viernes, 12 de noviembre de 2010

Esteban Gutiérrez Gómez 'Baco', uno de los compiladores, nos habla sobre el libro de cuentos escritos por rockeros 'Simpatía por el relato'

Simpatía por el relato (Editorial Drakul, Fuenlabrada, 2010, ed. de Esteban Gutiérrez Gómez y Patxi Irurzun).

Bañados por sudor y luz...
Acabábamos de salir del concierto. Los oídos acorchados por el volumen de la música, la garganta irritada de tanto cantar a grito pelado, empapados en alcohol. Todavía resonaban las últimas estrofas del bis y era imposible tanta felicidad. Habíamos descargado adrenalina y, a cambio, emanábamos ahora una energía positiva, limpia de corrosión. De nuevo el vaciamiento había surgido el efecto deseado.
   La banda estuvo genial, como siempre, dando caña desde el inicio. Nos entregamos por completo a ella desde que las luces del local se apagaron indicando que aquello comenzaba. Bañados en sudor y luz, no dejaron de atronarnos, de hacernos botar frente al escenario. Y, nosotros, no dejamos de corear aquellas jodidas buenas canciones. Así hasta el final, dos horas después.
   Un castillo de risas nos acompañaba en el camino de vuelta, retumbando por las calles, brillantes y desiertas. Algún fly, los ojos iluminados, las cabezas gachas bajo la lluvia. Nos quedaba seguir bebiendo en algún bar trasnochado del barrio, contarnos nuestras impresiones y alegrarnos de que la misa del rock hubiese vuelto a funcionar.
   Nos sentíamos superiores, capaces de cambiar este puto mundo, de darlo la vuelta, de hacerlo girar a un ritmo diferente. Estábamos, como después de cada concierto, seguros de creer en algo diferente, limpio. Nos encontrábamos henchidos de poder.
   Eso era y es parte de la magia del rock and roll.

Quise hacer una canción con el grito de guerra de mi generación...
El rock ha sido y es un grito de guerra de muchas generaciones. Desde que nació, a mediados del siglo pasado, no han dejado de trasmitirse historias a base de rock. Historias de todo tipo capaces de estremecernos.
   Tengo un amigo que no escucha otra cosa que rock. Lo tiene todo, me dice, no necesito escuchar otra cosa. El rock lo tiene todo. La fuerza allí donde es precisa, en el punto más álgido de un tema, donde la intensidad requiere un trueno. El punteo dibujando perfiles acuosos cuando el rock busca a su alma madre en el espacio del blues. Las baladas más enternecedoras que hablan de amores y amigos y perdedores, de nosotros y nuestras vidas, de nuestro mundo, de nuestra sensibilidad. Los himnos que nos gusta gritar contra todo aquello que nos toca los huevos, cuando pensamos y gritamos que, alguna vez, las cosas tienen que cambiar.
    Que el rock lo tiene todo, que toda la música está contenida en el rock, que todas las historias pueden contarse al ritmo de 4X4 y que, aunque no valga de nada, hay que gritar.
    Se trata de eso.
    Asumido, pero hay que gritar.

Músico de rock, héroe legendario…
Los músicos de rock utilizan sus melodías para comunicarse con nosotros, para contarnos esas historias de vida que nos hacen temblar, que nos alegran el alma o nos llegan a partir el corazón, esas historias que nos hacen disfrutar sudorosos en un concierto o nos conciencian de las verdades de nuestro mundo.
   Detrás de esas historias hay un letrista, un compositor, generalmente el cantante, del que surge la chispa de una nueva propuesta musical. Y a Patxi y a mí nos constaba que muchos de esos músicos, de esos letristas y compositores, son verdaderos poetas, narradores de historias versadas que quizá, quizá, se atreviesen a algo más.
   En España hay muy buenos músicos de rock y excelentes letristas. Muchos de ellos escriben poesía. Algunos ya conocen también los secretos de la narrativa breve.
   Buscamos, encontramos y se lo propusimos.
   En esta antología aparecen un buen puñado de músicos que se han atrevido a narrarnos una historia a pelo, sin necesidad de música ni rimas ni melodías. Una historia, una simple historia hecha relato, utilizando un lenguaje diferente: el solo poder de la palabra.

Simpatía por el relato...
Aquí encontrarán todo tipo de historias, desde cuentos en apariencia infantiles, herederos de El Principito, que contienen todas las metáforas que presiden el mundo de quienes sueñan tocar el cielo alguna vez con una canción, a verdaderos cuentos rockeros a fuerza de golpes de batería y amplificador. Desde historias almadas por la ausencia y el amor, a escatológicas narraciones sobre otro tipo de amor, el amor propio, el que se practica con una sola mano. Cuentos de terror al mejor estilo Poe y cuentos afines al realismo sucio carveriano. Cuentos de ciencia ficción musical, relatos anidados en la memoria desde la infancia, cuentos que hablan de lo que pasan los músicos de rock, cuentos, cuentos, cuentos.
   Todo está aquí, escrito en todos los estilos imaginables (e inimaginables, ya lo verán) por seres terráqueos apegados a una religión: el rock; y a un entusiasmo: comunicarse con sus propuestas musicales, provocarnos un cambio, llegar a hacernos estremecer.
   Estremecernos, sí. Ellos buscan nuestra risa, nuestra reflexión, nuestra diversión; quieren hacernos disfrutar, buscar nuevas perspectivas en un mundo manido, muerto; quieren que sintamos algo diferente.
   Hacer temblar, de una u otra manera, nuestra maltrecha alma.
   Espero que algo así les ocurra con estos relatos.
   Salud & Satisfacción

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