jueves, 14 de agosto de 2014

Poema del día: "Domingo en Puebla", de Michael Hofmann (Gran Bretaña nacido en Alemania, 1957)

dies amara valde

Vi el mismo rostro
en el sangrante Cristo de Jerusalén de la Catedral de Puebla,
en el "Mártir de la Revolución", Aquiles Serdán,
y en el estudiante de derecho Gumaro Amaro Ramírez.

El Cristo yacía en un féretro de cristal como Lenin.
Tenía más de las cinco heridas normales,
tenía todas las contusiones y raspones que resultan de ser crucificado.

— Debía ser la obra de un artista policía.

En 1910, la policía sitió la casa de Serdán
(hoy en día Museo Original de la Revolución Mexicana).
Fue una lenta noche,
se mantuvo oculto durante dieciocho horas debajo de las duelas

había la impecable trampilla, salida del Doctor Faustus o de Don Giovanni
y cuando por fin apareció, gritando "¡no disparen!"
una bala le atravesó la tráquea
y otra le dislocó la tapa de los sesos.

Gumaro aparecía en una foto de tamaño natural
en un tabloide a colores,
pero tenía la piel blanca, y la sangre casi negra.
Se decía que el gobernador pidió que lo mataran.

Me sobrevino una espantosa indiferencia
en la sala llena de tricolores mexicanas
— la misma águila en el mismo nopal comiéndose al mismo gusano-
y en la sala de viejos billetes de banco ligeramente heréticos,

en la sala con devotas pinturas en acrílico de artistas modernos que representan el sitio,
en la sala de fotografías del desfile de 1931,
y en la galería con retratos de los gobernadores de Puebla,
y en la otra con los presidentes de México.

Y también después,
cuando los cristianos atestaban la iglesia
en el sitio donde Cortés sacrificó a los aztecas
en sus propios altares.

Cristianos en pants,
cristianos meciéndose en horarios flexibles,
cristianos bajándose de sus bicicletas de carreras en shorts negros largos y apretados,
cristianos llevando portafolios puertorriqueños de 40 vatios...

El sol brilló todo ese día como lo hacía casi siempre,
se veía que los jóvenes mexicanos se querían entre sí,
y unos puntiagudos crisantemos rojos empezaban a aparecer
en los antes desnudos colorines.

Michael Hofmann en Corona, Corona (1993), incluido en La generación del cordero. Antología de la poesía actual en las Islas Británicas (Trilce Ediciones, México, 2000, selec. y trad. de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano).

4 comentarios:

  1. Interesante la forma de decir el poema, amigo. Gracias por presentárnoslo.

    Abrazos

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    1. Si, parece uno de esos retablos plegables con tres imágenes religiosas. Un abrazo.

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  2. Imágenes logradas con la sabiduría del poeta que tiene claro el sentimiento: Somos continuidad de historia, arte continuo con nombres y apellidos que se convierten en "palabra" cuando significamos para otros. Felicitaciones!

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    1. Si, la vida hecha palabra en una continuación histórica de imágenes. Una joyita.

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