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jueves, 6 de noviembre de 2025

Poema del día: "El aislamiento", de Jane Lyn Dupingay Vergara (Filipinas, siglo XX)

Entré en el suelo de baldosas de mármol,
Mis ojos vagaron hacia la nueva estructura.
Asombrada con el lujo frente a mí
Y la innegable riqueza mostrada.

Me llevaron a un área donde se encuentra una habitación silenciosa,
Adornada con un solo marco de imagen
Colgado en una esquina de la pared.
Suspiré y solté las lágrimas que estaba conteniendo.

Aquí en esta habitación donde me siento aislada
Testigo solitario de todas las frustraciones
Queriendo liberarse de la cadena,
Esperando que la vida se canse de torturar.

Aquí en esta habitación, donde el único oyente
Son las almohadas sordas y mudas.
Nadie escucha realmente mi grito
Ahogándome en lo más profundo de mi mente.

La ventana donde el alma inquieta
Echa un vistazo a la luna nocturna
Cerrada sin piedad por la alteza
Con la voz terrible de un trueno fuerte.

Aquí en esta habitación donde anhelo la libertad
Donde las manos están atadas y los pies con grilletes.
Aquí en esta habitación donde mi alma caída
Espera una respiración más.

Jane Lyn Dupingay Vergara, incluido en Revista Kametsa (11 de mayo de 2021, Perú).

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sábado, 16 de diciembre de 2023

Poema del día: "Las ruinas del corazón", de Eric Gamalinda (Filipinas, 1956)

Juana la Loca se casó con el hombre más guapo de España
y ese fue el fin, porque cuando te casas con un hombre

más bello que tú, dicen que se pierde bastante el control
de la situación. ¿Habrá escuchado alguna vez? No. Cuando él estaba fuera

anexando más reinos, ella tenía sueños horribles
de que lo cortaban o lo volaban, o que lo ponían en el potro,

o que dormía con mujeres exóticas. Ella rezaba a los guardianes gemelos
de la Alhambra, Santa Úrsula y Santa Susana, para que lo vuelvan a casa

y le hagan quedarse por siempre. Y ellos contestaron a sus rezos,
y mataron a Felipe el Hermoso a los veintiocho.

Juana la Loca estaba a su lado con dolor, y envolvió
su cuerpo con aceites y lavanda, y lo acostó en un ataúd de plomo,

y construyó una efigie de mármol del joven monarca durmiendo,
y a su lado la figura de ella misma muerta, para que él nunca pensara

que estaba solo. Y mantuvo el cuerpo a su lado, y todos los días
durante los próximos veinte años mientras las fragantes pócimas llenaban las habitaciones,

echaba una ojeada en su ataúd como un chef ojea en su perol
y los recuerdos de su cuerpo joven despertaban su inflexible deseo.

Ella quería poseerlo enteramente, y ya que ni la muerte podía
oponerse a la reina, encontró la manera de fundir muerte y vida

comiéndose un pedazo de Felipe, lenta, amorosamente, hasta que estuvo enteramente
en su ser. Cortó un dedo y masticó la piel fragante,

después rebanó gruesas porciones de sus alguna vez robustas mejillas. Después se comió
una oreja, y después un lado del muslo, luego se abalanzó sobre un ojo,

un riñón, parte del intestino grueso, y los sólidos músculos
del pecho. Luego cortó trozos de su pene

y de sus testículos de piedra y lo lavó todo
con jerez dulce. Entonces decidió que estaba lista para morir.

Pero antes de hacerlo, le pidió a los poetas que registraran estos momentos
en una canción, y a los arquitectos grabar la música en mármol

y que el mármol fuera extraído de las más secretas venas
de la tierra y colocado donde ningún hombre pudiera verlo,

porque ésa es la naturaleza del amor, porque uno camina sólo
por las ruinas del corazón, porque el día fluye hacia la noche,

porque el joven debe dormir con los ojos abiertos,
porque los ángeles tiemblan con tanta belleza,

porque ella extiende sus manos a la lluvia,
porque el recuerdo se mueve en órbitas de ausencia,
más profundo y más radiante que la luz inflexible del dolor.

