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miércoles, 16 de octubre de 2024

Poema del día: "Bella", de Fawziyya Abu Khalid (Arabia Saudí, 1955)

Ordeñó de las avariciosas nubes del desierto
sueños, tristezas, agua pura y breves preguntas.
Derramó el ácido en las entrañas del alma
hasta que la botella se saturó con fresco cuerpo.
Y no pensando en la posibilidad de su ser antiguo,
se levantó,
los pies en el mar
y el cabello como velas
que ondean con la tormenta.

Fawziyya Abu Khalid, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

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viernes, 13 de septiembre de 2024

Poema del día: "Jaula", de Fawziyya Abu Khalid (Arabia Saudí, 1955)

Me duelen estos pájaros molestos
cada vez que sus alas se agitan en el espacio
y se ponen a cantar como si se estuvieran burlando de mi dominio,
o quizá piensen
que estoy sola en este asedio.

Fawziyya Abu Khalid, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

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viernes, 2 de agosto de 2024

Poema del día: "Entre el sueño y el despertar", de Fawziyya Abu Khalid (Arabia Saudí, 1955)

¿Acaso viniste?
¿Viniste aquí,
o fue la caída de una muralla?
¿Acaso trocaste la herida en sangre,
te apoderaste de mis ilusiones,
me obsesionaste con tu partida,
o era que las galaxias se movían?
Me froto los ojos, froto... y froto
¿Has pasado cerca de las hojas de palma?
¿Has convertido el silencio en un demonio?
Habitas mi cuerpo
y penetraste mi barco.
¿Acaso ondulaste la tierra,
agitaste el mar
y convertiste en monstruo la flor?
Las manchas de tinta en tu camisa
tus huellas en los poemas,
tu anhelo viene del otro lado de las ventanas,
son detalles que observo.
Me despierto de mis ilusiones.
Mi cabello se derrama gota a gota.
¿Te inclinaste sobre mi pecho
en ondas de cariño,
estrechaste mi cuello contra tu pecho
en ondas de nostalgia?
Para poner fin a nuestra guerra,
habíamos cosechado el néctar
y estrujado la palma.
¿Acaso viniste?
¿Estuviste aquí?
Te busco por las calles de la ciudad,
calle a calle,
pregunto por ti a las estaciones,
estación a estación,
espío los secretos de las mujeres,
secreto a secreto,
rompo mis cuerdas
e interrogo a los pobres,
pobre a pobre,
afino mis cuerdas
y reprimo mi pesimismo.
He preguntado por ti a los pasajeros del aeropuerto,
a los que llegan y a los que parten,
a los hombres y a los genios.
Me dirían lo mismo si vinieras,
o fueras un imposible
que nunca llega.
Viniste,
no viniste.
Late mi corazón.
Convertiste mi cuerpo
en arena fina y
enturbiaste mi barro.
Codificaste mis libros.
Sembraste en mí la duda en mí misma.
Tu extraña y misteriosa fantasía invade
mis costumbres y mi calma,
me hiciste entrar en la inquietud del tiempo
y ahora el lugar está lleno de tus misterios.
Y ahora me pregunto:
¿Viniste acaso?
¿Viniste de verdad o fue el poder del sueño?
¿Viniste de verdad
o fue el batir de las alas de las gaviotas?

Fawziyya Abu Khalid, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

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jueves, 5 de diciembre de 2019

Poema del día: "Muerte de Al-Farazdaq", de Jarir ibn Atiyah al-Khatfi Al-Tamimi (Arabia Saudí, 650-728)

