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jueves, 26 de marzo de 2026

Poema del día: "Mi soledad", de Buland al-Haidari (Iraq, 1926-1996)

Creciste así.
Como un prado amarillo al borde de mi muerte.
Lo mismo que un murmullo continuo de palabras.
Lo mismo que el mugido,
o el silencio.
Creciste así.
Desde mi propia calma,
de los pasos furtivos que cruzaron mis noches,
de las grandes visiones de mis sombras,
de viejas telarañas tejidas en el fango.
Creciste así.
Como estepa desnuda que no sueña con plantas.
Cual la estepa desnuda del fracaso.

Déjame.
Me he cansado de verte.
Déjame que me arrastre nuevamente en la tarde,
a gritos, sobre el barro.
Tengo mi voz, cual todos,
como todos los otros, siento y pienso.
Tengo un ciego pasillo que hasta el sol me conduce.
Mi risa y mi locura.
Un hogar.
Desilusiones rotas y borrachas
que me chupan los años.

Déjame.
Porque soy de los hombres.
Del ave de rapiña que en el pecho me muerde.
Porque yo soy mi muerte.

Buland al-Haidari, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Buland al-Haidari

sábado, 21 de febrero de 2026

Poema del día: "Quinta canción para el dolor", de Nazik al-Malaika (Iraq, 1923-2007)

Marchamos hasta Ti con el primer albor de la mañana,
y ante tu altar de plata reclinamos las frentes.
¡Oh, dolor! ¡Oh, deseo!

Te inciensamos con sésamo y con lino.
Y luego te trajimos las ofrendas ordenadas en filas.
Igual que melodías.

Te construimos un templo de olorosas paredes.
Y su suelo regamos con aceite, con vino.
Y con ardiente llanto.

Con los labios unidos, te encendimos hogueras en la noche.
Con el trigo molido, con hojas de palmera.
Y con nuestra tristeza.

Cantamos. Te invocamos. Te pusimos delante los mejores presentes:
los dátiles más dulces, los panes y los vinos.
Y las rosas alegres.

A tu vista rezamos. Y acercamos las víctimas.
Y fuimos engastando nuestras lágrimas en un largo rosario.
Gota a gota.

¡Oh, Señor, que concedes la música y el canto!
¡Oh, llanto de prudencia! ¡Oh, fontana del verbo!
¡Oh, Tú, tierra fecunda!

¡Oh, cruel compasión! ¡Oh, clemente venganza!
Te hemos escondido en nuestros sueños.
Te hemos escondido en cada nota
de nuestros cantos tristes.

Nazik al-Malaika, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Nazik al-Malaika


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martes, 20 de enero de 2026

Poema del día: "El visitante que no vino", de Nazik al-Malaika (Iraq, 1923-2007)

La tarde había pasado. La luna estaba a punto de ocultarse,
y nosotros, perdiendo las horas de otra noche.
Viendo cómo la luna marchaba hacia el abismo sin que tú hubieras vuelto.
Aún contigo perdido, como tantos deseos.
Y todos tristemente nos fijábamos en tu silla vacía,
que a gritos preguntaba por aquel visitante que aún no había vuelto.

Y es que yo no sabía que, al marchar con los años,
tu sombra quedaría en cada frase, sobre cada palabra.
En cada recoveco de la idea, sobre cada pendiente.
Que estarías más presente que todos los demás,
que mil visitantes al instante perdidos
en la intensa marea palpitante por ese visitante que aún no había vuelto.

¡Ah, si hubieras llegado!... Nos habríamos sentado con los otros
y charlado con ellos, con los grupos de amigos.
Y como uno de tantos hubieras parecido...
Mas la tarde pasaba, y seguíamos mirando con ojos asombrados,
preguntando a las sillas por todos los ausentes en la tarde.
Gritando que, entre ellos, estaba el visitante que aún no había vuelto.

Y si un día llegaras —aunque ya no lo quiera—,
el viento coloreado del vacío secaría mis recuerdos.
Mi fantasía sería como ala partida, y tristes mis canciones.
Dejaría en las manos, hecha trozos, mi inocente esperanza,
y tú comprenderías que te amo como un sueño.
Que aunque hubieras llegado en carne y hueso,
yo seguiría soñando con ese visitante que aún no había vuelto.

Nazik al-Malaika, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

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jueves, 18 de diciembre de 2025

Poema del día: "Yo", de Nazik al-Malaika (Iraq, 1923-2007)

La noche se pregunta quién soy yo.
Yo soy su secreto profundo, inquieto
y negro, su secreto rebelde.
He escondido mi esencia en el silencio.
He envuelto el corazón en conjeturas.
Y me he quedado aquí, pálida, inerte,
viendo cómo los siglos se preguntan
quién soy.

