Como un prado amarillo al borde de mi muerte.
Lo mismo que un murmullo continuo de palabras.
Lo mismo que el mugido,
o el silencio.
Creciste así.
Desde mi propia calma,
de los pasos furtivos que cruzaron mis noches,
de las grandes visiones de mis sombras,
de viejas telarañas tejidas en el fango.
Creciste así.
Como estepa desnuda que no sueña con plantas.
Cual la estepa desnuda del fracaso.
Déjame.
Me he cansado de verte.
Déjame que me arrastre nuevamente en la tarde,
a gritos, sobre el barro.
Tengo mi voz, cual todos,
como todos los otros, siento y pienso.
Tengo un ciego pasillo que hasta el sol me conduce.
Mi risa y mi locura.
Un hogar.
Desilusiones rotas y borrachas
que me chupan los años.
Déjame.
Porque soy de los hombres.
Del ave de rapiña que en el pecho me muerde.
Porque yo soy mi muerte.
Buland al-Haidari, incluido en Poetas árabes realistas (Ediciones Rialp, Madrid, 1970, ed. y trad. de Pedro Martínez Montávez).
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