miércoles, 7 de enero de 2026

Poema del día: "Siddartha", de Satendra Nandan (República de Fiyi, 1939)


                          I
¡La muerte traza su camino
día a día, célula por célula
en medio de los silencios
en gotas de sangre!
Los hibiscos florecen
más allá del deseo
¡Vivimos de momento en momento
teniendo fe en la ilusión!
Rayos de un sol moribundo
astillan el océano.
El crepúsculo alumbra otro cielo.
Mi padre se está muriendo.
No, yo no.

Un feto amarrado a cuerdas de lamentos
¿Qué vientre se atrevería a albergarlo ahora?
La tierra:
¡La primera, la última madre!
No hay más dolor que este cuerpo
ni una ausencia de vida como esta muerte
la interminable apoteosis de todo ser viviente:
La visión de Arjuna en Krishna
La fisión nuclear de un alma:
¿De la oscuridad o la iluminación?
No puedo decir,
el moribundo no lo revelará.
Corre las cortinas
en un parpadeo:
“Ábrete sésamo”
los rostros encienden el paisaje
a través de las colinas maltrechas, trozados árboles
hombres, mujeres, detrás de las ruedas del carro
brillando como átomos de memoria
en los últimos rayos
de un sol de Kurukshetra.
Una lágrima ciega el tercer ojo;
el mar está quebrado por pedazos de lluvia.
¡Ahora todos los lamentos cesan!


                          II
La lluvia cae en la yerba seca
el olor de la tierra llena el aire
las piedras se mezclan con las gotas
las voces se derraman sobre las aguas oscuras
¡las olas se convierten en ballenas
en cráneos de cocos secos!
El Baitairni se desborda de nuevo.
Pundit ha enrollado la cola de lali.
¡Y yo todavía no aprendo a nadar!
Siddharta, mi hijo, mi padre.
Los ojos se iluminan con otra vida:
de las cuatro nobles verdades
sólo has mirado dos
en el padre de tu padre:
un hombre enfermo, un anciano también.
De la tercera ellos no te dejarán ver.
Un cadáver limpio como un pescado en sal,
maquillado, perfumado, teñido
con caléndulas, pétalos de hibiscos
quemado en la arena del mar.
Un puñado de cenizas
es suficiente para su pan.
Las hormigas se arrastran bajo las piedras vivientes.
Los gusanos viven en la médula de nuestros huesos.

La cuarta, un monje, en el que te podías convertir
para conocer la impotencia
infinita de nuestro ser.
Ningún viejo camino lleva al conocimiento
ni otras pisadas son oídas
ni siquiera el sonido de un ave pequeña
cantando los mantras de los hombres muertos:

¡“Omm”, “Amén”, “Ciérrate sésamo”!
Siddharta, una vez más
sigue tus propios pasos
sobre las cenizas, filosas de yerba
¡y enséñanos a vivir
en vida, desde la Vida!

Satendra Nandan, incluido en Círculo de poesía (México, 3 de diciembre de 2023, trad. de Carmen Ávila).

martes, 6 de enero de 2026

Poema del día: "Eros/Poema", de Lenore Kandel (Estados Unidos, 1932-2009)


¡Alabado sea el joven Eros que folla con todas las chicas!
Sólo los dioses aman con tanta generosidad
compartiendo su beatitud con todos
¡Alabado sea Eros! Aquel que ama tan sólo la belleza
y la encuentra por doquier
Eros os he conocido a ti y a tus diosas pasajeras
envueltos en un halo de amorlujuria tan real como una flor
que florece un sólo día y luego se pierde con el viento
He visto cómo tus ojos centelleaban de placer
al alabar la belleza de la dulce Psique con tu lengua enamorada
y brillar luego de nuevo con la misma profunda dicha
mientras otras mujeres   yacían   entre tus manos
¡Alabado sea Eros! Aquel que es incapaz de acumular amor
y lo ofrece como agua a través de un tamiz dorado
compartiendo su propia gracia lasciva
con todos aquellos que le permitieron la entrada
infieles como flores, veleidosos como la mariposa llevada por el viento
¡Alabado sea Eros, hijo de los dioses!
Aquel que ama tan sólo la belleza          y la encuentra
por doquier

Lenore Kandel, incluido en Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la Generación beat (Bartleby editores, Madrid, 2015, trad. y ed. de Annalisa Marí Pegrum).

Otros poemas de Lenore Kandel

lunes, 5 de enero de 2026

Poema del día: "A Marco Aurelio", de Zbigniew Herbert (Polonia, 1924-1998)


Buenas noches, Marco Aurelio,
apaga la luz y cierra el libro.
Encima de tu cabeza
se levanta una alarma de estrellas,
el cielo habla una lengua extranjera,
es el bárbaro grito de miedo
que tu latín no puede entender,
un terror continuo, un negro terror,
contra la frágil tierra humana.

Empieza a golpear y triunfa.
Escucha su rugido.
El flujo incesante
de los elementos ahogará tu prosa
hasta que se derrumben
los cuatro muros del mundo.

¿Y para nosotros? -temblar en el aire
soplar las cenizas agitar el éter
roernos los dedos
buscar vanas palabras
arrastrar las sombras caídas
a nuestras espaldas.

Bueno Marco Aurelio mejor cuelga tu paz,
a través de las tinieblas dame la mano.
Déjala temblar cuando el ciego mundo golpea
en nuestros cinco sentidos como lira caída.

Traidores del universo y de la astronomía
cálculo de las estrellas y sabiduría de la hierba
enorme tu grandeza y mis lágrimas.

Zbigniew Herbert, incluido en Arquitrave (nº 70, septiembre-octubre de 2022, Colombia, trad. de José Emilio Pacheco).

