lunes, 4 de abril de 2016

Poema del día: "Prosa del Transiberiano y de la pequeña Juana de Francia", de Blaise Cendrars (Francia, 1887-1961)

                                                                                                            Dedicada a los músicos.

En aquel tiempo yo era adolescente
Tenía apenas dieciséis años y ya no recordaba mí infancia
Estaba a dieciséis mil leguas del lugar de mi nacimiento
Estaba en Moscú, en la ciudad de los mil y tres campanarios y de las siete estaciones
Y para mí no eran suficientes las siete estaciones ni las mil y tres torres
Porque mi adolescencia era entonces tan ardiente y fantástica
Que mi corazón, una y otra vez, ardía como el templo de Éfeso o como la Plaza Roja de Moscú
Cuando declina el sol.
Y mis ojos iluminaban viejos caminos.
Y yo era tan mal poeta
Que no sabía ir hasta el fin.

El Kremlin era como una inmensa torta tártara
Recamada de oro,
Con las grandes almendras de las catedrales enteramente blancas
Y el oro meloso de las campanas...
Un viejo monje me leía la leyenda de Novgorod
Yo tenía sed
Y descifraba caracteres cuneiformes
Luego, de pronto, las palomas del Espíritu Santo levantaban vuelo en la plaza
Y mis manos volaban también, con zumbidos de albatros
Y éstas eran las últimas reminiscencias del último día
De todo último viaje
Y del mar.

Sin embargo, yo era muy mal poeta.
No sabía ir hasta el fin.
Tenía hambre
Y a todos los días y a todas las mujeres en los cafés y a todos los vasos,
Hubiese querido beberlos y romperlos
Y a todas las vitrinas y a todas las calles
Y a todas las casas y a todas las vidas
Y a todas las ruedas de los coches que giraban en torbellino sobre los malos pavimentos
Hubiese querido meterlos en un crisol de espadas
Y hubiese querido roer todos los huesos
Y arrancar todas las lenguas
Y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos bajo los vestidos que me enardecen...
Presentía la llegada del gran Cristo rojo de la revolución rusa...
Y el sol era una mala herida
Que se abría como una hoguera.
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Reconozco todos los países con los ojos cerrados por su olor
Y reconozco los trenes por el ruido que hacen
Los trenes de Europa son de cuatro tiempos mientras que los de Asia son de cinco o siete tiempos
Otros van en sordina son canciones de cuna
Los hay que en el ruido monótono de sus ruedas me recuerdan la prosa pesada de Maeterlinck
Descifré todos los textos confusos de las ruedas y reuní los elementos dispersos de una violenta
          belleza
Que poseo
Y me fuerza.

Tsitsika y Kharbin
No voy más lejos
Es la última estación
Descendí en Kharbin cuando acababan de incendiar las oficinas de la Cruz Roja.

¡Oh París!
Gran hogar caluroso con las teas entrecruzadas de tus calles y tus viejas mansiones que se inclinan
          sobre ellas para calentarse
Como abuelas
Y aquí están los anuncios, rojos verdes multicolores como mi pasado que el amarillo resume
Amarillo el orgulloso color de las novelas francesas en el extranjero.
Me gusta en las grandes ciudades sacudirme en los autobuses en marcha
Los de la línea Saint Germain-Montmartre me llevan al asalto de la Colina
Los motores mugen como los toros dorados
Las vacas del crepúsculo ramonean en el Sagrado Corazón
Oh París
Estación central desembarcadero de voluntades encrucijada de inquietudes
Sólo los vendedores de color tienen todavía un poco de luz en sus puertas
La Compañía Internacional de Wagons-Lits y la de Grandes Expresos Europeos me enviaron sus
          prospectos
Es la más bella iglesia del mundo
Tengo amigos que me rodean como parapetos
Tienen miedo cuando parto de que no vuelva más
Todas las mujeres que conocí se yerguen en los horizontes
Con los gestos piadosos y las miradas tristes de los semáforos bajo la lluvia
Bella, Inés, Catalina y la madre de mi hijo en Italia
Y la otra, la madre de mi amor en América
Hay gritos de sirena que me desgarran el alma
Allá en Manchuria un vientre tiembla todavía como en un alumbramiento
Quisiera
Quisiera no haber viajado nunca
Esta noche un gran amor me atormenta
Y a pesar de mí pienso en la pequeña Juana de Francia
Por culpa de una noche de tristeza escribí este poema en su honor
Juana
La pequeña prostituta
Estoy triste estoy triste
Iré al Lapin Agile a recordar mi juventud perdida
Y a beber unos tragos
Luego volveré a casa solo

París

Ciudad de la Torre única del gran Cadalso y de la Rueda

Blaise Cendrars en París (1913), incluido en Poetas franceses contemporáneos  (Ediciones Librerias Fausto, Bueno Aires, 1974, selec. y versiones de Raúl Gustavo Aguirre).

4 comentarios:

  1. La poesía también es confesión.
    Mal poeta serás
    si no eres culpable de nada.

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    Respuestas
    1. Pero la confesión es ficción: ¿quién te asegura que el poeta no miente? Créeme, siempre miente. O ficciona.

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  2. Os aseguro que tan solo cambia la realidad que lo juzga, mas el poeta escribe de verdad.
    O callaría

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