martes, 28 de noviembre de 2017

Poema del día: "Nocturno N°4, en sí bemol", de León de Greiff (Colombia, 1895-1976)

Tabardo astroso cuelga de mis hombros claudicantes
y yo le creo clámide augusta.

La noche expande el humo de los pebeteros
incensarios; la noche enciende las linternas vagabundas;
la noche es un vasto silencio donde sólo
trémulas arpas inician cantos solitarios.

Tabardo astroso cuelga de mis hombros claudicantes
y yo le creo clámide augusta.

La noche canta cálidas melodías:
la flauta y el oboe subrayan el fastuoso
cántico. La noche canta, plácida. La noche canta,
turbulenta: calla; la noche es entonces un vasto
silencio, donde sólo trémulas arpas inician
cánticos solitarios. Ahora calla la noche. Silencio
nacido de las músicas, eclíptico.
¿Qué se interpuso entre las arpas trémulas
y el cántico litúrgico y el oboe y la flauta?
¿Qué se interpuso, y qué vertió esa angustia
sobre la faz impávida de la noche?

Tabardo astroso cuelga de mis hombros claudicantes
y yo le creo clámide augusta.

La noche inicia preludios solitarios: trémulas arpas,
flautas y oboes sostienen la etérea melodía.
La noche expande el humo de los pebeteros,
aromoso;
la noche enciende las linternas vagabundas.
Toda la angustia,
todo el misterio de la noche se enreda,
todo el misterio de la noche desnuda,
Sirena y Circe todopoderosa,
reina morena del aduar solitario...................

Todo el embrujo de la noche se enreda
en las aristas de la tierra dormida.

Tabardo astroso cuelga de mis hombros claudicantes
y yo le creo clámide augusta.

                                                              Medellín, octubre, 1927

León de Greiff  en Libro de signos (1930), incluido en Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, ed. de Mihai G. Grünfeld).

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