El viento se pregunta quién soy yo.
Soy su soplo asombrado, renegada del tiempo,
y, lo mismo que él, no tengo sitio.
Seguimos caminando sin final,
pasando eternamente, y al llegar a la cumbre,
encontramos tan sólo el fin de la miseria;
entonces, el vacío.

El tiempo se pregunta quién soy yo.
Como él, una orgullosa que devora las eras,
y las dota de vida nuevamente.
Creo el lejano pasado
de una esperanza fácil, seductora,
para volver yo misma a sepultarlo.
Y así poder forjarme un ayer diferente,
y de helado mañana.

La esencia se pregunta quién soy yo.
Como ella, marcho fija en las tinieblas,
sin que nada la paz me proporcione.
Yo sigo preguntando, y la respuesta
sigue siendo también un espejismo.
Y aunque la creo cercana —como siempre—,
al llegar a su lado, se ha disuelto.
Desaparece. Muere.

Nazik al-Malaika, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

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sábado, 6 de septiembre de 2025

Poema del día: "Muerte al mediodía", de Abd al-Wahhab al-Bayati (Iraq, 1926-1999)

                  A Ibn Mahdi Larbi, líder nacionalista
                  argelino, asesinado por los
                  franceses en su calabozo.

Negra,
la luna en la ventana de la cárcel.
La noche. Unas palomas. Un Corán.
Un niño de ojos verdes
que salmodia la azora del Triunfo.
Y el destello de un campo luminoso,
de un horizonte nuevo,
que aquel mártir cogiera con sus manos.
Un santo y un rebelde
que engendró el sol de Argelia en sus noches de armas,
que engendraron los vientos y la tierra.
Los deseos de la infancia.
Las dulces primaveras en los bosques.
Las victorias. La fiebre. El heroísmo.

Palomas.
Un Corán.
Entre tanto, la noche
va enjugando en silencio las huellas de aquel crimen.
Negra,
la luna en la ventana de la cárcel.
Las huellas de aquel crimen.
De los muros en sombra, su cabeza pendida,
y la nieve cayéndole en los ojos.
Las piedras y la arena cayéndole en los ojos
a aquel luchador niño.

Soñaba,
en la ventana de la cárcel.
Con el pájaro libre.
Sufría igual que yo.
No hablaba. Era callado, misterioso.
Lo sabía:
que él perecería sin remedio.
Pero también que el Sol,
después, allá,
en las noches de armas y vigilia
—aquel sol de su Argelia—,
seguiría engendrando rebelde tras rebelde.

Abd al-Wahhab al-Bayati, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Abd al-Wahhab al-Bayati

lunes, 4 de agosto de 2025

Poema del día: "Diario de un desconocido", de Abd al-Wahhab al-Bayati (Iraq, 1926-1999)

8 de abril

Soy un obrero del Sur y me llamo Said.
Mis padres murieron cuando iban de camino
a la tumba de Husayn. Entonces yo tenía
dos años solamente. ¡Qué cruel es la vida!
¡Qué terrible es la noche, larguísima, y la muerte
en las tristes aldeas del Iraq!
Lo mismo que una estrella desmayada,
mi abuelo vivía aún.

13 de mayo

¿Sabes quizá lo que es andar desnudo,
mendigando, por este mundo enorme?
¿Has gustado tal vez, igual que yo,
el sabor del errar y la orfandad?
¿Supones lo que es ir, como un ladrón,
acosado por sombras y terrores,
a través de las tumbas de estas tristes aldeas?

16 de junio

Me avergüenza, delante de los otros,
verme así mendigando, desnudo y miserable,
por este mundo enorme. Y enterrar mis recuerdos.
Pues nosotros, Señor, somos gentes sencillas,
y el pudor nos impide quedarnos a la puerta
de tu magno palacio, muertos de hambre.

13 de julio

Mi abuelo se murió. Como el cuervo, en otoño.
Como el grillo y la rata, en el otoño,
y le enterré a la sombra de la palma, bendiciendo su vida.
Pues nosotros, Señor, los proletarios,
olvidamos —lo mismo que tú olvidas—
que se es una lombriz en este mundo enorme.

15 de agosto

Abandoné mi pueblo y a mi madre la tierra.
Cuando los cañonazos de la última guerra
seguían ladrando allá, Señor, sobre la escarcha,
yo tenía veinte años, soñaba con abril.
Cuando los cañonazos de la última guerra
—¡veinte años, Señor!—
ladraban sin cesar sobre la escarcha.