¡Por mi vida! Ha afligido a Tamim, la ha derrumbado,
a mano de los rigores de la suerte, de al-Farazdaq la muerte.
La tarde que acudieron para abandonarlo
—con sus parihuelas— en una tumba abierta
en el abismo de la tierra, bien hondo,
dejaron en la sepultura a quien un tiempo perteneciera
a toda estrella, sobre el cielo cernida.
Murió quien llevara el peso de las deudas ajenas,
quien venciera al injusto Satanás, el gigante.
Columna de todo Tamim, su lengua,
portavoz soberbio en toda ocasión de elocuencia.
¿Quién, después de Ibn Galib, saldrá fiador
de los parientes, del vecino y del que es preso de cadenas?
¡Cuántos huérfanos hambrientos, tras la muerte de Ibn Galib,
y cuántos niños y madres de progenie!
¿Quién liberará a los prisioneros? ¿De quién lavarán la sangre
sus manos y, colérico, tomará el pago de la sangre?
¡Cuántas veces cargó con el peso de sangre cara, valeroso,
y lo hacía paciente en el cumplimiento de la palabra dada!
¡Cuánto alcázar de crueles, de héroes y de plebeyos
al dirigirse a él, sus puertas no se cerraron!
Se abrieron las puertas de los reyes a su faz,
sin cortinajes que velasen, ni adulación que mediara.
¡Que lloren sobre él los hombres y los genios
en todo poniente y en levante,
pues ha muerto un valiente Mudari!
¡Un héroe que vivió edificando la gloria durante noventa años
en tanto se elevaba a la riqueza y la celebridad!
No murió hasta que no hubo dejado tras de sí,
en toda fiera, un golpe atronador.

Jarir ibn Atiyah al-Khatfi Al-Tamimi, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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martes, 2 de abril de 2019

Poema del día: "Réplica", de Umar ibn Abi Rabi'ah (Arabia Saudía, 644-712)

A una muchacha de formados senos
invité a tenderse, sin cojín, sobre la arena del desierto.
«Así lo haré, aunque no sea mi costumbre», dijo ella.
Y cuando iba a despuntar la aurora me dijo:
«Me has deshonrado. Ahora vete si quieres, o sigue,
si así lo prefieres».
Pero no hice salvo sorber sus encías
y, entre charlas, besarla en la boca.
Me llené de toda ella.
Me envolví en su vestido de seda
y a mis ojos dije: llorad ahora.
Entonces se levantó
para borrar con su manto las huellas
y buscar las perlas del collar desparramadas.

Umar ibn Abi Rabi'ah, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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jueves, 24 de enero de 2019

Poema del día: "Su’ad se ha ido...", de Ka'b bin Zuhayr (Arabia Saudí, siglos VI-VII)

