miércoles, 1 de octubre de 2014

Poema del día: "A Li Chien", de Bai Juyi (China, 772-846)

En los primeros tiempos
            para encauzar el curso de mi vida,
directamente acudí
            a Chuang Tzu, capítulo primero.
Pero en los últimos años
            el espíritu es mi preocupación;
me convertí a la Dhyana
            de la Escuela del Sur.
Exteriormente, acepto
            el mundo tal como es;
íntimamente, supero las limitaciones
            que imponen los sentidos.
Afuera, no siento aversión
            ni por la aldea ni por la Corte;
en mi casa, no necesito
            la compañía de nadie.
Desde que aprendí este arte,
            adondequiera que vaya
mi mente está en sosiego
            y no necesito
de flexiones ni estiramientos
            para el bienestar de mis miembros;
ni de ríos ni de lagos
            para calmar mis pensamientos.
Si tengo propensión al vino,
            algunas veces bebo;
si no tengo nada que hacer
            me siento reposadamente,
silencioso y tranquilo
            hasta muy tarde
y al siguiente día, duermo profundamente
            hasta que el sol está muy alto.
No me causan nostalgia, en otoño,
            las noches largas;
no me lamento en primavera
            por los días que pasan.
Enseñé a mi cuerpo a olvidar
            si es joven o viejo,
y a mi alma, que aprecie igual
            la vida que la muerte.
En la conversación que sostuvimos
            ayer, cuando te vi,
diste a mis pensamientos
            lo que llaman «corazón y médula»,
Porque también mi Camino es
            como lo «inexpresable».
Y a no ser por ti, jamás
            lo hubiese explicado con palabras.

Bai Juyi,  incluido en Poetas chinos de la dinastía Tang (618-907) (Visor Libros, Madrid, 2000, selec. y trad. de C. G. Moral).

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