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martes, 26 de agosto de 2025

Poema del día: "Duda", de Shurouk Hammoud (Siria, 1982)

La duda no es una flor silvestre
no crece debido al caos de la naturaleza.
La flor de la duda no puede ser asesinada por la sal de las lágrimas;
está acostumbrada a las mareas.
La flor de la duda no puede ser arrancada
o crece o no crece.
Tiene una memoria de remordimiento,
el color de las noches
que son abandonadas por sus guardianes,
y un olor que pulsa cuando quiere.

Shurouk Hammoud, incluido en En la Masmédula (2024, México, trad. de Mariela Cordero).


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martes, 9 de julio de 2024

Poema del día: "Cinema Paradiso", de Akram Alkatreb (Siria, 1966)

La tristeza invade mi corazón.
Creo que la conversación de las puertas y los marcos de las ventanas
puede ser más provechosa.
Veo un árbol solitario abrazado al poste de la luz
en una ciudad lejana.
Recuerdo ahora cuando tenía quince años
y salía del cine como:
Un Napoleón.
Un Bruce Lee.
Gritando con todas mis fuerzas:
¡soy cazador de mariposas!
Por una bola o broma, me tiro por los balcones y azoteas
y no me hago daño.

Mi madre me llama
y me convierto en una estatua.

Akram Alkatreb, incluido en Nueva York Poetry  (EEUU, 12 de julio de 2020, trad. de Mohamed Ahmed Bennis).

Otros poemas de Akram Alkatreb

domingo, 7 de julio de 2024

Poema del día: "Una historia", de Nour Nasrah (Siria, 1987)

Soy un ciprés
mi historia está enterrada con la vasija de oro.
Aborrezco tu corazón limpio y ordenado.
Tu corazón esa perspectiva a mi alrededor
como si estuviera enterrando un beso en mi suelo.
Aunque el hacha arrancó de raíz mi historia
Sin lastimarme
No creo nada fácilmente.
Lo soplo
cada vez que escucho el crujir de las raíces del amor

Nour Nasrah, incluido en Liberoamérica (16 de enero de 2021).


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sábado, 29 de junio de 2024

Poema del día: "¿Desde qué hueco esta roca?", de Amal Yarrah (Siria, 1945-2004)

Caras que se giran,
labios que tiemblan con palabras,
pero los libros están cerrados, y hay un silencio como de muerte
que rodea el lugar.

No entiendo este silencio.
Alguna lengua abre las puertas del cielo.

El lenguaje como si fueran señales,
el habla como si fueran lágrimas derramadas por los ojos,
las voces no tienen resonancia,
y las palabras no tienen calor.

Iba inclinándome al cansado corazón,
entonces escuchaba su trágico rugido.

Ahora, ¿qué ha pasado,
qué roca ha entrado
y desde qué hueco
hasta dominar el silencio de la muerte?
Y ya no oigo
sino lamentos.
Todo está quieto,
y no oigo ninguna voz.

Amal Yarrah, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).


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martes, 4 de junio de 2024

Poema del día: "Flor de amapola", de Akram Alkatreb (Siria, 1966)

Uno de nosotros puede arriesgar su vida
cuando se acabe el día.

Con ese adarme
de las tribus mayas
se debilita la amapola en secreto.
Y en la mecedora
compongo lentamente los insultos.
Pronto seremos viejos
sin el altavoz ni los cuchillos colgados en la esquina de la cocina.
En la mecedora
uno de nosotros puede llorar
constantemente como un animal sacrificado.

En la escena pura
del rechinar de la semilla del mal,
descubrimos el olor a estiércol
y la palabra secreta del olvido.

Akram Alkatreb, incluido en Nueva York Poetry  (EEUU, 12 de julio de 2020, trad. de Mohamed Ahmed Bennis).

Otros poemas de Akram Alkatreb

miércoles, 17 de abril de 2024

Poema del día: "Árboles que andan en el sueño", de Saniya Saleh (Siria, 1935-1985)

¡Oh, noche!
Pasas sobre el aliento de las imprentas
y no desarraigas aquella historia coja.
Mi tembloroso pie me pertenece a mí,
y no a los altos árboles de libros.

Barco de nube seguido por gritos de piedra
penetra los tejidos en una guerra ficticia.
No oscuridad en los ojos, no engaño,
todo se desnuda,
y azul azul es la historia.

