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jueves, 21 de agosto de 2025

Poema del día: "Molly House", de Dimas Prychyslyy (Ucrania, 1992)

Ni era el Mother Clap ni estaba en Holborn.
Sonaba una música extraña
que no cabía en el recuerdo,
los hombres eran negras sombras
que se deslizaban por la puerta
al romper la noche las pocas esperanzas
que no se había cargado el día.

La primera vez que entré en ese Edén
de negros y metales,
a ese templo de camas
suspendidas entre gemidos,
me senté y observé el lento juego
de émbolos y muslos
dispersos entre la sorda bacanal
de las pantallas.

La primera vez que me adentré
en esas espesuras
pensé en los héroes provenzales
y sus pruebas en los bosques,
en el éxtasis de Santa Teresa,
el presidio de San Juan,
en las galeras, en un espejismo fractal
de un Dios transfigurado en Charlton Heston.

Aquellos hospitales de ultramar,
aquellas tumbas que derramaban vida,
aquel ensueño de morada última
lo regentaba un transformista viejo,
mezcla de Sócrates y Carmen de Mairena,
índole de Celestina y Marco Aurelio.

Escuchaba en la barra a todo aquel que quisiera
rejuvenecerle el oído,
cantaba coplas, pedía churros cuando amanecía,
y aseguraba ser la mismísima Bizcocha
y arrepentirse de haber vendido a la Lirio
que era en realidad un bellísimo muchacho.

Dimas Prychyslyy, incluido en Arquitrave (nº 69, abril-julio de 2021, Colombia).


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miércoles, 22 de enero de 2025

Poema del día: "Al amanecer, el viento se cansó...", de Teodozia Zarivna (Ucrania, 1951)

Al amanecer, el viento se cansó y dispersó la
basura, los pensamientos y las nubes.
Y en el paisaje puro
como en el primer día de la creación,
la cigüeña afila su garganta,
extendiendo pañales
para los niños del mañana.
El verano se cierne sobre la acacia, que ha
inundado de perfume medio mundo: florece
furiosamente en la vejez.
La carretera desagües con los primeros coches,
como una herida que sangra. Un proyectil
ciego besó el patio de alguien, y el sol seca las
lágrimas de los árboles.

Teodozia Zarivna en La tierra de los siete vientos (2020), incluido en Aullido (Internet, 11 de septiembre de 2024, trad. de Maryna Sushko).

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miércoles, 10 de julio de 2024

Poema del día: "Réquiem", de Oksana Yefimenko (Ucrania, 1988)

Encienden las velas una por una bajo el hielo,
y han elevado hasta tus ojos un estandarte de vidrio.
Las velas se consumen una por una bajo el hielo.
Siluetas se inclinan sobre la cuna mientras
las sombras de los árboles invernales oscurecen tus mejillas.
Todo lo que te han dicho –o susurrado al oído–
te privará de tu derecho de echar una última mirada.
Así que párate en el hielo
sin mirar atrás.

Oksana Yefimenko, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).


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miércoles, 5 de junio de 2024

Poema del día: "Dice que todo estará bien", de Lyuba Yakimchuk (Ucrania, 1985)

dice: han bombardeado tu vieja escuela
dice: se están acabando las provisiones de comida
                      y no hay más dinero
dice: los camiones blancos de ayuda humanitaria
                      son nuestra única esperanza
dice: de los camiones blancos acaba de volar metralla sobre las cabezas

se acabó la escuela
¿cómo es posible que ya no haya escuela?
¿que esté vacía? ¿está llena de hoyos o
                      la han destruido por completo?
¿qué fue de mi foto
                      en el cuadro de honor?
¿qué fue de mi profesora sentada en el salón?

dice: ¿foto? ¿a quién diablos le importa una fotografía?
dice: la escuela se fundió – este invierno es muy caluroso
dice: no he visto a tu profesora, por favor
                      no me pidas que la busque
dice: vi a tu madrina; ya no está más con nosotros

huyeron todos ustedes
abandonaron todo y huyeron
deja tu casa, tu sótano con tarros de mermelada de chabacano
los crisantemos rosas en la terraza
dispara a tus perros, para que no sufran
deja esta tierra, nada más vete

dice: no digas tonterías, todos los días arrojamos tierra a los ataúdes
dice: todo va a estar bien, pronto vendrá la salvación
dice: la ayuda humanitaria está en camino

Lyuba Yakimchuk, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).


