junto a mis hermanos yo quiero luchar,
impedir que manchen de oprobio mi tierra;
mis muertos queridos, yo quiero vengar.
Yo sé que estás triste, que has de sufrir,
que un cáliz de angustia tendrás que beber,
y si mi destino es que he de morir,
piensa con orgullo que cumplí el deber.
Yo no puedo, madre, estarme a tu lado
viendo que inocentes mueren sin piedad;
yo no puedo madre estar rezagado
mientras que haya seres llenos de maldad.
Pero, madre, dime: ¿es que estás llorando?
¿Quizá te disgusta la separación?
Tú eres la que debes de irme animando,
aprobando alegre mi resolución.
—¡Hijo de mi vida! Lloro de alegría
viendo que interpretas tan bien mi sentir;
si fuera yo mozo, también yo lo haría,
pero me consuelo con pensar en ti.
—¡Madre! ¡Madre mía! Qué feliz me haces
pensando que marcho con tu bendición,
oyendo de ti palabras veraces,
que tú siempre dices con el corazón.
Y madre e hijo sus brazos tendieron
dejando en sus besos la tierna emoción,
recordando a otros que en lucha murieron
dejando en sus pechos dulce compasión.
María del Pilar Alcázar en Unidad antifascista (Madrid, n° 31, 18 de septiembre de 1938), incluido en Romancero de mujeres poetas de la guerra de España (1936-1939) (Ediciones Espuela de plata, Sevilla, 2026, ed. de Serge Solaün).

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