y nosotros, perdiendo las horas de otra noche.
Viendo cómo la luna marchaba hacia el abismo sin que tú hubieras vuelto.
Aún contigo perdido, como tantos deseos.
Y todos tristemente nos fijábamos en tu silla vacía,
que a gritos preguntaba por aquel visitante que aún no había vuelto.
Y es que yo no sabía que, al marchar con los años,
tu sombra quedaría en cada frase, sobre cada palabra.
En cada recoveco de la idea, sobre cada pendiente.
Que estarías más presente que todos los demás,
que mil visitantes al instante perdidos
en la intensa marea palpitante por ese visitante que aún no había vuelto.
¡Ah, si hubieras llegado!... Nos habríamos sentado con los otros
y charlado con ellos, con los grupos de amigos.
Y como uno de tantos hubieras parecido...
Mas la tarde pasaba, y seguíamos mirando con ojos asombrados,
preguntando a las sillas por todos los ausentes en la tarde.
Gritando que, entre ellos, estaba el visitante que aún no había vuelto.
Y si un día llegaras —aunque ya no lo quiera—,
el viento coloreado del vacío secaría mis recuerdos.
Mi fantasía sería como ala partida, y tristes mis canciones.
Dejaría en las manos, hecha trozos, mi inocente esperanza,
y tú comprenderías que te amo como un sueño.
Que aunque hubieras llegado en carne y hueso,
yo seguiría soñando con ese visitante que aún no había vuelto.
Nazik al-Malaika, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).
Otros poemas de Nazik al-Malaika

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tomo la palabra: