miércoles, 13 de agosto de 2008

'Un libro para leer a escondidas', reseña del libro 'Sabia vida savia', de Daniela Gulielmetti y María Gabriela Lovera


El acontecimiento puede ser así: uno está en una librería, y mientras espera en la fila de la caja, o espera a que el marido, la mujer, los niños o cualquier otro acompañante digan que ya nos vamos, o a que pase la lluvia para irse, uno coge el libro, éste, ya sea por bonito, porque el título está raro, porque tiene una mano desocupada, por el pajarito con la tuerca en el pico que sale en la portada, porque está rápido de hojear o por la lluvia misma, y se pone a hojearlo, y ve el precio, y vuelve a hojearlo; y lo deja; y se va. Pero el libro no lo deja a uno porque hay algo en él que indica que hay que leerlo como a escondidas, como cuando uno se divierte con sus secretos, y comprobará mientras lo lea/vea que no hay que prestárselo más que a los que se les prestan los secretos.


La escritora María Gabriela Lovera (Venezuela, 1972) y la ilustradora Daniela Guglielmetti (Chile, 1973) acaban de publicar en Ediciones Amargord Sabia vida savia, una obra con un subtítulo intrigante: Manual de irrealismo pragmático. En él reúnen textos e ilustraciones en un libro poco común dirigido a todo público.
El tema, sostienen las autoras, podría resumirse en la siguiente frase: la capitalización de la melancolía. Poesía e ilustración se entrelazan en un viaje onírico y simbólico a través de la fantasía.


Sabia vida savia consta de una primera parte con doce escritos acompañados de imágenes, y una segunda con un glosario ilustrado que reúne treinta términos relacionados con elementos recurrentes en las ilustraciones. Por ejemplo, el mono: antropomorfo más cercano al árbol que al hombre; la casa: intimidad al cuadrado; o el pez: músculo del agua.


Pablo Fernández Christlieb apunta en el prólogo que puede que sea un libro de niños para adultos, o puede que sea un libro de sueños para la vida diaria pues, a lo mejor, es lo mismo. “En todo caso, no se trata de esa pequeña tontería de superación personal de volver a la infancia cuando se está crecidito, sino más bien de ir hacia esa niñez que está después de la edad adulta”.


En este sentido busca rescatar la emoción viva y desprovista de juicios de la infancia que todos los adultos guardamos en algún lugar de nuestro fuero interno, afirman Lovera y Gulielmetti. Se trata, pues, de un libro curioso para leer a escondidas, en secreto, justo antes de dormir. Una lectura estimulante para jóvenes y adultos por igual.


Este manual no tiene sentido/ en el sentido estricto de la palabra,/ mas sí en el sentido relajado de la misma./ Lo escrito se cuela por los bordes del libro/ hasta tu regazo, para que acaricies/ la tarde que dormita en su lomo”.


No es un texto de prisas, se toma su tiempo a sorbos directamente de una clepsidra. Es éste el sugerente arranque de Sabia vida savia que no tiene índice, ni páginas numeradas porque no se puede cerrar así como así, sino que hay que volver a abrirlo para comprobar que nada se escapó. Este libro elige al lector, quien sabe en qué momento lo empezó pero nunca cuándo lo va a acabar.


La historia de Sabia vida savia contada paso a paso


María Gabriela y Daniela se calzan unos patines y se recorren arriba y abajo el Paseo de Coches del Retiro durante la Feria del Libro de Madrid. Es muy posible que cualquier lector haya recibido personalmente de ellas la publicidad de Sabia vida savia y que haya hojeado el libro en la caseta 178 de Amargord. Han permanecido allí durante todo el certamen porque creen en su Manual de irrealismo práctico y se lo cuentan a todo el mundo que esté dispuesto a detenerse. Abren todos los frentes: librerías, distribuidores, editor, merchandising, promoción para mostrar su primera obra hecha realidad.


En su blog (www.sabiavidasavia.blogspot.com), actualizado día a día, con el inconveniente de Blogger, por el cual la cronología empieza del revés, relatan cómo surgió el germen del libro, allá por el año 2005, cuando Gabriela Lovera decide hacer un collage con textos seudopoéticos y dedicarlo a una amiga en crisis existencial.


