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miércoles, 27 de agosto de 2014

Poema del día: "El pavo real", de Saint-Paul-Roux (Francia, 1861-1940)

A Camille Mauclair
A lo largo de esta escalera sin fin como la escala de Ezequiel, se despliega un Pavo Real cuya cola triunfante exhibe un enjambre de ojos fabulosos; el espléndido pájaro, no obstante, peca por la enredadera de su andar y por el verbo irrisorio que el lagarto de su cuello clava como una espina en la dispersa armonía.
     Cuando, hace tiempo, yo utilizaba esta escalera para ascender al Ensueño o para descender a la Realidad, siempre me escudriñaban sus ojos más grandiosos que los ojos solitarios de las cortesanas muertas; me parecía mitigar la gloriosa curiosidad de cien Vírgenes en la balaustrada de un pensionado, y de este modo el pavoneo maduraba duraznos tímidos en mis cándidas mejillas.
     Todavía sana en la Vida, mi adolescencia sólo había conocido las alabanzas del firmamento de plumas expansivas; mis años primeros sólo habían recibido la genuflexión del abanico, orgulloso de mi claridad pura.
     Pero, esa noche, al regresar de las ciudades insensatas, cuando pasaba ante el Pavo Real singularísimo, advertí que unos ojos crueles ocupaban el lugar de las pupilas elogiosas de antaño.
     Con el fin de saber, me apoderé de sus sólidas miradas de hielo y las fundí en el brasero de mi confusión.  Encontré, en el agua así obtenida, mis pecados convertidos en sapos. Furioso contra esta inoportuna videncia, quise reventar a los espías, cuando de pronto, encabritándose a la manera de un fuego de artificio, el Pavo Real exclamó:
     —"Ayer, insensato, mi pavoneo festejaba tu aurora, y mi madrigal amedrentaba tu modestia rosa; ahora, mi pavoneo taladra tu claro de luna, y mi sátira debilita tu modestia verde. Entérate por las buenas o por las malas de que el Poeta ejecuta un espectáculo desde los pañales hasta el sudario, y cada uno de los muñecos es el único jardinero de los ojos que lo persiguen. Reviéntalos si puedes, mis ojos volverán a florecer. Tu ser pertenece a la muchedumbre — y yo soy la Opinión."
     Desde entonces, envidioso del campesino calmo en medio del trébol y a quien protege la ignorancia, ya no me atrevo a ser bueno ni malo, para no suscitar el innumerable espionaje.
     ¡Oh!, ¡vivir en el corazón de las soledades, una piedra sepulcral sobre mi vida!

Saint-Paul-Roux en De la Colombe au Corbeau par le Paon (1904), incluido en Poetas franceses contemporáneos  (Ediciones Librerias Fausto, Bueno Aires, 1974, selec. y versiones de Raúl Gustavo Aguirre).

martes, 26 de agosto de 2014

Poema del día: "Forastero", de Eugenio Montejo (Venezuela, 1938-2008)

A Francisco Rivera
No sé qué extraña lengua están hablando
en esta taberna.
Siento que las palabras me rodean
con sus rápidos saltos de peces
delante de mis ojos forasteros.
Puedo mirarlas en sus lentas burbujas
hasta que estallan en el aire.

Los periódicos parecen escritos
con huellas de pájaros
Los saludos dibujan otros gestos;
en los percheros hay largos esqueletos
de dinosaurios.

Entre los hombres que juegan al billar
o charlan o dormitan,
tal vez alguno salió de los espejos
y en un instante volverá a disolverse.
Por estas tierras abundan los fantasmas.

Me he corrido de casa tantas leguas,
estoy a tantos meridianos,
que no comprendo ni el coro de las sombras
con que la noche baja a oscurecerme,
pero el ciervo de rostro disecado,
fijo en un muro con ojos de botella,
me grita que el mal es uno solo en todas partes,
usa el mismo cuchillo
y amenaza
por todos los caminos de la tierra.

Eugenio Montejo en Trópico absoluto (1982), incluido en Poesía venezolana. Antología esencial  (Visor Libros, Madrid, 2005, selec. de Rafael Arráiz Lucca).

lunes, 25 de agosto de 2014

Poema del día: "El rancho", de Fernán Silva Valdés (Uruguay, 1887-1975)

Retobado de barro y paja brava;
insociable, huyendo del camino.
No se eleva, se agacha sobre la loma
como un pájaro grande con las alas caídas.

Gozando de estar solo,
y atado a la tranquera a ras de tierra
por el tiento torcido de un sendero,
se defiende del viento con el filo del techo.
Su amigo es el chingolo;
su centinela gaucho el terutero.

Por la boca pequeña de una ventana
apura el mediodía en un solo bostezo:
de mañana despierta con el canto de un gallo
y de noche se duerme con el llanto de un niño

Es creyente a la vez que fatalista:
a supersticioso nadie lo iguala:
se persigna al chistido de la lechuza
o se tapa los ojos por no ver la "luz mala".
Y se encorva de miedo cuando aúllan los perros
—con las cerdas del lomo despeinadas—
porque pasa la Muerte, chúcara e invisible,
montada en pelo
en la yegua sin freno de la leyenda.

