martes, 6 de abril de 2010

Ana Patricia Moya Rodríguez nos habla del libro de poemas 'Retales de estrógenos', de Eva Márquez

Su historia comenzó así: agotada de la condición femenina, Eva Márquez abrió un blog con la intención de sanar sus heridas cotidianas; un año después, aquella mujer se encuentra no sólo con otras almas que exponen sus poemas en la red con la pretensión de aliviarse, personas que han pasado a ser más que compañeras en el caprichoso viaje de la vida, sino también, a consecuencia de un contagio por la escritura, la poesía la recibe cariñosamente con los brazos abiertos: de forma inesperada, Eva descubre que es poeta, porque lo lleva en las venas y, para que negarlo, por necesidad, pues los tratamientos psiquiátricos son demasiado caros y su sueldo va destinado a otros menesteres más importantes, como mantener una casa con dos princesitas.

Sustituye la pastilla antidepresiva por un rato frente a la pantalla del ordenador, lugar donde nacen sus versos y que luego se trasladan al blog para ser compartidos con otros. En doce meses, la autora se encuentra con un primer libro de poesía, Cosas que nunca te diré (Groenlandia, 2010), un precioso libro digital donde se recogen algunas píldoras virtuales que muchos lectores habituales de su espacio digerimos, algunas veces con sabor amargo, y otras, con ternura.

Y ahora, el destino le concede la oportunidad de publicar esta segunda obra, Retales de estrógenos (Bohodón Ediciones , Madrid, 2010), que reúne más poesía, más trozos de su ser dispersos por sus páginas de papel, que rezuman una sensibilidad única, que marcan la huella personal de la autora, esa Eva que es más que Eva: es mujer, esposa, madre, hija, amante, ama de casa, amiga y, sobretodo, poeta. Casi nada.

Lo que van a leer a continuación es un poemario en el que se siente el corazón de Eva latiendo hoja por hoja; en un intenso recorrido de estos textos poéticos, hallaremos a la pasión más desbordante (“Las paredes de mi vientre tienen \ reprografiado tu nombre \ con cada golpe electroestático \ que impregna tu semen”; “ahora que aún no es imprescindible \ el vibrador sin pilas del cajón, \ ni el irrisorio disfraz de enfermera, \ ni los látigos esposados al cuero, \ ahora que aún es posible que nuestra cama \ se convierta en un nido de \ íntegras perversiones (sólo de dos)”), lo femenino como esencia (“Odio el hecho sin elección \ de nacerme mujer como tú \ y saber que mis neuronas, como las tuyas \ dormitan a merced de falos vacíos de escrúpulos, \ machistas, egocéntricos y egoístas \ que se creen hombres por copular de falda \ en falda y con derechos sobre la vida de la mujer”), el cariño más maternal (“Soy inmensamente rica, dos \ pedacitos de mi Yo \ continuarán mi existencia, \ le pese a quién le pese”), el dolor más crudo (“Por mi culpa, por mi gran culpa \ yo mujer, y tú sexo débil. \ Por mi culpa, tus vergüenzas/ salieron a flote pegado al cadáver ingrávido \ de tus actos, los míos \ los de aquel cuarto”; “desaparece del hombre que juega \ a las marionetas contigo, \ tu útero aún guarda luto \ no veneres al pagano que ungirá \ en tu frente la extremaunción”); la soledad (“la cama fue la distancia justa \ para corromper nuestro olvido, \ la justa para perder la dignidad, \ la justa para quebrar el alma \ y me vendo a ti, \ a cambio de caricias, \ mis hormonas \ me esclavizan a tus besos \ y de dejo hacer \ y me dejo hacer”; “casada a un parásito adosado a mis huesos \ con ovarios del tamaño de tus huevos \ esta soledad no es más mía, que tuya. \ De haber tenido un falo pensante \ habrías compartido aquel café”) y el rencor (“te deseo para el resto de tus días \ seas incapaz de sentir mujer alguna \ en tu lecho, que los nuevos \ besos que pruebe tu boca \ evoquen sin descanso el \ recuerdo insaciable de los míos…”).

La medicina prescrita por el destino para Eva, esta poesía terapéutica repleta de estrógenos, ha sido quizás determinante en su existencia: como señalan los versos “Estoy aquí \ y \ he vuelto. \ Libre”, Eva se está liberando de todo el dolor: de los fantasmas del pasado, de las costumbres rutinarias del presente, del temor al futuro. Eva está recuperando la identidad olvidada. Gracias a la poesía, Eva se siente más Eva que nunca. Y vosotros, lectores, estáis invitados a ser testigos de cómo una mujer ha luchado con valentía para no hundirse en este pozo sin fondo que llamamos vida.



Eva Márquez (Madrid, 1974). Licenciada en Derecho. Algunos de sus poemas y relatos han aparecido en diversas publicaciones, digitales e impresas, de España e Hispanoamérica (Dulce Arsénico, Cinosargo, La Otra, Groenlandia, Cruce de Caminos, La Fanzine, Ping Pong, Revista Remolinos, El Cuervo, Letralia Tierra de letras, Poe +, etc.). Ha editado, maquetado y diseñado una compilación dígital de escritos poéticos y narrativos de otros autores, bajo el título Esnifando letras; ha coeditado como autora, junto a Ada Menéndez, Yolanda Sáenz de Tejada y Ana Patricia Moya, Póker de reinas, un poemario digital o pequeña antología poética. Tiene su espacio en Las afinidades electivas. La Editorial Groenlandia acaba de publicar digitalmente su primer poemario Cosas que nunca te diré, y ahora, Bohodón Ediciones, presenta su segundo poemario Retales de estrógenos.

3 comentarios:

  1. Felicidades, es un placer descubrir personas con este talento.

    Enhorabuena.

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  2. Mil gracias Francisco, por darme cabida en tu espacio, por tu preocupación y tu buen hacer difundiendo la poesía en sus miles de formas.

    Un beso agradecido, de los grandes :)
    Eva Márquez

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  3. Es un placer hacerlo. La verdad es que ha quedado una bonita entrada.

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