29 de septiembre

Sigo siendo tu humilde servidor. Mas los libros,
y la extraña locura que suscitan en gentes como yo;
el despertar gigante de mi cuerpo cansado;
el sentir obsesivo de que soy
una mosca de sangre en tus manos de araña,
y nuestra edad dorada, edad de proletarios,
de fábricas y campos, no deja de tentarme
con matarte, ¡ay, impúdico mono!

30 de octubre

Pero, Señor, los simples como yo no se rebelan.
Ignoran que poseen el derecho a vivir
y a disponer de sí como les venga en gana.
Ignoran asimismo que por el otro lado de nuestro pobre astro
la sangre está vertiéndose a torrentes,
para que llegue el hombre del mañana feliz.
Por nosotros, Señor, y por el otro lado de este pobre astro
la sangre está vertiéndose a torrentes.

19 de noviembre

La noche de Bagdad, la sangre y las tinieblas
siguen aún acosándome, y continúo, sediento,
cruzando cementerios de lejanas aldeas.
Pero el hombre esperado de ese mañana próximo y feliz
—Señor, el hombre ese de nuestro mundo nuevo—
va naciendo por fábricas y campos.

Abd al-Wahhab al-Bayati, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Abd al-Wahhab al-Bayati

domingo, 29 de junio de 2025

Poema del día: "Noche, ciudad y tisis", de Abd al-Wahhab al-Bayati (Iraq, 1926-1999)

En las noches de muerte y procreación,
la ciudad, en sus fondos,
como una gata negra,
como una madre triste,
sigue alumbrando vidas
en silencio. Sus entrañas calientes
van escupiendo muertos por las sucias aceras
en brazos de la noche,
de la noche de tisis.
Como una madre triste, la ciudad
sigue escupiendo a miles miserables
por las callejas negras y malditas,
por los viejos cafés.
Y sobre los deformes árboles amarillos
nace el terror.
Como en sus bajos fondos nace el crimen.
Y los viejos cafés.
Y las tristes canciones.
Y la noche,
la tisis,
los ruines.
Y las ideas negras y perversas.

Sin cesar, en sus fondos,
la ciudad
-como una gata negra-
amamanta criaturas en su ubre materna.

Abd al-Wahhab al-Bayati, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Abd al-Wahhab al-Bayati

jueves, 22 de mayo de 2025

Poema del día: "Lo estéril", de Buland al-Haidari (Iraq, 1926-1996)

El mismo camino.
Las mismas casas, apretadas
por un profundo esfuerzo.
El mismo silencio.
Decíamos: mañana morirá,
y despertarán,
desde todas las casas,
las voces de los niños
rodando, con el día, sobre el camino.
Burlándose de nuestro ayer,
de nuestras gruñonas hembras,
de nuestros ojos inmóviles y mates.
No sabrán
lo que son los recuerdos.
No podrán comprender el viejo barrio.
Y se reirán, pues ellos no preguntan
por qué ríen.

Decíamos:
mañana alcanzaremos
lo que ahora decimos.
Nos juntará el tiempo:
ahora hay un amigo;
antes había un hombre avergonzado.
Nuestro hondo deseo de ayer
no sabía quizá lo que quería decir,
pero hoy el tiempo nos reúne:
a ese amigo sin otro,
ese deseo insolente.

Sobre el camino
—el mismo camino—
las mismas casas, apretadas
por el profundo esfuerzo.
El mismo silencio.
y allá, tras las ventanas cerradas,
habrá ojos penetrantes
y fijos, esperando a los pequeños.
Temerosos
de que el día se pierda.
Lo mismo que el camino.

Buland al-Haidari, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).

Otros poemas de Buland al-Haidari

martes, 6 de febrero de 2024

Poema del día: "Melodía para el olvido", de Nazik al-Malaika (Iraq, 1923-2007)

Oh vida,
¿por qué tu suave dulzura se marchita en los labios?
¿Por qué?
Y el tacto del vaso con la boca sigue el susurro de su eco en el oído?

                                       *
                                  *        *


¿Y por qué el aburrimiento
sigue anidando en las copas de la esperanza
y vive -hasta pasar a mi mano-, como un sueño,
en las bocas y en los ojos?

                                      *
                                  *        *


¿Y por qué el dolor
tiene un sabor exquisito, más que una canción, precioso?
¿Por qué al declinar los planetas en el horizonte
huyen, alegres, a la nada?

                                      *
                                  *        *


¿Por qué la diferencia
habita las caras con el insomnio,
mientras miles de ojos inmutables
despreocupados duermen?

                                      *
                                  *        *


¿Y por qué el viento
no sabe todavía que tenemos heridas?
¿Acaso él y el llanto ignoran que han llevado
a nuestras heridas la sal del mar?

