Dime que sí, y cojeré todos mis frutos, y te los llevaré en canastos llenos, a tu patio, aunque algunos se han pasado y otros están verdes aún; porque le pesa ya mucho su carga a la estación, y la flauta del pastor se queja ya en la sombra.
El viento inquieto de marzo irrita, fastidioso, la onda lánguida con su murmullo; el jardín ha rendido todo su don; y en el cansado anochecer, tu llamada viene de tu casa, por el sol poniente de la ribera. ¡Dime que sí, y daré mi vela al viento del río!
Rabindranath Tagore en La cosecha (Alianza Editorial, Madrid, 1984, trad. de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez).
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