Asambleari@s

martes, 12 de junio de 2012

Fragmentos del prólogo de Benito del Pliego sobre la obra reunida del poeta argentino afincado en España Mario Merlino, publicada recientemente


Voces comunes y otros poemas. Obra reunida 1977-2006, de Mario Merlino (Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2012, ed. de Benito del Pliego). Poemas y más información del libro pinchando aquí.


El lector descubrirá en los poemas de este volumen signos inequívocos de que acompañaron a su autor en las tareas de la vida, descubrirá que fueron habitados y que por ellos pasó el cuerpo, pasaron cuerpos que los han marcado con lo que los cuerpos segregan. Los poemas de Mario Merlino (Coronel Pringles, Argentina, 1948-Madrid, España, 2009) están llenos de, restos, de residuos: manchas, gotas, chorreaduras...
[...]
La dedicación a la poesía de Mario Merlino precede al exilio, aunque hasta donde podemos saber, no por muchos años. En lo que se publica aquí y en otros textos inéditos se pone al descubierto ese tenue espíritu de época que podría servir para acercarle, al menos en parte, a otros coetáneos argentinos. Aparece, por ejemplo, cierto ambiente descarnado y oscuro que recuerda la atracción que ejerció Alejandra Pizarnik entre los autores de su edad. Notamos también una toma de postura socio-política que conecta su escritura primeriza con las preocupaciones de autores de la generación anterior, como Francisco Urondo y Juan Gelman. Estos últimos referentes podrían apuntar hacia el origen del gusto por los giros del lenguaje callejero que pueblan sus textos, y el regodeo en la escatología o su interés por una prosa marcadamente rítmica. Estos mismos rasgos le acercan también a las maneras del llamado neosurrealismo argentino que contó desde los cincuenta con autores de la talla de Aldo Pellegrini, Juan Jacobo Bajarlía o los ya aludidos, José Viñals y Mario Trejo. La inclinación por un texto abierto y proliferante, consciente en todo momento del material lingüístico con que se alza el poema, anunciaba la posibilidad de un deslizamiento neobarroco en cuya órbita, pese a la atracción que esta inclinación llegó a ejercer, Merlino nunca terminó de ingresar. El diálogo, que pese a todo se gestó con obras como las de Arturo Carrera (que como César Aira, fue compañero de infancia en Coronel Pringles), Osvaldo Lamborghini o Néstor Perlongher parece deberse más a una lectura a posteriori que al tipo de convivencia directa y cotidiana en que algunos críticos prefieren fundamentar sus segmentaciones generacionales. O mejor: tal vez habría que pensar que lo que comparte con autores como estos es la carencia de un espacio común y el ejercicio de la escritura mediado por la persecución y los fantasmas sangrientos de la dictadura y el exilio. Aunque es indudable que voces comunes y poema a punto del aullido (que también parece escrito entre finales de los años setenta y principios de los ochenta) responden a algunas claves generacionales, lo hacen desde la distancia que abre una escritura desplazada. Haber sido redactados en Madrid convierte su intensa relación con lo argentino en una exploración de los restos mortales de una cultura y un pasado nacionales.

