miércoles, 15 de mayo de 2024

Poema del día: "Endecasílabos", de María Gertrudis Hore (España, 1742-1801)

Los dulcísimos metros que tu pluma
hoy me dirige, amada amiga mía,
fueran el refrigerio más gustoso
si admitieran alguno mis fatigas:
la paz, con que el amor y la fortuna
la bella unión coronan a porfía
de tantas bellas almas, que su culto
engrandecen con ver que se dedican,
celebrara, si acaso ser pudiera
que por bien estimara la alegría;
mas yo que la conozco cierto anuncio
de tristezas, pesares y fatigas,
compadezco las almas que engañadas
en su inconstante duración se fían,
y huyendo del contagio que las cerca
me acojo a mi feliz melancolía.

Si esta cede al encanto que le ofrecen
de tu discurso las pinturas vivas,
mil funestos objetos me prevengo
porque conserven las tristezas mías.
¡Qué estado tan feliz! Quien le conoce
no apetece más gustos ni más dichas,
pues libre del temor y la esperanza
es de la nada, y nada le lastima.
El aire brama en fuertes huracanes,
la tierra toda tiembla estremecida,
una escuadra se sorbe el mar airado;
destruye un edificio llama activa.
Perecerá, si perecer le toca,
pero no temblará con cobardía
el sabio corazón que reconoce
que nada pierde con perder la vida.
No reirá cual Heráclito del mundo
vanas perecederas alegrías,
ni cual Demócrito llorará las tristes
funestas consecuencias que las sigan.
Mas como aquel filósofo del Támesis,
huyendo sí, sus engañosas dichas
y los vanos objetos que interpone
para que la verdad se nos resista.
Se entra por los altísimos cipreses
y con el mayor gusto ve y visita
sepulcrales cavernas a quien solo
de la muerte blandones iluminan.
Y leyendo piadosos epitafios
de los pasados, su memoria viva
se complace en tan lúgubre ejercicio
y con cuidado pesa sus cenizas.
Yo exclamaré con él, que aquel imperio
en que la muerte en trono de ruinas
soberana se ostenta a los humanos,
un asilo le ofrece a sus desdichas.
Aquí el alma ha de entrar y aquí es preciso
que el pensamiento siempre se dirija
y para su consuelo, y su remedio
como recreo este paseo admita.
¡Cuán mortal es para el orgullo
y cuán suave a la verdad benigna
de estos cóncavos siempre tenebrosos
el aire que gustoso se respira!
¡Sí, sí divino Young! Contigo entro:
al ver tu ejemplo, mi valor se anima
y de ti acompañado sin recelo
compararé la muerte con la vida.
De aquella el horroroso y triste aspecto
me atreveré a mirar con frente altiva
y en los sepulcros de las almas grandes
las palmas cogeré en tu compañía.
¿Mas dónde voy?... perdona mis discursos,
mi distracción perdona amiga mía,
que del Inglés filósofo la cuarta
noche arrebató mi fantasía.
No, aunque me ves gustosa en mi tristeza,
dejes de condenarla y combatirla;
y no merezco tu piedad, pues necia
huyo el remedio al punto que le indica.
¿Qué tengo desgraciada? ¿Qué me aflige?
No pues ya la costumbre las ha hecho
indiferentes cuasi por continuas.
Es más que te pregunto el corto alivio
que hallaban mis pesares en el día:
era el instante que alternar lograba
contristada mi voz melancolías.
Este corto consuelo, rigurosas
leyes de esta república me presan
por un espacio que cual siglos cuento
aunque los cuenten todos como días.
¡Feliz tú que viviendo en otro mundo
disfrutas la amable compañía
de tus amigas sin que estorbo alguno
incomode lo firme de tu dicha!

María Gertrudis Hore, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).


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