que sonrió una vez,
y no supo por qué.
Caminaba angustiado en la tarde dorada
sin rumbo y sin fe,
y una embriaguez
de risas florientes y trémulas
dio a sus labios cansados el anhelo esperado,
de alba resurrección.
De nuevo renacer.
Era aquél un extraño glosador de evangelio
que sonrió una vez,
y no supo por qué.
Andrés Carranque de Ríos en Nómada (1923), incluido en Obra completa (Ediciones del imán, Madrid, 1998, ed. de José Luis Fortea).

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