lunes, 28 de marzo de 2011

Poema del día: "El burro", de Lêdo Ivo (Brasil, 1924-2012)

En lo alto de la quebrada
pasta un burro. Sus grandes dientes amarillos
trituran la hierba seca que quedó
de tanta primavera.
La tierra es oscura. En el cielo enteramente azul
el sol lanza los fulgores que maduran
tomates, alcachofas y berenjenas.
El burro contempla el día trémulo
de tanta claridad
y emite un rebuzno, su tributo
a la belleza del universo.

Lêdo Ivo en La noche misteriosa (1982), incluido en Las islas inacabadas (UAM, Ciudad de México, 1985, trad. de Maricela Terán).

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11 comentarios:

  1. Ivo siempre tan pictórico. Bello poema sí. Un abrazo.

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  2. LLAMAN BUCHE CORUCHESCO
    A Juan Ramón, en el centenario de Platero.

    Llaman buche coruchesco
    a un burro recién nacido,
    y es igualmente admitido
    que el Platero ramonesco.
    Del Juan Ramón plateresco
    el libro estaba en la escuela
    de Cenicientos abuela,
    y en voz alta yo una tarde,
    cuando el sol declina y no arde,
    te lo leí en la Plazuela.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  3. LA BURRITA FEDERICA

    La burrita Federica
    pasta por una pradera,
    cuajada por la aljonjera
    que su peso multiplica.
    Pero su comida rica
    como llovida del cielo,
    es ponerla como anzuelo
    para mantenerla atenta
    y rebuznando contenta
    el dulce de un caramelo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  4. A MI BORRICO APAREJO

    A mi borrico aparejo,
    poniéndole los lomillos
    la enjalma en los solomillos
    y cualquier otro trebejo.

    El ataharre y la cincha
    encajado su ramal,
    y no siendo un carcamal
    alegremente relincha.

    Nos partimos volanderos
    a por la pasera de higos,
    como dos buenos amigos
    amantes de los luceros.

    La pasera en un majano
    destila azúcar y miel
    sobre el majano doncel,
    que nos coge muy cercano.

    Al borriquillo lo trabo
    durante pocos minutos
    que transcurren resolutos,
    hasta que en breve destrabo.

    Con higos cargo el serón
    y regreso con la carga,
    y a los higos los aguarda
    lleno de harina un cajón.

    Desaparejo al borrico
    y alegremente rebuzna,
    y se agita y se espeluzna
    con el agua en el hocico.

    Y en la cuadra ya descansa
    con la paja y la cebada,
    lleva vida regalada
    y ya dormido se amansa.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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    1. Gracias por tus poemas. Genial la amplia utilización de vocabulario.

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  5. CANCIONCILLA CORUCHA

    Borriquillo coruchero
    va con su carga de leña,
    y mientras camina sueña
    un pesebre cebadero.

    Colmado de agua el barreño,
    cama de paja mullida
    y borriquita nacida
    para completar su sueño.

    Y cumplida la coyunda
    va a nacer un borriquito,
    corucho, alegre y bonito,
    pues aquí guapura abunda.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  6. DOS CORUCHILLOS MONTADOS

    Dos coruchillos montados
    a lomos de un burro entero
    es decir, sin capadero,
    se vieron descabalgados.
    Los efluvios emanados
    por una burrilla en celo
    originó tal revuelo
    que con el príapo tieso
    el asno tiró exprofeso
    los coruchillos al suelo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  7. ANTIGUA ESTAMPA DE CENICIENTOS

    Ved a Domingo montado
    a lomos de su borrico,
    dichoso se siente y rico
    de vuelta con su ganado.
    La mula por su costado
    a sus plantas viene el perro,
    la oliva nos tapa el cerro
    y él se encamina a su casa,
    donde al calor de la brasa
    cena aguarda en dulce encierro.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  8. LA HUIDA A EGIPTO
    A José Saramago

    El ángel se apareció
    a José estando dormido,
    le despertó y de seguido
    al borrico aparejó.
    A nadie más avisó
    a Egipto el trío se fue,
    dos montados y uno a pie,
    y a desasistidos niños
    dejaron sin más aliños
    María el niño y José.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  9. LA TÍA RAIMUNDA

    Por la Plazuela pasaba
    y el borrico la precede,
    y en el pescuezo colgaba
    una esquila que sonaba
    en la cuadra a la que accede.

    Siempre triste y enlutada
    y silenciosa se mueve
    cuando va en la madrugada
    con atavíos de helada
    y el frío no se conmueve.

    Por los pueblos del contorno
    vendía su pacotilla,
    y en su cansado retorno
    era siempre en el entorno
    ver al marido en la silla.

    Paralítico impedido
    de ejercer ningún trabajo,
    se hallaba siempre invadido
    de un furor incontenido
    que practicaba a destajo.

    Y ella le montó un negocio
    para poder mantenerse,
    y sin saber que era el ocio
    años de pobreza y bocio
    él comenzó a rehacerse.

    Pipas, chicles, caramelos,
    vendía el hombre a la puerta
    y vivía unos desvelos
    y entre muchachos consuelos
    siempre con la puerta abierta.

    Para acceder a la casa
    había previo un corral
    y un perrito que acompasa,
    y la vida se la pasa
    a la sombra de un parral.

    De muchachos gran trasiego
    con perras en el bolsillo
    llevar a veces sosiego
    y las más desasosiego
    si nos daba el tabardillo.

    Y mientras tanto Raimunda
    va por caminos de Dios
    con su tristeza profunda
    y en lo triste la secunda
    su borrico que va en pos.

    ¡Almas que venís al mundo
    marcadas por un estigma
    donde un misterio profundo
    os marca un paso infecundo
    como prueba del enigma!

    Y aquella mujer tan buena
    bajó en silencio a la tumba
    sin hijos en la cadena,
    y su recuerdo me apena
    y en olvido no sucumba.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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