jueves, 16 de febrero de 2017

Poema del día: "En el cementerio de Lemnhult", de Hjalmar Gullberg (Suecia, 1894-1963)

Aquí yace el campesino Johan Magnusson
constructor de veintitrés órganos en la diócesis de Växjö.
En vida encontraba la suprema calma junto al torrente del molino
en las tardes de verano. Alababa la naturaleza
en versos rimados, un modesto alumno
del Señor Obispo. También sabía hacer colores
y a consecuencia de una humilde propuesta de esta parroquia
recibió una medalla real por su pintura de cuadros.
Había aprendido de Hörberg y de su amigo Marcus Larsson,
el incomparable pintor de los cantarines torrentes,
y muchos sostienen que en la iglesia de Skirö
su retablo, hoy trasladado, supera ampliamente
al nuevo, pintado por la esposa del párroco.

Nacidas para el trabajo cotidiano en bosques y campos
las manos de un campesino— ¿por qué fueron elegidas?
¿Quién investiga por qué fueron elegidas?
Cuando el tono del cielo necesitó nuevos instrumentos
para sonar con mayor limpieza y volumen en Småland
se confió la tarea a este Johan Magnusson.
Es él quien descubrió el armonio para los salmos
en el que se interpretaron gran cantidad de melodías cristianas
en las escuelas en pro de la piedad de los niños,
y cada año en la plaza de Växjö durante la feria de Sigfrid
había un peón vendiendo sus cajas de música.
Pero en la plenitud de su vida, a los cuarenta y dos años,
el autodidacta terminó uno de sus instrumentos más grandes
del que él, un poeta, solía decir:
El órgano puede decirle al corazón lo que no consiguen las palabras.—
Y Johann Sebastian Bach hizo su entrada en Kråksmåla.

Aquí en Lemnhult realizó su última obra.
Cartas anónimas de lectores al diario Triaden
habían exigido que el zapatero se dedicase a sus zapatos;
pero esa frase, por cierto, le va mejor a un constructor de órganos
que dice que la obra alaba al maestro.
Durante el curso del trabajo mejoró el proveedor
con imaginativos inventos sus creaciones,
y el organista de la Catedral escribió tras una inspección
que el arte de sus manos era más que oficio para ganarse la vida.
Tan pronto como el patrón en su cuarto de trabajo
entonaba Fúgala, Principal, Fleur d'amour,
tenían que suspenderse todos los trabajos en la finca Nässja
—nada debía molestarlo excepto el canto del torrente.
A la larga eso no fue bueno para la agricultura.
El que construye un órgano para gloria de Dios
deja que sus campos se arruinen.

En diócesis extrañas
encontraron sustento los sucesores del polifacético campesino.
De sus órganos se conservan algunos
después de cien años. Uno suena en mí.

Hjalmar Gullberg en Dödsmask, och lustgárd (1952), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

Otros poemas de Hjalmar Gullberg
Yo creía en un dios

2 comentarios:

  1. Una voz muy original, no lo conocía.
    "El que construye un órgano para gloria de Dios
    deja que sus campos se arruinen"."Uno suena en mí." Me encantó.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te gustase. No sé si habrá mucho más traducido de este poeta. En el blog hay otro poema y dentro de unos días subiremos otro.

      Eliminar

Tomo la palabra: