miércoles, 29 de mayo de 2013

Poema del día: "En 1871", de René Char (Francia, 1907-1988)

Arthur Rimbaud brota en 1871 de un mundo en agonía, que ig­nora su agonía y se mistifica, pues se obstina en adornar su cre­púsculo con tonos aurorales de la edad de oro. El progreso material está actuando ya como niebla y como auxiliar del monstruoso arie­te que, cuarenta años más tarde, emprenderá la destrucción de las orgullosas torres de la civilización occidental.

   El romanticismo se ha adormecido y sueña en voz alta; Baudelaire, el íntegro Baudelaire, acaba de morir después de haber gemi­do, él sí, con dolor verdadero; Nerval se ha matado; se ignora el nombre de Hölderlin; Nietzsche se prepara, pero cada día volverá un poco más despedazado de sus sublimes ascensiones (Hugo, el deshollinador siniestro, borracho de genio tanto como de humo, estará mañana masivamente frío como un planeta de hollín); de re­pente los gritos de la tierra, el color del cielo, la línea de los pasos, se modifican, aunque paradójicamente las naciones se inflan, y los océanos están surcados por los hombres-tiburón que Sade predijo y que Lautréamont está describiendo.
   El niño de Charleville se dirige a pie hacia París. Contemporá­neo de la Comuna, y sometido a parecidas represalias, perfora como una bala, de un extremo al otro, el horizonte de la poesía y la sensibilidad. Ve, relata y desaparece, después de cuatro años de existencia, en brazos de una Pitia que no es sino el Minotauro. Pero al abdicar del uso de la palabra no hará otra cosa que variar de lu­gar mental, cambiando el tornado de su genio por el camino del dios caído.
   Nada le faltó a Rimbaud, probablemente nada. Hasta la última gota de sangre aullada, y hasta la sal del esplendor.
1951

René Char en Indagación de la base y de la cima (1952-1960) (Ediciones Árdora, Madrid, 1999, trad. de Jorge Riechmann).

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