Otros poemas de Zbigniew Herbert

domingo, 4 de enero de 2026

Poema del día: "Cuerda en el vacío", de Óscar Cerruto (Bolivia, 1912-1981)


Es aquí donde se descubre
la piedra
que nos reta
sinónimo del vértigo
alias del rendimiento.
La piedra de la que manan
la leche
y el estupor.
A su resguardo planean
los grandes buitres
cuya obstinación
hemos visto
después
ensombrecer los hemiciclos
actuar siempre con las
propiedades
del aventajado
y subirse
a la grupa de los dioses
sabiendo
que abajo hay un pie de sangre.
El miedo es ese hervor
inaudible
trabajando como el musgo
ese pecado de la felicidad
o esta humedad que deja traslucir
espectral
los huesos del sectario.
De nada sirve hablar bajo
en las cámaras
la Muerte
tiene el oído fino
y los imprudentes susurros
crepitan como apostasías
al otro extremo.

Óscar Cerruto, incluido en El árbol y la piedra. Poetas contemporáneos de Bolivia (Monte Ávila editores, Caracas, 1986, ed. de Eduardo Mitre).

Otros poemas de Óscar Cerruto

sábado, 3 de enero de 2026

Poema del día: "Matapán", de Lawrence Durrell (Gran Bretaña, 1912-1990)


Nunca quizás visto de nuevo
hacia el sur, entre velos de humo,
donde el agua no sabe de principio y pasado
y el promontorio profundiza
con sus tres dedos norte adentro;
un rayo luce en el pasillo oscuro
hacia donde las islas, por fin las islas...

Abstracto y más hermoso
Andros, Delos y Santorín,
el promontorio rompe el aire seco,
gritos interrumpidos de gaviotas,
informes, y a la vez como de mármol
en la calma insoluble de la estatua
con su cabeza de viñas pétreas, compartiendo
la penumbra del mar eternamente, el arco
sombrío de los mitos cabalga en una ola
y las islas ya son.

Al dejaros, colinas, no sabíamos,
o lo supimos como los sonámbulos
sienten que el corazón hace girar la llave,
o que una carta espera debajo de la puerta
de una casa vacía;
ahora Matapán y sus temores
se volvieron una identidad, un juicio
doblado y desdoblado por las olas
como un mapa trazado por estrellas,
con espinas y hojas a los vientos
todo lo conocido que se acaba
y el agua empieza.
    Aquí belleza y llanto compartieron
    como lugar y tiempo una eterna relación,
    Matapán...
    Aquí aprendimos que el amante
    no contiene al amor, es contenido,
    Matapán, Matapán.
Aquí, en verano, los felices,
amarraron sus botes; a una milla de tierra
las cigarras venían como un hálito;
el fondo vio sus pies palmípedos
y monstruosos al tocar la arena.
Aquí el viento voló, la nieve, las oscuras
manos soltaron el timón.
El día yacía como un espejo en los ojos solares.
Los olivos dormitan, el mar brilla, la roca
colgante, y bajo Arbutus se oye música mítica
de flauta junto a un niño, junto a un puerto
soliloquiando en siete notas líquidas.

Aquí, en verano, los felices
se asían como isleños
y miraban las aguas, inclinándose,
las miradas obsesas, robadas a los libros;
los dos ojos egeos pintados de azul duro
así, y “Theos Díkaios”, Dios justo,
debajo de la proa putrescente.

Nómadas habitantes del reflejo;
vimos la rosa floreciente en los jarrones,
rostros de niños crédulos en pozos,
bajo la Acrópolis el eterno golfillo
llevando la golondrina de leño
que predice la primavera; en las colinas vellosas
sobre Atenas vimos exhalarse la noche.

Más tarde, en islas, aguardando
ante el mar, como una piel, y promontorios,
nos bendecía el girar
del viento como un melocotón, como un melón,
como un higo, un viento de limones;
todas las frutas al girar de sus alientos.
Y en las colinas encontramos
rostros sagaces, venerables
como cucharas de cuerno, maneras,
nombres, cortesía hacia los forasteros.
    Oímos las reflexiones pastorales:
    Heme aquí, hacia Arcadia, uno, dos.
    Azafrán, bergamota,
    una raíz, un cabello, una cuenta, todo cálido.
    Un dedo humano lleno de pequeñas corrientes: un anillo:
    un hombre casado.

En un tardío invierno de nieblas y pelícanos
vimos el fin del libro; el hombre
besa a su esposa e hijos y se despide de ellos
bajo el lagar, que gira.
Entrar abril, como un nadador,
y abrirse la memoria como una vena
intrépida, en la estela de una quilla sin senda.

Solos en pie, sobre las colinas
vimos a Grecia entera, el cuerpo
humano de este cielo del que depende un mundo
que gira dentro de un cristal
guardado por las ramas verdes de los cipreses.

Muy lejos, en el azul
como notas de música en la página
las dos cabezas: el hombre y su mujer
siempre allí.
Tan lejos, que no se oye el cántico.

Lawrence Durrell, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Jesús Pardo).


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viernes, 2 de enero de 2026

Poema del día: "Si el amor que me tenéis...", de Teresa de Jesús (España, 1515-1582)


Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?

–Alma, ¿qué quieres de mí?
–Dios mío, no más que verte.
–¿Y qué temes más de ti?
–Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida,
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.

Teresa de Jesús, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).

jueves, 1 de enero de 2026

Poema del día: "Agua salvaje", de Tristan Tzara (Francia, nacido en Rumanía, 1896-1963)


los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo

el triángulo sostiene otro triángulo
el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol dientes cargados de sueño

el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la canción
una pipa que se fuma en el compartimento de fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos

todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora

su ojo sólo se abre para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento

allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

Tristan Tzara en De nos Oiseaux (1914-1922), incluido en Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, selec. de Aldo Pellegrini).