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lunes, 29 de abril de 2024

Poema del día: "000 232", de Khrystia Vengryniuk (Ucrania, 1987)

Y entonces se rajó la tierra.
Exclamaciones y polvo, siempre vienen juntos.
Entrelazados.
Perdimos la maña de salir por la puerta.
Alguna cosa bloqueaba la ventana.
Vi luz a través de las nubes grises,
Se lo llevaban en un camión de ganado.
A mí me llevaban en otro camión, con gente.
“No llores. Dejé todo. Lo he visto todo.
He encanecido por la edad y la cocaína.
Estoy blanco como la hidroquinona. Blanqueado”.
No tuve tiempo de aventarle una máscara antigases,
Conforme me llevaban.
Ellos también se estaban alejando.
Pero alcancé a ver sus ojos por un momento, nítidamente.
Ya no tenía heridas.
“Porque las alas no pueden recibir los estigmas”
– Oí su voz por la vez última.

(Y ya no hubo nada nunca más).

Khrystia Vengryniuk, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).


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domingo, 24 de marzo de 2024

Poema del día: "1918", de Ostap Slyvynsky (Ucrania, 1978)

Lo que queda de una bala expansiva
a veces no es más que esquirlas.
Lo que recuerdo de la guerra
es un caballo
que se cayó de un vagón de tren
en una torcedura del indicador
justo antes de que la guerra terminara.
Nadie regresaría por él, nadie
lo recogería del dique.
Los niños lo alimentaban con pasto,
estaba ahí, echado,
las patas rotas, la vista nublada,
la piel rezumaba una viscosidad negra
como una señal de que la noche,
retirándose, abandonaba el terreno
en favor de la noche
que estaba por llegar.

Ostap Slyvynsky, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).

sábado, 17 de febrero de 2024

Poema del día: "Gallito de los vientos", de Katrina Haddad (Ucrania, 1978)

mis padres del Este
mis amigos del Oeste
mis abuelos del Norte
y mis hijos del Sur
y también
mis parientes y mis
enemigos desconocidos, los amigos
de mis enemigos, una jauría de perros
una manada de gatos, mis libros favoritos
y techos, canciones, héroes y palabras…
todos tienen su propio lugar
en esta área geográficamente delimitada
deberemos también definir la posición de los besos
con respecto a los puntos cardinales
todo para evitar ir más allá
del círculo trazado a mano
y permanecer en el centro
del universo

Katrina Haddad, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).


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sábado, 13 de enero de 2024

Poema del día: "Guerreros", de Tetiana Bondar (Ucrania, 1978)

los guerreros
del cielo y el infierno
tienen miedo de enfrentarse en la batalla

ayer golpearon / atacaron / hicieron blanco
la luna creciente a sus espaldas
confundiéndola con el enemigo

ignoran
lo que pasará con la frontera
entre el cielo y el infierno
cuando caiga la noche

Tetiana Bondar, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).

viernes, 8 de diciembre de 2023

Poema del día: "La retaguardia", de Les Belej (Ucrania, 1987)

hambre, sed y pérdida de la memoria
pueden ser paliados corriendo,
sombras amenazantes, muerte y olvido,
riéndose

está calentando
pero no nos sacamos los guantes
ni corregimos los relojes
al horario de verano

hemos cambiado nuestros billetes
por monedas
hay vino en nuestras botas (odres)
y galletas en nuestras mochilas
todavía humean las tierras baldías quemadas

Les Belej, incluido en Periódico de poesía (14 de noviembre de 2022, UNAM, México, versiones de Alberto Paredes).


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miércoles, 3 de marzo de 2021

Poema del día: "Muñeca", de Nika Turbiná (Ucrania, 1974–2002)

Soy como muñeca rota.
Olvidaron colocar
En mi pecho un corazón
Inútil me abandonaron
En un oscuro rincón.
Soy una muñeca rota
Sólo oigo al amanecer
El suave susurro del sueño:
«Duerme querida, largamente,
Los años vuelan,
Cuando despiertes
La gente otra vez querrá
Tomarte en sus brazos
Arrullarte, jugar:
Tu corazón latirá…»
Sólo da miedo esperar.

