La nieve ya no acudía a las manos de los niños. Se amontonaba y paría sobre nuestro nórdico rostro de confines. En esa noche cada vez más exigua no distinguíamos quién estaba naciendo. Por qué entonces esta repetición: somos una chispa de origen desconocido que incendiamos cada vez más adelante. ¿Oímos los estertores y gritos de este fuego, en el instante de consumirnos? Nada, salvo que sufríamos, tanto que el vasto silencio se rompía en su centro.
René Char en Aromas cazadores (1972-1975), incluido en Poesía esencial (Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores, Barcelona, 2005, ed. y trad. de Jorge Riechmann).
Otros poemas y artículos sobre René Char
Anukis y después Jeannes, Devolvedles lo que ya no está presente..., Hojas de Hipnos (37, 53, 61, 120, 141), Lápiz del prisionero, Licencia para el viento, Los inventores, Partición formal (XLVI, XLVIII), Tarjeta del 8 de noviembre
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envolvente, que te hace pensar en ti mismo,
ResponderEliminarmuy bueno,
saludos
Char, siempre tan envolvente y cálido.
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