                                      *
                                  *        *


¿Y por qué el día
olvida que hay ojos llorosos, muchos y apasionados,
que niegan brillo a los pesados parpados
y quieren que se eche el telón?

                                      *
                                  *        *


Y los tiempos,
¡cuántos recuerdos y tristes tragedias guardan en sus libros!
¡cuántas veces se ha tendido el barro
sobre sus tiernas mejillas!

                                      *
                                  *        *


¿Y por qué la ausencia
derrama la belleza en lejanas colinas,
en los rostros desconocidos,
más allá?

                                      *
                                  *        *


Y las canciones,
ojalá viviesen y palpitasen todavía,
aunque el amor quedara en el olvido
y en un suspiro sus melodías.

Nazik al-Malaika, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

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martes, 2 de enero de 2024

Poema del día: "Los fugitivos", de Nazik al-Malaika (Iraq, 1923-2007)

¿Por qué vagamos por remotas tierras?
El espejismo nos arrasa,
la llanura nos entrega a otra llanura,
y la curva nos engaña.

                                            *
                                       *        *


¿A qué vinimos? Nos pregunta el mar: ¿Qué queremos?
Y los faetones del viento nos persiguen
y repiten la pregunta.
La única respuesta en nuestras silenciosas caras
son las líneas del tedio en las noches largas.
Nosotros huimos, y ellas siguen persiguiéndonos.

                                            *
                                       *        *


Y el horizonte nos pregunta, ¿adónde viajamos?, ¿adónde vamos?
¿De qué huimos?, ¿y por qué?, ¿y a qué destino?
Y en nuestro silencio hay corazones que laten.
Y las huellas de esperanza en nuestro pesimismo
son alegría que no soportamos,
por eso buscamos una pequeña herida de tristeza.

                                            *
                                       *        *


En nuestra andadura oímos que la noche se burla de nuestro secreto,
nos persigue por la oscuridad y trae el viento hacia nosotros.
Nos dice el camino
por qué recorremos esta remota existencia.
Nuestro ayer nos sigue con cara amistosa.
¿Hasta cuándo huiremos de nuestra sombra?

                                            *
                                       *        *


En nuestro camino por la oscuridad, percibimos la burla de la luna,
nos enoja en sus entrañas el frío,
y algunos árboles impiden el paso.
Y se burla de nosotros el ocaso,
profetiza que vamos a la nada,
que somos, pese a nosotros, humanos.

                                            *
                                       *        *


Y alguna noche, oímos a la orilla de los caminos
el susurro del eco diciendo en la oscuridad
que somos cobardes... Tememos el ocaso
y abandonamos una larga lucha
para huir de nosotros mismos, no por deseo de partir,
sino por seguir siendo extraños.

                                            *
                                       *        *


Y aquí seguimos, donde empezamos, vagando inmersos en esta oscuridad.
Muere el invierno, y las preguntas, cuyas respuestas la primavera no dará.
Los ojos ciegos,
y el mañana nos pregunta: ¿quién seréis?
Y nuestro ayer nos deja en la niebla de los siglos.
¡Oh mar!, ¡oh noche!,
¿dónde nos perdemos?

Nazik al-Malaika, incluido en Diván de poetisas árabes contemporáneas (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2016, ed. y trad. de Jaafar Al Aluni).

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miércoles, 12 de julio de 2023

Poema del día: "Capítulos de memorias en curso", de Amer Al-Tayeb (Iraq, 1990)

