viernes, 11 de enero de 2013

Poema del día: "El alma de los oprimidos...", de Vasyl Semenovych Stus (Ucrania, 1938-1985)

El alma de los oprimidos permanece aterida
eternamente,
mientras el súbito hielo de sus lágrimas contenidas
imagina.
Delicado es el latido de los corazones robustos,
los rastros de sol entre la maleza
lastimeros.
Y la senda —una pendiente—
ha sido cortada,
destrozado —volaba, volaba—
luchando
contra las piedras, contra las murallas
negras.
El corazón puja por asomar su cabeza
y la casa vacía callaba,
callaba la tierra baldía.
Tan sólo el ciervo salvaje vaga hambriento,
demasiado frío, demasiada muerte
entrenada
y el sol no sale para ti;
ni para nadie.
El alma de los oprimidos permanece helada—
eternamente,
se eleva el temblor, la montaña;
resplandece,
el humo encanecido, quizás carbón, quizás
lamento,
oh, y la luna enfurecida —es una perra
indómita.
Sólo los alerces susurran,
sisean débilmente,
mientras el osezno extraviado entre estalactitas
prontamente
en medio de una tormenta sin la madre
perecerá.
Oh, relumbra el humo de las hogueras,
como si fuera
vegetación ambarina, clamorosa
refracción
y se desplomara encima nuestro
un montículo.
¿De nieve? ¿Noche? ¿Infinito? ¿Silencio?
Sólo Dios lo sabe.

Vasyl Semenovych Stus en Palimpsestos (1986), incluido en Poesía ucraniana del siglo XX. Una iconografía del alma (Revista Litoral, nº 197-198, Torremolinos, 1993, trad. de Iury Lech).

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