                                    1983

Nika Turbiná, incluido en Buenos Aires Poetry (Argentina, 14 de septiembre de 2019, trad. de Víctor Toledo).

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lunes, 10 de agosto de 2020

Poema del día: "Caballos en el océano", de Boris Slutsky (Ucrania, 1919-1986)


Aunque no mucho ni muy lejos,
los caballos pueden nadar.

“Slava” —que en ruso quiere decir “Gloria”—
es un nombre difícil de olvidar.

Con tal nombre, un orgulloso barco
se internaba, atrevido, mar adentro.

En la bodega, mil caballos,
estremecido el inocente belfo,

piafaban noche y día: sus miles de herraduras
no traerían esa vez la suerte.

Cuando, muy lejos de la tierra,
la mina abrió en la quilla un gran boquete,

los hombres se subieron a los botes,
los caballos nadaron, simplemente.

No había sitio en las balsas ni en las lanchas:
tan sólo eso podía hacerse.

Como una isla rojiza flotaron en el agua,
una isla a la deriva sobre el mar. Al principio
parecía que nadar era muy fácil,
creían que el océano era un río.

Pero ¿dónde estaban las márgenes del río?
Casi sin fuerzas ya para nadar,
relincharon de pronto, contra aquellos
que los ahogaban en el mar.

Al fin se hundieron, salpicando
el aire de relinchos y de espuma.

Eso fue todo.

                          ... Y mi tristeza
por ellos, los caballos que nunca
galoparán ya más sobre la tierra.

Boris Slutsky, incluido en Antología de la poesía soviética (Ediciones Júcar, Madrid, 1974, trad. de Angel González).

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miércoles, 19 de febrero de 2020

Poema del día: "Granada", de Mikhail Svetlov (Ucrania, 1903-1964)

Lentos cabalgábamos
hacia los combates,
y entre nuestros dientes
iba “Manzanita”.

Y esta canción hoy
permanece y tiembla
en la hierba joven,
jade de la estepa.

Pero otra canción
sobre un país lejano
llevaba mi amigo,
sola, en su caballo.

Cantaba mirando
su suelo natal:
—¡Granada, Granada,
Granada mía!

Iba repitiéndola
siempre, de memoria.
¿Dónde halló este mozo
la pena española?

Dime tú, Alexándrovsk,
y dime tú, Járkov:
¿Cómo comenzasteis
a hablar castellano?

Respóndeme, Ucrania:
—¿No guardan tus henos
la gorra de piel
de Tarás Shevchenko?

Amigo, de dónde
viene tu canción:
—¡Granada, Granada,
Granada mía!

Es un soñador,
lenta es su palabra.
—Hermano, en un libro
me encontré a Granada.

Su nombre es muy bello,
su gloria es muy alta.
Es una provincia
en el sur de España.

Me fui a guerrear,
dejando mi casa,
para dar la tierra
a los de Granada.

Adiós, mis parientes,
adiós, mi familia...
¡Granada, Granada,
Granada mía!

Íbamos soñando
para aprender pronto
la lengua de fuego
de las baterías.

El sol se elevaba,
cayendo de nuevo.
Se rinde el caballo
de andar por la estepa.

Pero en los violines
del tiempo, la tropa
tocaba con arcos
tristes “Manzanita”.

¿Dónde está mi amigo,
dónde, tu canción:
Granada, Granada,
Granada mía?

Herido, su cuerpo
se deslizó a tierra,
dejó su montura
por la vez primera.

Vi: sobre el cadáver
se inclinó la luna
y los labios muertos
dijeron: Graná...

El destacamento
no advirtió su pérdida.
Y vio “Manzanita”
el fin de la guerra.

Nunca más oyeron
los pueblos natales:
—Granada, Granada,
Granada mía.

Sólo por el cielo,
resbaló, despacio,
de lluvia una lágrima
al sol del ocaso.

Y nuevas canciones
inventó la vida...
No, no hay que afligirse
por ellas, muchachos.

No, no hay que, no hay que,
no hay que, compañeros...
¡Granada, Granada,
Granada mía!

Mikhail Svetlov, incluido en Antología de la poesía soviética (Ediciones Júcar, Madrid, 1974, versión de Rafael Alberti y María Teresa León).