Eric Gamalinda, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Eric Gamalinda


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sábado, 11 de noviembre de 2023

Poema del día: "Hay muchas maneras de recordar", de Eric Gamalinda (Filipinas, 1956)

La historia de la angustia
comenzó con los fenicios
que conocían el secreto del agua,
los moros que siguieron
su triste elíptica, los católicos
que persiguieron a los moros,
y los gitanos que capturaron
la órbita completa del sufrimiento
en un solo llanto.

Hay muchas maneras
de recordar,
como el viento que cambia de dirección
pero es siempre el mismo
como el mundo sobre su eje de plata
y el mar engatusando
con su lamento
la insincera respuesta de la luna.

Fuera de todos estos elementos
el mundo inventa sus misterios,
las volutas del cangrejo ermitaño
y el veneno del escorpión,
la boca roja del hibisco
y el agua con sus señales privadas,
su vocabulario de clima
y calamidad.

Curioso cómo sigo volviendo
al mar, cómo eso es algo
que nadie me puede negar,
cómo me gusta observar la idéntica paciencia
con la que da forma a las rocas
y reclama su dominio
en riachuelos y estanques.

Creo que aún formo parte
de la primera creación,
la noche en blanco en la que
todo era posible
y en la que todo lo que se necesitaba
era un gesto para abrir
el más profundo instinto de los volcanes.

Estoy más lejos
de lo que nunca he estado
aún más cerca a la fuente
de mi comienzo,
el néctar primerizo
y el grito asombrado
de las primeras aves levantando el vuelo.

Eric Gamalinda, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Eric Gamalinda


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sábado, 7 de octubre de 2023

Poema del día: "Manifiesto para mí mismo", de Eric Gamalinda (Filipinas, 1956)

Sepan por la presente que

1 donde
2 yo
3 vaya
llevo el pesar de mi país
su recuerdo de agua
6. su calendario de inclemencias
7. Si mi voz suena muy lejos
8. si discuto con la lógica de los ideogramas
9. Insisto en que no lo puedo evitar
10. éste es el idioma
11. que hablo cuando estoy dormido.


Por tanto

12. llevo la luz de todos los países
13. donde quiera que voy
14. Por tanto me declaro responsable
15. de la conservación de sus puentes
16. sus pobres sus balcones
17. las lámparas que se apagan
18. y la evanescencia del amanecer
19. Os declaro mi fardo
20. a los vosotros que jamás conoceré
21. Yo soporto vuestra música
22. y vuestras historias
23. y vuestros niños mendigando en las calles
24. y vuestras madres
contando las balas
en el nido vacío de cadáveres

25. Soy aquel hecho de cobre de ceniza de sal
26. he pedido a mis poemas
27. que soporten el peso
28. de todas las conversaciones

29. los no escuchados rezos
30. los mensajes olvidados
31. el murmullo insaciable del penitente
32. las dos caras
de la alegría y el pecado

33. Donde quiera que un hombre
34. tenga hambre
35. se le prive de hablar
36. se le saque de su hogar
37. Soy yo quien debe aceptar
38. su amarga música
39. su silencio
40. su aterrador oráculo

41. Donde quiera que vaya
42. sigo siendo quien soy
43. soporto el peso
44. de la luz que pasa
45. sobre los cementerios
46. la fruta madurando
y las uñas
48. arrancadas de las manos
49. del Cristo crucificado

50. Mantened todo esto bajo el sombrero
51. y cuando pregunten por mí
52. decidles que él sabía
53. muchas cosas
54. pero que nunca aprendió
55. a callar.

Eric Gamalinda, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Eric Gamalinda


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viernes, 25 de agosto de 2023

Poema del día: "Definición del flamenco en 241 palabras", de Eric Gamalinda (Filipinas, 1956)

Le ha tomado al mundo todo este tiempo
para recordar mi nombre.
Me vale.
Le ha tomado a la niebla todo el mes
para revelar las montañas heladas,
al sol para rezagarse en el este,
al cactus para desplegar
su flor sexual.
Me vale.

