¡La muerte traza su camino
día a día, célula por célula
en medio de los silencios
en gotas de sangre!
Los hibiscos florecen
más allá del deseo
¡Vivimos de momento en momento
teniendo fe en la ilusión!
Rayos de un sol moribundo
astillan el océano.
El crepúsculo alumbra otro cielo.
Mi padre se está muriendo.
No, yo no.
Un feto amarrado a cuerdas de lamentos
¿Qué vientre se atrevería a albergarlo ahora?
La tierra:
¡La primera, la última madre!
No hay más dolor que este cuerpo
ni una ausencia de vida como esta muerte
la interminable apoteosis de todo ser viviente:
La visión de Arjuna en Krishna
La fisión nuclear de un alma:
¿De la oscuridad o la iluminación?
No puedo decir,
el moribundo no lo revelará.
Corre las cortinas
en un parpadeo:
“Ábrete sésamo”
los rostros encienden el paisaje
a través de las colinas maltrechas, trozados árboles
hombres, mujeres, detrás de las ruedas del carro
brillando como átomos de memoria
en los últimos rayos
de un sol de Kurukshetra.
Una lágrima ciega el tercer ojo;
el mar está quebrado por pedazos de lluvia.
¡Ahora todos los lamentos cesan!
II
La lluvia cae en la yerba seca
el olor de la tierra llena el aire
las piedras se mezclan con las gotas
las voces se derraman sobre las aguas oscuras
¡las olas se convierten en ballenas
en cráneos de cocos secos!
El Baitairni se desborda de nuevo.
Pundit ha enrollado la cola de lali.
¡Y yo todavía no aprendo a nadar!
Siddharta, mi hijo, mi padre.
Los ojos se iluminan con otra vida:
de las cuatro nobles verdades
sólo has mirado dos
en el padre de tu padre:
un hombre enfermo, un anciano también.
De la tercera ellos no te dejarán ver.
Un cadáver limpio como un pescado en sal,
maquillado, perfumado, teñido
con caléndulas, pétalos de hibiscos
quemado en la arena del mar.
Un puñado de cenizas
es suficiente para su pan.
Las hormigas se arrastran bajo las piedras vivientes.
Los gusanos viven en la médula de nuestros huesos.
La cuarta, un monje, en el que te podías convertir
para conocer la impotencia
infinita de nuestro ser.
Ningún viejo camino lleva al conocimiento
ni otras pisadas son oídas
ni siquiera el sonido de un ave pequeña
cantando los mantras de los hombres muertos:
¡“Omm”, “Amén”, “Ciérrate sésamo”!
Siddharta, una vez más
sigue tus propios pasos
sobre las cenizas, filosas de yerba
¡y enséñanos a vivir
en vida, desde la Vida!
Satendra Nandan, incluido en Círculo de poesía (México, 3 de diciembre de 2023, trad. de Carmen Ávila).