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martes, 18 de diciembre de 2018

Poema del día: "Nuestra vida", de Vera Inber (Ucrania, 1890-1972)

Mi querido caballito,
mi generoso Pegaso,
que siempre tan diligente
acudes cuando te llamo.

Desgracia si así no fuera,
pues tendría que ir andando.
Sólo rarísimas veces
sueles decir por lo bajo:

“Espera, dueñita mía,
vamos a hacer un descanso,
que la pesada montura
el pecho me ha fatigado.

Si no, confundo el camino
y no sé a qué sitio salgo.
Al trepar por cuestas pinas
los cascos me he lastimado”.

Entrañable amigo mío,
mi fiel, mi noble Pegaso,
no hay valladar en el mundo
que no puedas remontarlo.

Tu velocidad notoria
ejemplo es de caballos.
Venga, probemos de nuevo
a saltar aquel obstáculo...

Pero hay que pensar, amigo
—queramos o no queramos—,
que llegará al fin el día
del retiro y el descanso.

Dejando el modesto albergue
y nuestros humildes bártulos,
salvaremos la hoya última,
el último gran peñasco.

Cruzaremos la meseta,
rica de ríos y prados,
y allí podremos vivir
de sosiego saturados.

Es un hermoso paisaje,
refugio de los cansados.

Viviremos sin premuras,
el alma sin sobresaltos.

Te molestaré muy poco,
para pasear un rato.

Pero del fondo del bosque,
a nuestro albergue ha llegado
un sonido, una llamada,
y tú en seguida a mi lado.

“De prisa, dueñita. El sol
se pone. El camino es largo.
Tenemos que ir al galope”.
Y otra vez, como en los años
mozos, a saltar barreras.

Nos ilumina el ocaso
con ambarinos destellos...

En tanto, mi fiel Pegaso,
arda esta luz vespertina,
no sabremos del descanso,
inseparables seremos.

Otra vez el mismo atajo,
otra vez el mismo albergue,
de alegrías harto escaso.
Y así hasta que la tumba
nos acoja en su regazo.

Vera Inber, incluido en Antología de la poesía soviética (Ediciones Júcar, Madrid, 1974, versión de José Santacreu).

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domingo, 29 de septiembre de 2013

Poema del día: "Proceso a la 'Destrucción de la Atlántida'", de Víctor Neborak (Ucrania, 1961)

Recreaciones de la hierba germinan en el viento. No existen.
Hacen su aparición los testigos. Han envejecido. Los abogados investigan a los colores.
Al anochecer el doble se apodera de los espejos.
                                                                               Como siempre. Nadie le ayuda.
Recibe una placa. Imposta la voz.
                                                      El juego es del público. Esas son las reglas del juego.
Hay fotografías. Hay momias. Fragmentos de cabellos, hojas y metales.
Tótemes y atriles, perspectivas, aviones petrificados.
Estos son nuestros sonidos, nuestros textos.
                                                                        Los jeroglíficos finalmente fueron descifrados.
El continente resultó inundado. Aporto la evidencia.
                                                                                  Y el espíritu —el cielo y las arenas.
—¿Qué eran? ¿Quién lo sabe? ¿A dónde fueron a parar?—
                                                                                               La piel del fiscal es grisácea.
Traen a amigos y muchachas, reconstruyen el escenario, traducen las voces,
ruedan películas, componen música, transportan por la carretera al híbrido humano,
soltándole de su jaula al centro del ruedo,
y con los aplausos de fondo asesinan, desgarran al gladiador, su figura y sus manos, como si
          fueran lobos.
—Buscad en la arena las huellas del país, agrandad y reunificad los médanos.
—Buscad en el viento las escaleras hacia el cielo, en castillos ilusorios: mi remota sonrisa.
—Buscad en el firmamento los románticos rasgos de la joven tierra.
—¡Buscad al viento! ¡Detenedlo! —¿Podría explicarlo yo?

......................................................................................................................................................

El jurado dará su veredicto. Soltarán al condenado
lanzándole al espejo —ve y recoge noviembre.
Así lo hará junto a Verlaine y Vivaldi.
Un dorado marco, como las puertas: olvidado regreso hacia el pasado.