De todos modos nadie se queda,
y aquellos que miran hacia atrás
no tienen instrumentos o mapas,
sólo descubren sus propios pasos
en la firma del polvo.

Dejaré una cruz
por cada década de guerra,
una espina por cada cien vidas
reducidas, un guijarro
por cada niño nonato.
Eso es todo lo que obtendréis de mí.

Os mostraré el camino
fuera de los senderos lunares hacia el ombligo
del mundo, donde un gran ser
aún guarda su fuego secreto.

Será pronto, vendrá
en la forma de un rayo,
en la aflicción de las aves,
en el lamento de los sapos.

La tormenta se va
en un suave fandango,
es la cicatriz de la mañana,
el progreso de la luz

en el grito de la mujer
haciendo el amor,
en el resplandor muscular
de los caballos,
en el dolor de Al-Andalus.

Lo he visto al menos una vez,
la insoportable belleza
de la luz explotando
en estas montañas
y los más cariñosos ojos de amor.

Cada vez más y más se ha vuelto
imposible hablar de ello,
y cada vez que lo intento
me encuentro hablando
los arcaicos dialectos
en los que faltan
algunas palabras,

como «enbuenahora»
u «hogar.»

Eric Gamalinda, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).



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sábado, 22 de julio de 2023

Poema del día: "Contrabajo", de Wilfredo Pascua Sánchez (Filipinas, 1944)

Manila

Fuera un par de décadas
Instantáneamente próspero a los ojos de los otros por mi corbata de seda,
           traje arcano y modales extranjeros
Aunque mis amigos no fueron engañados:
Reclaman fidelidad absoluta, una propiciación de sangre.
No tomarían mi respuesta como respuesta
De nada sirve decirles de un colega poeta en Dai Botatsu
           quien al preguntarle “¿Aún escribes?”
Decía «En otra vida.»


Tagaytay

En bancarrota espantosa, aún así brillaba
El lago es plácido, sin efervescencia o ebullición
Franz dijo: «Sabes que las cosas nunca son lo que parecen»
Sin duda, en tiempo implícito, las cosas nunca son lo que parecen.

Wilfredo Pascua Sánchez, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).


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martes, 20 de junio de 2023

Poema del día: "El canto de cortejo de Juan Bato", de Erwin E. Castillo (Filipinas, 1944)

Mis tres madres tienen una montaña tan grande como cualquiera
Donde hay un río claro y risueño,
Aquí dijeron, debo traer a la chica con quien me case
Para que ellas juzguen si puede quedarse para siempre.

Como mis madres fueron criadas y crecidas en la montaña,
Son educadas y simpáticas;
Iluminan sus árboles, sirven dulces de miel
A cada huésped perdido y con hoyuelos.

Para uno iniciaron un incendio en el bosque,
Le mostraron a uno un espejo de luna,
Una tiene un millar de luciérnagas entre su cabello
Que causaron espanto a mi pequeña niña.

Esto ha sido así durante cien años,
Cien años completos en este junio,
Y mi corazón está ahíto de las saladas lágrimas,
De cada desconcertante chica que he conocido.

Así que, cuando te lleve allí cariño,
Y mis madres repitan la función,
Mi lanza, gritaré, haré a la montaña sonar
Y atravesaré sus almas cacareantes!

Erwin E. Castillo, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Erwin E. Castillo


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jueves, 18 de mayo de 2023

Poema del día: "Tiradores de Muerte", de Erwin E. Castillo (Filipinas, 1944)

1.
Adiós para siempre, como si finalmente, toda magnificencia
Y el bronce, existieran en la lastimosa madera de las posibilidades
Cierto, el verano es barbarismo: las viudas gumamelas gruñen

Y sacuden sus brazos huesudos: tienen muñones donde solía estar el corazón.
El alguna vez malvado gallo-de-las-montañas se rinde ante el arcabuz cacareando:
¡Lo que fácil vino, fácil se va!

