miércoles, 30 de septiembre de 2009

Poema del día: "Cerco de la avaricia (Fábula del avaro ciego)", de Victoriano Crémer (España, 1906-2009)

Se llamaba Ventura, o Don Ventura.
Tenía tratamiento de Excelencia
porque en lejanos tiempos de jaimistas
e isabelinos liberales
fue hombre público
con cargo a alguna hueste palaciega.

Si tendía el recuerdo sobre el agua
de la historia vivida, contemplaba
personajes barbados
de apostura evangélica
y espadones tremendos
como rayos de Marte.

Con cien años cumplidos, todavía
conservaba al alcance de la mano indecisa
la suave pluma de ave
de las rancias sentencias
y un libro de aforismos.
La mirada
vacía contemplaba un mundo muerto,
y el ruido más sumiso le encrespaba
moviendo el rostro-girasol
hacia el sonido.

Vivía solo, viudo y convencido
en una casa enorme,
con patio, pozo y parra
y una vieja sirvienta
muy devota y muy triste
que consumió la vida
esperando su muerte.

Acabó una mañana
de lluvia y resonancias,
sentado en su sillón de cuero, solo
con su siglo de nada en las pupilas
con sus viejas monedas en las manos.

*

Salía de mañana de su matriz de oro,
a la hora precisa del parto de la luz,
cuando las lomas son como campanas
y exhalan bronces de silencio.

Empañados los ojos por la vigilia,
tanteaba paredes, recomponiendo el ámbito
de las cosas, tropezando en algún imprevisto
accidente de la casa o con su sombra.

Y en tanto que avanzaba, la claridad del oro
fogueaba su sangre.
Sentía los caudales
amonedados sonar entre los huesos
esparciendo sus músicas.

Acaso, en la ventana ensayaba sus trinos
el pájaro del alba y en la profunda calle
comenzaba a escucharse el hombre y sus navíos
hacia el pan del vivir de cada día.

*

-"Miserable encomienda la del hombre:
yacer, soñar, vivir en soledad, acaso amar
como un relámpago de cólera y morirse
solo, porque el humano solo viene a este mundo
y en soledad acaba.

En tanto, lucha y se desproporciona
mintiéndose un gigante, un monte, una explosión.
Y mata. Y gime sobre sus muertos como un perro
arrastrando el collar junto a las tumbas.

Sólo el oro permanece. Fiel amigo
de quien lo guarda y cuenta, acariciando
sus gastadas efigies, penetrando
en sus recónditos misterios.

Morir de oro es como morir de amor, pero más puro
el sentimiento. Más trágica la pérdida.
Quien sufre de la ausencia de la amada
busca otro pecho amante y se consuela.

Más nada restituye la pérdida del oro, sino el oro,
punzante paraíso cuyos gozos
cantan monedas-río figurando
deleitosos jardines de metálico enjambre, que no rosas".

*

La noche respetaba la ardiente transparencia.
Cuando el hombre de abajo, el de la calle,
consumía sus últimas sustancias, el avaro
oficiaba su misa, apretaba los párpados
como un cofre, dolorido del peso
del oro contenido, temeroso
de que un amor o un sueño le arrebate
el oro acumulado, el oro...

Victoriano Crémer en Los cercos (1976), incluido en Poesía (1972-1984) (CSIC, Madrid, 1984).

Otros poemas de Victoriano Crémer
Brujas del cementerioCanto total a España 3Cerco de la avaricia (Fábula del avaro ciego)Hombre cualquieraJosé, ObispoLa hombredad en el viento

4 comentarios:

  1. Y yo que iba a escribir justo ahora sobre la "Avaricia"...

    Lo leeré de nuevo.
    :) Reina

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  2. No todo está escrito, porque en cada persona siempre es nuevo. Pero que sobre todo se ha escrito, eso fijo, jajaja. Venga, a escribir.

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  3. ¡Aún queda poesía descriptiva!, aquella extensa del siglo XVII que desgranaba un biotipo a lo largo de muchos versos, ahora la poesía se a acortado, se ha hecho casi exclusivamente lírica, la prosa le ha ganado la batalla a este tipo de poesía.

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  4. Poesía descriptiva. Nunca se me había ocurrido, ¿a ver si va a ser eso lo que estoy haciendo yo?, jajaja.

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