¿Qué fue primero, el dibujo o el texto? Primero fue el collage, luego el texto, luego los dibujos, luego un nuevo texto, luego el libro. Los textos encontraron imágenes en un pub irlandés de Madrid. Hablamos ya del año 2006. Fue en ‘The Three Blind Mice’ donde una de las autoras, Gabriela, mostró a la otra, Daniela, el librillo original. La segunda se entusiasmó al instante y dio impulso a algo que apenas era.


La conexión se produjo en París, en agosto de 2007, gracias a un amigo que les prestó un apartamento durante un mes. Allí lograron compaginar una disciplina de trabajo efectiva con paseos por la Ciudad de la Luz. Salieron dibujos, maquetas, textos nuevos y enriquecidos. También el título. Las autoras querían que éste recogiese esa sensación de misterio, clave y belleza que posee la inscripción del tapiz. Después de mucho jugar con las palabras, dieron con la clave: Sabia vida savia. Detrás de él se escondían ideas latentes como: “Es sabio fluir con la vida” o “La sabiduría es fluido vital”.


Pero hacía falta mantener el humor, los textos se habían tornado serios, casi adultos. Fue entonces cuando la ilustradora propuso la idea de hacer un glosario de términos referentes a todos los elementos que aparecían en los dibujos. Algo fresco y lúdico. Treinta definiciones caprichosas que luego serían ilustradas.


De nuevo en Madrid, había que consolidar el proyecto. Se hacía necesario un prólogo de alguien interesante y una editorial que se arriesgase a publicar un libro difícil de catalogar. El trabajo de ilustración aún no estaba terminado, faltaba dar color, entre otras cosas, y fue para noviembre que surgieron los primeros bocetos por ordenador con tonos acuosos, inspirados en las texturas de la acuarela y en los grabados japoneses del mundo flotante (Ukiyo-e).


¿Quién podría editar un libro que no es para niños, pero que se comporta como tal? ¿Cómo catalogarlo: ilustración, poesía, autoayuda, regalo? ¿A quién acudir? Hicieron un listado de más de veinte editoriales y teclado en mano escribieron a diestra y siniestra. Hubo respuestas. Casi todas negativas en cuanto a la publicación, positivas en cuanto a la visión del libro como un producto original, bello, complejo, inspirador... Chema de la Quintana , de la Editorial Amargord, dio el sí a las autoras. Habría de comenzar un matrimonio editorial.


Después llegó el proceso lógico del libro: maquetación, pruebas, revisiones e impresión para empezar su distribución y su puesta de largo en la Feria del Libro de Madrid, en la caseta de la editorial. Ahora tocaba el turno de firmar y de ver como Sabia vida savia se independizaba de ellas para recorrer camino a solas con los lectores.

Por cierto ésta es su definición de libro en su glosario: papeles que se juntan para dejarse impresionar por las palabras. En el caso de Sabia vida savia seguro que es así.


Daniela Gulielmetti (Chile, 1973). Técnico superior en Ilustración (Instituto de Diseño de Caracas); licenciada en Artes Plásticas, Mención Pintura (Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes plásticas ‘Armando Reverón’); Master en ‘Teoría y práctica de las artes plásticas contemporáneas’ (Universidad Complutense de Madrid); Técnicas de edición. Ha colaborado con diversas publicaciones latinoamericanas y ha expuesto su obra plástica en Venezuela y en Chile.


María Gabriela Lovera Montero (Venezuela, 1972). Licenciada en Comunicación Social, Mención audiovisual (Universidad Católica ‘Andrés Bello’, Caracas); Master en ‘Realización documental’ (Escuela Internacional de Medios Audiovisuales, Madrid); actualmente cursando un Master en Edición (Universidad de Alcalá, Editrain e IPECC, Madrid). Ha publicado dos poemarios: Por debajo del viento (Editorial El pez soluble, Caracas 2001) y Y de la noche tanto (Editorial Cincuenta de cincuenta, Caracas, 2004). Ha colaborado en publicaciones conjuntas y en diversas revistas literarias venezolanas y españolas.

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