La desesperación encaja como una virtud, y hay una multitud de ansiosos,
Nuestra vaga despedida desaparece en la sopa de diversos dialectos
Mientras el mundo, imperturbable como siempre, sigue ocupado.

2.
¡Todos los Ejércitos de España marchan sobre nuestras montañas!
Nosotros, Tiradores de Muerte, pasamos revista como moscas
Sobre las entrañas del halcón asesinado en Cavite.
Los españoles mastican hierro y nos escupen balas de cañón.
Hacen fuego con sus mosquetes sobre la bóveda del árbol tribal.
Sus guiones están erectos, dispuestos a violar los cielos
Y la Muerte es el cable telegráfico enguantado de musgo.

3.
¡Montaña! ¡La amo!

Sus ojos son profundos
lagos de ónice a media noche
donde los jazmines y las Tres Marías
se desmayan nadando.
Vientos salvajes
delirantes de flores
hacen carabelas con su pelo al viento.
Para sus orejas de duende cantan y el fino vello
se eriza entre sus pechos.
Su cara es pálida como una perla del Sur.
Su lengua, rápida como la serpiente, luces en mi boca.
Luego dice adiós para siempre.

¡Montaña! ¡La amo y la temo!

3.
Niños pequeños, ved, porque hay lecciones en la leyenda.
Muerte, pero también amor, ocultos en la ardiente madera de las posibilidades
Y las pesadillas permiten que los Tiradores vayan a su encuentro
A quienes saludamos con himnos y antorchas.

Erwin E. Castillo, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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viernes, 14 de abril de 2023

Poema del día: "La casa", de Herminio S. Beltrán Jr. (Filipinas, siglo XX)

No importaba la oscuridad
La noche era transparente y encantadora
A través del cristal de la ventana
Las ruedas en dulce ventura
De todo ese brincar arriba y abajo por los caminos de la selva
Detente.
La postura majestuosa de una casa de madera
Vagamente familiar me lleva
A emitir un sonido contra la reja.
A través de arbustos, flores desconocidas
Un nombre anuncia su búsqueda.
Una mano abre el candado
Y mientras el nombre camina hacia adentro
Encuentra una cara en el álbum familiar.
Es el olor de árboles, enredaderas, viento;
Pasa, ¡qué bien que hayas venido trayendo
amor y recuerdos, querido amigo!
La noche cae sobre el ojo tibio de una lámpara.
Siéntate, preciado huésped, toma un descanso.
Un largo viaje entre montañas, ríos que
Se posan sobre una rama: sillas talladas
Barnizadas por los años
La casa de pinturas abre sus páginas,
Hogar en la divinidad de una oración.
La mesa ofrece simple generosidad
Y con una sonrisa, copas Vintage
no son sólo para los recuerdos.
Ven prueba el pueblo en el cristal:
Aguas minerales y raíces de árboles
Del país de Clavería, esta obra maestra
De mosaicos de ríos, cascadas y mar.
Vamos, querido amigo, compartamos
Historias, dibujemos nuestras raíces.
Las escaleras se orean con las ventanas abiertas.
Escucha, es la orquídea que canta para marcar el día.
Y los nombres viajan a través del tiempo
Como la historia, la cultura y la civilización
Nosotros luchamos por definir
Como si las definiciones pudieran reunirse
En una canción o en un cuadro de bolsillo que se deje
Llevar donde quiera que vayamos
Todo aquello que ahora nos damos cuenta que nos falta.
La brisa es más fresca ahora, es tarde;
Esto es todo por hoy,
La cama es tibia.
Mientras deshago el equipaje
Empaco de nuevo para otro viaje,
La maleta parece más pesada
Y me apuro porque la mañana se aproxima
Más que un nieto a un abuelo.

Herminio S. Beltrán Jr., incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Herminio S. Beltrán Jr.


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sábado, 11 de marzo de 2023

Poema del día: "Valle ancestral", de Herminio S. Beltrán Jr. (Filipinas, siglo XX)

Sea que esta barcaza sobre espuma y arcilla Cagayán
Esté midiendo la anchura del miedo
Mientras el tiempo hace piruetas incesantes
Tu señalas ésta y aquella isla
Pero la boya de yerbajos y tierra no tiene nombre
Sólo las aves marcan la ausencia de un puente
Entre Aparri y casa
Años atrás decías que brillaría la lluvia
Sobre esta vasta profundidad bendita
Con aletas de tiburones y colmillos de cocodrilos
Rociando gemas de agua en tu cabello
Se han ido dices pero tú estás aquí
Tomando mi mano deseando que yo pueda descubrir
Tu opción de colores para cortinas
En las ventanas del valle

Aquella franja interminable de la costa de Ilocos
Perdiéndose entre la exuberancia de helechos, enredaderas y orquídeas
En el camino a Patapat pendiente de un balancín entre rocas inmensas
Fragua de olas mil metros abajo
Y las paredes de Sierra Madre ante nosotros
Pero no son paredes dices
Sino la espalda de una mujer rolliza soltando su trenza
Cataratas con el aroma de hojas secas de antiguos árboles
Antes quizás los elefantes y leones venían a jugar
Ya no están dices mientras el viento se despierta
Una noticia sobre un alud enterrando a unos aldeanos
Un tormentoso diciembre no hace mucho
Y observo las bayas salvajes y los jackfruits madurando
Que no están ahí
Y tú tomas mi mano deseando que descubra
Tu opción de zapatos para los caminos embarrados
Y libros para viajeros elegantes
Y cuchillos que no se oxiden
Y platos que no se rompan
Y canciones que lleven orquídeas para el pelo

Por tantos años
Como has estado erigiendo ciudades natales.

Herminio S. Beltrán Jr., incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Herminio S. Beltrán Jr.


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domingo, 5 de febrero de 2023

Poema del día: "Trazar un río seco", de Herminio S. Beltrán Jr. (Filipinas, siglo XX)

La reina infanta de España murió hace mucho
Cuando mis ancestros colgaron su nombre
Sobre el pecho de su ciudad natal
La plaza durmiendo verde es un recuerdo del pantano
Fósiles de sudor
Manglares bajo un sueño
Levantándose como ramas de humo
Con nidos perdidos orquídeas migrantes epítetos marrones emplumados
La fachada de la iglesia exhibe el nombre de un santo
Que nunca tuvo tiempo para tañer las campanas
Cuando los invasores vinieron a cambiarle el nombre a vuestros hijos
Desviar vuestras calles secar vuestro río
Desenterrar vuestra arcilla cavar vuestra tumba
Vuestras hijas rezan en la oscuridad de cara a una pared marina
Quebrantándose golpeadas por el viento salado y las olas
Los ingenieros gubernamentales se enriquecen mientras vuestros hijos
Beben el día entero a la moda de un héroe de Hollywood
Que sucumbió al cáncer
El tifón voló la escuela
Y los niños juegan para siempre bajo la lluvia
Mientras que allá afuera bajo los cocoteros
Abuelos y abuelas cuentan historias de un parricidio
Una noche de luna cincuenta años atrás

Un padre perdido en medio del mar cuarenta y cinco años atrás
La amante de un sacerdote vestida de rojo en la corte cuarenta y tres años atrás
Y las cabezas de los guerrilleros
Pendiendo de un árbol devoradas por los cuervos
Hoy exactamente cuarenta años atrás
Mañana cumplirás cien años
Yo dibujo tus venas en un monumento al sueño
Escucho un canto oscilante en la hamaca ancestral
Y a lo lejos en Babuyan y Pita, la montañas levantan el sol sobre el camino ensangrentado
Por mi gente hambrienta que recoge la sal
De los vientos del bosque
Bajo una cortina de redes de pescadores en Napunit
Adornada con alas
Una horda diurna de libélulas
Luciérnagas brillando antes del amanecer
Veo mi rostro desplegarse como una bandera.

