viernes, 2 de marzo de 2012

Poema del día: "Anukis y después Jeanne", de René Char (Francia, 1907-1988)

Te descubriré a quienes amo, como un largo relámpago de ca­lor, tan inexplicablemente como tú te me has mostrado, Jeanne, cuando, una mañana que se plegó a tu propósito, nos llevaste de roca en roca hasta ese fin de uno mismo que suele llamarse cima. Con el rostro oculto a medias por tu brazo doblado y los dedos de la mano reclamando tu hombro, nos regalaste, al cabo de nuestra ascensión, una ciudad, los sufrimientos y el título de un genio, la superficie extraviada de un desierto, y la curva cir­cunspecta de un río en cuya orilla se hacían preguntas algunos constructores. Pero yo regresé a ti rápidamente, Hoz, porque es­tabas consumando tu ofrenda. Y ni el tiempo, ni la belleza, ni el azar que desenfrena el corazón podían medirse contigo. Entonces resucité mi antigua riqueza, nuestra riqueza común, y dominando lo que mañana destruirá recordé que tú eras Anu­kis la Atenazadora tan maravillosamente como eras Jeanne, la hermana de mi mejor amigo, y tan inexplicablemente como eras la Extranjera en el espíritu de ese miserable campanero cuyo padre repetía antaño que Van Gogh estaba loco.

Saint-Rémy-des-Alpilles,
18 de septiembre de 1949

René Char en Los matinales (1947-1949), incluido en Poesía esencial (Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, Barcelona, 2005, ed. y trad. de Jorge Riechmann).

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