jueves, 25 de julio de 2013

Poema del día: "El joven soldado regresa al frente tras dar tierra a siete camaradas", de Hans Bender (Alemania, 1919-2015)

Por la flor de sus cabellos
se escurrió la tierra aleve
y en sus pechos resonaron
nuestros puñados de tierra.
Siete tumbas amarillas
se secan al sol de julio.

Senda entre amapolas rojas,
camino entre abetos fríos
que a veces trunca el pantano
y cruza campos de minas.
Después, isbas luminosas,
cortinillas, ventanucos.

En los huertecillos, uvas
crespas, rosas y gladiolos.
Pozos en que chapotean cubos,
y en las vallas, mozas tiesas.
El horror ha cincelado,
aristas de odio en sus ojos.

Llevamos luto en verano,
correaje y paño basto,
granadas, casco, la pala,
la munición y el fusil,
el machete y una muesca
por la sangre desplomada.

Siete cuervos relucientes
salen de los pinos rojos.
Siete plumas negras caen
en las roderas del tanque.

Hans Bender, incluido en 21 poetas alemanes (Visor Libros, Madrid, 1980, selecc. y trad. de Felipe Boso).

Otros poemas de Hans Bender
Buenos díasEl joven soldado regresa al frente tras dar tierra a siete camaradasEl prisionero muertoEl repatriado

4 comentarios:

  1. Los historiadores declinan su responsabilidad de explicar el porqué de las guerras. Nos narran historietas de buenos y malos, nos explican batallitas (iban los nuestros por aquí y se toparon con el enemigo, etc), e incurren en una gravísima irresponsabilidad (por inhibición) al no explicar la verdadera motivación (por supuesto económica y minoriatia de las guerras).

    Ellos, los historiadores, tienen la obligación moral de explicar los intereses (por supuesto económicos y minoritarios) que hubo detrás de las invasiones napoleónicas.

    Ellos, los historiadores, tienen la obligación moral de explicar los intereses (por supuesto económicos y minoritarios) que había detrás de la I guerra mundial -que, por supuesto, no se debió al asesinato de no sé qué archiduque-.

    Y así con todo.

    Porque en el fondo de todas las guerras están los intereses (por supuesto económicos y minoritarios) de un grupito de potentados que presionan a los gobiernos y, como en una partida de ajedrez pero con piezas de carne, obligan a dar sus vidas (y sus cuerpos, sus brazos, sus piernas...) a millones de jóvenes soldados mientras ellos, los muy canallas, contemplan el espectáculo desde sus salones.

    Y luego, cuando les conviene o ven que la cosa no da más de sí, firman armisticios en embajadas, regados por champán y crema de ostras.

    Pero los historiadores declinan su obligación moral, y en lugar de eso nos cuentan batallitas.

    Y ésa es su terrible responsabilidad.

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  2. Me conmovió mucho este poema, el dolor que transmite es profundo. Las imágenes más allá de la traducción bellísimas

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  3. coicido con los comentarios antriores, muy acertados.
    Anahí Duzevich Bezoz

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