Que tus manos no vuelvan a cerrarse
ni vuelvan tus palabras al silencio,
no borres otra vez el paraíso
de mi frente, paloma de tus hombros.
Que tu luz sea en mí. Que mis alas se plieguen
y olviden el cansancio estéril de su vuelo,
que tus brazos se curven para anularme toda
en el trance infinito de un sueño sin mañana.
Quiero ser en tu ruta el manantial eterno
al que se vuelve siempre de todas las fatigas.
Por mucho que te alejes, hasta el bosque más virgen
te llevaré mi agua.
¡Bébeme pronto! Agota entre tus labios
mi linfa humilde y pura.
Aunque me quede exhausta, brotaré nuevamente
de la primera roca.
Sé la luz de mi noche y yo seré el regato
que aliviará tu fiebre de caminante herido.
No disperses tu llama entre frágiles sombras
mientras fluyo hacia ti
sin apagar la sed que agosta mis orillas.
Ernestina de Champourcín en Cántico inútil (1936), incluido en Cántico inútil (y otros) (Centro cultural de la Generación del 27, Málaga, 1997, ed. de Milagros Arizmendi).
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la mujer que es "descanso del guerrero" y además recibe el amor de un hombre y lo da...siempre buscando esto...todos...
ResponderSuprimirMe gusta el juego entre lo religioso y lo profano.
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