Un hombre puede casarse con hasta nueve mujeres
O veinte
Él puede seducir aún más más que muchos
Mientras pensaba en nuevos caminos hacia la sedición
Eso ordena longevidad.
Puede expresarse en “mujeres jóvenes”
Cada palabra para ser reemplazada por una mujer en cada uso,
En verdad, su vida se convierte en un mal destino de palabras.
Como ninguna mujer puede reemplazar la palabra “Dios”,
O elija a un Dios y a una mujer
¡O simplemente un Dios y una mujer!
Un cuerpo empapado de miedo no es un cuerpo,
Incluso si te lo sacudes, lo besas
O caminamos juntos un ratito
Incluso si te acostaste con eso
Durante la noche o después del amanecer
En la biblioteca, en la calle
O en la sala de huesos
Incluso si intentaras enderezarlo
O llueva en su desfile
En verdad,
No será un gran logro
¡Como todas las formas, intentamos poder conciliar el sueño!
Sabemos que va a pasar
Si todos los hombres se vuelven
Cazadores
Y podrían atrapar mujeres en el agua turbia.
Sabemos que la mano de una mujer
Con la voluntad de Dios
Arroja una piedra a un estanque que está quieto,
Y se puede recuperar la claridad original del agua.
De noche llevo las gaviotas al mar
Una vez lloran fuerte
Y otra vez, meditan el miedo
Para conquistar, si se quedaban atrás.
Llevo fangos engañados como humanos
Pensar que los caminos largos
Son solo un primer paso
¡Seguido por otros!
Si la vida no fuera buena desde el principio
Nunca será lo suficientemente buena por el resto del tiempo
Como un deseo que no se puede pegar más
¡Rimarnos para aprender de nosotros!
El espejismo y el olvido son iguales
No se encontró que fueran examinados más bien,
ser un tema constante
De nuestra charla.
En cada habitación, hay un par
Deshuesado
Abrazado
O contaminar la ropa del otro
Si está roto
Uno se va solo a otro lugar
Si se derrite
¡Sus rutas reciben un camino hacia el mismo destino!
Tu amor no terminó en mi horario
Incluso si voy a una isla
O al poste
Incluso si me convierto en un hombre importante
O mis historias preocupaban forzosamente la memoria de las cosas.
Tu amor no terminó en mi mano
Ni siquiera fuera
Sería desgarrador
Si el árbol fuera un ser humano
¡Y prendiese fuego a algo!
Oh, duerme
¿Por qué estás tan desolado como si estuvieras
¿Un fantasma atrapado en el bosque?
Oh, idioma
¿Por qué escuchas a alguien en cualquier lugar?
Si trata de decir palabras alegres
O considera distorsionar una imagen de deslumbramiento
Aunque tú no eres más que
¡Una última posibilidad para el silencio!
Aguanté el hambre
Y largos días que no dan testimonio
La pérdida de los viejos
Pero mi vida
Es más rápido para seguir
¡Ni triste ser un pasatiempo!
Cuando tu cuerpo se convierta en un hogar
Cerraré las ventanas
Y reemplazaré libros y flores
Mantendré un pie en la pequeña puerta
En caso de decepción
En esos días finales
¡Cuando nunca encuentro el camino a casa!

Amer Al-Tayeb, incluido en Liberoamérica (16 de enero de 2021).

domingo, 30 de agosto de 2020

Poema del día: "Kafur", de Al-Mutanabbi (Iraq, 915-965)

¡Que cada mujer de andares arrastrados
sea rescate de acémilas ligeras de paso!
y de todos los camellos bujawíes remolones:
la elegancia en el paso ni me va ni me viene.
Pues todos son cuerdas de salvación,
treta para el enemigo, repelentes del daño.
Con uno de ellos he aporreado el desierto,
como lo haría un jugador de flechas, a lo que salga.
Cuando se espantaba, se le adelantaban los pura sangre,
las blancas espadas y las morenas lanzas.
Así pasó por Najl y, ausente del mundo,
su cabalgata dispensó de abrevar allí.
Anocheció y en al-Niqab nos dio a elegir
entre Wadi al-Miyah y Wadi al-Qura.
Les dijimos: «¿Dónde está la tierra de Iraq?»,
y respondió, estando en Turbana: «¡Aquí al lado!».
En Hisma apretó el paso como el soplo de poniente,
dando todos la cara al viento de levante,
apuntando a al-Kifaf y a Kibd al-Wihad,
y a Jar al-Buwayra y Wadi al-Gada.
Atravesó Busayta de parte a parte, como una espada
entre los avestruces y las vacas salvajes,
hasta Uqdat al-Yawf, en donde mitigaron algo su sed.
Al alba, Sawar apareció ante ellas,
y a la aurora lo hizo al-Shagur.
Su carrera les llevó al caer la noche hasta al-Jumay’a,
y la mañana a al-Adari y luego a Dana.
¡Qué noche pasamos en Akush! Ennegrecía la tierra
y borraba las marcas del camino.
En medio de ella bajamos a Ruhaima:
con más noche por delante que por detrás.
Cuando hicimos alto, hincamos nuestras picas
sobre nuestros altos cometidos y la grandeza,
y pasamos la noche besando nuestras espadas,
y borrando la sangre de nuestros enemigos de ellas,
para que supiera Egipto, y quien haya en Iraq y Awasim
que yo soy el más heroico paladín,
que cumplí con lo que había dicho y rechacé,
siendo displicente con el despectivo.
Pues no todo el que habla luego cumple,
y no todo el abocado a la ignominia dice no.
Porque el corazón no tiene más remedio
que disponer de su propio medio,
un raciocinio que hienda la más sólida roca.
Y quien tenga un corazón como el mío, que tire derecho
por el corazón de la muerte hasta la misma gloria.
Por todo camino por el que ande el héroe
su zancada será acorde al tamaño de su pie.
El lacayete dormía, indiferente a nuestra noche,
pero antes también dormía, de ceguera y no de sueño,
y, a pesar de la proximidad, los baldíos de su ceguera
y de su ignorancia se abrían entrambos.
Tenía por cierto, antes de conocer a este eunuco,
que las cabezas eran asiento de la inteligencia,
si bien al contemplar su entendimiento
comprendí que la inteligencia está toda en los cojones.
¡Cuántas cosas hay que dan risa en Egipto!
Pero esta es una risa como el llanto.
Hay allí un nabateo salido de la gente de Sawad
que enseña genealogía a la gente del desierto,
un negro —la mitad de él belfo— al que dicen:
«¡Eres la luna llena de la noche oscura!».
¡En cuántos versos hice alabanza de este rinoceronte,
poemas a medio camino entre la poesía y el conjuro!
Pero no eran alabanzas, sino más bien
escarnio del género humano.
Gentes hay que han desvariado por sus ídolos,
pero por un pellejo de vino, pues, la verdad, no.
Aquellos son silenciosos, pero este habla,
si lo sacudes bien, suelta cuescos o farfulla.
Cuando el alma de alguien ignora su valía,
otro se encarga de ver por él lo que no ve.

