliega (circular) ovillo
          en dirección contraria a
          su negrura. Y una mancha
          irrefrenable de peces
          reverbera sobre el suelo
          de tablas, salta y se
          entreteje en las refriegas
          del agua, procura su punto
          de sosiego: y no consigue
          por un solo instante
          obligarme a abrir los
          ojos.

José Kozer en naïf (El sastre de Apollinaire, Madrid, 2013).

Artículos sobre José Kozer
*Artículo de Francisco Cenamor sobre naïf

viernes, 18 de julio de 2014

Poema del día: "Solo para tus ojos", de Ian Duhig (Inglaterra, 1954)

Era capaz de comportarse como un hombre de estado
a veces, y tenía un sentido del humor muy macabro.
Por su primer discurso lo nombramos Escudo de Oro,
y acordamos que se leyera todos los años.
Se habló de ponerle su nombre a algún mes,
pero sólo hasta su enfermedad, la racha de suicidios inducidos,
el divorcio y la desaparición de su joven esposa dos semanas después,
la condena a muerte de un hombre que vendía agua caliente.
Su siguiente mujer era fea y terriblemente rica,
lo que contradecía la hipótesis de que se había vuelto loco,
pero sólo hasta la deificación de su "íntima" hermana,
a la que siguió de inmediato la suya propia.
Como pedía sacrificios a su genio
decidimos hacerle una estatua de oro macizo
— pero indicamos a los escultores que no se diesen prisa
cuando anunció que iba a erigirla en Jerusalén.
Los actores atizaron su antisemitismo,
además de la pasión por vestirse de mujer.
Abundaron las conspiraciones. Si ahora las oyeras,
llenarías casi un circo con sus asesinos.
La chusma lloró, adoraban las obras públicas y los juegos
y era popular entre los jinetes.
Algunos de nosotros se alzaron con la plebe.
Su guardia personal restableció el orden (no sin cierto disgusto)
aunque la sucesión no ha sido decidida mientras escribo esto.
No sería capaz de decir que lo merecíamos
pero no es posible tener hijos y seguir siendo virgen.
Seremos menos ambiciosos con el próximo candidato.

Ian Duhig en The Mersey Goldfish (1995), incluido en La generación del cordero. Antología de la poesía actual en las Islas Británicas (Trilce Ediciones, México, 2000, selec. y trad. de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano).

Otros poemas de Ian Duhig
Die Schwarze PaulaOración en el margen de un salterio antiguo