martes, 27 de febrero de 2018

Poema del día: "Lacacon (entre Lacan y Conan)", de Néstor Perlongher (Argentina, 1949-1992)

Notas para un poema teòrico
A Oscar Cesaroto

A la fijeza áspera del claustro (ala: fijeza áspera) opone por abajo lo lianesco del caricioso deslizar entre leopardos aleonados y una capita apenas deshilachada sobre los hombros poderosos, bíceps que estallan... Y Lacan? Lacan can can Adonde espera al héroe con la cabeza depilada? Y se decía que el problema de la complejidad de los sememas se asemejaba al despelote que el franco había en su cabeza, cuca fija contra la puerta del consultorio donde entraba el paciente: y era Conan!

"Traigo la lava cenicienta de los volcanes fríos (glaciales normalmente) de Cimeria, mi método es la espada tronchadora de troncos al degüello del torso en espeluznación de los acalambrados miembros o portátiles nalgas de luchador en el oro de Dior de las ajorcas que simplemente ornan (onaneras) el ancho portentoso de mi bíceps, la sangre es mi elemento, lo elemental sadiano mi fantasma, la fuerza mi serena formosura de gladiador romano anticipado en un tiempo borroso, de múltiples naciones y cloacas, cloacas de la raza donde abrevan, en la lúbrica tabulación sanguinolenta, estriadas sanguijuelas del deseo: como si yo no percibiera cómo soy su deseo.”

Ciego su perro de dos aguas: el agua de Bernal, el agua de Palermo, su bastón de leyenda donde en globo desembarcan los gladios, los godos, los gladiolos. Engolándose cuánto. A la corrida a la aventura, desmelenada y loca, y abundante en desafíos a la vecina muerte, siempre rondando viva la desdentada, prefería, el francés, a la francesa. A la que fue adorada por perverso, en verso del reverso marida y amurada. A lo amarillento del libro de cuentas le otorgaba un esplendor tenaz, aéreo: si la otra era el verso (en sí era el verso) del verso de otra ésta versaba su versar: vertir y divertir con la parola, con el silencio, con el encalle del callazgo.

(Toses!)
(Hazte la tonta!)
Escansiones físicas para ritmar lo que no se decía por decir.

El héroe, edulcorado, por la mirada que todo lo mea, lambe o unta: sus muslos, sus nacarados muslos, el musgo de sus músculos lustrosos como marlo en el dorado recoger, ser cogido, el choclo, por el marlo. Maravillas del marlo adivinadas tras la cota de malla que tenue y sensualmente (una ductilidad casi inconsútil) le recubría los rebrillos lenticulares de la piel, erecta como un pomo ante el venablo. Flecha la de su espada que al cavarnos ceñía a la mirada interna la ilusión de un mancebo luchador e implacable.

Físicas: se ritmaba lo que no se le daba por decir

"Qué faltaba al atleta? Un espejuelo.
Qué le faltaba al pelo? Una peineta.
Qué le faltaba al ano? Un anillito.
A lo que falta por faltar faltase que le digamos qué le falta. Acaso.

Néstor Perlongher en El chorreo de las iluminaciones (1992), incluido en Rivales dorados (Antología) (Varasek Ediciones, Madrid, 2015, ed. de Roberto Echavarren).

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