miércoles, 8 de junio de 2016

Poema del día: "Clara Eugenie", de Olaf Bull (Noruega, 1883-1933)

Y el pastor levantó su blanca mano,
y dejó deslizarse con melancolía
una ola de agua bendita sobre el pelo de la niña.
«¡Te bautizo con el nombre de Clara Eugenie!»
Pero en la mirada de la madre había lágrimas
que bautizaban a esta promesa de vida
con mayor solemnidad que la que le da fuerzas al pastor
para su labor junto a la pila bautismal de mármol.

                                 * * *

La segunda vez que el pastor levantó la mano,
la pequeña Clara Eugenie iba de blanco— — —
y sus palabras nítidas de chica joven
volaron tímidas y puras por el coro de la iglesia.
Y la madre soñaba, con la sien vuelta
hacia el arco del frío muro de la iglesia,
en algo lejano y luminoso que antes había ocurrido
en años sonrientes, en una naturaleza verde— —
Como si ella, joven y vestida de blanco, pasase
delante de su propia hija, Clara Eugenie,
para luego seguir su camino junto al río del prado,
sola, hacia un mar lejano y desconocido— —
En ese instante el sol penetró en la iglesia, resplandeciente,
y la Madre susurró, temblorosa y con pesar:
«Perdóname, hija, si fue egoísmo,
que tú fueses joven, porque yo misma fui joven.»

                                 * * *

Y el pastor levantó por última vez
su blanca mano con palabras firmes, puras—
pero lo que fluía hacia el suelo oscuro
no era agua bendita, sino tierra bendita!
Y la madre temblaba como un animal, sufría
al oír caer la tierra, puñado tras puñado—
pero desde lo lejos, dos metros debajo del parterre
se levantó la voz de la tierra, temblorosa y entrecortada:
«¡Clara Eugenie, hija mía
regresaste por fin a la gran totalidad!
Florece en la oculta primavera,
en las verdes praderas, en árboles
y nubes felices, en el limpio azul del cielo,
en formas más eternas para tus queridos— — —!»

Olaf Bull en Nye digte (1913), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).

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La piedra

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