Herminio S. Beltrán Jr., incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética  (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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lunes, 2 de enero de 2023

Poema del día: "Elemental", de Marjorie Evasco (Filipinas, 1953)

Hay una estación para esta madurez,
la manera de agotar el crecimiento de los árboles de completar
el fruto de la rama más alta,
el movimiento del jazmín
que trepa por los enrejados para mostrar
una sola floración a la marea de la luna nueva.

En mi jardín los bambús se arquean
sobre una porción de césped, piedras de río,
tierra removida. Sola, donde el yerbajo
crece más salvaje, pienso:

Cómo la dorada piel del mango
se rompe entre tus dientes, cómo te tragas el cielo sin costura
sobre Siquijor, tu cuerpo convirtiéndose
en una tierra entera con la que puedo intimar
desde lunas negras, sabor a tierra,
canciones de caída de río, olor del aire
antes de la lluvia, rocío de flores
con nombres raros. Sí, hay

Razón para esta madurez.
Y mi lengua te dora.

Marjorie Evasco, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de Marjorie Evasco


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lunes, 28 de noviembre de 2022

Poema del día: "A un niño contorsionista actuando en el National Press Club", de Marjorie Evasco (Filipinas, 1953)

Cuando te pusieron en el cañón
De luz, desliz de pluma
De niña,
Un llanto apagado tomó a tu público
Por la garganta.

Tu hazaña era diferente:
El frágil cuerpo-mente se retorcía
Entre miembros separados en lo alto
En dos sillas sobre una mesa,
Deseando un sólo punto
De supervivencia.

Hacías cada truco tan
Fácil, mientras ellos respiraban su
Miedo, aplaudiendo con su corazónagallas
Lejos de tu verdadero
Logro.

Cada noche en Pistang Pilipino
Tu agilidad de lenteja
Describe una precaria postura
En las que los abajos son arribas,
Ni correctos ni reales.
Golpeabas la cabeza
Contra el suelo,
No es por falta de habilidad.

No asistí a tu función esta noche.
Algo dentro de mí se derrumbó.

Marjorie Evasco, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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sábado, 22 de octubre de 2022

Poema del día: "Andy Warhol habla a sus dos criadas filipinas", de Alfred A. Yuson (Filipinas, 1945)

El arte, mis queridas, no es limpiar
después del acto. Tampoco es lavar
el polvo con el jabón del tacto. De hecho
y de verdad, mis queridas, el arte es centro

muerto, entre comidas, entre especias
y deterioro. Llena el pan
barrido de obedientes tajadas de vida.

El arte son las cartas que enviáis a casa
sobre el hombre al que servís. O la ensalada
que traéis a mi salón de élites.
Mientras Manhattan observa la sopa

de nuestras afinidades. Y oímos hablar del golpe de estado
en vuestras islas. Donde copian el amor
como lo hago yo, como vuelvo una y otra

vez al arte. Quizás también es el tiempo
marcado por la arena en vuestros zapatos, derramándose
suavemente como un rumor. Codicio vuestros corazones.
En nuestro Dios creéis. Y es vuestro día libre.

Alfred A. Yuson, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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domingo, 18 de septiembre de 2022

Poema del día: "Batata Morada", de María Luisa B. Aguilar-Cariño (Filipinas, 1960)

Me diste tu corazón,
una masa de fibras que debo escardar
y hervir hasta la médula. Coagulan

el fondo y las paredes de mi más pesada
marmita -con secuelas espesas
de raíces, su dulce leche manchada

de azul, por encima del saber mundano. Cuentas
de sudor transitan por mis brazos, mi nuca,
mientras me inclino casi sin aliento

hacia la mezcla que cuaja como geografía,
como un silencio tierno e
incorruptible, toco el cucharón, su mango

de madera reluce con bálsamo de esfuerzos
pacientes. En el calor del verano
serviré el dulce en el plato,

instruyendo a la lengua para que se demorara
en el corazón morado, ya frío
y vertido de su molde de cobre-

recordando cómo lo hago, cómo algo que se ha dado
sin dolor, o se ha tomado de prisa de sí mismo
debe guardarse lo más cercanamente contra futuras

hambres; cómo se congela de repente
la promesa de un final irreductible y satisfactorio
volviéndose más exuberante, más absoluta
y generosamente fatal.