Al-Mutanabbi, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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domingo, 26 de enero de 2020

Poema del día: "Salma", de Bashar ibn Burd (Iraq, 714-783)

Vi a mis compañeros en Junasirat
paciente, una vez que el día estuvo alto,
y casi el corazón, de puro arrobo,
y por el largo enamoramiento, echó a volar.
Cuando apareció la boyada, recordé a Salma,
vino a mis labios cuando se esparció el almizcle.
Entre las gentes vi que era una moza
de maneras correctas, chica discreta,
de dientes refrescados por sonrisas, como si su boca,
un poco después del sueño,
hubiese sido abrazada por el vino.
Era como si nunca visitaras dientes pujantes,
ni tu amor en ellos encontrara jamás morada,
como si su corazón fuese una bola que rebota
por miedo a la separación,
¡si valiese de algo el cuidado!
Le aterroriza confiar cualquier secreto
por miedo a que las murmuraciones se ceben en él,
y es como si sus párpados hubieran sido picados
por espinas y el sueño no pudiera aposentarse.
Cuando el pregonero llama, casi ha pasado
la ansiedad de la separación, ¡si sirviese de algo!
Y las noches quisieron seguirse de otras noches
y que nunca jamás sea el día creado.
Y yo digo, mientras mi noche se hace eterna,
¿pero a la noche no le seguía el día?
Mis ojos se han vuelto extraños al sueño,
hasta tal punto que parecen sus párpados
demasiado pequeños para poder cerrarlos.

Bashar ibn Burd, incluido en Poesía árabe clásica (Titivillus, Internet, 2017, selec. de Alfonso Bolado).

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sábado, 31 de agosto de 2019

Poema del día: "Refraneros", de Muhsin Al-Ramli (Iraq, 1967)

Dijo un refranero:
"La muerte es la gran verdad,
          y no queremos creerla"
Y dijo otro:
"El amor es la gran mentira
          y queremos creerla"
¿Pues qué dices tú
que amas hasta el punto de tu destrucción
          y mueres en vida?

Muhsin Al-Ramli en Dormida entre soldados (Sanabel, El Cairo, 2011).

Otros poemas de Muhsin Al-Ramli
Noticia

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jueves, 27 de junio de 2019

Poema del día: "Noticia", de Muhsin Al-Ramli (Iraq, 1967)

Di a tu madre enferma que estás enamorada
se curará porque su cultivo de amor ya da fruto
Di a la tumba de tu abuela que eres igual que ella
resucitará porque el día del juicio ya ha sido aplazado
Di a tu hermano desconcertado que has encontrado el camino
se levantará por saber que ya existe algún camino
Di a tu padre policía que eres una asesina
tirará su pistola y besará tus ojos
                    porque ellos me han asesinado.

Muhsin Al-Ramli en Dormida entre soldados (Sanabel, El Cairo, 2011).

Otros poemas de Muhsin Al-Ramli
Refraneros

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lunes, 1 de abril de 2019

Poema del día: "Fin", de Adnan Al-Sayegh (Iraq, 1955)

Abro la nevera de mi tristeza
saco una botella de vino
y la bebo toda,
brindo por mis amigos
exiliados, a través de túneles,
sin patria,
tabaco,
ni pasaportes.

Brindo por ellos
copa tras copa
o cadáver tras otro
y cuando me caigo de la embriaguez
                      en la acera,
me llevarán – en sus tumbas –
hasta la casa.

