jueves, 30 de junio de 2016

Poema del día: "Aquí ven, a este templo sacrosanto de Creta...", Safo de Mitilene (Grecia, ca 650/610-580 aec)

Aquí ven, a este templo sacrosanto de Creta,
donde hay un gracioso bosquecillo sagrado
de manzanos, y en él altares perfumados
con olor de incienso.
Aquí el agua fresca murmura por las ramas
de manzano, y todo el recinto está sombreado
por rosales, y en su follaje que la brisa orea
se destila sopor.
Aquí el prado donde pacen los caballos ya está
florido con flores de primavera, y soplan
suavemente las brisas...
Acude, pues, tú, Cipria, coronada de guirnaldas,
para verter grácilmente en nuestras copas de oro
el néctar que ya está aderezado y escándalo
en nuestros festejos.

Safo de Mitilene, incluido en Antología de la poesía lírica griega (siglos VII-IV aec)   (Alianza Editorial, Madrid, 2001, selec. y trad. de Carlos García Gual).

Otros poemas de Safo de Mitelene
Me parece que es igual a los dioses...

miércoles, 29 de junio de 2016

Poema del día: "En dónde estás", de Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948)

Una tarde como ésta
                                    te busqué en vano
Sobre la niebla de todos los caminos
Me encontraba a mí mismo

Y en el humo de mi cigarro
Había un pájaro perdido

Nadie respondía

                           Los últimos pastores se ahogaron

Y los corderos equivocados
Comían flores y no daban miel

El viento que pasaba
Amontona sus lanas
                                  Entre las nubes
                                  Mojadas de mis lágrimas

A qué otra vez llorar
                                  lo ya llorado
Y pues que las ovejas comen flores
Señal que ya has pasado

Vicente Huidobro en Poemas árticos (1918), incluido en Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, ed. de Mihai G. Grünfeld).

Otros poemas de Vicente Huidobro
Arte poéticaAve...DepartEl espejo del aguaLa raíz de la vozMarinoNiñoNocheNon serviam, Teléfono

martes, 28 de junio de 2016

Poema del día: "Diamando", anónimo (Grecia, siglo XVIII)

¿Quién vio un pez en la montaña y un mar sembrado?
¿Quién vio a una muchacha hermosa vestida de bandolero?
Durante doce años fue guarda campestre y bandolero
y nadie supo nunca que se trataba de Diamando.
Un día de fiesta, un día de Pascua,
se pusieron a hacer prácticas con la espada y a lanzar piedras.
Se le rompió un botón y se le vio el pecho.
Entonces, brilló el sol, resplandeció la luna
y el hijo pequeño de un bandolero se sonrió al verla.
"¿Qué te pasa, bandolerillo, para que te rías de mí?".
"He visto que el sol brillaba y resplandecía la luna.
He visto tus blancos pechos, blancos como la nieve".
"Calla, bandolerillo, no se lo digas a nadie.
Te haré mi hijo adoptivo, te haré muy rico
para que puedas empuñar tu espada y tu dorado fusil".
"No quiero ser tu hijo adoptivo, ni ser muy rico
para poder empuñar mi espada y mi dorado fusil.
Sólo quiero que seas mi esposa, que me tomes por marido".
Entonces, lo cogió por los cabellos y lo tiró al suelo...
"Suelta, muchacha, mis cabellos y cógeme de la mano.
Seré tu hijo adoptivo y te serviré fielmente".

Anónimo, incluido en  Antología de la poesía griega. Desde el siglo XI hasta nuestros días  (Ediciones Clásicas, Madrid, 1997, ed. de José Antonio Moreno Jurado).

lunes, 27 de junio de 2016

Poema del día: "La cólera del infante", de Julián del Casal (Cuba, 1863-1893)

Frente al balcón de la vidriera roja
que incendia el sol de vivos resplandores,
mientras la brisa de la tarde arroja,
pistilos de clemátides fragantes
que agonizan en copas opalinas,
y esparcen sus aromas enervantes
de la regia mansión de las cortinas,
está el Infante, en su sitial de seda,
con veste azul, flordelisada de oro,
mirando divagar, por la alameda,
niños que juegan en alegre coro.