El agua de la historia es fría, sus árboles siguen andando en el sueño,
y solo cantan la batalla las bocas de los árboles.

Se acabó la era del hacha,
y ahora la guerra se ha vuelto ficticia,
de ojos vacíos y boca firme.
Sube a los estantes y baja hacia los hormigueros.
Ya no se oyen gritos en las ciudades y reinos.

Se arrancó la boca quejosa de la cara,
y los árboles extintos inclinan sus cabezas
y roban las miradas
hacia aquellas pequeñas balas de espuma,
celebrando la boda de una historia coja.

Saniya Saleh, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

Otros poemas de Saniya Saleh


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miércoles, 13 de marzo de 2024

Poema del día: "Canción rechazada", de Saniya Saleh (Siria, 1935-1985)

Oh, ¡cuánto necesito la locura!
La cumbre se viste de niebla,
y mi camino hacia ella es oscuridad y precipicio.
¿Adónde voy?
¿Adónde voy sin que me fatiguen los rastros como mi sombra?
¡oh, noche!, ¡oh noche!
¿Adónde iré con este miedo infantil mío?
Préstame tu inmensidad y espanto, noche,
préstame la tenue luz de tus estrellas
para abrir un estrecho pasadizo a la felicidad en mi corazón.
¿Existe acaso algún corazón que ame mi tristeza?
«Solo aves, miedo y polvo».
Los animales de la lejana selva oyen mis gritos
y no acuden a socorrerme
frente a este mundo furioso,
frente a este mundo
que rechaza todo afecto,
que rechaza hasta a sus hijos.
Derrotada me quedo
ante los tiranos y los amantes,
y el viento me sigue.
Soy animal pequeño y salvaje,
que solo el amor o la muerte doma.
Entrégame tu olor, oh tierra hermosa,
tal vez aparezca en mi corazón una primavera.

Saniya Saleh, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

Otros poemas de Saniya Saleh


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viernes, 16 de febrero de 2024

Poema del día: "Mujer reloj de arena", de Maïss Alrim Karfoul (Siria, 1985)

¡Perdida en el tiempo!
Buscas un reloj de arena para taparte

Buscas un pañuelo para ponerlo
Como un lirio sobre tu tumba
El día en que te vayas…

Buscas una patria
Aunque esté enferma
Y dividida en dos

Mas el mar te aleja de ti misma
Con sus gritos
Y su sal

Maïss Alrim Karfoul, incluido en Nueva York Poetry  (EEUU, 28 de junio de 2021, trad. Marifé Garay).

Otros poemas de Maïss Alrim Karfoul


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viernes, 12 de enero de 2024

Poema del día: "El fondo", de Maïss Alrim Karfoul (Siria, 1985)

Un hombre en el fondo del mar
Miradas penetrando las erosiones de luz
Pulmones saturados de agua
Piel llena de olor a peces
Tumbado cara a todas las cigüeñas
Con el cuello ondulante
Pasidonias y liquen verde
Y centelleante
Agua infinitamente extensa
Estrellas de fósforo
Sangre con sabor a sal y azafrán
Un hombre acurrucado en el fondo del mar
¿Ve el casco del barco
Como nosotros
Cuando
Vemos el cielo azul en pleno día
En plena vida?
Un hombre en el fondo del mar
Un agujero hacia la eternidad
Una perla de carne y piedra

Maïss Alrim Karfoul, incluido en Nueva York Poetry  (EEUU, 28 de junio de 2021, trad. Marifé Garay).

Otros poemas de Maïss Alrim Karfoul


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martes, 13 de junio de 2023

Poema del día: "Escondite", de Nesrine Khoury (Siria, 1983)

Somos los perdedores
jugamos a "cara o cruz"
con una moneda; a un lado la foto de la derrota
y del otro lado; nuestras oraciones fúnebres fueron escritas
Con ellas sobornamos la cabina telefónica para escuchar las voces que no responden
Las tiramos en las fuentes de los deseos
y vimos cómo desaparecían nuestros círculos de la suerte
Solo en los baños públicos,
las levantamos
como el precio
por nuestra única victoria diaria.

