sábado, 11 de julio de 2009

Poema del día: "La noria del exilio", de Ogsmande Lescayllers (Cuba, 1954)

"Dame una patria,
Que me haga olvidar todas las patrias".
Nizar Kabbani
Yo estoy aquí, pero allá están mis huellas.
Dicen que todavía se oyen mis palabras,
En las aulas de la Universidad
Y en todos los rincones de la isla,
Por donde iba diciendo mis poemas.

También se oyen las voces de mis persecutores,
Los interrogadores, los policías y los cederistas,
Que iban tras de mí, porque decía versos incendiarios.

Yo solamente hablaba del amor y de la paz,
De la ilusión de un sueño, bajo la luz de un mundo compartido.
Por eso me echaron a la cárcel y más tarde al exilio,
Con un pasaporte de ida sin regreso.

Mis huellas no me duelen.
Me duelo de mis huellas bajo el tronco de un árbol federado,
Tapiado y solitario, en las oscuras mazmorras del silencio.

El exilio me enseñó nuevas palabras: soledad, desarraigo,
Nostalgia, hambre, tristeza.
Ensombreció mi fe y mi esperanza y me hizo desconfiado;
Yo que siempre esperaba ver brotar de la tierra,
Lo mejor de la vida y de los hombres.

Aquel amargo día, vi llorar a mis padres y a mis hijos,
A mis hermanos y todo el vecindario,
Que me decían adiós, ocultamente,
Para que nadie los imputara de traidores.

Yo callaba y miraba entre las bambalinas del silencio.
Tenía prohibido alzar la mano, articular palabras,
Hacer un gesto para despedirme,
Sabedor que quizás, jamás volvía.

Qué larga y misteriosa la noche de mi exilio.
Aún duerme en mí constado, para que no me olvide,
Que la ausencia gobierna mi existencia.
Y que vivo en un país prestado, en el que a casi nadie,
Les importa para nada mis problemas.

Llevo una malla enorme en mi garganta.
Y un pétalo clavado, en las cornisas de mi corazón.
Pero aquí, en estas calles, no soy más que un extraño.
Y de nada me sirven mis años de academias,
Mi doctorado y mi filosofía.

Quiero decir mis cantos, mis poemas de fiestas,
Mis loas al progreso y a la paz.
Pero por todas partes se abren las anillas,
Las amenazas de los gobernadores,
El humo de la muerte y los clavos del viento,
Que siguen vigilándome en la ausencia.

Pesa mucho esta carga, esta terrible noria del exilio,
Este gancho de hierro incandescente,
Que te surca la piel y no te deja contemplar las aguas.

Vengo de lejos.
Yo vengo de muy lejos, de un poco más allá de lo remoto.
Allá en mi casa, al lado de la mesa mi silla está vacía.
Mi cama está vacía y un profundo silencio,
Recorre los pasillos, por donde transitaba los fines de semanas,
Junto a mis padres, que deseaban saber,
Por donde iban mis sueños de poeta.

Aquí, desde mi exilio, quizás, alguna vez descubra,
Las luces fulgurantes de la aurora.

Ogsmande Lescayllers, incluido en La fumarola (nº 22, noviembre de 2004, Leganés).

4 comentarios:

  1. El exiliado es siempre un pária.Aún en una jaula de oro.

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  2. Y el silencio de los que se quedan...eso siempre me impresiona.

    Para mi el momento mas triste de la historia de España es la noche que pasó, solo, el cuerpo de Miguel Hernandez en la morgue de un cementerio esperando la mañana del entierro.

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