Como un reflejo por oscura brasa
que se extingue en dorado pebetero,
por sus pupilas nebulosas pasa
la sombra de un capricho pasajero
que, encendiendo de sangre sus mejillas,
más pálida que pétalos de lirios,
hace que sus nerviosas manecillas
muevan los dedos, largos como cirios,
encima de sus débiles rodillas.

¡Ah!, quién pudiera, en su interior exclama,
abandonar los muros del castillo,
correr del campo entre la verde grama
como corre ligero cervatillo,
sumergirse en la fresca catarata
que baja del palacio a los jardines,
cual alfombra lumínica de plata
salpicada de nítidos jazmines,
perseguir, con los ágiles lebreles,
del jabalí las fugitivas huellas
por los bosques frondosos de laureles,
trovas de amor cantar a las doncellas,
mezclarse a la algazara de los rubios
niños que, del poniente a los reflejos
aspirando del campo los efluvios,
veo siempre jugar, allá a lo lejos,
y a cambio del collar de pedrería
que ciñe a mi garganta sus cadenas,
sentir dentro de mi alma la alegría
y ondas de sangre en las azules venas.

Habla, y en el asiento se incorpora,
como se alza un botón sobre su tallo,
mas, rendido de fiebre abrasadora,
cae implorando auxilio de un vasallo;
y para disipar los pensamientos
que como enjambre súbito de avispas,
ensombrecen sus lánguidos momentos,
con sus huesudos dedos macilentos
las perlas del collar deshace en chispas.

Julián del Casal, incluido en Antología de la poesía cubana (Verbum Editorial, Madrid, 2002, ed. de José Lezama Lima).

Otros poemas de Julián del Casal
La canción de la morfinaNihilismo

domingo, 26 de junio de 2016

Poema del día: "El solterón II", de Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938)

A inverosímil distancia
se acongoja un violín,
resucitando en la estancia
como una ancestral fragancia
del humo de aquel esplín.

Y el hombre piensa. Su vista
recuerda las rosas té
de un sombrero de modista...
el pañuelo de batista...
las peinetas... el corsé...

Y el duelo en la playa sola:
uno..., dos..., tres... Y el lucir
de la montada pistola...
Y el son grave de la ola
convidando a bien morir.

Y al dar a la niña inquieta
la reconquistada flor
en la persiana discreta,
sintióse héroe y poeta
por la gracia del amor.

Epitalamios de flores
la dicha escribió a sus pies,
y las tardes de colores
supieron de esos amores
celestiales... Y después...

Ahora, una vaga espina
le punza en el corazón,
si su coqueta vecina
saca la breve botina
por los hierros del balcón;

y si con voz pura y tersa
la niña del arrabal
en su malicia perversa
temas picantes conversa
con el canario jovial;

surge aquel triste percance
de tragedia baladí:
la novia... la flor... el lance...
veinte años cuenta el romance:
Turgueniev tiene uno así.

¡Cuan triste era su mirada,
cuan luminosa su fe
y cuan leve su pisada!
¿Por qué la dejó olvidada?
¡Si ya no sabe por qué!

Leopoldo Lugones en Los crepúsculos del jardín (1905), incluido en Antología crítica de poesía modernista hispanoamericana (Alianza Editorial, Madrid, 2008, ed. de Mercedes Serna Arnaiz y Bernat Castany Prado).

Otros poemas de Leopoldo Lugones
El solterón (I), Olas grises

viernes, 24 de junio de 2016

Poema del día: "Martyrium Petri", de Ernst Jandl (Austria 1925-2000)

pie  pie

rodilla  rodilla

virilidad



izquierda                      derecha

mentón

ojo  ojo

Ernst Jandl, incluido en 21 poetas alemanes (Visor Libros, Madrid, 1980, selecc. y trad. de Felipe Boso).