sábado, 7 de abril de 2018

Poema del día: "Responso 2", de Tedi López Mills (México, 1959)

                                              Hemos bebido, Señor,
                                              La sangre y la imagen que estaba en la sangre, Señor.
                                              Escucha, Señor,
                                              Estamos cerca.
                                                                          Paul Celan

El sueño templado, conciso del cadáver
fermentó en el orbe íntimo de tu blanco espíritu.
No cualquier muerto despide tal deleite por el vacío
que poco a poco va calcando en el aire su propio cuerpo;
en ninguno es tan paulatino el derrumbe,
lento y hermoso el dolor, sublime la corrupción.

Cuán desvencijada tu inmortalidad
toda piadosa a la luz del día
aunque sin misterio su alquilada osamenta
y, peor, sin sustancia.
Pero en ese insólito cráneo,
entre las volutas gris-perla de aquella inteligencia
había ya florecido el universo entero.
Adentro, muy adentro, a tus aguas viejas, nubladas,
aguas que calaron nuestra fe, nuestro destino,
les arrancamos con la sola mirada
el magro fantasma de un origen
y supimos que tal fruición de ondas anunciaba el fin.
Dentro, muy adentro, la oreja en tu tierra,
escuchamos los pasos del cielo,
la impaciencia del número en cada huella.
Y la música extraña de tu templo invisible
tañó con tristeza nuestra piel frágil, reciente
y el polvo —nuestro polvo—
lloraba por las figuras que aún veía en sus ruinas.

Dentro de ti,
en el fondo de tu voz,
garganta oscura del silencio,
formas del alba renacieron,
treparon como anfibios
por el hondo abismo
hacia el goce del pronunciamiento
de siglos y siglos en los labios
que convirtió el amor —nuestro amor—
en la liturgia del aire.

Padre,
tu cuerpo en nuestras manos
se hizo profecía,
y tu alma,
trozos de tu alma como alabastro quebrado
herían nuestros dedos,
y el esfuerzo del bálsamo
con que ungimos las heridas
unió tus fragmentos en un solo aroma.
Y el afán justiciero de la sombra
bendijo tu ausencia,
cubrió tu lamento amargo con su frescura
y bebimos tu sombra,
pusimos nuestra boca en la boca de su tiniebla
y preguntamos: ¿cuál es tu lección,
cómo debemos vivir?

Calcaron tus huesos un paisaje
sin el gesto de la sangre.
Ya no:
ni la dicción del dolor.

Tedi López Mills en Cinco estaciones (1989), incluido en Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy (Ediciones Bruguera, Barcelona, 2007, ed. de Mario Campaña).

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