Su’ad se ha ido, y mi corazón hoy está consumido,
cautivado por sus huellas, no rescatado, encadenado,
Pues ella, la mañana de la separación, cuando partieron,
no era más que un antílope, de mirada esquiva, alcoholada.
Esbelta al acercarse, de amplias nalgas al girar,
no puede reprochársele que sea alta o baja.
Enseña dientes blancos como la nieve si sonríe
se diría que humedecidos en vino una y otra vez,
un vino rebajado en agua helada, en el recodo puro
del lecho de un torrente, al mediodía, puesto al ábrego luego,
filtrado por el aire, que se lleva su impureza,
anegado después en una lluvia caída
de nubes nocturnas, venidas de la blanca sierra.
¡Pobre Su’ad! Si hubiera sido fiel a sus amigos,
a los que rindió promesa, o si hubiera aceptado el consejo!
Pero es una amiga con una sangre revoltijo de aflicción,
falsedad, promesas rotas y cambios de amigos.
No permanece como está, pues cambia, como el gul,
el color de su atuendo, ni persevera
en la promesa que hiciera: es como el cedazo,
que no retiene el agua para nada.
Las promesas de Urqub son en ella proverbiales,
pues son promesas como mentiras, ¡futilezas!
Anhelo y espero que se acerque su afecto,
pero no sueñes que nos va a conceder tal regalo.
No te dejes engañar por lo que desea y promete,
quíá, las esperanzas y los sueños son solo desvarío.
Su’ad llegó de tarde a una tierra a la que no llegan
sino camellas nobles, pura sangre,
de paso quieto y acompasado.
Y no le dará alcance más que la dromedaria pesada
que responda al cansancio con galope y trote.
Es de estas camellas cuyas orejas sudan copiosas,
y cuyo objeto es la senda ignota, de huellas borrosas.
Las mira aventadas con ojos de onagro solitario
y salvaje cuando los suelos son ásperos y las dunas arden.
De peto ancho, gruesas las patas, tiene un carácter
muy superior al propio de las hijas del semental.
De cuello ancho y largo, robusta, fornida, amachada,
de amplios costados, con una piel de tortuga marina,
no le hinca el diente, en sus costados soleados,
ni la garrapata famélica. Enorme y magra,
su hermano es su padre, de una raza
de nobles camellos, y su tío paterno
es su tío materno, de largo cuello, ágil.
Le anda la pulga sobre su pecho brillante y lustroso
y sus flancos le hacen saltar.
Es un onagro, falsamente acusada de carnes prietas,
su codo está separado de las costillas altas,
y es como si su nariz y quijadas fuesen,
más allá de los ojos y del punto de degüello
una piedra oblonga de amolar.
Agita su rabo como una palma de palmera deshojada,
con mechones, sobre una ubre pequeña
que los pezones no han echado a perder.
Es de aquilina nariz, con sus orejas de pura casta:
a quien la ve no se le oculta su nobleza evidente,
de mejillas suaves, corre sobre sus ágiles remos,
como lanzas, adelantándose a quienes salieron antes,
y casi perdona andar tocando el suelo.
Sus patas, morenas por los tendones,
dejan los guijarros esparcidos,
y no las protege de los cantos de los alcores
pezuñera alguna, esos días en que el camaleón
los pasa erguido, como si sus costados se cocieran
al rescoldo del fuego. De esos en que
de las partes sobresalientes de la tierra
se elevan brillos cegadores
que imponen torpor y distanciamiento.
Entonces, sus remos delanteros, en su movimiento alterno,
cuando sudan y se cubren de espejismos las colinas
—cuando el guía de la caravana dice a la gente,
entre oscuras langostas que patalean
sobre los guijarros: «Echad la siesta»—,
parecen los brazos largos de una mujer hermosa que,
al alzarse el día, se pusiese en pie
y la replicaran otras madres afligidas.
Gime, se retuerce y carece, desde que le anunciaron
la muerte de su primogénito, de toda entendedera.
Con las palmas se desgarra el pecho, y su camisola,
destrozada, pende de sus costillas.
A sus costados se precipitan los calumniadores, y dicen:
«Tú, hijo de Abi Sulma, date bien por muerto»,
y todo amigo en cuya amistad confiaba me dice:
«No te buscaré por cierto, tengo ocupaciones
que de ti me alejan». Dije entonces:
«Fuera de mi camino, bastardos,
¡todo lo que decreta el Compasivo está hecho!».
Todo hijo de madre, por más que dure sano y salvo,
un día habrá de ser portado en parihuelas.
He sido informado de que el mensajero de Dios me amenaza,
pero el perdón, del enviado de Dios, es cosa de esperar.
¡Poco a poco! Sírvate de guía quien te dio el Corán,
libro lleno de admoniciones y explicaciones en detalle.
No me tomes de boca de los que me calumnian,
pues no soy culpable, por más que abunden sobre mí diretes.
Porque me encuentro en un lugar que,
si lo ocupara un elefante, y escuchase lo que escucho,
se estremecería de terror y seguiría espantado
hasta recibir del Profeta, con permiso de Dios, la protección.
(Así estaba yo) Hasta poner mi diestra, para no quitarla,
sobre la mano del seguro vengador, cuya palabra es ley.
Pues es más terrible para mí el hablarle —se me había dicho:
«Te indagará y preguntará tu genealogía»—,
que a un león, de los que viven en el corazón de Azzar,
en lo más espeso del bosque,
que sale de mañana, y alimenta a sus dos crías,
con un pan que es carne humana desmembrada y polvorienta.
Un león que, cuando confronta a un igual, no puede,
en virtud de su ley, sino dejarlo derrotado.
Por cuya cuenta, el onagro permanece silencioso,
y los cazadores de dos y cuatro patas no recorren el valle.
En el que el valiente aparece devorado,
sus armas y su túnica desperdigadas.
El Profeta, en verdad, es una luz que todos buscan,
una de las espadas de Dios, desenvainada.
Entre la turba de los Qurayshíes, dijo uno de ellos,
en el corazón de La Meca, cuando se convirtieron al Islam:
«Idos». Marcharon todos, y solo quedaron los flojos,
los que carecían de escudo para el encontronazo
o que montaban malamente, los sin espada.
Son héroes de nariz altiva, cuyos vestidos,
tejidos con punto davidiano, en la liza son corazas.
Brillantes, holgadas, enfiladas las anillas,
como si fueran las ramas de un qafa’a, bien prietas.
No se alegran cuando sus lanzas alcanzan a sus enemigos,
ni pierden la calma cuando son heridos.
Andan con el paso de camellos claros,
y su mandoble les protege,
haciendo huir a los negros chaparrotes.
Las lanzas no caen sino sobre sus gargantas,
porque no rehuyen zambullirse en las albercas de la muerte.