Adnan Al-Sayegh, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Adnan Al-Sayegh
El canto de Uruk

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miércoles, 23 de enero de 2019

Poema del día: "El canto de Uruk", de Adnan Al-Sayegh (Iraq, 1955)

No somos más que las piedras de los molinos
Dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra,
Encontraréis nuestra sangre llenándola.
¡Ay! De una nación que no vive sin guerra.
Colgué el abrigo de mi vida
Y fui a la guerra encogido como un huérfano sobre una camella,
¡Ah! ¡Qué será de una patria carcomida su espalda por las termitas!
Una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una encima de otra
Para resonar los tambores en la plaza de la guerra.

Y a Dios escribo diez cartas de papel de lágrimas
Las envío por correo certificado,
Pero él no contesta a su siervo.
¡Oh, Dios! Pues, ¿a quién enviamos los dolores que sufrimos?
Y te fuiste solo a tu exilio
Cantando, frustrado al viento como una extraña flauta,
Adiós patria mía a la que no veré.

Adnan Al-Sayegh, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Adnan Al-Sayegh
Fin

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sábado, 17 de noviembre de 2018

Poema del día: "Visitación", de Saadi Yousef (Iraq, 1934-2021)

La nieve cae sobre el cactus, luego un llanto y un café, una estrella
y campamentos, la túnica del sacerdote alquilada por lobos.
Zapatos hechos de cuero fino. ¿Cómo se estremecen las tortugas en
las playas de Hadramout? La luna plena gime
desde el fondo del río... y las muchachas gritan
en su arrebato. No necesito una bala. Mi única fortuna
en este mundo es el muro tras mi espalda. ¡Qué verde
el pasto en las estepas de Shahrazour! Vi una soga
suspendida. ¿Dónde está Yousef? Estaba en los mercados
de Timbuktu... y trabajaba. Una noche
un barco nos condujo a través de las hondonadas de Djibouti.
Mogadishu lanza carne de cordero a los tiburones. No tengo
destino. Tengo un gato que últimamente comenzó a
contarme la historia de mi vida. Eternidad, siempre acercándote
¿por qué me has traicionado? Esta
tarde aprenderé a beber la brutalidad de las flores.
¿A qué sabe la traición? Una vez viajé
transportado por mi canción. Rueda el tren con los soldados...
Rodando. Rueda. Rodando. Rueda. Rodando...
La nieve de Moscú entibia mis lágrimas. No hay virtud en los pastores
al asentarse y al prepararse para el viaje.
...Las ciudades disuelven las aldeas con el blandir de un dedo.
Mi pan está hecho de harina de arroz crudo y la sal de mis
peces es ceniza. No hay opción de que sea su amante
esta noche en el dormitorio de las muchachas. No... Los sábados
me cierra ella la puerta. Quemaré los papeles.
El inspector puede llegar. En el tren nocturno me adormecí
entre cadenas. Y la silla de madera era mi avión
estrellado. Ellos cantan para ti, muchacha
de la taberna del puerto. Los forasteros regresaron de
su búsqueda de diamantes. En la piedra de Hejja
las águilas de Hemair descansan. Una vez casi
encuentro al niño-luna en mi palma. ¿Por qué
la gente abandonó el parque? No quiero tu mano.
No me lances tu soga andrajosa. Hoy he descubierto
otro torrente:
Bienvenida a la vida... Bienvenida, mi otra amante.

Saadi Yousef, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Saadi Yousef
América, AméricaEl lenguaje del ave totano

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martes, 11 de septiembre de 2018

Poema del día: "El lenguaje del ave totano", de Saadi Yousef (Iraq, 1934-2021)

Cuando dijimos: nos hemos alejado de las palmeras, los mares aplaudieron con pájaros y olas. Había un cielo celeste bajo nuestras pestañas. Lo imposible no ha de ser el camino a la taberna de la orilla. La camisa que palpitaba al viento era nuestra enseña de estrellas. Nos aproximamos a la fantasía hasta rozar el pórtico y su copa, y tendimos el tapiz de las acequias para congratularnos con la noria.

No es justa la tierra, trasnochemos con las preguntas del mar en la noche y al alba anclemos los puertos. Todavía hay escarcha en los atracaderos y los cafés se adornan orgullosos con ropajes de peces saltarines y de redes. El musgo todavía reverdece sobre la roca y la copa tiene café con alcohol. En la lejanía, en una oscura llovizna, aparecen las barcas de pesca y en las cercanías, un gorro que flota.

