lunes, 12 de junio de 2017

Poema del día: "Punctum 19", de Martín Gambarotta (Argentina, 1968)

Esto se dijo antes (ya)
se dijo, incluso, en canciones pop;
que la noche hace crash se dijo
antes, está dicho desde antes,
se dijo que el animal sedado
daba vueltas por la casa y antes
se dijo que no había nervios trastocados
en el organismo ansioso, que la carne
sin nervios molesta se dijo
y también se dijo que no hay
que saltar en la cama
y aparte se dijo esto
y del lugar en que se dijo
está sacado esto: no puedo leer.
El párrafo que empiezo y rempiezo
se detiene, me trabo al llegar a la primera e.
La primera e es el cabeza rapada partidor-
de guías-de-teléfono que me hace no seguir leyendo.
Por el cabeza rapada tatuador-de-esvásticas
entiendo todo lo aprendido hasta ahora
y que no sirve.
Antes de aniquilar
este párrafo es inútil,
estéril además, en esta tierra negra,
seguir con toro párrafo
donde la traba para leer
sería, por ejemplo, una coma.
Las palabras en el libro no significan nada,
al leerlas están cargadas de electricidad, saltan de la hoja
pero no quieren decir nada. A esto trato de solucionarlo
tomando algo, poniéndome gotas para los ojos,
que obnubilan la vista,
dejan la visión acuosa. Con una gota
de medicamento en el ojo
se ven colores no formas, al colocar
siguiendo las indicaciones en el prospecto
una gota en el lagrimal, que vendría a ser
la esquina del ojo
si se toma al ojo por un triángulo acostado
veo colores y no formas,
eso mismo que dije antes y anteriormente
se habrá, creo, dicho muchas veces antes (ya).
Parpadeo, los cierro para que sequen,
para que los ojos en sangre vuelvan a blanco,
esperando que el movimiento líquido que veo,
los manchones negros, cubos blancos
y lo que parece ser un pez gordo
nadando sin sombra en el fondo del mar
vuelvan a ser los que en realidad, son:
un ovejero atado a un lavarropas.

.....

Mamadera para los dioses
y carbón para asar el siglo
cobarde, la piedra negra,
la mano de piedra
negra que atrapa el relámpago,
alambre iluminado que
se transmuta en flecha de cobre
y no hace falta espicificar,
digo piedra: forma estéril
ahí entre las viejas del agua disecadas,
los caracoles disecados, las uvas
resecas, las hojas disecadas,
la cáscara de durazno disecada
y la cáscara de esa cáscara disecada.
Eso forma parte de su dieta
a base de calabaza y jugos diluibles.
Todo en un tercero D alquilado
lejos del dodge verde metal de papá
donde fumaba por la tarde.
Una viuda de 24 años
contemplando su cráneo de yeso
en la biblioteca de mimbre.
Hielo charla con La Drogona de Palermo
que pasó a pedirle un cospel.
“Dale,” dice Hielo, “ponéte tu remera
del Mono andando en Mula,
quememos estos libros
y salgamos a ver la lucha de clases
en los copetines de la tarde, a los que se creen
albañiles por levantar cuatro bolsas, a pedirle plata
a tu novio que tiene llavero de la CNN,
el que paga 10 dólares por un sandwich
y después siente inconvenientes en la panza
o al otro punto aquel que tenés
el que trae jugadores de
la Federación Boliviana de Fútbol.
Después podemos ir en taxi a bailar
a ese galpón que pusieron por discoteca
al ritmo machaque de esa chatarra
cibernética de tercera mano que ponen.
Eso si te dejan entrar y no te dicen
‘zafá pardita’ en la entrada
y tenemos que ir a buscar
a la novia de Iggy
para que mueva el culo
enfundado en lycra
y nos haga pasar.”

.....

La sangre: pacificada
más suero, en realidad, que sangre.
Suero pacífico por sangre
igual a sangre pacificada;
sangre con suero que anula
la sangre real. Las vías
respiratorias: pacificadas;
los peces: pacificados; los huesos occipitales,
también, pacificados. El cemento duro,
que por definición es duro, de las edificaciones
del estado: pacificado. Pacificada, además,
la pupila dilatada a causa
de una gota para los ojos.
El parpadeo en el sopor
ayuda al proceso de pacificación
general del cuerpo. Los pulmones:
pacíficos. Agua y arena para hacer cemento:
pacificados, los músculos de la cara:
pacificados. Las fundiciones de acero:
pacificadas; los altos hornos zapla:
pacificados; en paz descansan las perforadoras
con mecha especial para talar piedra,
las soldadoras eléctricas, las pulidoras de metal
y otras herramientas.

Martín Gambarotta en Punctum (1996), incluido en Penúltimos 33 poetas de Argentina  (UNAM, México, 2014, selec. de   Ezequiel Zaidenwerg).

Otros poemas de Martín Gambarotta
No es que quieran que dejes de rotar en una silla giratoria a una velocidad...Punctum (19), Un cuerpo reacciona cuando algo lo infecta...

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