sábado, 18 de junio de 2011

Poema del día: "La hija vertiginosa II", de Humberto Díaz Casanueva (Chile, 1906-1992)

Furiosa espuma da la negra piel
donde he borrado el sagrado color de un mundo
confiado a mi mandato
Sucede que lo macerado por el llanto no ha sido del todo consumido sino más bien sostiene
esa mirada en que lo visto es más que lo soñado?
Sirve para algo la luz petrificada?
Veo cabellera en forma de cola de un gran pájaro celeste
Manos y pies quebradizos como unidos por la nieve
Dulces pechos abotonados a la tierra
Mi propia carne fue la víspera del ángel?
La zancadilla de mis huesos
formó este arco excelso?
Entonces
La gracia es más honda cuando asida huye y más profética cuando aparece como si realmente
          nada significara?
La estatua de sal los ojos derramaron sobre la ciudad dormida
Miren, miren lo que sólo mirando dura
Una hoja eleva a la montaña
Una antorcha al mar obscuro
Una niña niña
agrega más bronce al mundo más carne al alma
más canto a la boca cosida de un flechazo
arroja arroz arroz sobre interminables mesas negras en que mis codos se entierran
Oh pies manando leche a través de las espinas!
Oh cuerpo como una esbelta tienda flotante para
los hijos del desierto y que entreabre la mano de
la bestia que busca mirar
santísima!

Humberto Díaz Casanueva en La hija vertiginosa (1954), incluido en Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea 1914-1970 (Alianza Editorial, Madrid, 1971, selecc. de José Olivio Jiménez).

Otros poemas de Humberto Díaz Casanueva
La hija vertiginosa (II), La intolerable unión de los despojosLa visiónLos penitenciales (fragmento), Réquiem (IIX),

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