Es torvo como el gaucho hasta en su mansedumbre;
como aspira tan poco, nunca sale de pobre;
y guarda con orgullo, como único tesoro,
—expuestas en un marco con alardes artísticos—
la estampa de un caudillo
y una divisa bordada en oro.

Ni altivo, ni bizarro; humilde, nada más;
ignorante a la gracia y al donaire,
adornan su mal gesto curtido de intemperie
un nido de hornero y un clavel del aire.

Es viejo ya, sus quinchas han visto tres patriadas;
agringarse los criollos, acriollarse los gringos;
si no le salen canas le nacen cicatrices,
y aceptando el destino de concluir en tapera,
mira pasar los años y crecer los "gurises",
echado boca abajo y con el lomo al sol.

En los atardeceres en que se pone triste
revisa sus recuerdos de un vistazo hacia adentro,
y encuentra cuatro fechas que lo hicieron vibrar;
cuatro fechas que son
los puntos cardinales de su emoción:
Una boda, un velorio, un nacimiento
y una revolución.

Cuando se quede solo, sin poder contra el viento,
y caiga de rodillas, será tan poca cosa,
su historia tan vulgar: un placer, una cuita,
que cabrá en las seis cuerdas de una guitarra
y en los seis suspiros de una vidalita.

Fernán Silva Valdés, incluido en Poesía uruguaya. Antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2010, ed. y selec. de Rafael Courtoisie).

domingo, 24 de agosto de 2014

Poema del día: "En donde mi callar es mi verso de apenas...", de Martín Adán (Perú, 1908-1985)

En donde mi callar es mi verso de apenas,
Donde el Amor no sabe que tiene sus dos manos,
Y no sabe quién es y anda por entre humanos
Con todas mis arrugas y con todas mis penas...

¡Yo era, Rubén, e iba... yo iba por mis venas
Como un amor cualquier de todos los envanos!
¡Yo fui amor, Rubén, y yo fui por canos
Horizontes a, un tacto, el de senos y senas!

¡Sí, yo jugaba allá donde el dios se gastaba!
¡Sí, yo jugaba allá con bigote y con baba!...
¡Sí, allá, Rubén, mi mito con que palpo y medito!

¡Sí, allá, Rubén, con mano con que me escribo el verso,
Tan de una corbata, tan y diverso!...
¡Sí, yo uno, no más, con mi dios y mi grito!...

Martín Adán en Mi Darío (1966-1967), incluido en Poesía peruana. antología esencial (Visor Libros, Madrid, 2008, ed. y selec. de José Miguel Oviedo).

Otros poemas de Martín Adán
¡Cree, Arquitectura...Prima ripresa

viernes, 22 de agosto de 2014

Poema del día: "Poema del ajedrez", de Abraham ben Meir ibn Ezra (España, Al-Andalus, 1092-1167)

En cántico entono batalla ordenada
de tiempos remotos antigua inventada:
prudentes y sabios hombres la ordenaron
y en órdenes ocho su marcha trazaron.
El orden en todo: que en ellos dispuestos
se ven en la tabla, guardando sus puestos,
con ocho distintas cuadradas secciones
en dos campamentos osados varones.
Sus fuertes reales los reyes colocan
y a guerra segura sus faces provocan;
y a veces continuo se ven caminando
y firmes animan a veces su bando;
mas en sus contiendas no sacan espadas,
pues son lides de ellos lides figuradas.
Tal vez quien revueltos los dos campos vea
que son idumeos y cúseos crea.
Menean cúseos en guerra sus manos
y en pos idumeos se ostentan lozanos,
y van los infantes siempre a la cabeza:
que es guerra de frente, de hidalga nobleza.
Mas el elegante en guerra marchando
se acerca al costado astuto acechando,
y va como el Phérez (que es su primacía),
en tanto que aquél por tres puntos guía.
En lid el caballo con planta ligera
sigue, cual le place, camino cualquiera.
Ora prevalecen aquí los cúseos
y huyendo a su vista van los idumeos;
y ora Edom sobre ellos se mira triunfante,
sus reyes vencidos con pena humillante.
Mas de nuevo al punto la guerra encendida,
los ya degollados recobran la vida.

Abraham ibn Meir ibn Ezra, incluido en Poesía de Al-Andalus (Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija, Sevilla, 1999, varios trad.).

jueves, 21 de agosto de 2014

Poema del día: "Mi amor", de Bai Juyi (China, 772-846)

Sacando mis prendas húmedas
para secarlas al sol,
salta a mi vista un par de zapatos,
obsequio de la bellísima hija de la vecina.
Aún resuena en mis oídos
lo que dijo al regalármelos:
«Es un testimonio de mi amor.
Espero que no nos separemos
como estos zapatos
que van siempre juntos.»
Desde que fui desterrado,
soy una hoja que flota en el río.
He recorrido leguas y leguas,
mas siempre me los llevo conmigo.
Ahora los miro y remiro,
sumergido en la tristeza:
Los zapatos siguen pareados,
pero yo estoy solo, lejos de ella.
Además, con las interminables lluvias,
ya aparece moho en la pala de seda.

Bai Juyi,  incluido en Poesía clásica china (Ediciones Cátedra, Madrid, 2002, ed. y trad. de Guojian Chen).

Otros poemas de Bai Juyi
Canto solitario en la montaña