Víctor Neborak en Cabeza voladora (1990), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Poema del día: "Se reseca el río...", de Oksana Zabuzhko (Ucrania, 1960)

Se reseca el río
                      (así como la ira consume la voz),
Un enceguecido pez estirado sobre el barro amarillento
Parece querer echar raíces, reflejándose la orilla
En su claro semblante, en donde ya no anida la substancia...

Se reseca el río...
                          Así con los años nos debilitan el alma,
Y no hace falta cruzar vadeando, porque ya no existe tal vado...
Avanzamos sin interferencia sobre el desnudo lecho.
                          Crujen bajo los pies, como conchas,
Los recuerdos envejecidos —esfumados de la memoria al igual que nuestros orígenes.

Se estremecen en el viento los diáfanos cuerpos de las nereidas desamparadas,
Duermen los ahogados, hundidos en el acre barro...
Queda tan sólo en lo más recóndito del angosto canal
                                                   tapizado por miríadas de guijarros asoleados
Un estancado hilillo de agua,
Que todavía se acuerda del río.

Y él a menudo sueña con los relinchos de los caballos esteparios,
Como humean las grupas dejando su olor en el agua sudada,
Como cae oblicuamente en su superficie la precisa noche,
Hundiéndose en ella loca de gozo, la errática estrella...

Gotean en el fango estas escurridizas rememoraciones, se asientan...
Al arroyuelo recorrerá un largo temblor —removiéndose en el fondo,
Aún tendrá tiempo de dejar detrás suyo una conjetura: los ríos no se secan,
Penetran directamente en la tierra
                                                     buscando una nueva profundidad...

Oksana Zabuzhko en El dirigente de la última vela (1990), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

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martes, 23 de julio de 2013

Poema del día: "Alguien dijo atravesaré la lluvia...", de Ihor Kalynets (Ucrania, 1939-2025)

Alguien dijo atravesaré
la lluvia y en la lengua de todos
tomó cuerpo una parábola
a lo cual nos encogimos de hombros al unísono
para que permaneciera callado
si bien los otros comenzaron a gritar con fuerza
ha aparecido un nuevo mesías

y el sujeto que pronunció atravesaré
haya o no haya logrado atravesar se traspasó
a sí mismo y reflexiona
soy persona que tiene escasa
fe de persona que escasa
fe tiene

Ihor Kalynets en Recapitulando el silencio (1971), publicado en Recapitulando el silencio  (1971),  incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

Otros poemas de Ihor Kalynets
En ocasiones alguien del otro lado...

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lunes, 3 de junio de 2013

Poema del día: "En ocasiones alguien del otro lado...", de Ihor Kalynets (Ucrania, 1939-2025)

en ocasiones alguien del otro lado logra llegar
allí a trece de nosotros alaban
según ha informado el predecesor
que sólo doce podrán pasar
por muchos que hubiera al otro lado
para un único pensamiento los nuestros
son demasiados ya que aquí es diferente
somos pocos en torno a un pensamiento
pero de ningún modo conformamos una doctrina
aunque no por ello desistimos
en ocasiones alguien del otro lado logra llegar
y se utiliza como fundamento
de especulaciones

Ihor Kalynets en Recapitulando el silencio (1971), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

Otro poemas de Ihor Kalynets
Alguien dijo atravesaré la lluvia...

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lunes, 1 de abril de 2013

Poema del día: "Tú no has cambiado...", de Vasyl Stus (Ucrania, 1938-1985)

Tú no has cambiado, en cambio yo me he vuelto remoto.
Las separaciones se acumulan a mis espaldas;
el tiempo que retorna sin ser invitado...
                                         (y agazapado se arrastra,
persiguiendo una sombra aún más larga,
creciendo juntos del menosprecio: una mano silenciosa
de álamos entumecidos bajo la luz crepuscular).

—horrible es el pecado que llevo en mi corazón

...las despedidas arrancaba, así como extirpan los atlantes
las arterias y las venas,
la escoria de los túmulos de deshechos carboníferos;
algo se ha quebrado en el pecho... (las fronteras
de la tierra —las deflecciones del otro mundo hacia el infierno—
abiertamente han reconocido al alma como suya).

           Eres el límite. Un fragmento de eternas rivalidades;
           caer—y no desintegrarse. Eres la depresión
           de una tierra plañidera: el mundo se torna frío,
           y con su nieve congela nuestras inexpertas manos...

