martes, 25 de julio de 2017

Poema del día: "Romanticismo", de Adam Mickiewicz (Polonia, 1798-1855)

                                                        Methinks, I see... where?
                                                        -In my mind's eyes.
                                                                             Shakespeare

¡Escucha, muchacha!
—Ella no atiende—.
¡El día es luminoso! ¡Éste es tu pueblo!
No hay espíritu alguno junto a ti.
¿Qué intentas atrapar?
¿A quién estás llamando? ¿A quién saludas?
-Ella no atiende-.

Es como una roca muerta
de ojos inertes
que de pronto dispara miradas a su alrededor
o se cubre de lágrimas.
Aparentemente se aferra a algo, lo retiene,
rompe a llorar, se ríe.

«¿Eres tú, que vienes en la noche? ¿Eres tú, Jasieńko*?
¡Oh! ¡Me ama aún después de muerto!
Ven aquí, aquí, muy despacio,
que la madrastra escucha.

¡Pues que escuche, que tú ya no estás!
¡Tu entierro ya pasó!
¿Es que has muerto? ¡Ay! ¡Tengo miedo!
¿Por qué temo a mi Jasieńko?
¡Sí, eres tú! ¡Es tu rostro, son tus ojos!
¡Es tu blanco ropaje!

¡Tú mismo eres tan blanco como un lienzo!
¡Y estás frío, y qué frías tus manos!
¡Túmbate aquí, descansa en mi regazo!
¡Abrázame! ¡Tus labios en mis labios!

¡Qué frío debe hacer en la tumba!
Moriste ¡y de eso ha ya dos años!
Tú llévame contigo, que moriré a tu lado,
no me gusta este mundo.

Me siento mal en medio de esta malvada muchedumbre.
Lloro, mas se burlan de mí;
hablo, aunque nadie me entiende;
veo, pero ellos nada ven.

Ven a la luz del día... ¡O quizá durante el sueño!
¡No, no...! Te cojo de la mano.
¿A dónde te escapas, Jasieńko?
¡Es pronto aún, es pronto!

¡Dios mío! Canta el gallo,
la aurora ya despunta en la ventana.
¿Dónde fuiste? ¡Jasieńko!
¡Qué infeliz soy!»

De esta manera hablaba la muchacha a su amado;
corre tras él, vocea, se desploma:
al grito de dolor, tras la caída,
la muchedumbre se congrega.

«¡Rezad! —el pueblo grita—.
Aquí ha de estar su alma
pues Jasio debe estar junto a Karusia.
¡Cuánto la amaba en vida!
Yo lo oigo, lo creo,
y lloro y rezo.»

«¡Escucha, muchacha!» —un anciano vocea
entre la muchedumbre y al pueblo se dirige:
«Confiad en mi ojo y en mi lente:
yo aquí nada veo.

Los fantasmas los inventa el pueblo en la taberna;
son imaginaciones que idean en la fragua.
La muchacha delira
y el pueblo a la razón ofende.»

«La muchacha siente —le respondo—
y el pueblo cree profundamente.»
El sentimiento y la fe me hablan con más fuerza
que el ojo y la lupa de un sabio.

«Conoces verdades muertas, desconocidas para el pueblo;
ves el mundo a través de una nube de polvo,
en cada fulgor de las estrellas.
Ignoras las verdades vivas, no verás el milagro.
¡Ten corazón! ¡Mira en tu corazón!»

* Jasieńko y Jasio son diminutivos de Jan y Karusia de Karolina.

Adam Mickiewicz, incluido en Antología de la poesía polaca desde sus orígenes hasta la Primera Guerra Mundial (Editorial Gredos, Madrid, 2006, ed. y trad. de Fernando Presa González).

2 comentarios:

  1. Es un delirio de amor más allá de la muerte, con un paisaje gris.

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    1. Es Romanticismo poético en su máxima expresión.

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