María Luisa B. Aguilar-Cariño, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

Otros poemas de María Luisa B. Aguilar-Cariño

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sábado, 13 de agosto de 2022

Poema del día: "Mujer del norte", de María Luisa B. Aguilar-Cariño (Filipinas, 1960)

Mira, éstas son marcas de las montañas
Que llevo en mis brazos;
Árboles que amo,
el rayo,
terrazas que duermen mansamente
En poder
De orgullosas herencias que llevo
Sobre mi pecho.

Estos brazos también bailan:
Arremolinan
Modelos de oración
A un dios de la montaña,
Elevan
por el valor del cielo
coles,
         periódicos
         latas de agua,
Mecen
         una hamaca de bebé
         bajo un dosel de pechos
Fuente antigua
De fuerza,
Durando
Como las montañas
Que marcan mi carne
Hasta la planta
Que bruñe la tierra,
Mis deformes
Y hermosos
Pies.

María Luisa B. Aguilar-Cariño, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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domingo, 10 de julio de 2022

Poema del día: "Pastoral", de Ricardo de Ungría (Filipinas, 1951)

¡Escucha! Busco Dios y diamantes
en la minucia de esta vida de fiemo
incapaz de entregarme a sus bayas y guirnaldas

Con sus ojos me desuella y quiebra mis huesos.
Duerme todo el día con las cabras. De noche
susurra, «Consigue tu Dios y tráeme diamantes»

Entonces seremos sabios/estaremos a gusto. Tendremos hijos
de manos limpias. ¡Ah! Por ser útil
pierdo el apetito. ¡Diamantes! Mi alma resuena

Cuando agito el vacío y anuncio a los pájaros:
«Debo estar hecha de despojos
¡Deberían serme dados Dios y diamantes!»

Y así, a través de las luces y las sombras que rebasan
la razón, gasto esta vida día y noche.
Inútil reprimir mi alma vendiendo lo que se me ha cedido

En mis sueños, bailo nuestra sabiduría sobre piedras
y estiércol. Despierto, me adhiero a la muerte con la querida vida.
¡Fuera! Busco Dios y diamantes
para envolver su cuello con mis manos desnudas.

Ricardo de Ungría, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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domingo, 5 de junio de 2022

Poema del día: "El triste arte de hacer papel", de Ramón C. Sunico (Filipinas, 1955)

                                            Para Tess

En la mañana, cuando la neblina intenta
esfumarse del bosque
de llamadas de pájaro, los sinsontes
imitan el sonido de las guadañas
al ser afiladas.

Es tiempo
de que las mujeres cosechen
hierba para los hacedores de papeles,
tiempo de arrancar la hierba tan lozana
como sus cabellos y de arrebatar
hojas de los brazos
de las moreras.

Así comienzan su búsqueda
de belleza: las hojas caen
en barriles de agua y lejía,
las lágrimas verdes de las plantas
lavadas a la claridad de las lágrimas humanas.

Entonces, las mismas mujeres toman
sus morteros y muelen el paisaje
hasta hacerlo pulpa. Machacan luz de día y ensueños
hasta hacer una pálida masa fría.

Sólo entonces vendrán los hombres a sumergir
sus frutos en agua, dispersando
los restos de plantas y dolores
de los cansados brazos blancos.

Y una vez dispersos, redimen
con sus finas mallas el tejido
de vacío al que ahora llamamos papel.

Es este papel el que captura
la luz de luna japonesa. El cadáver
de hojas muertas sobre el que escribe Basho
sobre la transitoriedad de la belleza
y el mundo gota de rocío.

Por los ríos, los monjes pintan
el alma de las moreras
sobre hojas que han olvidado
los brazos de que fueron arrancadas.

Amar la belleza es desesperar y esto
nos recuerdan los que hacen espadas
grabando crisantemos en sus hojas de acero.

Ramón C. Sunico, incluido en Lo último de Filipinas. Antología poética (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2001, selec. de Jaime B. Rosa, trad. de Ellyde Maestre).

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