No has cambiado. Ni la angustia ni los años
te han envejecido. Eres muda, como un espejo,
en el cual hace tiempo quedó reflejado tu fugaz semblante,
grabado para siempre en la penumbra,
y aún —una gaviota con un ala— se lamenta,
aún —como el vástago de un caótico tiempo.

Vasyl Stus en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

Otros poemas de Vasyl Stus
Aquel edificio...¡Cómo se desea -morir!...El alma de los oprimidos

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viernes, 15 de febrero de 2013

Poema del día: "¡Cómo se desea -morir!...", de Vasyl Stus (Ucrania, 1938-1985)

¡Cómo se desea —morir!
Para no callar,
ni con el grito clamar,
el último astro,
la venteada madrugada.
Póstumo detenerse
del glaseado día;
aguardar —y morir.
Y desde entonces no pensar en el regreso:
en lo profundo del silencio
en donde la quietud adormece,
en donde la melodía oprime
al corazón esclavizado:
ni siquiera es posible respirar—
¡cómo se desea morir!
Se desvanecieron los sueños,
las ideas se tornaron inservibles,
todos los gozos —cayeron abatidos
todos los colores —se desvanecieron.
Insaciable, como el claro umbroso en un bosque,
es la trayectoria vertical.
Pero no se podrá escalarla
ni a pie, ni con la vista,
ni con el movimiento, ni con el espíritu,
ni con el cuerpo desmembrado,
ni con la garganta atenazada.
Así que imploro, Señor,
deja que me eleve,
porque la muerte es lo que deseo.
Cómo es posible continuar;
esta espera opresora,
el abismo sin fondo,
esta cima dolorosa,
el feroz tormento.
¡Permíteme que caiga en un sueño eterno!
¡Extraviarse, olvidar,
descender hacia el grito,
desintegrarse en fragmentos,
ser esparcido al viento,
perderse en el tiempo
y, arrancándome el alma,
naufragar en el anonimato!
Al otro lado de la colina del destino
una tormenta de nieve aplaca la furia,
y las manos maternas
—teñidas de amanecer—
alzadas hacia el cielo
buscan a tientas
al espectro primogénito
prisionero para unos ojos abstraídos,
unas espaldas inclinadas por la resignación.
¡Cómo se desea —morir!
Desplazarse imperceptiblemente,
más allá de la orilla ilusoria,
más allá del horizonte de lo posible,
más allá del muro de las humillaciones,
más allá de las rejas enloquecedoras,
allende el helor —de la clausura.

Vasyl Stus en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

Otros poemas de Vasyl Stus
Aquel edificio...¡Cómo se desea -morir!...El alma de los oprimidosTú no has cambiado...

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viernes, 11 de enero de 2013

Poema del día: "El alma de los oprimidos...", de Vasyl Stus (Ucrania, 1938-1985)

El alma de los oprimidos permanece aterida
eternamente,
mientras el súbito hielo de sus lágrimas contenidas
imagina.
Delicado es el latido de los corazones robustos,
los rastros de sol entre la maleza
lastimeros.
Y la senda —una pendiente—
ha sido cortada,
destrozado —volaba, volaba—
luchando
contra las piedras, contra las murallas
negras.
El corazón puja por asomar su cabeza
y la casa vacía callaba,
callaba la tierra baldía.
Tan sólo el ciervo salvaje vaga hambriento,
demasiado frío, demasiada muerte
entrenada
y el sol no sale para ti;
ni para nadie.
El alma de los oprimidos permanece helada—
eternamente,
se eleva el temblor, la montaña;
resplandece,
el humo encanecido, quizás carbón, quizás
lamento,
oh, y la luna enfurecida —es una perra
indómita.
Sólo los alerces susurran,
sisean débilmente,
mientras el osezno extraviado entre estalactitas
prontamente
en medio de una tormenta sin la madre
perecerá.
Oh, relumbra el humo de las hogueras,
como si fuera
vegetación ambarina, clamorosa
refracción
y se desplomara encima nuestro
un montículo.
¿De nieve? ¿Noche? ¿Infinito? ¿Silencio?
Sólo Dios lo sabe.

Vasyl Stus en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

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