No nos acostumbramos al mar. Aquellos desiertos nos hacen señales en la sangre como pañuelos. En el sosiego del sueño despiertan para poblar nuestros sueños y dicen: ¿Hacia dónde es esa huida? Por sorpresa vislumbramos una caravana de camellos que caminan sobre el agua, oímos los cascabeles, pero nos refugiamos en la quietud de la fantasía y después nos enrollamos el manto como un turbante. Somos marineros con turbantes. Camelleros en los mares. Un duro retiro.

¡Dios de los arrabales! Nos has conservado el lenguaje del ave totano, y el grito del pájaro: ¡shilú! ¿Por qué en un instante se transforman las ciudades en una nube?

¡Dios de los arrabales! ¿Es mucho pedir tener una casa? A los animales salvajes les has otorgado el derecho al sueño cuando cae la noche, a las plantas les has concedido la languidez, y a los pájaros, la calma del bosque en la bendición de la tarde. Padre mío, Dios de los arrabales, tenlo presente, no te has equivocado.

Hemos envejecido, y nuestros nietos se deslizan unas veces sobre la nieve y otras sobre la arena. Y nuestros hijos son asesinados. Las batallas están perdidas, Dios mío. ¿No podrías impedirlas? Tú eres el Todopoderoso, ¿nos hallamos, pues, fuera de tu poder? Hoy, una cosa, mañana, otra, y pasado mañana... ¿Comienza la oración? Estoy en casa ahora, en un pueblo inglés. Cae la nieve, el gato maúlla y mi vino está en la tinaja.

La tierra es nuestra morada, de nosotros, sus hijos. Se decía: Quien cultive la tierra sacará provecho. ¡Cuánto trabajamos hasta ulcerársenos la piel! ¡Cuánto se cansó la tierra! Quizá huyó aquel ángel, quizá convenció a las criaturas de que rezaran. Nuestro pueblo estaba sobre el agua. Nuestras chozas eran de caña y de barro; nuestras ropas, burdos tejidos. Es la tierra. Pero nuestros gritos estaban en los límites del canto, y nuestras estaturas eran elevadas.

¿Volverá a nosotros la tierra? Di: Volveremos nosotros a la tierra. Las palmeras del firmamento tienen la copa morena, morena, morena. Estrella de las alturas: te quiero, morena. Me hallo aquí, en extraños arrabales. Mi casa no es mi casa. Mi gente no es la gente. ¡Desciende, tarde! ¡Hunde tus copos de nieve, frío, bajo los huesos! La ciudad lanza sus luces desde lejos. Paz a nuestro candil en la oscuridad. Paz a quien responda al saludo.

Saadi Yousef, incluido en Poesía árabe. 16 poetas árabes contemporáneos (Biblioteca digital, República Dominicana, 2008).

Otros poemas de Saadi Yousef
América, AméricaEl lenguaje del ave totanoVisitación

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miércoles, 15 de marzo de 2017

Poema del día: "El zoco de la aldea", de Abd al-Wahhab al-Bayati (Iraq, 1926-1999)

Sol, asnos flacos, moscas,
viejas botas de un soldado
que han pasado de mano en mano, y un campesino que fija los ojos en el vacío:
—A principios del año nuevo
mis manos se llenarán sin duda de monedas
y me compraré estas botas.
El grito de un gallo que huyó de la jaula; y un pequeño beato:
—Nada rasca tu piel mejor que tus uñas. Y: —El camino al infierno
está más próximo que el del paraíso—. Y moscas
y segadores cansados:
—Han sembrado y no hemos comido,
pero cuando sembramos nosotros, los humildes, ellos comen.
Y los que vuelven de la ciudad: —¡Oh, fiera ciega!
Por ella caen nuestros muertos, los cuerpos de las mujeres
y los soñadores honrados.
Mugidos de vacas, la vendedora de pulseras y perfumes
que se arrastra como negro escarabajo: —Mi querida alondra, ¡oh Sodoma!
El perfumista no arreglará lo que el destino, caprichoso, echó a perder.
Y fusiles negros, un arado, un fuego
que se extingue, un herrero a cuyos párpados sangrientos ronda el sueño:
—Los pájaros augurales caerán siempre sobre sus semejantes
y el mar no será capaz de lavar las culpas ni las lágrimas.
Y el sol en el corazón del cielo
y las vendedoras de uva reuniendo las cestas:
—Los ojos de mi amado son dos estrellas
y su pecho es la rosa de la primavera.
El zoco queda desierto y las pequeñas tiendas y las moscas
cazadas por los niños, y el horizonte lejano,
y las chozas bostezan en los palmerales.

Abd al-Wahhab al-Bayati, incluido en Antología de poesía árabe contemporánea (Editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1972, ed. y trad. de Leonor Martínez Martín).