Sentado en el tren mirando en dirección opuesta al movimiento
el país se convierte en un suéter que se va deshilachando de ti,
Sentado en el tren mirando en dirección opuesta al movimiento
te conviertes en un niño volviendo la cara hacia la luna trasera del coche de su padre, y a los mandamientos,
Sentado en el tren mirando en dirección opuesta al movimiento,
te conviertes en un anciano que juega al "tira y afloja" con una cuerda trenzada por los cuentos de su juventud,
Sentado en el tren mirando en dirección opuesta al movimiento
desearías ser la guerra, para disparar balas directamente a tu corazón.

Esta tierra es como una poeta
cuando se enamoró de un hombre
sus lectores se desvanecieron.

Él me dijo: "las ciudades te siguen",
y yo le creí.
Pero hoy, mientras corro en este desierto,
me doy la vuelta
y no puedo encontrarla...
"Homs"; Oh traviesa
¡Qué buena eres escondiéndote!

Patria;
Es la campeona del mundo jugando al escondite.

Nesrine Khoury, incluido en Nueva York Poetry  (EEUU, 19 de septiembre de 2020, trad. del inglés por Rosa Cuadrado Salinas).


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domingo, 11 de octubre de 2020

Poema del día: "La madre del prisionero", de Abu Firas al-Hamdani (Siria, 932-968)

Cúbrate la lluvia, madre del prisionero cuya suerte aborreces.
Él está turbado, no se tiene en pie ni camina.
¿A quién llevar la buena nueva del rescate?
¿A quién cuidar, qué cabellos sobre la frente arreglar,
si tu hijo anda por tierra y mar?
¿Quién le protegerá, quién le llamará por su nombre?
Los ojos ya no hallarán la paz de noche;
abyecto sería mostrarse alegre
habiendo tú degustado la muerte y el infortunio sin hijo ni compañero.
El amado de tu corazón desapareció de aquel lugar
en que presentes estaban los ángeles del cielo.
Lloren por ti aquellos días en que, paciente, ayunabas
al sol abrasador de mediodía.
Lloren por ti aquellas noches que en pie pasaste
hasta despuntar la luz de la aurora.
Lloren por ti aquellos oprimidos, de tantos temidos,
a quienes tú acogiste cuando no hallaban protector.
Lloren por ti aquellos pobres indigentes a los que socorriste
cuando no se tenían en píe.
Cuántas largas, incomparables penas pasaron por ti.
Cuántos secretos por tu corazón pasaron sin revelarse jamás.
Cuántas veces te daban albricias que acercaban el plazo de mi llegada.
¿A quién me lamentaré, a quién suplicaré mi liberación
si tengo el pecho encogido de dolor?
¿Qué mujer rezará ahora por mí, a la luz de qué rostro me iluminaré,
quién alejará de mí el destino implacable?
¿Quién me ayudará a sobrepasar tan ardua situación?
Mi único consuelo es que, en breve, al más allá donde te hallas
iré yo a parar.

Abu Firas al-Hamdani, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

Otros poemas de Abu Firas al-Hamdani


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martes, 21 de julio de 2020

Poema del día: "El iwan de Ctesifonte", de Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi (Siria, 821-897)

