sábado, 28 de diciembre de 2013

Poema del día: "Canto por la ruina de los abbadíes y despedida de Al-Mutamid y su familia que embarcan en Triana para el destierro", de Abu Bakr Muhammad ibn Isà ibn al-Labbána (España, Al-Andalus, 1044-1114)

Mañana y tarde con sus nubes lloran
los cielos a los ínclitos señores,
a los hijos de Abbád esclarecidos;
a los montes altísimos que hoy tienen
demolidos los hondos fundamentos
en los que un día se apoyara el mundo.
Fueron cubil que la desgracia al cabo
pudo forzar, aunque su boca inmune
mantenían sus sierpes y leones;
santuario que tenía a su servicio
las esperanzas, y que ya no tiene
piadoso peregrino ni devoto.
Vacía está la casa generosa.
Huésped, ensilla tu montura; allega
-sostén de tu camino- los relieves.
Parte, nómada, tú que en este valle
quisiste alzar tu tienda. Ya no es tiempo:
las gentes huyen, y la mies se agosta.
Y tú, jinete, que montaste un día
caballos que piafaban orgullosos
en filas a la guerra aparejadas,
depón las armas y el acero deja,
porque has amanecido entre las fauces
del más fiero león, del más terrible.
Nada se puede hacer contra el Destino
cuando llega su tiempo, y todo tiene
plazo y lugar de muerte señalado:
Antes los poderosos Abbasíes
fueron también desposeídos; antes
Bagdad fue desolada que Sevilla.
Cuanto les fue sagrado defendieron
hasta caer vencidos, y hoy los llevan
amarrados, en fila, a dura soga.
A lomos de luceros cabalgaban,
y hoy encima los llevan de grilletes,
sólo en lo negros al corcel iguales.
De sus blancas gargantas arrancaron
los petos de sus fieras armaduras
y en cepos de sus cuellos los convierten.
Todo lo olvidaré menos aquella
madrugada junto al Guadalquivir,
cuando estaban en las naves como
muertos en sus fosas.
Las gentes se agolpaban en las
dos orillas, mirando cómo flotaban
aquellas perlas sobre las espumas del río.
Caían los velos porque las vírgenes
no se cuidaban de cubrirse,
y se desgarraban los rostros
como, otras veces, los mantos.
Llegó el momento y ¡qué tumulto
de adioses, qué clamor el que a porfía
lanzaban las doncellas y los galanes!
Partieron los navíos, acompañados
de sollozos, como una perezosa
caravana que el camellero arrea
con su canción.
¡Ay, cuántas lágrimas caían al agua!
¡Ay, cuántos corazones rotos se llevaban
aquellas galeras insensibles!

Abu Bakr Muhammad ibn Isà ibn al-Labbána, incluido en Poesía de Al-Andalus (Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija, Sevilla, 1999, varios trad.).

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