Ka'b bin Zuhayr, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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domingo, 18 de noviembre de 2018

Poema del día: "Sajr", de Al-Khansa (Arabia Saudí, ca 575-644)

Me desvela el recuerdo cuando anochezco
y amanezco descompuesta por lo violento del dolor,
por Sajr —y qué otro joven como él—;
qué día de calamidad, de gualdrapa alanceada,
y qué enemigo mortal cuando atacaba
para hacer valer a un agraviado por derecho,
¡Nunca vi entre los genios calamidad como la suya!
¡Nunca vi entre los hombres calamidad semejante!
Ni hombre más enérgico al hacer frente
a los azares del destino,
ni más noble y directo en los asuntos graves
¡cuántos huéspedes llamaban a su puerta y pedían asilo,
con el corazón erizado por el menor murmullo!
¡Qué noble y de fiar era! La noche caía sobre él
y lo encontraba libre de preocupaciones.
La salida del sol me recuerda a Sajr,
y lo tengo en mis labios a cada puesta,
y de no ser por la multitud que a mi alrededor
llora por sus hermanos, me daría muerte sin vacilar.
Pero sigo viendo a una madre que ha perdido a su hijo,
que llora y se lamenta a gritos por el día aciago,
la veo, desesperada, sollozando por su hermano
la tarde de su desgracia o anteayer,
no lloran a nadie como mi hermano, pero yo,
por el mío, me consuelo a mí misma al dar el pésame.
No, por Dios, no te he de olvidar,
hasta que me aparte de mi sangre y se cave mi tumba,
porque el día que me separé de Sajr dije adiós
a la más hermosa de las criaturas,
mi delicia y mi solaz.
¡Pobre de él y pobre de mi madre!
¡¿Va a estar en su sepulcro día y noche?!

Al-Khansa, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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miércoles, 12 de septiembre de 2018

Poema del día: "Mu‘allaqa", de Zuhayr ibn Abi Sulma (Arabia Saudí, 520-609)

Quien con las armas no defienda su propio honor,
verá su honor derribado.
Quien no agravie, será objeto de agravio.
Quien viaje, tenga al amigo por enemigo.
Quien no se respete, no será honrado.
La naturaleza del hombre siempre se desvela,
aunque crea ocultarla.
La persona que calla es admirada;
es al hablar cuando merma o se engrandece.
La lengua es la mitad del hombre,
la otra mitad es el corazón;
el resto no es sino carne y sangre.
La estupidez del viejo nunca se vuelve sensatez.
Al madurar, la estupidez del joven puede volverse sensatez.
Pedimos y pedimos,
se nos da y se nos vuelve a dar;
pero quien mucho pide, un día no recibirá.

Zuhayr ibn Abi Sulma, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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domingo, 29 de abril de 2018

Poema del día: "El ejército de las calamidades", de Antarah ibn Shaddad Al-Absi (Arabia Saudí, 525-608)

Me veo cada día en hastío de mi tiempo,
de lejos, de cerca, quiere envilecerme
y me rodea de un ejército de calamidades,
nada más verme, como si yo
hubiera crecido y mi cabeza encanecido,
menguara mi resolución, se me agrietara la razón.
¿Acaso no, tiempo, mi hoy es ayer,
y he crecido en respeto ante quien me ve?
¡A cuánto afligido despojé de su aflicción,
al ser invocado, con un tajo de mi espada!
Me llamaron y, por el trote del caballo,
no supe si lo hacían por nombre o por apodo.
No evité escuchar cuando me invocó,
sino que mi lengua fue concisa con él.
Separé las huestes a la fuerza con un golpe
más fulgurante que el de una espada yemení,
y no bien dije ¡aquí estoy! cuando mi espada y lanza
en el fragor de la lucha, eran sendos corceles parejos.
Y esta es la respuesta que le di:
dirigí hacia él mis riendas sumisas
acompañado de una lanza suave y morena de Al Jatt,
y de una espada tajadora de hierro yemení durísimo.
¡Cuántos rivales abandoné sobre el campo de batalla,
surcados por los regueros púrpuras de la sangre!
Dejé a las carroñeras expectantes a su alrededor,
abalanzadas con el trote de las doncellas,
cuando corren hacia una procesión nupcial.
Solo les impedía cebarse en aquellos despojos
una mano o un pie aún con vida, que las rechazaba.
Y no menguó el duro batallar mis energías,
sino tan solo el largo rato transcurrido.
Me acerqué a la muerte a bulto,
como se aproxima el valiente al cobarde.
Ahora saben los Banu Abs que soy más servicial
cuando soy llamado al combate, y que la muerte
obedece a mi mano, cuando hacia ella dirijo
su índice con mi afilada espada india.

Antarah ibn Shaddad Al-Absi, incluido en Poesía árabe clásica (Editorial Mondadori, Madrid, 1998, selec. de Alfonso Bolado).

Otros poemas de Antarah ibn Shaddad Al-Absi
El ejército de las calamidadesMu‘allaqaMuertes

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sábado, 3 de marzo de 2018

Poema del día: "Mu‘allaqa", de Antarah ibn Shaddad Al-Absi (Arabia Saudí, 525-608)

Ella amanece y anochece sobre un lecho
mientras yo paso la noche sobre negra montura embridada,
Mi lecho es una silla sobre montura de gruesos miembros,
formados ijares, noble, cincha,
Si de mí te ocultas con velo
has de saber que soy diestro en apresar al caballero acorazado,
Pondérame según lo que de mi sabes:
que soy de trato benévolo si no se me maltrata,
intrépido y de sabor amargo como la tuera, si se me maltrata.

Quienquiera haya presenciado el combate te dirá
que a la guerra me lanzo intrépido,
pero soy recto a la hora de repartir el botín.

¡Antarah!
exclaman al clavar sus lanzas en el pecho negro de mi caballo
como si se tratara de cuerdas rendidas en un pozo.

Antarah ibn Shaddad Al-Absi, incluido en Poesía árabe clásica (Editorial Mondadori, Madrid, 1998, selec. de Alfonso Bolado).

Otros poemas de Antarah ibn Shaddad Al-Absi
El ejército de las calamidadesMu‘allaqaMuertes

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domingo, 29 de octubre de 2017

Poema del día: "La carga", de Huda al-Daghfag (Arabia Saudí, 1967)

Cuando me remito a mis principios
mi pueblo corta los hilos que nos unen.
Exhalo mis suspiros
y enciendo de nuevo la mecha;
y cuando lo veo, a mi pueblo,
en cuyo averno he olvidado todo a cuanto aspiro,
arranco una bandada de alas que vuelan.
Y me preparo,
sí,
me preparo.
Para caer y
seguir cayendo
por siempre.

Huda al-Daghfag, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Huda al-Daghfag
La lloviznaVacuidad

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Poema del día: "Vacuidad", de Huda al-Daghfag (Arabia Saudí, 1967)

Conturbada,
mis palmas, apagadas.
Parece que es de noche aquí.
O será que el rostro se ha nublado
O que el temor del fin ha llegado.
¿Cómo?
¿Qué provocará el pavor terminal?
Mis manos durmieron y
algo dormitó con ellas.
¿Qué viste?
¿Qué es lo que ve el ciego?
Una llama que atrapa la brasa de sus ojos para que el aceite no languidezca,
ramas de olivo incendiadas de secreto,
un fuego sobre las espaldas;
y cuando mis piernas se extienden, sopló.
Mis oídos no durmieron,
observaron, con disimulo
la entrada de algunos parientes
confabulados con las veredas y las sendas.
Y también con los caminantes.
Mis pies se acurrucaron entre las ropas
y, luego,
comencé a diluirme.
Porque no hay niños que me retraten.
Por eso
me
he
Di… suel…to

Huda al-Daghfag, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Huda al-Daghfag
La cargaLa lloviznaVacuidad

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viernes, 16 de junio de 2017

Poema del día: "La llovizna", de Huda al-Daghfag (Arabia Saudí, 1967)

En la primera página
arrojo el vacío
para tenderme en sus entrañas.
En la página siguiente
me refugio con un temblor
que son mis letras.
Temo que me afecte su vacío tan sugerente
y me envuelva hasta erigirse en azotea que me abruma.
Lloro sobre sus confines.
Su fe se fortalece
y decide abrazar mi rebeldía.
A lo lejos se agranda
y yo me empequeñezco
en el umbral de su amor.
Amo su condición de madre,
amo la escritura
y me amo,
igual que
A
M
O
Todo lo que en mí tiene temblor.

Huda al-Daghfag, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Huda al-Daghfag
La cargaLa lloviznaVacuidad

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miércoles, 2 de abril de 2014

Poema del día: "Juerga en el Nilo", de Baha al-Din Zuhair (Arabia Saudí, 1186-1258)

El sonar de las norias ya se alzó,
y la voz de los mirlos.
Es nuestro buen momento,
puro, sin contratiempos.
Ea, pasa ya el vino
-¡mil veces dueño mío!-
sin que nadie lo ordene:
¡cógelo, más dorado
que los propios dinares!
¡hazlo pasar, brillante
como la luz del alba,
luz a luz respondiendo!
Más hermoso que un fuego
que divisara el ojo
del que tirita.
Sobre alfombras de flores,
en la orilla del Nilo
nos quedamos; las ondas
le convertían en rostro
lleno de arrugas.
Corrimos a porfía,
temprano, a divertirnos:
había gente seria
y amigos de la chanza,
señores de mezquita
y de burdel,
respetables, bromistas,
verdaderos y falsos,
que frecuentan lo mismo
salones que tabernas.
Expertos monjes coptos,
como tú bien conoces:
quienes son respetados
por todas sus bondades,
quien recita los salmos
con una voz de flauta.
Cual lunas entre sombras,
bajo sus albornoces,
rostros como pinturas
que a otros cuadros rezaran,
y bajo el cinturón,
las cinturas de avispa.
Estuvimos con ellos:
y no dejaron nada por hacer
ni nada escatimaron.
Nos pasamos un día memorable.
Como te lo has supuesto:
sin cálculos ni citas.
Di, pues, lo que desees,
y piensa lo que quieras.

Baha al-din Zuhair, incluido en Poesía árabe clásica oriental (Litoral. Revista de la poesía y el pensamiento, año XVII, nº 177, Málaga, 1988, selec. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

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viernes, 15 de noviembre de 2013

Poema del día: "El otro matrimonio", de Ghiyath ibn Ghawth al-Taghlibi al-Akhtal (Arabia Saudí, 640-710)

Cada uno de los dos pasa la noche
con su propia inquietud,
como si a cada lado hubiera heridas
al contacto del lecho.
A su anterior esposo llora ella,
y yo, por mi otra esposa,
me lamento.

Ghiyath ibn Ghawth al-Taghlibi al-Akhtal, incluido en Poesía árabe clásica oriental (Litoral. Revista de la poesía y el pensamiento, año XVII, nº 177, Málaga, 1988, selec. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

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lunes, 15 de julio de 2013

Poema del día: "Altruismo", de Urwah Ibn al-Ward (Arabia Saudí, ¿?-594)

¿Y te burlas de mí porque tú estás orondo,
y ves mi rostro, en cambio, macilento,
pues es extenuante la verdad?
Y es que yo soy un hombre
que me bebo mi vaso en compañía,
y tú en cambio prefieres bebértelo tú solo.
Yo comparto el sustento de mi cuerpo
con otros muchos cuerpos.
Me basta con sorber el agua limpia,
que ya el agua refresca.

Urwah Ibn al-Ward, incluido en Poesía árabe clásica oriental (Litoral. Revista de la poesía y el pensamiento, año XVII, nº 177, Málaga, 1988, selec. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

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miércoles, 16 de mayo de 2012