Preservé mi alma de todo lo que mancilla el alma
y me mantuve por encima del regalo de todo cobarde.
Aguanté de firme cuando me zarandeó el destino,
al procurar este mi ruina y recaída.
Migajas de las heces de la vida junto a mí,
que los días escamoteaban con cicatería mezquina.
Una cosa es ir a la aguada cada día y beber a placer,
y otra muy distinta es abrevar tras tres días de sed.
Parece que el tiempo tolerara sus favores
y los dejase para los más indignos de los indignos.
Mi compra del Iraq ha sido un negocio de ruina,
tras haber vendido Siria a precio de saldo.
No me pongas a prueba, pues, ni me tientes
en esta desgracia, no me vayas a dar la espalda,
pues desde antiguo me conoces, tengo mis cosas buenas,
soy desdeñoso de vilezas, intratable.
La rudeza de mi primo me inquietó,
tras su primera suavidad y su atención cordial.
Si se me agravia, soy de los que se dejan ver
amaneciendo lejos de donde me tomó la noche.
Cuando visitaron mi morada los desvelos, enfilé mi camella
hacia el palacio blanco de Ctesifonte,
para consolarme de mi suerte al afligirme
por el borroso asiento de la dinastía de Sasán.
Pues habían traído su recuerdo los seguidos malos tragos,
pues a veces aquellos avivan la memoria,
quizás en otros casos la adormecen.
Los recordé entonces, cuando a placer moraban
a la sombra de un elevado palacio, que dominaba todo,
agotando la vista y enturbiándola,
su puerta cerrada ante la montaña de al-Qabq,
no menos que a las planicies de Jilat y Muks.
Moradas que no eran como las ruinas de la acampada
de Suada, en el desierto pedregoso y yermo.
¡Cuántos titánicos esfuerzos que,
de no mediar querencia por mi parte,
nunca igualarían ni Ans ni Abs!
El tiempo ha remendado su época y su frescura
hasta que han aparecido cubiertos de harapos,
como si el Jirmaz, por falta de calor humano
y su deterioro, fuese el edificio de una tumba.
Si pudieras verlo adivinarías que las noches
oficiaron en él un funeral, después de tanta boda,
y ello siendo elocuente testigo de las maravillas
de una gente, cuyo cuento no ensombrece tiniebla ni una.
La faz de Antioquía, al verla te estremeces,
como si estuvieras entre Persia y Bizancio.
La muerte espera, en tanto Anushirwan arenga
a las filas de los soldados bajo los pendones,
verde sobre oro, envanecidos por la marca del tinte,
apelotonados los hombres ante él, silenciosos,
enmudecidos los murmullos, algunos con cautela,
alargando el mango de una lanza, otros, medrosos,
apartando las puntas de las lanzas con su escudo:
el ojo los pinta a todos vivos y bien vivos,
corriendo entre ellos las señales de los mudos.
Mi recelo por ellos crece, hasta el punto
que mis manos los palpan y recorren.
Abu-l-Gauz me dio de beber y no fue parco,
por encima de ambos ejércitos, un trago apresurado,
de un vino que dirías estrella de la noche,
o la mismísima baba del sol. Si lo vieras
rellenando la copa del bebedor sorbiente
feliz y descansado, un vino querido de todas las almas,
escanciando en el vidrio de cada corazón.
Imaginé entonces que el mismo Kisra Abarwiz era mi copero
y al-Balabdah quien libaba conmigo.
¿Era un sueño que se apoderaba de mi ojo y vacilaba
o esperanzas que trocaban mi parecer y entendimiento?
Sentía que el gran vestíbulo, de maravillosa factura,
fuera un escudo al costado de la montaña apeñascada.
Pensarías, a causa de la melancolía —que salta a la vista
a quien lo visite de mañana o tarde—
que era un hombre azorado
por la marcha de su gente querida
u obligado a separarse de la amada.
Las noches han dado vuelco a su suerte y Júpiter
ha pernoctado allí como estrella de mal fario.
Aunque no flaquees, pues allí ha fondeado
un pecho de los pechos de Fortuna.
Y no lo echó a perder que lo hayan despojado
de las alfombras de brocado,
que hayan saqueado los cortinajes de seda.
Irguiéndose, sobresaliendo de él las partes altas,
sobre las cimas de Radwa y Quds,
acicaladas de blanco, todo lo que ves de ellas
son las túnicas de algodón.
No se sabe si son obra de hombres para genios,
en donde estos se han aposentado,
u obra de genios para hombres, pero veo
que dan fe de que su constructor
no fue, entre los reyes, hombre débil.
Es como si estuviese viendo las filas y la gente,
hasta que llevo al límite mis sentidos,
como si las delegaciones estuviesen bajo el sol,
fatigadas de estar en píe tras las masas,
a raya mantenidas.
Como si los cantantes, en medio de los pabellones,
gorjearan entre labios oscuros, sonrosados,
como si la reunión hubiera tenido lugar anteayer mismo,
y la partida apresurada apenas ayer,
y aquel que quiere seguirlos ansiara
alcanzarlos a la mañana del quinto día.
Un tiempo habitadas por la alegría, sus moradas
pasaron a ser asiento de la tristeza y del duelo.
Todo lo que puedo hacer es ayudar con lágrimas
testadas a la pasión en mano muerta.
Lo que tengo es eso, pues esta casa no era mi casa,
ni era de ellos pariente, ni mi raza era la suya.
Solo les debo el favor que su gente hizo a la mía:
plantaron lo mejor de su sagacidad,
fortalecieron nuestro reino y confirmaron sus poderes,
por medio de campeadores de armadura, valientes,
y ayudaron a los escuadrones de Aryat,
pisoteando las gargantas, atravesándolas.
Y ahora me veo prendado de los nobles hombres todos,
de cualquier raigambre y fundamento.

Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

Otros poemas de Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi
La primavera

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martes, 9 de junio de 2020

Poema del día: "Muhammad ibn Humayd", de Abu Tamman (Siria, ca 805-ca 845)

Y no murió sino cuando hubo fallecido
el filo de su espada, harto de mandobles,
y se melló en ella la lanza morena.
Fue llano su paso por la muerte súbita,
y le devolvió el celo amargo y el carácter áspero.
En la ciénaga de la muerte asentó su pie,
y le dijo: Bajo tu planta está la resurrección.
Bien de mañana madrugó, siendo
la alabanza la urdimbre de su túnica,
y no se fue sino cuando tuvo su soldada: el sudario.
Y ahora parecen los Banu Nabahan,
el día en que fue alcanzado, estrellas,
entre las que se haya desplomado la Luna llena.
Se lamentan por un difunto
por el que aúlla también la misma grandeza,
y lo lloran la bravura, la magnanimidad y la poesía.

Abu Tamman, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

Otros poemas de Abu Tamman
La muerte del héroe


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sábado, 25 de enero de 2020

Poema del día: "Espejo de una pregunta", de Adonis (Siria, 1930)

Pregunté y me dijeron:
la rama cubierta de fuego es un pájaro,
y me dijeron que mi rostro era una ola
y el rostro del mundo espejos,
suspiros de marinero y faro.
Y vine.
Tinta era el mundo en mi camino
y cada estremecimiento una frase.
No sabía que entre nosotros
había un puente de hermandad,
de pasos de fuego y profecía.
No sabía que mi rostro
era un barco navegando en una chispa.

Adonis, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).


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viernes, 9 de agosto de 2019

Poema del día: "Muerte pagana", de Al-Akhtal (Siria, 640-710)

Bebimos y fallecimos de muerte pagana,
la de gentes que pasaron sin conocer a Mahoma,
tres días enteros, y cuando estábamos por dar
las últimas boqueadas, volvíamos a las andadas.
Vivimos una vida de la que no se resucita,
a cuyo fin no te citan para el Juicio Final.
Una vida de enfermos, alrededor de los cuales,
tras despertar de la borrachera entre gentes diversas,
nos encontramos rodeados de criticones
y de visitantes que iban y venían.
Dijimos a nuestro copero: Venga, otra ronda,
volvamos a darle como ayer,
pues volver es bien digno de encomio.
Trajo el vino, y fue como si en su vasija
refulgiera y espumajease el mismo planeta Marte.
Un vino que rezumaba un agua
—cuando la copa rodaba de mano en mano—
de tal aroma que parecía sacrosanta:
te mata y te resucita después de muerto,
y si su muerte es deliciosa,
la vida a la que vuelves es mejor y más loable.

Al-Akhtal, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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viernes, 7 de junio de 2019

Poema del día: "Diálogo", de Walid ibn Yazid (Siria, 706-744)

Un día me dijeron que Salmá había salido a rezar.
Un gracioso pájaro miraba desde la rama
y le pregunté: «¿Quién conoce a Salmá?».
«Yo», y se echó a volar.
«Acércate a mí».
«Aquí estoy», y bajó.
«¿Has visto a Salmá?»
«Sí», y huyó.
Me hirió en lo más íntimo del corazón
y voló.

Walid ibn Yazid, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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martes, 13 de septiembre de 2016

Poema del día: "Jerusalén", de Nizar Qabbani (Siria, 1923-1998)

