de los mares fríos, que deja el Báltico
para unirse a nuestros mares,
a nuestros estuarios, a los ríos
que medra en lo profundo, bajo la inundación contraria.
De brazo en brazo y después
de cabello en cabello, sutilizada,
siempre más adentro, siempre más en el corazón
del pedrusco, filtrando
entre regueras de lodo, hasta que un día
una luz desecada de los castaños
enciende el meneo en pozos de agua muerta,
en las fosas que entrelazan
los saltos del Apenino con la Romaña;
la anguila, antorcha, látigo,
flechada de Amor en tierra
que sólo nuestros barrancos y los desecados
arroyos pirenaicos conducen
al paraíso de la fecundación;
el alma verde que busca
vida donde sólo
muerde la sequedad y la desolación,
la centella que dice
todo empieza cuando todo parece
carbonizarse, tocón enterrado,
el iris breve empareja
con aquella que engasta en medio de las cejas
y hace brillar intacta en medio de los hijos
del hombre, inmersos en tu fango, ¿luego tu
no considerarla hermana?
Eugenio Montale, incluido en Faunética. Antología poética zoológica panamericana y europea (Instituto Caro y Cuervo, Santa Fe de Bogotá, 1999, selec. de Víctor Manuel Patiño, trad. de Mauro Armiño).
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