no trasunta el agravio
ni el furor
ni restalla
como una bofetada.
Debiera quemar
debiera disolver.
Sólo publica el desprecio.
No mata pero marca
y es un ácido
o es un revulsivo
o el anillo de brasas
dentro del cual
retuercen su impotencia
los escorpiones
y su agobio.
En ningún caso es una feria.
No cantes
poeta
para el oro
de los estatutarios
los tránsfugas de la balanza
que prevarican con la desdicha
la fuente
de la supervivencia
el tenebroso
que esconde el corazón
y tiembla
cuando truena.
Devuélveles su peste
solo
desde los médanos
arroja el arpa de David
que han convertido
en albergue de ratas
da igual
que hiele
y estés desnudo
si tus manos arden
y tus sienes
y el escozor de tu repulsa
¿qué importa
desafiar al infierno?
Ellos no son la Ley
son su rédito
los turbios
oficiantes del hiperbóreo
confundidos
porque la palabra
desgarrada
estalla en granadas y luces.
O canta.
Óscar Cerruto, incluido en El árbol y la piedra. Poetas contemporáneos de Bolivia (Monte Ávila editores, Caracas, 1986, ed. de Eduardo Mitre).
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