lunes, 30 de noviembre de 2009

Comentario de Francisco Cenamor sobre el libro de relatos ‘La civilización y la nada’, de Miguel Ángel de Rus


Las casualidades tienen que ser por algo, aunque casi nunca sepamos por qué. El caso es que el mismo día que colgaba en el blog Asamblea de palabras una entrada sobre el nuevo poemario de Julio Santiago recibía uno de los libros de la colección Cuadernos del laberinto de manos de su editora, Alicia Arés. La primera casualidad estriba en que Julio Santiago ilustró el nº 4 de la colección, titulado Derecho de pasión y dedicado a Gloria Fuertes. La segunda, en que este otro número, el 6, se titula La civilización y la nada e incluye dos relatos de Miguel Ángel de Rus, escritor a quien tengo el gusto de conocer a través de Internet y con quien he intercambiado algunos mensajes. Actualmente conduce el programa literario de Radio Nacional de España Sexto continente.

   Dicho esto, paso a contar que Cuadernos del laberinto es una colección de pequeños libros de edición muy limitada, bellamente impresos, libros de coleccionista. Además de los citados anteriormente, han aparecido títulos como Crossing the bar, de Alfred Tennyson, Gratia plena y Versos para la Navidad, de Luis García Arés, y Altizaro, de Juan Miguel Domínguez Prieto.
   El que tengo en mi poder incluye el relato de Miguel Ángel de Rus Extraña noche en Linares, en el que su autor demuestra un gran conocimiento de las técnicas y temas que emplearon en su día los escritores románticos. Su relato recuerda, es inevitable decirlo, al raro ejemplar Manuscrito encontrado en Zaragoza, del polaco Jan Potocki, que tuve el gusto de leer hace años: sus aires de Las mil y una noches, sus bellas y aduladoras hermanas moras, sus ensoñaciones y ambientes fantásticos… Y no sólo eso, De Rus demuestra una gran cultura literaria, con referencias o imágenes tomadas de otros autores del pasado.

   El segundo relato, de narración más moderna, titulado Yo fui quien imaginó aquella escena de 451 Fahrenheit, nos introduce de manera muy original, a través de recuerdos de la película de Françoise Truffaut incluida en el título, en una atmósfera de desesperanza ante el modo de vida occidental actual. No me gusta utilizar este tipo de calificativos, pero, allá va: de magnífico se puede catalogar en este relato el cambio de narrador que nos traslada desde los felices momentos de revuelta que se respiraban durante el rodaje de la película, a la actualidad más descorazonadora.

   Creo, como lector empedernido de relato y novela, que Miguel Ángel de Rus domina bastante bien las técnicas narrativas. Pero si he de poner una pega, sería que sus personajes, cuando hacen análisis de la sociedad, pecan un poco de maniqueos: explotadores-explotados, élites-ciudadanos alienados… Es bueno, y necesario, que la literatura, cuando trata problemas sociales, se dedique a desentrañar la complejidad existente en dichos procesos. Pero, dicho esto, diré también que este aspecto, de pura opinión personal, no desmerece, en absoluto, la calidad de los textos que muestra este librito.

2 comentarios:

  1. Gracias, Francisco:
    Se agradece tener un buen lector y el tiempo que has dedicado a mis textos.

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    1. Bueno, cuando leo, leo, jajajajajajajaja. Y en ese momento casi te acababa de conocer y sentía curiosidad por tus escritos. Un abrazo.

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