sábado, 2 de septiembre de 2017

"Max Aub: enamorado de España", por Francisco Cenamor

Revisando textos del pasado encuentro este que no había publicado en Asamblea de palabras. Y os lo dejo tal cual lo escribí en su momento.


Max Aub nació en París en 1903. Su padre era alemán y su madre francesa, aunque de origen alemán igualmente. Su madre era de origen aristocrático y quien más se encargó de la educación del futuro literato, ya que su padre pasaba largas temporadas fuera de casa al trabajar como viajante comercial en diversos sectores. Max, de niño, ya dominaba el francés y el alemán, sus dos lenguas, y tenía un gran contacto con la literatura gracias a las inquietudes artísticas de su madre, quien utilizó la novela Los miserables, de Víctor Hugo, para enseñarle a leer. A los once años sabía una lengua más, el latín, y había viajado por casi toda Europa gracias a la profesión de su padre.
     En 1914 su familia viaja a España huyendo de la Primera Guerra Mundial y se establece en Valencia, donde Max Aub cursará el bachillerato. Estas idas y venidas tan joven, este continuo aprendizaje de idiomas le convertiría con el paso del tiempo en uno más de los intelectuales apátridas que tuvieron como referencia a nuestro país. Se entusiasma con la alegría de nuestro pueblo y a los 12 años escribe su primer poema en español, idioma que ya no abandonaría para la escritura. Y apenas con 16 años ya se relacionaba con el mundo cultural y artístico valenciano y empezó a forjar sus amistades de juventud. En 1920 acaba el bachillerato y comienza a usar una de sus frases preferidas, que usaba cuando le preguntaban de donde era en realidad: “se es de donde se estudia el bachillerato”.
     Pero ahí abandona los estudios y empieza a trabajar también de viajante comercial, lo que le ayuda a relacionarse con todas las vanguardias artísticas españolas que comenzaban a desarrollarse en los años veinte y que tendría su segundo ‘siglo de oro’ a la llegada de la República. Comienza también su ritmo frenético de escritura: teatro, relatos, novelas, poesía, ensayos..., cualquier género le es válido para contar todo aquello que quiere contar. Así nos encontraremos con que al final de su vida, este autor tiene una de las bibliografías más extensas entre los autores españoles del siglo veinte.
     En 1929, la efervescencia de compromiso social que bulle en la mayoría de los jóvenes intelectuales españoles le lleva a ingresar en las filas del PSOE, aunque su militancia fue más cultural que política y no dudó en criticar a sus dirigentes en todo momento. Ya en la República, participa en un proyecto similar al de Lorca y La Barraca, pero en Valencia y bajo el nombre El Búho. Su quehacer político estaba tan ligado a su obra cultural, que se expresaba siempre a través de sus escritos. Basten dos ejemplos: estrenó las obras de teatro El agua no es del cielo, para apoyar a su partido en las elecciones, y Las dos hermanas, para hablar de las buenas relaciones entre los sindicatos UGT y CNT.
     Con el triunfo definitivo del golpe militar en 1939 huye a París con su familia. Allí, pasa tres periodos en prisión durante la ocupación nazi acusado de “comunista” por intentar dirigir una colección de libros de literatos republicanos en el exilio. Entra en un infernal periplo que le hizo recorrer prisiones francesas, campos de concentración e incluso fue trasladado a prisiones del norte de África. Lo que son las cosas, de este periplo surgirá más tarde la que está considerada como obra cumbre de su literatura, la obra de teatro San Juan. En septiembre de 1942 termina su calvario y consigue embarcarse para México, donde prosigue con su labor creativa y solidaria con los exiliados y resistentes republicanos.
     En 1969 consigue autorización para poder viajar por España. La emoción del regreso le dejó tocado el corazón y a pesar de sus dolencias siguió viajando por el mundo y por España, hasta que ese corazón tan español se terminaría de parar en México en 1972.
     El Segundo Siglo de Oro de las artes, las letras y las ciencias en España que tuvo su máxima expresión en la democracia republicana y fue cortado de raíz por el golpe militar fascista fue un gran referente para intelectuales de todo el mundo. Muchos de ellos, como Max Aub, venido de Francia, de origen alemán, ya no quisieron ser más que españoles. Un autor más que poner en la lista de nuestras lecturas en nuestra querida lengua.

Francisco Cenamor

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