Lloré hasta que se agotaron las lágrimas.
Recé hasta que se fundieron los cirios.
Me prosterné hasta que me aburrieron las prostraciones.
Pregunté por Mahoma, en ti, por Jesús.
¡Oh Jerusalén! ¡Oh ciudad que exhalas profetas!
¡Oh tú, la senda más corta entre la Tierra y el Cielo!
¡Oh Jerusalén! ¡Oh faro de las leyes!
¡Oh hermosa muchacha de ardientes dedos!
Tus ojos están tristes, ¡oh ciudad de la Virgen!
¡Oh umbrío oasis por el que pasó el Profeta!
Tristes están las piedras de las calles,
tristes están los minaretes de las mezquitas,
¡oh Jerusalén, oh hermosa vestida de luto!
¿Quién tocará las campanas de la iglesia del Santo Sepulcro
los domingos por la mañana ? ¿Quién llevará juguetes a los
niños en Nochebuena?
¡Oh Jerusalén! ¡Oh ciudad de las tristezas!
¡Oh gran lágrima que titila en los párpados!
¿Quién hará frente a las agresiones
contra ti, perla de las religiones?
¿Quién lavará la sangre de las piedras de los muros?
¿Quién salvará los Evangelios?
¿Quién salvará El Corán ?
¿Quién salvará al Mesías de los que le mataron?
¿Quién salvará al Hombre?
¡Oh Jerusalén! ¡Oh ciudad mía!
¡Oh Jerusalén! ¡Oh amada mía!
Mañana... mañana florecerán los limoneros
y se alegrarán las verdes espigas y los olivos,
y los ojos reirán,
y volverán las fugitivas palomas
a los puros tejados,
y volverán a jugar los niños,
y se encontrarán los padres y los hijos
en tus colinas floridas.
¡Oh país mío!...
¡Oh país de la paz y del olivo!

Nizar Qabbani, incluido en Antología de poesía árabe contemporánea (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1972, ed. y trad. de Leonor Martínez Martín).

Otros poemas de Nizar Qabbani
Carta a un hombre cualquiera

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jueves, 7 de julio de 2016

Poema del día: "Carta a un hombre cualquiera", de Nizar Qabbani (Siria, 1923-1998)

1
Poderoso señor:
Estas son palabras de una mujer estúpida,
¿te ha escrito alguna vez una mujer estúpida?
¿Mi nombre? ¡Dejémoslo estar!
Raniya... o Zaynab,
o Hind... o Hayfa.
Los nombres, mi señor, carecen de importancia.

2
¡Señor mío!:
Temo que al decir las cosas que me ocurren,
temo, si lo hago,
que el cielo arderá
pues vuestro Oriente, poderoso señor,
confisca cartas azules,
confisca ensueños sacados de la intimidad de las mujeres,
inventa prohibiciones a costa de los sentimientos de las mujeres,
emplea los cuchillos
y los machetes
para hablar a las mujeres,
y sacrifica la primavera y los sentimientos,
y las trenzas negras.
Vuestro Oriente, ¡oh poderoso señor!,
hace su mayor timbre de gloria
de los cráneos de las mujeres.

Nizar Qabbani, incluido en Antología de poesía árabe contemporánea (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1972, ed. y trad. de Leonor Martínez Martín).

Otros poemas de Nizar Qabbani
Jerusalén

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martes, 12 de mayo de 2015

Poema del día: "La tierra de Alepo", de Abu Firas al-Hamdani (Siria, 932-968)

Riega la tierra de Alepo mientras la habitas,
Luna llena, una lluvia copiosa e incesante;
de ella soy preso, pero mi corazón allí se queda,
y siento que mi potro, por lo pesado del viaje, remolonea,
pues si el corazón de su jinete no fuera presa
de tanta confusión, no se azoraría la montura.
Es como si la tierra y las ciudades estuvieran yermas
y sus moradas dejadas de sus cálidos habitantes.
Soy como el guijarro, incesantemente lanzado a los cielos:
Me elevo por los aires y vuelvo a desplomarme.

Abu Firas al-Hamdani, incluido en Treinta poemas árabes en su contexto (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selec. y trad. de Jaime Sánchez Ratia).

Otros poemas de Abu Firas al-Hamdani


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lunes, 3 de febrero de 2014

Poema del día: "La primavera", de Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi (Siria, 821-897)

La libre primavera te ha llegado:
camina tan sonriente y tan hermosa
que casi puede hablar.
En las profundas sombras de la noche
Nawruz ha despertado a las primeras rosas,
dormidas aún ayer.
El frescor del rocío las va abriendo
lo mismo que si fuera divulgando
algo que estaba oculto.
De nuevo devolvió la primavera
su vestido a los árboles, y es cual si desplegaras
un precioso brocado.
Y resulta tan fino el soplo de la brisa
que el gozo del aliento de los seres queridos
parece que te trae.

Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi, incluido en Poesía árabe clásica oriental (Litoral. Revista de la poesía y el pensamiento, año XVII, nº 177, Málaga, 1988, selec. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Ubayd Allah al-Walid ibn al-Buhturi
El iwan de Ctesifonte

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