***

   Ubicar a Merlino en España tampoco es sencillo: también allí su perfil se hace borroso. Las huellas de esa trasposición no serán perceptibles sobre la superficie textual hasta los noventa. No de nombre (fechado por el autor en 1993-1994) es el primer poemario donde resulta evidente un diálogo con alguna de las tendencias prominentes en la poesía española de aquel momento. Podríamos pensar que esto se refleja en la construcción más tradicional y contenida del poema. La mayor regularidad del verso, la moderación del tono y la extensión de los poemas, la aparición de un (elusivo) marco temático que facilita la sensación unitaria del conjunto... impregnan el poemario del aire razonable en que la poesía española -o al menos la que se proponía canónicamente como tal- insistía a partir de la invención de lo novísimo y el ensalzamiento de la "nueva sentimentalidad" y sus (conservadores) aledaños. El acercamiento de Merlino a modelos tan estrechos fue muy limitado. Esta limitación convierte la posibilidad de diálogo en un forcejeo que resulta más significativo que las coincidencias. Así, lo que llama la atención en no de nombre es la apuesta por la incertidumbre. Su inquietud se separa de los modelos de la oficialidad española y les da la vuelta, haciendo de la escritura un vehículo para lo que no encuentra acomodo ni puede cejar en sus búsquedas. En paralelo a la exploración de este asunto, la forma de este primer libro publicado conduce a un desborde producido, al menos en parte, por la imposibilidad de contener en los moldes tradicionales las ambiciones de deriva y transformación que mueven su escritura. La cita de Pizarnik con que se abre el poemario ya nos avisa de la intención de "contar en orden este desorden". Se diría que los 36 textos que lo componen son un regreso al territorio (lingüístico, estilístico, sentimental) del origen aunque, como reiteraría luego missa pedestris, no busca someterse a él sino transformarlo, abrirlo a una nueva perspectiva. También en este último libro el aparente clasicismo corre en paralelo con la necesidad de repensar/transformar lo familiar, es decir, el fundamento de las tradiciones.
   El forcejeo envía a Merlino en direcciones que le vuelven a asociar con la resistencia que desde la clandestinidad poética exploró otros modelos de relación con la escritura, por ejemplo, a través de talleres de creación literaria (actividad en la que fue pionero en el Madrid de los años ochenta) y la apuesta por el ejercicio de la acción y las performances. Teniendo en cuenta que el panorama poético español en que aterrizó fue haciéndose asfixiante (por lo conservador y autoritario) y que este insistía en el tipo de normalización a la que la poesía de Merlino se enfrenta, la retirada táctica hacia los márgenes y su "invisibilización" son, más que un demérito, otra muestra de su lucidez.
[...]
   La capacidad de transformación social del movimiento de gais y lesbianas no solo ha quedado patente en toda una escuela de interpretación teórica que ha dado frutos de indiscutible valor durante las últimas décadas. Su capacidad de transformación se ha dejado también sentir en las propias sociedades entre las que Merlino se repartió. El importantísimo vínculo entre los campos del poder y la sexualidad hace, como nos recuerda Bourdieu, que la atención a la homosexualidad se convierta en un asunto político con amplísimas repercusiones en todo el cuerpo ideológico y social. En literatura, la lectura gay y queer también ha puesto de manifiesto las limitaciones de la crítica, que ha tendido a invisibilizar los textos que no se plegaban a la "heteronormalidad" que se ofrecía como única posibilidad no enfermiza. La marginación hizo desaparecer a quienes se identificaban con esta o propició lecturas universalizantes que desactivaban la particularidad de los textos (como, de acuerdo a Enrique Álvarez, ha venido ocurriendo con figuras poéticas de la talla de Federico García Lorca y Luis Cernuda). Cabe especular que ese fue uno de los motivos que ayudó a mantener su obra, al menos inicialmente, oculta "en el armario".
   Es indudable que existe en Mario Merlino una atención constante a la sexualidad y que esta se entiende desde la perspectiva queer como afirmación personal y vía de transformación de las estructuras sociales. El suyo es un planteamiento micropolítico más que una alineación con un gran discurso ideológico. Aunque no nos consta que fuese militante de esta causa antes de su exilio, su actitud no difiere en lo esencial de la que, de acuerdo a Perlongher, centró las reivindicaciones del movimiento gay en la Argentina anterior a Videla, en cuanto que estas fueron entendidas dentro de un marco de transformación más amplio que pretendía la reforma radical de todas las instituciones sociales.
   Es curioso, sin embargo, que pese a su participación en la lucha por los derechos de gais y lesbianas en España y la visibilidad que su figura llegó a tener en estos medios su obra tampoco llegase a encontrar acogida en los círculos y antologías que comenzaron a dibujar este fenómeno en el contexto español.
[...]
Benito del Pliego

Poemas de Mario Merlino
Arte cisoria (trece: preludio), Carta inútil, La muerte también se maquilla (Uno), No de nombre (UnoDieciséis,Veintidós), Observaciones/ApuntesRestos de diálogosVanitas vanitatis

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Tomo la palabra: